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De soñar [Relato 10 años]

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De soñar [Relato 10 años] Empty De soñar [Relato 10 años]

Mensaje  Naharu el Mar Oct 22 2019, 05:20

Esperaba un poco, como era la costumbre.

Si no me movía, ni abría los ojos, podía presenciar con mayor detalle aquellas efímeras imágenes, los cachitos restantes de mis aventuras inconclusas, en otra tierra. Esa de allá, de aquél lugar, en ese sitio, que conozco yo y conoces tú, y él, y ella, por muy poco que en verdad lo hagamos.

Claramente, hablo de allí a donde van cada noche el niño y la anciana, y la mujer aguerrida y el delicado artesano. Quizás también lo hacen perros y gatos, y los ratones y sierpes, con la animalada padre y la bestialidad madre, si es que estos disponen de tan peculiar hábito.

Yo, como soy sólo hombre, apenas puedo expresarme por mí, y si me esfuerzo con tal ahínco, por mis congéneres. Mucho menos puedo hablar yo por mis primos lejanos, aún de cuerpo peludo o escamoso, que tampoco es que se vean muy afectados por ese hecho; Ni les he escuchado palabras de triste soledad, ni les he visto abatidos por nostalgia. Podríamos llegar entonces a la conclusión de que o bien directamente no lo hacen, o lo hacen de la misma forma que viven. Quizás tienen sueños simples, en los que caminan por un mundo simple cazando cosas simples, o huyendo de ellas. Quizás.

A nosotros nos tocó el otro lado de la moneda, pues, y eso es seguro. Ni para estar inconscientes podíamos ahorrarnos la pretensión, pues eso traicionaría nuestra naturaleza como especie: Conocedores de todo, ignorantes de más.

Cada noche nos deslizamos tras el velo, a mundos que no conocemos ni nos son extraños, a hacer cosas que puede que queramos hacer, acompañados quizá de gente que nos suena de algo, a pasarla bien, o terriblemente, para despertar mojando la cama, o llorando o gritando de pánico. O, en mi caso, despertar queriendo no haberlo hecho.

Habrán pasado quizás un par de segundos, o quizás decenas de minutos. Creería si me dijeran que décadas, incluso, pues el tiempo no es sino un capricho en ese punto, entre ambos lados del velo. Yo sólo conocía la oscuridad de mi habitación, y la calidez de mis sábanas y la suavidad de mi cama. Y, por un momento, y sólo un momento, también conocía ese dulce aroma, y el color de las flores, la plácida risa y el atardecer etéreo. Sentía mariposas, y como mariposas todo aquello se dispersaba.

Abría entonces los ojos, y comprendía que el techo seguía en su lugar, y la gravedad aún me aferraba a mi lecho. Algún canto de ave me recordaba que no estaba sordo, y carraspear me recordaba que no estaba mudo.

Y movía el cuello a un lado, y luego al otro, y cerraba las manos y las abría, y así recordaba lo que se sentía el estar vivo. Aumentaba mis ambiciones, y me atrevía entonces a mover los brazos, y estirarlos de la misma forma, como las piernas y lo que aún hubiese. Y con la valentía del primer paso en la luna, alzaba mi torso. El aire ya empezaba a arrancarme el calor que había acumulado entre sábanas y delirios, y con eso también me robaba parte de la comodidad.

Observaba entonces la mesita, y mi tenue reflejo en el vaso de agua que ahí descansaba. Volvía a comunión con mis ancestros, y mis primos peludos y escamosos, lanzándome hacia aquello para suavizar mis labios secos, impulsado por la sed acumulada.

Con un leve golpecito el vaso volvía a su lugar, y yo seguía en el mío, al borde de la cama. Mis ojos, anclados a un solo sitio, eran reflejo claro de mi mente en ese momento.

Pasarían cuatro segundos, o quizás cien.

—Cinco minutos más...—rogaría a las paredes sordas, antes de volver a ocultarme en mi guarida de patrones azules.

Sin prisas ni compromisos, por largos años, no tenía otro propósito más que el de atrapar alguna de esas mariposas, en algún momento, tras tanto perseguir aquello que se tiene en la punta de la lengua, y que justo se acababa de olvidar.

Me lanzaría al velo a intentar volver con alguna. Y ahí soñaría con un campo de flores...

Y al terminar, esperaba un poco, como era de costumbre.

Si no me movía, ni abría los ojos, podía presenciar con mayor detalle aquellas efímeras imágenes...
Naharu
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