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El Día de la Alianza

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Mensaje  Narrador el Miér 04 Sep 2019, 17:26




La llegada del enemigo

Cuando, en el año 1145, los humanos de la Tierra llegaron a Aerandir con sus hombres de metal, nadie vaticinó el daño que llegarían a producir. Al fin y al cabo, eran pocos y ni siquiera conocían el Éter. El tiempo no tardó en mostrar su error a todo el que tuviera ojos para verlo.

En un principio, los aerandianos se enfrentaron solos a los secuestros y ataques. Cada comunidad hacía lo posible por defender a los suyos de los intrusos y sus extrañas armas. Incluso después de que los extranjeros lanzaran contra ellos a sus propios hombres, transformados en bestias. Tardaron años en darse cuenta de que jamás podrían vencer solos, de que todo Aerandir tenía un enemigo común y todo Aerandir debía unirse para expulsarlo.

La unión hace la fuerza

Así, en los albores del año 1155, un representante de cada una de las razas de Aerandir, elfos, brujos, dragones, humanos y vampiros, junto con los representantes de aquellos hombres-bestia, licántropos y bio-cibernéticos que se unieron a la causa, acudió a una reunión que se celebró en terreno neutral, a orillas del río Tymer. Bajo el cielo despejado de una noche sin luna, los embajadores clavaron sus espadas en el suelo, en señal de paz, y dejaron a un lado sus diferencias para forjar una alianza que culminó con la derrota y eventual expulsión del invasor extranjero. Aquella reunión vino acompañada de un auspicio inesperado: un cometa, apenas visible por el ojo desnudo, había aparecido en el cielo. Los eruditos lo llamaron Minne y lo consideraron un signo de buen augurio.

Celebrando la victoria

Tras el fin de la guerra y la marcha de los terrestres, las antiguas razas aerandianas unieron de nuevo sus esfuerzos con las más jóvenes para la construcción de un monumento que simbolizase aquel pacto. Se lo llamó la Plaza de la Alianza, a pesar de que se encontraba lejos de cualquier gran urbe. Su inauguración fue motivo de una gran celebración.

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Cada año, desde que fuera inaugurada la Plaza, se celebraba en aquel lugar el Día de la Alianza y los festejos unían de nuevo a todas las razas de Aerandir.

Muchos recordaban también aquella estrella que había aparecido en el cielo y las historias sobre ella fueron creando distintas leyendas a lo largo y ancho del continente. Entre los elfos, era conocida como Enyalie y se la veía como a un enviado de Isil; para los dragones, la estrella era un símbolo de que los dragones primigenios no se habían marchado del todo, que continuaban velando por los suyos.

Caída en el olvido

Con el tiempo, volvieron a aparecer las diferencias y las rencillas entre las razas que poblaban Aerandir. La celebración del Día de la Alianza fue perdiendo relevancia y el cometa Minne, que muy pocos habían llegado a observar con sus propios ojos, fue también desterrado del recuerdo popular.

Sólo un reducido grupo de monjes dragones, aquellos que más veneran las tradiciones de entre las razas aerandianas, permaneció en el lugar, haciendo lo que buenamente pudieron por preservar la Plaza del tiempo y el abandono.

Hoy día las esculturas de piedra que decoran la plaza se encuentran deterioradas y los adoquines del suelo han sido invadidos por el pasto, pero este puñado de monjes se empeña todavía por evitar lo inevitable: que el olvido acabe por fin con todo rastro del Día de la Alianza.

Augurios de futuro

Sin embargo, este año han cambiado las tornas. El cometa Minne ha sido avistado de nuevo y está más cerca que nunca. Esa extraña estrella, junto con su verde estela, es visible para cualquiera que levante los ojos al cielo. Se acerca de nuevo el Día de la Alianza y se ha corrido la voz de que algo grande va a ocurrir.

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