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Una ilusión que nunca muere [2° Concurso Escuela Aerandir]

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Mensaje  Siria el Vie Sep 22 2017, 05:30

Algunos los consideraban como un regalo de la naturaleza, seres que eran capaces de llegar hasta lo más profundo de tu alma, tocarla y llevarse esos sentimientos que te hacen infeliz, haciéndote sentir como si fueras realmente importante, como si alguien de verdad pudiera amarte. Para otros, eran lo más cercano a unas arpías buenas para nada, que engatusaban a los más necesitados de amor, envolviéndolos en falsas promesas, para luego alimentarse de la energía de las personas, para luego desecharlos cuando no tenían nada más de valor que ofrecer

Kitsunes

No era raro que nos ganáramos el apodo de “zorras”, ya fuera por una razón u otra. Lo cierto es que muchas nos lo tomábamos con gracia, algunas en realidad no entendían el verdadero contexto con el que se los decían. O quizás sí, y se tomaban con orgullo. No por nada muchas prostitutas estaban orgullosas de su trabajo

Me estoy yendo por las ramas, ¿verdad? Perdona, cariño. Ya sabes, el tiempo es relativo, y cuando puedes vivir cientos de años, no es que realmente te interese perderlo. Comienzas a acumular memorias, sentimientos, experiencias, hábitos… Pero si quieres, puedo contarte algo más de mí. Claro, si el interés está. Si vas a dejarme botada, bien sea ahora y no a la mitad

El día normal de una Kitsune siempre depende de lo que ella elija hacer en su vida. Yo, por ejemplo, antes me dedicaba a tener relaciones sexuales con los aldeanos, hacer tríos, ser la amante de algún político, esas cosas. Pero con el tiempo, comienzas a madurar, te dejan de interesar esas cosas de adolescente y te estabilizas en un trabajo hasta que te salen telarañas. Por ejemplo, en mi caso, cuido de que los cultivos de arroz de la aldea se encuentren sanos, crezcan sanos y fuertes, y evito que las ratas se coman los granos cuando están en los sacos

Sí, no es el trabajo más digno, pero el sake que ofrecen como tributo… ¡Con palabras no podría hacer justicia de lo delicioso que es! Además, la gente es respetuosa y siempre te acaricia la cabeza cuando te ve (Si, me vendo por alcohol y por cariños en la cabeza. Si tienes más reclamos, mándale un correo a la FIFA)

Pero la verdad, las cosas no fueron así siempre… ¡No, espera, no me dejes hablando sola, que no es una historia triste ni ninguna de esas cosas! No es una de esas cosas de “ay, me pasó algo muy malo, y ahora soy buena” que son como clichés en historias de Kitsunes. O sea, igual tiene un pelín de cliché, pero vamos, seamos justos, nada en este mundo es 100% original (Y no es que tu historia sea lo suficientemente interesante como para salir en una novela de Paulo Coelho, así que no me mires así)

Y bueh, al principio contaba de que muchas veces los Kitsunes nos comportamos como si estuviéramos permanentemente en la adolescencia, o en ese tipo de preparatorias gringas en donde todos los días son de fiestas, sexo, alcohol y salvar el examen con el mínimo, para continuar el próximo año con lo mismo. Y la verdad, yo también pasé por esa etapa. Durante muchos años, en localidades ya muy lejanas en el tiempo y espacio, mí día a día consistía en alimentarme a costa de los humanos. Ya fuere alimentando mi cuerpo exigiendo citas, comida cara y brebajes intensos, o fuere alimentando mi lujuria haciendo… ya sabes (¡Deja de preguntar! No estaré contando mi vida sexual al primero que me pregunta), o incluso robando su energía espiritual cuando necesitaba de ella

Fueron años en que llevé aquel estilo de vida. Incluso cuando obtuve la totalidad de mis nueve colas, cuando se supone que una crece lo suficientemente sabia como para dejar esas cosas atrás, continué ese camino aprovechando para hacer mis cosas, responder a mis instintos y no pensar en otros

Ehhhhh, sí. Podríamos decir que me había ganado el suficiente Karma como para reencarnar en insectos como por 100 años, si es que considerábamos a mi “Jefa” Inari. Pero afortunadamente, él no lo pensaba así

“Él” era un chico que conocí hace algunos años atrás… ¡QUE NO TE VAYAS MALDITA SEA! Déjame terminar la historia, por Dios

