La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

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La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Lun Ene 06 2014, 00:42

Viene de acá: http://aerandir.foroes.org/t2298p30-ante-el-abismo-de-la-muerte-interpretativo#21850


Al día siguiente, en la mañana bien temprano, después de desayunar y llevar lo justo en armas, emprendimos el viaje con la mujer hasta la playa, hacia el acantilado. Ella iba comentando sobre historias del lugar, anécdotas, y lo mejor es que el viaje fue tranquilo sin problema, ni siquiera la Muerte dio señal de frustrarnos la llegada.

Pasamos por las rocas que costeaban el pié del acantilado, donde culminaba la cascada. Me sorprendía lo alto que habíamos caído. Afortunadamente mi brazo solo tuvo contusiones, como mi cabeza, y la herida de Kaala no había comprometido algún órgano. El paisaje tenía colores intensos por la lluvia del día anterior y a lo que estaba despejado y caluroso, yo había decidido sólo ir de camisa, unos botines y un pantalón, con bordados élficos, y colores blancos, el de la pureza. Si había que enfrentar a la Muerte, ¿entonces qué mejor color sino éste? Llevaba mi espada en el cinturón, y el arco y el carcaj sobre mi espalda.

Después de recorrer el borde de rocas, sobre una carcaj intensa que tuvimos que pasar  con cuidado para no resbalar y caer al agua, ya que sería muy difícil volver a ponerse en pié, divisamos una escalinata de piedra hacia el interior de una cueva, pero no muy grande, pues al final había una gran puerta. A ambos lados, habían dos estatuas grandes, que representaban a grandes magos de la historia, uno de la magia blanca , y otro de la magia negra. Ambas estaban sentadas sobre lo que parecía un trono, con túnicas, y las manos hacia abajo formando una cuenca, a la altura de nuestros pechos.

La anciana nos condujo, empapados los tres por el agua de la cascada que debimos cruzar, hasta la puerta y tomó una daga de ella, y se cortó las venas, colocando unas gotas de sangre en cada estatua, sobre las manos y cuando terminó, guardó el arma, tomó un jirón de tela que llevaba en uno de sus bolsillos del delantal y nos miró a nosotros esperando que hiciéramos lo mismo.


Última edición por Sydara el Lun Ene 13 2014, 02:56, editado 1 vez
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Kaala el Jue Ene 09 2014, 23:03

Ante la vista de la cascada desde abajo no pude evitar detenerme y contemplar distraídamente. Al final, esta misma mañana, decidimos emprender el viaje los tres. Seguía preocupándome por lo que el mago podría hacerle a Sydara, sobretodo recordando lo que Argwand me dijo sobre él, pero, lo cierto, es que me alegraba mucho de tenerlo a mi lado. Esperaba que siempre sea así... Y no o me refiero a que no podamos separarnos nunca, pero sí a esa sensación de que siempre podré contar con su apoyo, a la vez que él con el mío.

Rocé con uno de los dedos la empuñadura de la espada que colgaba en mi cinturón. Pareciese como si estuviese ahí desde un principio, a pesar de que no hacía mucho que la tenía. - Almas malditas... - susurré casi imperceptiblemente. Lo mismo que me vinculaba a Sydara me vinculaba también a esta espada. Si era necesario, no dudaría en utilizarla aún sin saber qué pueda pasar al hacerlo. Cuando la empuñé la última vez, contra Thomas, un extraño sentimiento recorrió mi cuerpo... Un sentimiento... Oscuro... Pero el poder circulaba libremente por mi sangre, desde las puntas de mis dedos hasta los de los pies. No tenía miedo a usar lo que fuese necesario para proteger a mis seres queridos, y eso lo sabía muy bien. Además, también tenía la daga impregnada con magia blanca de mi madre y, no menos útil, el látigo que tantas veces me había ayudado.

Noté que estaba retrasando el grupo y me apresuré, colocándome al lado de Sydara. Fijándome mejor, parecíamos polos opuestos; él de blanco, yo de negro, él un elfo, yo una licántropa... Tanto mi pantalón y botas de cuero como mi camisa eran oscuras como la noche, pues esa fue la ropa con la que Riana me obsequió amablemente, dejando la mía sucia y estropeada en la cabaña del bosque. Solo la capa verde de mi madre adornaba mis hombros, llegando casi hasta los pies; a ella no podía dejarla atrás. Y en el cuello, el símbolo de mi familia perdida, a juego con el resto de mi traje; la Luna Negra... Al ser tan cercanos, siempre se me olvidaba lo diferentes que éramos en realidad. Él la luz y la pureza, y yo la oscuridad y la corrupción. Así era como nos veían la mayoría de veces a los lobos como yo, pero que así sea, pues si he de hacerlo, echaré mano de las oscuras sombras del pasado que persiguen a mi raza para luchar y proteger lo que más me importa...

