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[Confesión] Así maté a Tau Farley

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Mensaje  Reike el Mar Ago 06 2019, 16:01

Un poco de contexto:
El siguiente es un escrito de una Reike ya anciana, referente a los sucesos acaecidos en ESTE desafío.

He hecho algunas cosas cuestionables en mi vida. Unas me salieron bien, otras resultaron catastróficas. No me arrepiento de ninguna, aunque unas pocas las lamento de veras. Como la muerte de Tau Farley, aquello fue un error por mi parte. No me refiero a matarle, por supuesto que tenía que matarle después de lo que vio. El error fue bajar la guardia con él. De no haberlo hecho, él jamás habría descubierto mi relación con Amelia Skatha y los sucesos de Kayele.

Visto con la distancia que dan los años, no parece un hecho tan trascendental. Pocos recuerdan ya aquel villorrio, mucho menos lo que hizo Amelia. En aquella época, sin embargo, no podía permitirme una mancha así en mi carrera. Al menos, eso creía.

Tau no llegó a decir nada, ninguna recriminación salió de sus labios, pero vi en su gesto que lo sabía y que no lo aprobaba. Claro que no lo aprobaba, los malditos ideales estaban por encima de todo y nada de lo que yo pudiera o quisiera decirle cambiaría su parecer. Así que no dije nada, ni siquiera dejé ver que me había dado cuenta. Me despedí de él igual que la noche anterior: con una sonrisa y un beso. Como si no fuera consciente de lo temprano que se marchaba aquella noche.

Tan pronto como él salió por la puerta, yo me vestí y salí por la ventana. Sin duda, lo entretendrían en la taberna, así que tenía algo de tiempo para buscar el mejor rincón para esperarle y planificar el siguiente movimiento antes de que tuviera ocasión de salir en busca del puesto de guardia.

Podría haberlo matado de maneras menos complicadas. Conocía decenas de venenos que habrían hecho el trabajo por mí, también sabía dónde y cómo clavar un cuchillo para que la muerte fuese rápida y casi indolora. Pero todo aquello me habría apuntado a mí y cualquiera podía haberlo visto salir de mi habitación en la posada. Decidí que lo mejor era hacer que pareciese una pelea, sólo necesitaba causarle unos cuantos cardenales y algún que otro corte. Por desgracia para él, tendría que recibirlos en vida. Una pena, pero al menos le había dado un buen par de noches.

En cuanto entró en el callejón, estrellé contra él uno de los barriles de cerveza que descansaban contra la pared trasera de la taberna. Habría sido más realista estrellarlo a él contra el barril, pero por aquel entonces, aún no tenía poder suficiente para zarandear a un ser vivo. El golpe hizo que Farley diera con el hombro contra la pared. Aquello le causaría un bonito cardenal que bien podría explicarse como consecuencia de un fuerte empujón. Después hice que una de las duelas que permanecían relativamente intactas le golpeara unas cuantas veces en las costillas y el abdomen, procurando que el ángulo de impacto fuera consecuente con el propinado por un hombre de estatura más o menos parecida a la del dragón.

En un intento de defenderse de su atacante invisible, sacó un cuchillo, pues el herrero aún no le había devuelto su espada. Solo hizo falta un fuerte golpe en su mano para que aflojase su agarre. Me hice con el control del arma y se la clavé con fuerza, primero en el costado, justo debajo de las costillas, después, en medio del pecho. Esa fue la puñalada que lo mató.

Cuando todo hubo terminado, me acerqué. No demasiado, pues la cerveza derramada había embarrado el suelo en torno al cadáver y no quería dejar mis huellas. Por suerte, los tambaleos y caídas del dragón habían dejado la zona tremendamente revuelta. Recurriendo de nuevo a la magia, le arrebaté la bolsa y una cadena de oro que llevaba en torno al cuello, también el cuchillo. Era de buena fábrica, un ladrón se lo habría robado sin dudar.

Nada quería yo con las pertenencias de Tau, en verdad lamentaba su muerte. Me deshice de ellas a la mañana siguiente. Había quedado temprano con un proveedor, así que salí con tiempo y di un pequeño rodeo. Dejé la bolsa, el cuchillo y la cadena medio escondidos detrás de un cuchitril que encontré junto a un montón de basura inmunda. Cualquiera que viviese entre semejante peste agradecería la horca más que yo. No fue hasta más tarde que descubrí de quién se trataba.

En cualquier caso, fue así como sucedió. Como ya dije antes, no le deseaba mal alguno a Tau Farley, fue una pena que tuviese que morir. Aún así, él había tenido una larga vida y a mí me quedaba mucho por hacer.
Firmado: Valeria Reike
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