Él era un sacerdote que encontré mientras hacía mis recorridos en los bosques. Normalmente el camino estaba cerrado, y se le prohibía a la gente en general el caminar por ahí. Eso no impedía que llegaran hombres de vez en cuando, algunos sin entender el porqué de esta prohibición, otros querían repetirse el plato. Sin embargo, era la primera vez que sentía el olor de ese hombre. Medía un metro ochenta, de cabellos oscuros, y supuse que sus ojos eran del mismo color, o marrones. Su tez era blanca, y vestía con ropajes de monje que variaban en distintas tonalidades de azul

Carne fresca, como a mí me gustaba

Lentamente, una niebla tenue y delgada comenzó a bañar el bosque. Normalmente la gente no se extrañaba de ella, por la localidad de las montañas. Se perdían en su camino, o terminaban caminando en círculos. O ambos. Pero eso no ocurrió con el sacerdote. Ambos sabíamos que ese tipo de trucos no funcionarían, y en realidad nunca fue el propósito. Más bien, deseaba hacerle notar que lo había encontrado, abriendo un telón de presentación con la situación

Ahhh, me hubieras visto en esos tiempos. Era una señorita muy refinada, de estatura media para una mujer (a los hombres no les gustan muy altas), de cabellos oscuros y largos, adornados por dos adorables orejas que sobresalían de mi cabeza. Un  kimono ocultaba mi piel de estar desnuda, pero mis pechos sobresalían y se hacían notar, mostrando solo lo justo y necesario que una historia apta para todo público, como ésta, permite. Como corresponde. Aunque gracias a ello también mis hombros estaban expuestos, ayudando a mostrar la suficiente piel que necesitaba para seducir en mayores cantidades


“Mira lo que tenemos acá”, dije mientras movía coquetamente mis nueve colas, caminando lentamente hacia el solitario hombre. Estaba mejor de lo que pensaba, sus ojos en efecto eran marrones, era muy buen mozo, y como era de esperar, tenía esa mirada desinteresada de deseo que normalmente tienen los monjes cuando (se supone) están en el deber. Me encantaba. Se hacían los que no querían, y era un gusto verlos resistirse hasta el grado de que cedieran, pidiendo una noche de pasión, olvidando completamente sus deberes

“Dime muchacho”, estuvimos lo suficientemente cerca como para tocarnos mutuamente, “¿hay algo que te guste de lo que ves? ¿Algo como mi mirada? ¿Mis colas traviesas? ¿O quizás mis pechos?”, ya lo tenía listo, estaba segura, “Te prometo que podrás tocar lo que quieras, siempre y cuan--”

Y en ese momento, descubrí que mi seguridad no estaba tan segura como creía. Pues bien, resultó que el chico no estaba tan tentado como pensaba, y no dudó en depositar un talismán hecho de papel en mi frente. De inmediato, mi figura tan sabrosa se desvaneció bajo el humo que ocasionó el destransformarme, volviendo a mi forma natural de una Kitsune de nueve colas

“Claro, claro”, me respondió, completamente desinteresado en sus palabras, gestos y rostro, “¿Acaso creías que el corazón de un sacerdote se siente tentado frente a las insinuaciones de un espíritu?”

“Tu… ¡Hijo de las mil putas!”, ¡estaba completamente indignada, y con justa razón! ¡¿Acaso ese idiota no tenía idea del trabajo que costaba transformarme en aquel bombón?! ¡Ahora solo estaba en esta… forma de Kitsune!, “¿Acaso no sabes cuánto tiempo y esfuerzo tengo que invertir en mi apariencia para que vengas y me la quites como si fuera una muñeca sucia? ¡Deberías al menos pensar en morir felizmente si vas a enfrentarte a la muerte!”


Y no me di cuenta en ese momento, te juro, por la indignación. Pero cuando lo hice, su rostro estaba completamente enrojecido, mientras intentaba ocultar su boca con su mano derecha. Y para colmo, estaba desviando la mirada hacia otro lado, como si intentara no hacer contacto visual

“A-apuesto a que intentas seducirme c-con esa forma tan seductora, Kitsune…”, tartamudeaba, “Maldita sea, esas curvas son demasiado atractivas”, murmuró audiblemente, mientras su mano libre se aferraba a sus talismanes

“¡NO ESTOY TRATANDO DE SEDUCIRTE! ¿¡QUE PASÓ CON ESA MIERDA DE QUE TU CORAZÓN NO CEDERÍA ANTE LAS TENTACIONES!?”