----------------------------------------------------------------
Al pasar por debajo de la cascada, no solo mi cuerpo se purificó con el agua cristalina, dejando el polvo del camino atrás, sino que también mis inseguridades habían desaparecido. Debía ser fuerte, pasase lo que pasase. Debía reunir todo el coraje dentro de mí y enfrentarme a lo que el destino estaba por escupirnos a la cara, fuese lo que fuese. Por ello mismo, cuando el olor a sangre inundó el aire, me acerqué sin dudar hacia ambas estatuas, desenfundé la daga de mi madre, la cual por un instante emitió una luz blanquecina tras el contacto con la palma de mi mano, y dejé caer mi propia sangre junto a la de la maga.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Vie Ene 10 2014, 18:39

Las gotas de ambas mujeres cayeron en las manos de ambos magos, y faltaba la mía solamente. Me acerqué a la estatua del brujo oscuro, desenvainé un poco mi espada, no del todo, y antes de acercar mi mano al filo miré esos ojos de piedra, fríos y fijos. Una mirada de odio cruzó levemente por mi rostro y casi sin darme cuenta me provoqué el corte un poco más profundo de lo que hubiese querido, haciendo una expresión de dolor al notarlo. Procuré que cayeran unas cuantas gotas de sangre y me dirigí a la otra estatua, acomodando el arma, y rodeando la herida con la palma de la mano sana para evitar que las gotas cayeran al suelo, hasta que pude llegar a las manos juntas de la otra.

Una vez que terminé el pequeño rito, me aparté poniéndome a lado de Kaala y para adentro murmuré unas palabras en mi lenguaje para detener la sangre y disminuir el dolor, lo cual funcionó bien. Con la mano sana tomé el antebrazo de ella, y volví a decir lo mismo para mi mismo y le sonreí con complicidad a ella cuando la sangre dejó de fluirle en su mano.

Riana se adelantó, guiándonos, cuando la puerta doble hizo un fuerte ruido y se abrió una línea en el medio. Como era gigantesca, tardó en abrirse, y ni bien dio cabida para dos personas hacia el interior, ingresamos unos pasos hacia adelante. Nos encontramos con un pasillo ancho como una sala, y a cada tanto, estatuas como la de la entrada, intercalando entre magos de magias oscuras y blancas.

Llegamos a una zona donde se abría a una habitación con 5 pasillos y diversos caminos a ambos lados, pero uno, el quinto, estaba frente a nosotros, con una escalera de piedra que bajaba, todo iluminado con antorchas. Las paredes, a cata tanto, tenían símbolos, runas antiguas, que no podía descifrar. No eran lenguajes élficos. Nuestros pasos resonaban con eco en algunas zonas y no me agradaba mucho que así fuera. La madre de Argwand nos dirigió por esa escalera y cuando íbamos por los primeros peldaños, me detuve en seco, y saqué mi arco, cargándolo con una flecha.
-Escucho algo...-comenté en un susurro y me volteé preparado por si tenía que atacar.
-No se detengan, hay que llegar al final, a la sala del Fuego que purifica las almas. Allí podrán salvarse-

Fulminé con la mirada el lugar que dejábamos atrás, y no volví a guardar el arma. Desconfiaba que el lugar fuera tan tranquilo. Estaba seguro que había más gente dentro.
-¿Cómo podemos asegurarnos que estaremos sin compañía en ese lugar? ¿No debería ser el lugar más protegido por los brujos?-pregunté.
Ella, sin dejar de bajar los peldaños con cuidado y ayudándose del brazo de Kaala, repondió. Yo iba detrás de ellas.
-Hay un sólo guardián y con él basta. Son estatuas, pero no te preocupes, porque yo los protegeré a ambos. No falta mucho, ya casi llegamos-

Tal como dijo la mujer, pronto nos encontramos ante unas puertas grandes de piedra, que se abrió tras brillar en rojo fuerte las runas que tenía grabada, dando un mensaje que yo no lograba entender. Adentro era una gran sala rectangular, bajando primero por una escalinata, con una tarima al otro extremo, y un pequeño altar, cuatro columnas de piedra también, que se hallaban casi al centro, donde había un círculo dibujado, bastante grande. El suelo estaba lleno de agua y nos cubría hasta casi llegar a las rodillas. El fuego de las antorchas tenía un color extraño, fuera de lo normal, tirando a verde. Una vez que entramos los tres, las puertas se cerraron.

Había estatuas también, pero una detrás de la tarima, donde había una estaca de oro, que parecía ser una gran reliquia.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Kaala el Dom Ene 12 2014, 00:49

Durante todo el camino el ambiente del lugar era muy misterioso... Las estatuas, tanto las negras como las blancas, debían tener un significado... Claro que representaban al mal y al bien, pero... ¿Por qué estarían juntas en esta clase de santuarios? Significaría eso que el mal y el bien son tan cercanos el uno al otro que van prácticamente cogidos de la mano? "No puede haber mal sin bien... Como no pude haber bien sin mal..." No me gustaba nada como sonó aquello en mi cabeza, pero parecía tener sentido. Fuese el que fuese el significado de estas figuras, debía haber algo muy poderoso oculto entre sus sombras...

