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[Superstición] El mito del Yasú

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Mensaje  Dag Thorlák el Mar Sep 18 2018, 18:21


Los dos pares de ojos lo observaban con expectación inocente y pura.  Esa tarde, como muchas otras, los rayos de sol penetraban las hojas del abeto bajo el cual se sentaban a comer mandarinas. Nunca conseguía captar tanto la atención de sus niños como cuando se disponía a narrarles esa historias que su padre, y el padre de su padre, tenían por costumbre contar a los críos.

Si bien cada generación intentaba preservar la esencia de las historias, tenían el tácito acuerdo de agregar los detalles que creyesen necesarios con tal de mantener el brillo de asombro en la mirada de sus retoños.

-...y así fue como los Dioses crearon las nubes y la lluvia. Ahora... -Suspiró, mientras intentaba incorporarse pese a tener, en cada muslo, a uno de sus hijos- ...es hora de dormir la siesta.

-¡Noooooooo! -Chillaron al unísono. Einar le golpeó el pecho suavemente y Lena se echó sobre él, rodeándole el cuello con sus cortos y regordetes brazos.

-¡Una más, papá!  

-¡Tí, umamás!

-¡O al menos vamos a jugar!

-¡Tí, jugah!

Dag elevó los ojos al cielo con gesto de súplica. Llevaban más de una hora sentados y ya no podía sentir las piernas. Además, se le estaban acabando las historias. Luego miró hacia su casa, desde donde Dahlia lo esperaba con amorosa paciencia. Y, más allá, el bosque. Sus labios se torcieron en una sonrisa ante la ocurrencia que, esperaba, le aseguraría una siesta larga y tranquila... al menos durante esa tarde.

-Está bien. Una historia más y a dormir.

Los niños sonrieron de oreja a oreja. “No iremos a dormir jamás”, decían claramente esos ojos que brillaban con la tierna picardía de la infancia. El hombre inhaló profusamente, recostó la espalda contra el tronco del viejo abeto, y se dispuso a narrar:

-Allá, en el bosque -señaló con un cabeceo, y los niños voltearon fugazmente a ver- viven muchas criaturas...

-¡Eso ya nos lo has contado!

-...Ajá. ¿Y les conté sobre el Yasú?

Einar y Lena intercambiaron miradas antes de negar con la cabeza, mudos. ¡Bien! Comenzaba a captar su atención.

-El Yasú es un hombre bajito que vive ocultándose entre los árboles. Es tan, tan rubio, que dicen que su cabello está hecho con los rayos de la luz de la luna. Como está muy solo, le gusta acercarse a los niños que, en vez de dormir, van a jugar al bosque durante la hora de la siesta.

Einar sonrió. Aventurero como era, Dag supo de inmediato que estaba pensando en ir corriendo directamente hacia el bosque apenas tuviese la oportunidad. Le fue difícil ocultar su sonrisa, pero, con esfuerzo, continuó serio:

-Luego de jugar durante horas, cuando están cansados, el Yasú pide a los niños que lo acompañen hasta su casa. Allí les invita miel. ¡Toda la miel que puedan comer! Les llena la panza hasta que no pueden moverse y los entretiene allí hasta que cae la noche. Y entonces...

-¿Entonces qué pasa? -Inquirió, boquiabierto, el pequeño, mientras Lena se mecía con evidente nerviosismo. Dag miró hacia el bosque con sobreactuada pena y luego negó con la cabeza.

-Entonces -continuó mirando a los niños con gravedad- cuando se hace de noche, el Yasú deja de ser un hombre bajito y se transforma en una bestia con orejas de huargo, patas de cabra y hocico de zampro y, cuando se ha cansado de jugar con los niños... ¡ZAZ! ¡Se los zampa de un bocado!

Los críos chillaron y rompieron a reír cuando se abalanzó sobre ellos, apretándolos en un abrazo para evitar que escaparan mientras los llenaba de besos.

Esa tarde Dahlia le preguntaría qué demonios había hecho para lograr que sus hijos durmieran la siesta.
Dag Thorlák
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