Y me subestimaba si creería que con un solo talismán me detendría. Lo removí fácilmente de mi frente, logrando que otra nube me trajera a mi forma humana nuevamente

“Tus talismanes son ciertamente poderosos, pero son inútiles si simplemente los remuev--“, y el bastardo había desaparecido de donde estaba, “¿… qué? ¿Dónde se fue ese bastar--?”

No demoré en sentir cómo me pegó una palmada en la espalda, con ese maldito artefacto que estaba pegado a su mano. De inmediato, pude sentir cómo volvía a mi forma animal, después de esa nube que siempre aparecía entre transformaciones

“¿L-lo pusiste en mi espalda?”, y en efecto, estaba en un lugar en donde mis patas no alcanzaban, “¡… bastardo!”

Me tiré al suelo, e intenté remover el papel frotándolo contra el piso, pero mis esfuerzos eran en vano, ¡el maldito estaba muy pegado!

“¡No puedo transformarme!”, le grité, obviamente enfadada, “¡Quítamelo, quítamelo!”

No esperaba que me hiciera caso cuando le pedía eso, pero me irritaba de una forma estratosférica. Y para colmo, sacó su teléfono celular, lo colocó frente a mí, y la máquina comenzó a acusarlo cuando hacía ‘click’ a cada rato

“¡QUIEN TE DIJO QUE PODÍAS SACAR FOTOS MALDITO BASTARDO!”

Ya estaba. Había sido lo suficientemente buena y paciente. Me levanté, colocándome en una posición lista para atacarlo, mientras mis colas se erizaban de manera prominente. No iba a dejar un solo rastro de ese maldito bastardo, iba a ocupar su corazón en mi repisa y se la iba a mostrar a todos esos sacerdotes bastardos para advertirles de lo que les pasaría si me colmaban la paciencia

Me lancé hacia él, mis colmillos iban directo a su cuello dispuesto a despedazarlo. Pero todo mi cuerpo se detuvo en el aire. Me quedé atónita frente a él, tragando saliva. De un momento a otro, todo mi malhumor se desvaneció y cambió a un miedo indescriptible, al grado de que sentía que me apretaba el corazón

Su dedo estaba a dos milímetros de tocar la pantalla de su celular, en la pequeña parte que decía con aquellas palabras blancas y fondo azul

Compartir las fotos a Facebook, decía

No solo se había encargado de hacerme sentir vergüenza, ¡se había encargado de registrar el momento y estaba listo para desatar mi incapacidad en esa maldita red social!

“Debo reconocer que te subestimé enormemente, mortal”, lo miré a los ojos, solo para darme cuenta que cada vez que lo hacía, se sonrojaba. No me importó en ese momento, simplemente sonreí para traerme tranquilidad frente a la situación, “¿Pero tienes concepto del poder que manejas? ¿Dónde dirigirlo? ¿Cómo hacerme daño?”, no, era claro que no, solo fanfarroneaba con ese botón. Comencé a sentirme una tonta por pensar que lograría hacer algo

“… tu nombre es Amane Hiroki, ¿no?”

“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA”

“… y según esto, tienes de amigas a Sayuri y Fumiko, ¿verdad?”

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

AAAAHHH AAAAAHHH ¡¿POR QUÉ?!  ¿POR QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?!

“Si te etiqueto…”

“¡¡¡DE ACUERDO, DE ACUERDO, TU GANAS, PERO POR FAVOR, POR EL AMOR A INARI Y TODO LO SAGRADO QUE HACE, POR FAVOR NO COMPARTAS ESAS FOTOS!!!”

Esto era un castigo divino, ¿verdad? El destino decidió lastimarme de esta forma tan humillante y denigrante, ¿verdad? Encontraron la forma que más me iba a doler esto, ¿verdad? Si Fumiko se enteraba, si Sayuri se enteraba...

… odio mi vida

“Vamos, no te sientas tan deprimida”, se atrevió a decirme con esa cara sonrojada que tenía, “si fuera un Kitsune macho”, creí un momento que había dicho “y como desearía serlo” entremedio, pero no podría asegurarlo, ”te encontraría muy… eh… adorable… y linda…”, se ruborizaba aún más a medida que continuaba

“¡ESTABA REVOLCANDOME EN EL SUELO, ¿DE QUE MIERDA ESTAS HABLANDO?!”