Empezamos a bajar las escaleras del camino frente a nosotros y me apresuré a ayudar a la anciana, aunque algo me decía que era perfectamente capaz de hacer cualquier cosa que se propusiese. Cuando Sydara, detrás de nosotros hizo el sonido de ponerse en guardia, me giré de inmediato, algo nerviosa. - Yo también lo he oído... - ¿Cómo era posible que el lugar estuviese tan vacío? Como dijo mi amigo, este parecía ser un lugar sagrado o, como poco, un lugar de gran importancia para los magos... ¿Por qué no había nadie ahí? Además... La sangre que ofrecimos para entrar antes... ¿Para qué sería? Algo no me gustaba nada de aquél lugar... Y no solo eso. También Riana me parecía cada vez más sospechosa... Para empezar, supo orientarse muy bien... Eso significa que ya estuvo aquí antes, lo cual en si no era tan extraño pero... ¿Me lo parecía o estaba más ansiosa de llegar al final del camino que nosotros? Y lo que nombró del fuego purificador... Me recordó demasiado a lo que pasó con los monjes en el subsuelo del hospital de Lunargenta, lo cual no me gustó ni un pelo y... ¿Cómo era que sabía tanto de la maldición de todos modos?

En cuanto los tres estuvimos empapados hasta las rodillas, en aquella sala sumergida e iluminada con un extraño resplandor verdoso, me detuve haciendo parar a mis dos compañeros también. Me giré hacia ellos y mi mirada no era la dulce de siempre, pues el yo que lucha por sobrevivir se apoderó una vez más de mí. - Riana... ¿Cómo es que sabes tanto de la maldición y de este lugar...? Hace un buen rato que lleva molestándome esto pero... ¿Por qué nos ayudas? ¿Por qué nos acompañas a este lugar de aspecto peligroso sin razón alguna...? Las estatuas... Magia blanca y negra van ligadas de la mano. Eso es lo que significa, ¿verdad? Mi madre... Mi madre eligió el bien, mientras que su hermano, Claus... - hice una pausa dramática, observando a Sydara de reojo para ver qué pensaba sobre todo ello. - Es solo que me parece demasiada casualidad... Lo normal sería pensar de todo esto como una trampa... No será que... -

No pude continuar con mis sospechas, pues todas las antorchas se apagaron dejando tras si una total oscuridad, menos por las dos de más al fondo, centrando toda la atención en aquel punto y, en la estaca dorada que ahí reposaba.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Dom Ene 12 2014, 04:46

-Los ayudo porque ustedes pueden detener a mi hermano, tú por ser su sobrina y Sydara porque podría ser un poderoso enemigo para él-respondió mientras avanzaba. No respondió lo otro cuando notamos que la luz verdosa que daba el aspecto sombrío a la habitación desaparecía.

Desde que puse un pié en la fortaleza esta, había sentido las malas vibras las energías de ese lugar tan oscuro, pero no me día cuenta de cuánto podría afectarme, hasta que una de mis rodillas chocó contra el suelo, haciendo salpicar el agua y me apoyé con las manos en el fondo de esa agua. Por la brusquedad de la caída, el pelo cubrió mi rostro, ocultando la expresión de horror y dolor que sentía.

Me encontraba dentro de mi casa, en Sandorai, y pude verme a mí mismo de pequeño. No podía ver mi cuerpo, era como un sueño. Podía sentir el aire frío de invierno que hacía en esa época. Era una noche. Yidera y yo nos dirigíamos a dormir, mientras nuestros padres se quedaban en el sofá, frente a la chimenea, abrazados y conversando sobre temas que no entendía en ese momento.
-¡Madre! ¡Despiértame temprano que quiero practicar con el arco y ganarle a mi padre! ¡he apostado con Yidera a que le doy a blanco al primer intento!-escuché mi voz de pequeño gritar desde la habitación,  luego una discusión divertida con Yidera, antes de irnos a dormir con portazos y reír para nuestros adentros.

Todo oscureció, pero yo seguía en el living, incorpóreo, invisible, pero que podía sentir lo que estaba a mi alrededor. No podía verme, ni sabía cómo había llegado allí.

Aleth, mi padre, se levantó de golpe, despertando a Wenn que dormitaba sobre su pecho, sobresaltándola y mirando hacia la puerta. Él fue a agarrar su espada, que estaba sobre un armero cercano a la pared. Todo estaba bello y decorado, muy diferente a la última vez que fui a Sandorai. La puerta se abrió, haciendo gritar a mi madre, que retrocedió a donde estaba Aleth, quien la abrazó, mientras con el otro apuntaba su espada al individuo encapuchado que ingresó, acompañado por Riana, y varios más que se sumaron.
-¡¿Qué está ocurriendo?!-gritó Yidera desde arriba.
Riana miró hacia arriba, era más joven y su aspecto estaba más cuidado. Claus estaba con el rostro deforme y parecía demente en cuanto a su expresión y quizá ahora se descargaría con ellos, con gusto y placer. Yidera no volvió a gritar más, pero Sydara gritó e insistió de arriba.
-¡Padre! ¡Madre! ¡No me puedo mover!¡Unas cuerdas me han atado!-parecía desesperado y muy aterrado.
-¡Te dije que nos veríamos Aleth, y debiste acudir a mí hace tiempo, y rechazaste  mi oferta. Sabías que yo no toleraría esa burla y menos de tener un hijo bastardo por tí!-exclamó Claus acercándose. Los demás los rodeaban. Riana bajó la mirada, lamentando todo.
Wenn miró incrédulo a todos, y se apartó horrorizada de mi padre.
-¿Qué es eso? ¿¡Cómo un hijo por ti Aleth!?-gritó con los ojos anegándose en lágrimas.
Aleth no entendía nada de lo que ocurría, le habían borrado los recuerdos. Soltó su espada y trató de calmarla, pero ella lo rechazó.
-Wenn.. -dijo pero la ira comenzó a tomar terreno y empuñó con fiereza su espada y se dirigió al brujo, apuntándolo al cuello. Pero tuvo que soltar el arma para llevar las manos al cuello, falto de respiración.
-¡Que haces!¡Déjale!-gritó mi madre entre sollozos, dándose cuenta que no podía creer las palabras de un enemigo, ante la palabra de su amado. Se abalanzó contra el hechicero pero uno de los que estaba detrás levantó un arco y tiró una flecha a la espalda de ella, quien se dobló por las rodillas y cayó, apoyándose contra una mesa, haciendo esfuerzo por querer levantarse de nuevo.
En el piso de arriba, Sydara seguía gritando, cada vez más desesperado por los gritos, pero Yidera no, ella  no gritaba.

El hechicero se acercó a mi padre y le habló muy cerca del rostro, a quien le costaba respirar.
-No puedo permitir que intervengas de nuevo en mis planes. Esta vez se acabó todo, mi paciencia y mi piedad...-

Todo oscureció de nuevo, hubo gritos, súplicas confusión...

Y una nueva escena surgió. En medio del silencio, en el cuarto de Yidera, quien estaba sentada en su cama de piernas cruzadas, con su pijama blanco y su cabello suelto, sonriendo a Claus, frente a ella, sentado a un costado y tomándola de sus manos. No pude ver el porqué ni nada más. Oscureció.



Mis ojos volvieron a ver el agua, donde motas de luces volvían reflejarse en la penumbra. Todo había sido demasiado vívido para mi gusto, demasiado cruel haberlo visto en ese momento. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero seguía con la rodilla en el suelo y en la otra me apoyaba, casi como si hiciera una reverencia. Riana impidió que Kaala se me acercara y me ayudó a incorporar del brazo.
-Tienes que ir a tomar esa daga Sydara, es la llave para abrir el Sendero del Fuego y que te encuentres con el enviado. ¡Ve!- apremió. Avancé sin mirar a Kaala, incapaz de reaccionar, accedí a la orden que ella me daba sin decir ni preguntar nada. Llegue frente a la tarima y ese altar pequeño que había, y detrás una estatua sentada en un trono. Tuve la sensación de que los ojos pétreos cobraran vida pro un instante. A punto de tomas el arma con mis manos, me obligué a respirar profundo. Riana se acercó también, y trajo del brazo a la loba, quedándose detrás de nosotros. Miré a mi amiga, y le dije tratando de que la tristeza que sentía no se hiciera notar mucho.
-Vi el momento en qué Claus fue a matarlos.... a mi casa, y Yidera.. le sonrió a él-recordar eso era como si me clavaran un puñal. Sentía que había muchos secretos, muchas cosas ocultas y me sentía cansado de tantas mentiras.
Tomé la daga, que era un poco más larga de lo que sería normalmente, y era de oro, pero apenas la tomé, una luz resplandeciente azul brilló en el filo. Pero una sensación punzante en mi pecho me obligó a soltar el arma, mis manos también habían sentido ese dolor, cada centímetro de mi cuerpo. Retrocedí casi doblándome del dolor, deseando que la sensación se pasara rápido. Esa daga, a pesar de tener grabados élficos... tenía algo horrible, algo que hacía que no la pudiera tocar y Riana explicó.
-Lo que temía, está corrompida. No puede ser portada por ningún elfo, pero por tí sí Kaala-la mujer se giró a mirarla fijamente y a tomarla por los hombros. Yo me esforzaba por recuperarme rápido de esa sensación.

La estatua que había enfrente de nosotros se levantó de golpe, tomando la forma del cuerpo humano. Tenía una vara y con ella golpeó en el suelo, potente. A la vez que las llamas de las antorchas se volvían de color rojo, y en el centro, desde el agua y el círculo tallado que había entre cuatro columnas de piedra, resplandeció del mismo tono carmesí, formando extraños símbolos.

-Hermano...-
susurró Riana haciéndole una reverencia, como si fuese un Rey. Pero él no la miró a ella, sino a nosotros.
-Soy el Enviado de la Muerte, ¡bienvenidos a mi Fortaleza, señores Edén e Hija de la Luna!-dijo. Tenía el rostro inexpresivo, no sabía si decir si era un enemigo o no. Pero daba terror. Tomé el brazo de Kaala, desenvainando torpemente mi espada con la otra mano-Tú-apuntó la punta de su vara hacia mi pecho, aunque no llegaba a tocarme-Eres la llave y tú-señaló a mi amiga deberás usar esa daga y clavarla en el corazón de tu amigo, ya que él fue a quien la Muerte culpó de desafiarla. Si no lo haces de este modo, moriréis los dos-dijo y señaló la daga con su vara.