“S-si, si, disculpa”

Si quería disculparse, podría partir borrando esas imágenes y dejando de existir en este mundo

“Podrías partir sacándome esta cosa de la espalda”

“No sé para qué, si tu forma actual es mucho más adorable, linda, simpática…”, dejé de escucharlo automáticamente, pero probablemente continuaba con halagos

Mientras removía el sello, fue ahí cuando recién hilé todo

“Un momento…”, lo miré inquisitivamente a los ojos, “¿me estás diciendo que te atrae esta forma desaliñada, cochina y sin arreglar en vez de una bombón de pechos grandes y que puede hacerte gemir por horas?”

Asintió muy bastante seguro de ello, y bastante sonrojado. Interiormente, me dio un poco de asco. No, no era poco en realidad

“Durante mi estadía y entrenamiento para ser sacerdote, me concentré en eliminar todo vestigio de tentación proveniente de cuerpos femeninos”, … ajá, “pero eso… solo consiguió que me sintiera atraído por… ehhhh… ¿Cómo decirlo?”

“Bestialidad”

“Si”

“….”

“DIGO, NO, NO”


En mis años de existencia había conocido a alguien así

Nos quedamos mirando fijamente por un buen rato. En realidad, el trataba de esquivarme con los ojos, solo para fijarse en algo como mis patas, para sonrojarse y volverme a evitar

“Para ser un sacerdote, no te veo con demasiadas ganas de ‘eliminar al mal que asecha en los bosques’”, era típico escucharlo de las mujeres engañadas por sus maridos

“Ehhhh, sobre eso…”, esas palabras confirmaron mis sospechas.

Había algo que no les había comentado desde el principio, y es que, en realidad, mis víctimas nunca morían. Por lo menos, yo no era la causante de sus muertes, y siempre me aseguraba que volvieran sanos a casa. De ahí a que sus mujeres hicieran lo que hicieran, no era mi tema. ¿Y por qué lo hacía? Es fácil; mantener una ecología estable producía sus efectos positivos; no me daban caza, la gente que venía obtenía lo que quería, yo también, y todos éramos felices. Era joven, pero no insensata. Sabía que tener gente detrás de mí era lo menos conveniente a largo plazo. Por ello, tenía hombres que solicitaban verme para… “esas cosas”. También venían mujeres, pero la mayoría venía más que nada con sus sartenes para ver si me podían dar una paliza

¿Creyeron que era una asesina sin corazón? Por favor, estamos en el 2017. Los negocios evolucionan con el tiempo, y esas prácticas barbáricas de andar matando hombres terminó hace eones

“Te recomendaré un psicólogo, es un excelente amigo mío que trabaja en la ciudad”, me transformé en mi forma humana, y entre mis ropas, saqué una pequeña tarjeta que le entregué, “cobra un poco caro para mi gusto, pero te ayudará con esa enfermedad mental que tienes”

Se quedó mirando la tarjeta con los datos que tenía, algo decepcionado. Y lo entendería si fuera una persona normal siendo rechazada por una chica en alguna cita. Pero esa no era la situación acá

“En todo caso, me sorprende”, me respondió, lo cual me hizo mirarlo con una ceja levantada, “pensé que me tratarías como un enfermo mental por ello”

¡PERO SI TE DIJE QUE ERAS UN ENFERMO MENTAL, ¿POR QUÉ CREES QUE TE DI EL NUMERO DE MI PSICÓLOGO?! Maldita sea, que hombre más denso

“Pero me gustaría preguntarte algo”, continuó, “¿Por qué odias tanto tu forma animal?”

“Oh, andamos de curiosos ahora”

“Bueno, ayuda a concentrarme el que no estés mostrándome tu sensualidad”

“… ignoraré ese comentario”, por su propio bien lo haría, “Pero me imagino que quieres escuchar una historia trágica de cómo mis padres me castigaron por no estar permanentemente en forma humana, o algo como que me hacían bullying en la escuela de Kitsunes”

“¿Y algo de eso ocurrió?”