Solté el brazo de Kaala. Sentía algo demasiado fuerte en mi interior como para poder describirlo, la espada colgaba en mi mano a un costado, inútilmente. Solo susurré retrocediendo unos pasos, como si mi cuerpo siguiera las órdenes de ese hombre, del hermano de Claus y de Riana, tío de Kaala.
-Ya no puedo saber quién es enemigo o no Kaala... solo hazlo, me he cansado...-


daga:


Off rol: El padre de Sydara se llama Aleth, no sé porqué ponía Olver. En todo caso se le podría poner Aleth Olver de Edén a sí no hay conflicto con los post.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Kaala el Mar Ene 14 2014, 23:13

Me abalancé como pude contra el cuerpo arrodillado de Sydara, nada más que cayó al agua con una expresión muy difícil de olvidar, pero Riana no me permitió acercarme más. - ¡Déjame...! - Habría sido fácil librarme de su agarre, pero en su mirada había un brillo extraño... No se trataba de ninguna magia, eso lo sabía, sino que era un sentimiento que no podía llegar a comprender...

Poco después ella misma ayudó al elfo a ponerse en pie y le hizo ir hacia el misterioso altar, arrastrándome a mí consigo unos instantes después. Aquella daga... Tenía un extraño presentimiento sobre ella. No iba a significar nada bueno, o eso creía, al igual que con la enigmática figura de piedra que, al parecer, velaba por ella. -Vi el momento en qué Claus fue a matarlos.... a mi casa, y Yidera.. le sonrió a él- Mi completa atención pasó del objeto a Sydara, el cual no podía evitar mirar con tristeza. Empecé a levantar una mano hacia él, tratando de tocarle... De darle apoyo... Pero... ¿Era lo correcto? No sabía qué hacer... La detuve a medio camino, con mis ojos perdidos en los de mi amigo.

Nada más tocarla, la daga salió disparada de entre las manos del elfo, hacíendole retroceder y a mí, en cambio, avanzar hacia él. Pero entonces las palabras y las manos de la maga me detuvieron, obligándome a mirarla a sus profundos ojos oscuros, extrañada. No tuve tiempo de reprochar siquiera, pues al segundo siguiente un movimiento a mis espaldas hizo que me girase sorprendida. Algo que nunca me hubiese imaginado pasó, pues la roca inmóvil empezó a transformarse en piel y carne, adoptando un olor vivo, el que me chocó de frente con intensidad. La sala se iluminó del color de la sangre y tras de mí unas palabras me hicieron abrir los ojos de par en par. -Hermano...-

Noté como Sydara se aferró a mi mano y lo agradecí eternamente, pues eso calmó un poco la necesidad de su presencia a mi lado. No sabía como podría enfrentar aquella situación sin él. No habría podido, punto. -Tú, eres la llave y tú, deberás usar esa daga y clavarla en el corazón de tu amigo, ya que él fue a quien la Muerte culpó de desafiarla. Si no lo haces de este modo, moriréis los dos- ordenó aquel ser, a mis ojos inhumano, señalándonos a cada uno de nosotros con el bastón.

-Ya no puedo saber quién es enemigo o no Kaala... solo hazlo, me he cansado...- ¿Por qué...? ¿Por qué decía aquellas palabras tan espantosas? ¿Por qué soltó mi mano? ¿Por qué se alejó de mi lado...?

Con el cuerpo entumecido y la mirada humedecida me limité a mirar un buen rato al elfo que solo esperaba inmóvil a que su fin llegase por mis manos... Después fijé mi mirada penetrante en la escultura, ser o lo que fuese, para terminar reposándo mi mirada en la daga tirada en el suelo. Muy lentamente me agaché en su dirección, alargando mi mano hacia ella. Un dedo rozó su empuñadura. Después dos. Tres... Hasta que la tuve cogida con fuerza, sin darle la posibilidad de resbalar o caer.

No había emitido luz alguna, pero la forma que tenía el inicio del filo me recordó a la de un cuervo negro, con las alas extendidas, listo para atacar cayendo en picado desde el cielo. No me produjo ningún daño como al elfo, pero el terror recorrió mi cuerpo, sin dejar un solo milímetro por asaltar. Tenía la boca seca y la mirada perdida en su filo azulado. - Y... ¿Qué pasará con Sydara...? - Miré al hombre fijamente, sin dejar ver mis sentimientos ante él. - Si no lo hago, ambos moriremos... Pero si lo hago, el morirá. ¿Cierto...? - Una carcajada escalofriante y conocida resonó en mi interior. No necesitaba más respuestas que esa. Dejé escapar un bufido, como una risita cansada sin querer. - Yo... Estoy preparada para ello. - Dejé la daga sin dudarlo una vez más sobre el cojín rojo en el que antes reposaba. - ¡No seguiré viviendo si él no lo hace! -