“Lees muchas novelas si crees que algo de eso pasó”

Nunca entenderé el por qué a los humanos les gustaba leer, o escribir, sobre historias de amor, o esas tristes que hacen pensar en si te estabas comiendo una cebolla cruda

Y por cierto, no existe algo cómo ‘Escuela de Kitsunes’. No sean densos como ese idiota

“En realidad… es curioso, pero no sabría explicarlo con naturalidad”, dije, mientras me sentaba al lado de él, mientras una última nube conseguía que me transformara nuevamente en mi forma animal. Como era de esperarse, se comportó como un adolescente al ocurrir eso, “en realidad, mi padre no amaba a mi madre. Y Viceversa”

Tampoco era raro que ello ocurriera, al menos en relaciones entre Kitsunes

“No lo malinterpretes, ellos se querían, y ellos me querían. Pero nunca se dio ello que los humanos consideran como amor, propiamente tal. No me hubiera cuestionado mucho ello si es que no hubiera decidido el acercarme a los humanos. Pero… por alguna razón, me hizo sentir muy distante de mi forma natural. No sabría explicarlo, pero no me gustaba que otros seres que no fueran de mi propia especie me vieran así… sobre todo sin maquillaje”, bromeé

Ambos nos encontrábamos sentados, en medio de los bosques, dejando que la luz de la luna nos bañase. Podía escucharse el viento danzar levemente por nuestros oídos, cubriéndonos con su frescura. Siendo honesta, se sentía bien el no tener que estar “cazando” especímenes por una noche. Curiosamente, se sentía como si me hubiera detenido después de correr cientos de metros siguiendo un camino largo y angosto. Sentía que descansaba de todo ello

“¿Y por qué decidiste acercarte a los humanos?”, preguntó, acercándose aún más, tímidamente a mi lado

“Es algo natural que les ocurre a los Kitsunes en cierta época de nuestras vidas. Somos intermediarios entre el mundo de los vivos y el mundo de los espíritus, es normal que nos interesemos en ambas partes”

“¿Y… que te pareció el mundo de los humanos cuando lo descubriste?”

“… sí que quieres saber de mí, ¿eh?”


Que me había parecido el mundo de los humanos… Es complejo decirlo a ciencia cierta. Por un lado, los ves siendo afectuosos y respetuosos por el mundo de los espíritus, el más allá y de qué les ocurrirá el día que tengan que dejar este mundo. Por otro lado, muchos tienen muy poco… más bien, nulo interés en lo que sucede en el momento, en el ahora. Son capaces de golpear a sus esposas, y luego ir a orar a un templo a algún dios o deidad imaginaria. Así también, hay gente que no le interesa pensar ni saber qué hay más allá de la vida, pero son los más dedicados a hacer del resto felices

Me hacían sentir de forma rara. Más allá de las afecciones físicas, y del contacto sexual, muchos tenían esos sueños de cariño que siempre quedaban después de nuestros encuentros. Y no era sorprendente, ni raro. Después de todo, si tienes a un ser delante de ti que puede darte todo lo que deseas, ¿no querrías eso que justamente te falta en tu vida? Los infieles no llegaban a mí porque deseaban un cuerpazo (bueno, si, pero ese no es el punto), sino porque no tenían cariño cuando volvían a su hogar. Podrían ser sus culpas, y podría ser muy hipócrita, pero no estaba para juzgarlos. Si hiciera eso, tendría material para condenarlos por milenios

Y creo que también iría para mí ese último comentario

“¡…!”

“… ¿qué?”

“T-tu cabeza…”

“¿Qué tiene de malo mi cabeza?”

“Pues, la… la pusiste encima de mis piernas…”

“Podrías aprovechar de acariciarme la cabeza en ese caso. Una chica también necesita cariño de vez en cuando”


Aun así, todos esos pensamientos quedarían en mi cabeza. No planeaba decírselos a los humanos, menos a uno con fetiches de bestialidad que no podía controlar lo que le pasaba bajo sus pantalones cuando una chica adorable como yo descansaba su cabeza en su regazo

Su comienzo fue tímido, casi típico de alguien virgen. Estaba nervioso, sus manos temblaban un poco, pero eran cuidadosas y respetuosas al tocar. Aquello era algo nuevo entre tanto hombre con experiencia, y debo reconocer, me gustaba sentirme querida como un animal cualquiera

“… ¿Y al final?”

“¿Y al final qué?”

“No me respondiste la pregunta”

“Lo sé”

“… ¿no lo harás?”

“Si quisiera responderla, ya lo hubiera hecho, ¿no?”