Aún no era capaz de entender qué era lo que Riana veía en la lejanía del futuro para luchar con tanto empeño por nosotros, pero no me importaba ser egoísta en este momento, pues era mi decisión y de nadie más, y no pensaba sacrificar a mi más querido amigo ni siquiera por el futuro del mundo entero, pues, ¿qué clase de mundo sería? Si no era capaz de salvarlo a él, no sería capaz de salvar a los demás. Mi mirada pasó por la de la maga y reposó en los ojos destrozados de Sydara, mientras le tomaba una vez más de la mano. - Yo no soy tu enemiga, ni tu el mío. Con saber eso, es suficiente para mí. - Junté el poco valor que me quedaba y miré hacia el hermano del mago oscuro con una mirada poderosa. - Debe haber otra opción... - apreté con mayor empeño la mano amiga que se entrelazaba con la mía.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Miér Ene 15 2014, 03:22

Me esperaba esa reacción de Kaala, no había medido mis palabras, por el mismo abatimiento de haber visto esa noche, en tan solo unos momentos. Ví cómo se inclinaba y tomaba esa arma corrupta. Pero miró al hermano de Riana, al enviado, y dijo que no podría hacerlo si me ocurría algo. ¿Por qué tanta preocupación? Me había visto morir varias veces, algo absurdo, pero con tales circunstancia y maldades rodando... debería haber muerto hace tiempo. Bajé la mirada un momento, no quería que continuara sacrificándose de este modo. ¿Quién era yo? Si al menos pudiera tener esa daga en mi poder... acabaría yo mismo. Pero ella tenía razón, y además, ¿cómo podíamos estar seguro que nos libraría de la maldición? ¿Si el enviado era una trampa de Claus también? ¿Y Riana? Estaba enloqueciendo, no hacía más que ver enemigos en todos lados. No nos quedaba mucho tiempo, y este era el último lugar en que la vida nos permitió acudir confiando ciegamente en que nos ayudaría.

La mano de la licántropa se cerró sobre la mía, pero no me atreví a mirarla. Quería decirle que era suficiente, que mi vida no podía depender de la de ella ni viceversa. El brujo rompió el silencio que dejó después de oírla. Bajó de la tarima, quedando detrás de donde estaba la daga y dijo mirándola a ella. Su hermana se colocó a su lado derecho.
-Por la daga no morirá, pero tienes que hacerlo de ese modo-dijo seriamente y continuó explicando tratando de convencerla-Si él logra quitarse la daga, podrá salvarse también. Pero debes confiar, es la única salida pequeña-me miró a mí y sonrió levemente-También quiero que acaben con mi hermano, y los necesito...Ahora tómala, diríjanse al centro, que las energías del lugar, se encargarán de resguardar sus vidas. Han viajado mucho tiempo, y no os queda fuerzas para seguir buscando otra alternativa, confiad...-
-No les queda mucho tiempo...antes de que os debilitéis más-terminó Riana con una sonrisa dirigida a ambos.

Me solté de la mano de mi amiga, y la enfrenté, tomándola de ambas manos y apretándolas contra la mías llevándola hacia mi pecho y acercándome a ella, de modo que ambos podíamos sentir nuestros latidos. La miré fijamente.
-Escucha, tienen razón, no sé si habrá un mañana, pero es lo último y único que nos queda por hacer...-no logré sostenerle la mirada y cerré los ojos-tenemos que confiar, y... no temas por lo que ocurra, estaré allí conmigo-le sonreí y me aparté rápido, cuando el temblor en mis manos se hizo notar.
Me dirigí al círculo que había mencionado el enviado, y cuando llegué al centro, el color de las llamas se acentuó, y el agua que llegaba hasta las rodillas bajó hasta la mitad, quedando hasta un poco más arriba de los tobillos. Sentía que mis latidos estaban a mil, como si el corazón quisiera salirse del pecho, y no podía respirar con normalidad. No entendía cómo haría lo que el enviado le pedía. No iba a poder, pero no había otra salida.

Cerré los ojos y susurré algo que no sabía muy bien por qué lo hacía.

-"No será por ninguna herida que el destino haya ocasionado, no será por las cicatrices del pasado...Será porque lo he decido a voluntad, y si ya he cumplido lo que querías... No lamento haberte desafiado, pues hacía lo correcto, pero ella no debe sufrir esto..."-mi voz se quebró y dejé de hablar. Abrí los ojos, humedecidos, y con cierta rabia ante ello. Parpadeé hasta que no hubo ardor y miré con una sonrisa a Kaala, esperándola.

-Debes entrar al círculo, los enemigos vuestros están al caer, y no podrán estar protegidos, debes hacerlo ahora Kaala-dijo Riana, apremiante. Me puse en el lugar de ella, era hacer algo horrible, algo que yo no podía estar seguro de hacer.
-No deseo obligarte por la fuerza de la magia oscura pequeña...-dijo el brujo, de manera preocupada-porque si es de ese modo, él no podrá quitarse la daga, y sólo serás tu quien te salves... ¿Egara y Emin eran? Ellos fueron liquidados por las manos de Claus-dijo lamentándolo.