“... eso es justo”


El silencio fue largo. No recuerdo cuánto tiempo estuvimos así de tranquilos, hasta que saltó con otra pregunta tonta. No entendía por qué los hombres siempre hacían preguntas tontas cuando estaban en la intimidad. ¿Acaso no podían simplemente disfrutar de los momentos? Podía entender eso de una mujer, que básicamente terminabas siendo su psicóloga después de tener relaciones, ¿pero no estaban grandecitos ya para eso? Y sobre todo preguntándole a alguien que no tiene los mismos conceptos de importancia de ellos

“Pensé que te resentirías conmigo por lo de las fotos”

“Estoy muy vieja como para andar guardando rencores por ahí, sobre todo de cosas que se solucionan borrando las fotos, ¿verdad?”

“… S-si…”


“No planeas guardar las fotos para hacer cosas en solitario, ¿o si?”, su silencio lo delató, y debo reconocer que fue divertido verlo nervioso

“C-cambiando el tema”, por supuesto, por supuesto, “me impresiona que seas tan amable y simpática”

“¿Estás insinuando que no soy adorable, amable y simpática?”

“¡N-No, no!”, ay, este tipo es un amor, “Es solo que pensé que dentro, muy dentro de ti”, no necesitabas recalcar con un ‘muy’, sabes, “no eres mala. Me hace pensar que serías muy buena en un trabajo como cuidar de los cultivos a los granjeros, guiando a los espíritus que no pueden descansar, o cosas así”

“Suena a mucho trabajo, y me da pereza”

“¿Pero no es lo que hacen los Kitsunes normalmente?”


“Si nos vamos por lo justo, ya nadie se dedica a ser sacerdote. ¿Te gustaría acaso irte de tu trabajo para estar en una oficina de amanecer a atardecer, tipeando cosas delante de una máquina y sentir que tu vida se te va lentamente y sin poder hacer nada al respecto?”

“… la verdad, no”

Si, era algo dura con el muchacho. No era personal, en realidad no me interesaba lo que el resto decidía sobre qué hacer sobre su vida. Pero así también, deseaba que el resto respetara las decisiones que tomaba en relación a mi propia vida. ¿No se trataba eso el empoderamiento de que tanto hablaba la gente? ¿Acaso no ese era el punto de tantas luchas sociales que tenían en sus ciudades, luchando contra lo establecido, incluso con aquellos quienes los criaron? El poder de decidir el destino propio, independientemente de si lo que una hacía era beneficioso o no

“Aun así, pienso que serías muy linda guardiana”

“… Probablemente si”


Quizás era algo egoísta de mi corazón. O quizás es parte de nuestra naturaleza. Pero el estar ahí, junto con ese monje, sentados en la nada, y sintiendo como sus caricias en la cabeza me tranquilizaban… no lo sé, no quería dejar de sentirme así. Deseaba caminar por una calle, toda orgullosa, solo para recibir miradas de niños quienes deseaban tocar mi pelaje, ancianos que deseaban rendirme tributo para tener otro año de vida, mujeres que desearan mi bendición para que sus hijos crecieran sanos, hombres que me respetaran en forma de tributos, como ese delicioso sake, que el resto de los animales sintiera paz al estar cerca de mi…

… ¿Por qué no podía ser honesta conmigo misma?

… ¿Por qué escapaba tanto de ello?

… ¿A qué le tenía miedo?

No quería terminar como mis padres, quienes no gozaron una pizca de pasión mientras estuvieron conmigo. No quería tampoco tener cientos de miles de aventuras sin haber depositado mi corazón y mis sentimientos a otra alma que se sintiera como yo. Quería despertar tranquila, con alguien a mi lado, a quién pudiera lamerle la mejilla para despertarlo, sentir el olor de sus cabellos, envolverlo en mis colas, preguntarle que qué haríamos ese día… incluso quería tener un pequeño retoño, espantarle sus pesadillas, alimentarlo para que creciera sano y fuerte, aconsejarle sobre chicas, y de cómo evitar a esas zorras realmente zorras…

Pero nada de ello se haría realidad si no era yo la que cambiaba

El sol pronto comenzó su aviso de llegada en el horizonte. Lentamente bajé de mi lomo al sacerdote, acostandolo suavemente en el templo donde pertenecía. En medio de la noche, se había quedado dormido, pero me pareció mal despertarlo al verlo cómo abrazaba mis colas. Aún así, los compromisos siempre eran mientras la noche era la reina, por lo que nuestro encuentro estaba destinado a terminar cuando saliera el sol. Así era con todos, y así sería con él. Sin excepciones

Ese encuentro me replanteó muchas cosas. Nunca antes había sentido un cariño por mi forma animal. A los humanos normales no les interesaba, y ciertamente tampoco a otros Kitsunes, a excepción de las épocas de apareamiento. Y podía parecer muy superficial el cuestionarse cosas porque un chico tiene ganas de tocar sexualmente a un animal, pero para mí fue otra cosa

Me había hecho pensar, darme cuenta de lo poco que me amaba a mí misma

Quizás si iba a un psicólogo, me daba la clave de todo y me arreglaba la vida mágicamente. O quizás terminaría recetándome pastillas para toda la vida, y dejarme idiota y babeando en un cuarto blanco. No sabría decir por qué hacía las cosas como las hacía, ni tampoco si lo que hacía estaba bien o no. No estaba segura de nada; de donde comenzar, que decir o qué hacer

Pero había algo de que estaba segura

Era una Kitsune

Y podía tomarme todo el tiempo del mundo para entenderme, cambiar lo que deseaba cambiar… y por sobre todo, amarme
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Mensaje  Matthew Owens el Sáb Sep 23 2017, 16:13

Bueno Alex ^^ Teniendo en cuenta nuestra amistad, y la gran cantidad de años que llevamos roleando juntos... No voy a tener piedad o_ó


Jajaja, no en serio, voy a decir lo que me parece: La historia es muy bonita, sabes de sobra que adoro a los kitsunes y toda la mitología que hay alrededor de ellos. La protagonista es encantadora y mandona, me gusta leerla y los diálogos entre los personajes son como los de un anime, así que es sencillo de seguir.

Tu eterno problema es siempre el mismo, repetir palabras. Creo que es porque te emocionas escribiendo (Lo cual me parece genial) y se te pasan ese tipo de detalles. Más allá de eso, creo que el cuento se extendió por demás, estoy segura que podría ser la mitad de largo sin perder contenido, pero te gusta agregarle muchos detalles para darle más color y por eso queda tan extenso.
El cambio entre lo cotidiano y lo novedoso tiene como un segundo de brillo y luego va bajando en intensidad por esto mismo que te digo, el ser redundante sobre una misma idea.

Aún así no creo que este mal ¡Es un lindo cuento! Me entretuve leyéndolo y no se me hizo tan largo como pensaba al principio.

Le dejo mis saludos, Don Alex
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Una ilusión que nunca muere [2° Concurso Escuela Aerandir] Empty Re: Una ilusión que nunca muere [2° Concurso Escuela Aerandir]

Mensaje  Alira Bellowood el Sáb Sep 23 2017, 16:25

¡Muy buenas Siria!

Primero de todo quería decirte que me ha gustado mucho el estilo narrativo que has escogido, como si fuera una conversación entre el narrador y el lector, pues yo también lo use en mi relato y me parece una elección muy apropiada para el tipo de cuento que has realizado.

Además de eso la temática me ha gustado mucho, la cultura japonesa impregna el relato, es como una versión modernizada de una fábula que podían contar las abuelas a los niños en los pueblos pero vista des del punto de vista de la “kitsune”, hecho que me parece original y curioso. Cabe mencionar que los dos protagonistas son carismáticos y crean un vínculo con el lector, te encariñas de ellos y son muy divertidos de leer.

Como punto "malo", y bastante personal, mencionar que no me gusta el léxico del habla, el argot, en los párrafos que considero narrativos. Alguna expresión más propia del habla como: “al principio contaba de que muchas veces” “Bueh” “reencarnar en insectos como por 100 años” etc. me ha resultado foránea y forzada, pues aún con esa idea de dialogo informal que tiene el relato hay elementos que a mi parecer rozan la línea roja, pero repito, esto es algo puramente subjetivo e individual.

Como toque final quiero decir que aunque en un principio me ha parecido un cuento muy largo (me he asustado al ver tanta línea jajaja) se me ha hecho mucho más llevadero de lo que pensaba, cosa de la que me alegro nwn.

En líneas generales me ha parecido un relato muy divertido y diferente, no solo por donde está ambientado sino también por todo lo comentado anteriormente, ¡un saludo bien grande y muchos ánimos!
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Mensaje  Colm el Dom Sep 24 2017, 00:16

Me hiciste sentir un vacío en el corazón y una "laguna" mental, eso es muy bueno. Y como a todos, me asustó la cantidad de texto pero luego terminé queriendo saber como siguió viviendo el resto de su "eternidad".