Tras haberme calmado un poco, dije con la voz firme.
-En el peor de los casos, prefiero que seas la última persona que vea-sonreí como si se tratara de una broma, pero lo decía con sinceridad. Mi arco y carcaj cayeron de la espalda al suelo, golpeando el agua con fuerza. Pero no me preocupé por levantarlo, no me sería útil, al igual que mi espada. De manera mas seria, dije-Te prometo que la muerte dejará de molestarnos-tenía dos sentidos esta frase, pero esperaba que tomara el mejor de ellos.

-Cuando esa daga cumpla su cometido, se abrirá la protección sobre sus cuerpos, ningún mortal pordrá tocaros hasta que os liberéis... Quizá no mueran necesariamente por la maldición, al menos tú, el elfo, sino a manos de los hechiceros que ya saben que estás aquí-el enviado dirigó la vista a la puerta, donde un débil resplandor blanco comenzaba a dibujar los contornos. Riana murmuraba cosas en lenguaje extraño, con los ojos cerrados, pero parecía debilitarse. Intentaba mantener la puerta trabada.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Kaala el Vie Ene 17 2014, 01:57

Noté el cálido aliento de Sydara en la frente, hondeando suavemente mi flequillo, y escuché atentamente los susurros de su voz, tan amable... Tan lejana... Cuando se alejó de mí, soltando mis manos, fue como si me hubiese lanzado de cabeza a un pozo congelado, en el que no tenía más opción que ver la realidad. Un simple vistazo a su postura, a su rostro, y se me partía el corazón en tantos pedazos que parecía ser imposible de arreglar.

Escuché las palabras del mago sin darme la vuelta. Simplemente me quedé observando la silueta del elfo, mientras trataba de prestar atención a ambas voces a la vez. -Ellos fueron liquidados por las manos de Claus...- Me giré con una mirada peligrosa en los ojos, con una llama flamante del color del oro en su interior. ¿¡Egara y Emín...?! Por poco no salté encima del mago, para desgarrarle la garganta por sus palabras, pero no lo hice. ¡Eran mentiras! ¡Debían serlo...! Debía... Debía controlar este sentimiento, para no dejarlo salir... Era demasiado arriesgado... El odio amenazaba con escapar, junto a la locura de la maldición, para cooperar ambos en una completa destrucción de todo... Inspiré y expiré con profundidad. Éllos no eran el enemigo, o al menos no de momento. Debía dormir a la bestia...

-En el peor de los casos, prefiero que seas la última persona que vea- "Yo pienso igual, Sydara..." le contesté para mis adentros. Las llamas iluminaron su mirada enrojecida y mis propios ojos parecían más pesados al instante; terriblemente agotados...

Tras las últimas palabras de "mis tíos", sujeté de nuevo distraídamente la daga entre mis dedos. El frío metal me quemó la piel, pero no fue más que eso, una sensación normal y corriente en un mundo irreal, en el que para salvar nuestras vidas, debía hacerlo hincando el filo de esta cosa en el corazón de mi amigo. ¿Acaso no sonaba más a ficción que a realidad? Así resonó dentro de mi cabeza... Pero aún así me dirigí a paso lento hacia el centro del círculo, hasta colocarme frente a él. Frente a Sydara.

Nuestros ojos se encontraron, entristecidos. Como él mismo dijo, no había seguridad alguna de que llegásemos a ver salir el mañana, pero... "Fe..." Debíamos creer, pues no teníamos más que eso y un círculo de fuego parpadeante, esperando a que la primera gota de sangre sea derramada... - Debes hacerlo... - sonó como una orden. - Debes sacarla... Debes volver... Debes hacerlo... Promételo... - No hizo falta respuesta alguna; su mirada fue más que suficiente. Debía creer...

Sujeté la daga con fuerza y poco a poco avancé hacia el elfo, clavando el filo en su pecho; en su corazón... En cuanto esta hizo contacto, empezó a emitir una deslumbrante luz, envuelta en vapor ascendiente y olor a metal quemado. Cerré los ojos con fuerza e hice el último paso adelante; un último esfuerzo más, antes de ver caer el cuerpo de Sydara en el charco de agua y sangre.

- Sydara... - Susurré cayendo de rodillas ante él. - Vamos... Sydara... ¡¡¡Sydara despierta!!! -
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Vie Ene 17 2014, 03:02

Riana se acercó a Kaala, y antes que se dirigiera al circulo, le sonrió tocando su mejilla de forma cariñosa, con los ojos brillosos y le dejó algo en su bolsillo, pero no sabía si le iba a escuchar.
-Úsalo... cuando todo termine.-

Pude percibir el odio de Kaala a Claus, a través del mensajero de la muerte, ¿Mensajero? Era hermano de Claus, y con tal de que desapareciera del mapa, era capaz de todo, incluso de hacer que ella cumpliera ese cometido, y ya lo había intentado en la catarata. Mi latidos aumentaban cada vez más, como si mi corazón supiera que no quedaban muchos y luchaba a más no poder. Mantuve la mirada fija en ella, pasiva, hasta incluso podría parecer una leve sonrisa.