Puntos fuertes:
-Una enorme fluidez; narración y dialogo.
-Lenguaje sencillo y fácil de entender.
-Excelente control de los detalles, sin escasear ni dar demasiados.
-Clara definición del personaje.
-Lo haces fácil de imaginar.
-El "juego" con las emociones dentro del relato.
-El tono de narración acorde con la personalidad del personaje.
-Lo mejor de todo, los sentimientos del personaje llegan al lector.

Puntos mejorables:
-Mejor llamo a un escritor para esto.

Nota sin importancia:
Yo evaluó mas como lector que como otro escritor (no lo soy), y los aspectos importantes para mi están en la fluidez, coherencia, la facilidad con la cual puedo imaginar las escenas por medio de las letras, el mensaje que se desea transmitir al lector (todo escrito debe tener una intención) y los sentimientos que transmite el relato, así como también las transiciones entre ellos. Con esas seis cosas son perfectos para mí. Un análisis con un enfoque técnico, me es difícil.
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Una ilusión que nunca muere [2° Concurso Escuela Aerandir] Empty Re: Una ilusión que nunca muere [2° Concurso Escuela Aerandir]

Mensaje  Sigel el Sáb Sep 30 2017, 13:06

Tu relato me recordó a la adolescencia, cuando me leí el manga Ao no exorcist, ¿lo conoces? Es de mis preferidos, me gustó mucho como manejaba la mitologia de la japón feudal con la manera de pensar actual. ¡Justo como tú lo hiciste! Adoro las kitsunes, es un fetiche personal que tengo (algún día me haré cosplay de Ahri del lol y seré feliz). No siempre se consigue mezclar de una manera natural el mundo moderno con el pasado, lo hemos visto en muchos libros, series y películas (ejem la nueva peli del Rey Arturo es asquerosa ejem ejem), todavía sigo impresionada con la naturalidad de cómo has llevado la historia del relato.

No solo es natural las leyendas, comportamientos o escenarios... También, y más importante, el narrador. El estilo con que escribas haces que puedas sentir lo que siente la protagonista. Es como si te estuviera seduciendo, provocando, a cada palabra que dice la kitsune y eso me ha enamora. Ese era el objetivo del narrador, como buena zorra, tenías que seducir a tus presas/lectores y lo has conseguido con creces.

Lo que a mí más me ha gustado, el punto fuerte de toda la historia, es la manera en la que desarrollas los traumas de la protagonista. Muy poco a poco, sin prisas. Me releí el relato tres veces (siempre lo hago) y a cada vez descubría cosas nuevas que me gustaban más. Desde el principio ya insunuas que la chica necesita ayuda, que está sola y que tiene problemas. No lo dices, pero lo insinuas. Una de las veces que lo releí me imagine que la kitsune nos contaba su historia porque necesitaba hablar con él, desahogarse. Y es que parece eso, cuando dices que por favor tenemos que quedarnos y leer su historia... parece que quiera hablar al amigo que nunca tuvo. Me encantó ese detalle que lo entendí mejor después de releer el relato.

El punto negativo que más destaca son los signos de puntuación. no hay puntos al final de los párrafos y en muchas ocasiones viene mejor poner una coma que un punto. El relato es muy largo y no encuentro ahora ningún ejemplo para citarlo, pero me acuerdo de uno en especial que pusiste "bla bla bla. O más." cuando hubiera sido más correcto poner ahí una coma que un punto ya que es una enumeración. Tema aparte es el uso de comillas en vez de guiones para los diálogos. Master Sigel se encoge de hombros. Hay quien dice que eso es un error ortográfico, pero también hay gente dice que da personalidad al autor. Personalmente, yo estoy a favor del primer bando, para mí es un error. En este relato en especial hay muchísima personalidad, no veo necesario añadirle más.

Otro detalle que quizás hubiera sido más interesante no usarlo son el uso de "bueh..." y otras palabras de ese estilo. Volvemos a lo mismo, ya hay suficiente personalidad en la narración. Todo los sonidos me los he podido imaginar leyendo cómo la chica narraba la historia sin necesidad de que lo pusieras por escrito. ¿Está mal? Algunos dicen que sí otros dicen que dan personalidad... Como antes, ya tienes mucha personalidad, sobrecargarlo lo veo pesado y repetitivo.
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