Las runas que habían debajo del agua y formaban el circulo, brillaron con más intensidad en cuanto ella se acercó y me enfrentó. La punta del filo de esa daga hizo contacto con mi piel, a través de la camisa y tensé mi cuerpo al sentir como cada pálpito se volvía un dolor insoportable, tanto que deseaba que Kaala lo hiciera rápido y la miré suplicante, con el rostro tenso. Me sujeté de su hombro izquierdo, no quería caer y entorpecer nada. Podía sentir que mi camisa comenzaba a mancharse, mientras el frio metal continuaba. Tomé impulso y me abalancé sobre ella, abrazándola con fuerza, pero ella a su vez había avanzado también, hincando todo lo que quedaba del filo de lleno en mí, hacíendome dar un grito ahogado que intenté contener.

La daga brilló en cuanto tocó mi corazón, que se estremeció y de la herida brotaron varios borbotones de sangre. No supe en qué momento dejé de sentir mi cuerpo, pero escuché un fuerte salpicar del agua y los gritos lejanos de Kaala.

Las puertas de la sala se abrieron e ingresó un hombre encapuchado, pero no lo podríamos ver, porque todo lo que estaba fuera de ese círculo se tornó borroso, y una luz brillante nos envolvió. Solo se escuchaba la voz del hermano de Claus, con su ritual de la muerte. Una luz que encegueció por momentos a Kaala, y que por fuera del circulo que nos envolvía, resplandeciente, como una especie de escudo, todo seria mancha borrosa. De mi herida dejó de salir sangre, y una mancha oscura, un espectro, como los lazos de Muerte, se dirigieron a ella como cuerdas y la envolvieron, pero no eran sólidas sino, después de atravesarla a ella y a mí, se mezcló con ese extraño escudo. La maldición estaba más que intensa, con dolores, sangre, lágrimas sufrimiento, más que nunca ahora.

Una guadaña apareció clavada en mi corazón, y dirigiendo la vista a de donde provenía, se pudo ver la manga oscura de la túnica de la Muerte, frente a nosotros. Abrí los ojos y como si hubiera sido por impulso, aún inconsciente, llevé mi mano a la empuñadura y saqué el filo de cuerpo, y cayó al suelo perdiéndose en el agua. No lograba ver bien, pero sabía que allí estaba mi amiga. Mi cuerpo estaba extraño, no sentía que respiraba. En mi pecho la herida se cerró por fuera, pero no sabía si por dentro y el dolor punzante estaba allí.

Nos miraba sin decirnos nada.

-Kaala... -musité incorporándome... pero noté un frio gélido que comenzó a apoderarse de mi cuerpo y me levanté, mirando a quien había desafiado por mucho tiempo- Hemos venido a librarnos de tu maldición...y si he cumplido lo que debía, ha sido traer a Kaala hasta acá, porque ella no era parte de esto - dije, aunque no muy seguro de si podría haberse entendido mis ultimas palabras ya que terminé casi en un susurro, medio doblandome del dolor.

Un chasquido que se nos hizo familiar, y un dolor que nos obligó a doblarnos, hasta caer de rodillas con lágrimas gruesas de sangre.
-"Ya están muertos"-susurró y una carcajada sonora resonó en todo el lugar, haciendo al cuerpo estremecer. No sabía cómo Kaala lo sentía, pero me atreví a gritar.
-¡Mentira!-

El escudo que nos envolvía se tiñó de rojo sangre y como si fueran rayos, empezaron a atravesarnos a ambos. La guadaña fue repelida con uno de ellos y parecía que no podía acercarse, porque cada vez que lo intentaba, esos rayos se interponían. La liberación estaba resultando.

Los rayos cesaron y la Muerte volvió a enarbolar su arma, digiriéndola contra ambos esta vez.. Yo volvía a estar de pié, delante de Kaala,mirando con desafío a quien deseaba ultimar nuestras vidas. Una mano blanquecina, que surgió del mismo escudo, tomó la mía, y por detrás apareció la figura fantasmal de mi madre, de Wenn. Kaala tambíen podría verla, que tomaba forma y se dirigía a mí. ¿Lo mismo sucedería con la madre de ella? ¿Dispuesta a tentarnos a dejar de luchar y rendirnos?

Wenn comenzó a abrazarme, y empecé abajar la guardia... No estaba muy seguro si estaba en un delirio, agonizante, o estaba con Kaala en el sueño.


Última edición por Sydara el Dom Ene 19 2014, 18:34, editado 1 vez
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Kaala el Dom Ene 19 2014, 04:58

Los dedos de Sydara en mi espalda dejaron un fuerte ardor tras de si, y lo podía sentir con fuerza incluso rato después de que me soltara, cuando de repente... Luz. Todo a mi alrededor se iluminó de un brillante color blanquecino, el cual de algún modo u otro era hermoso, a su manera. No sabía si aquello era una buena o mala señal, pero fuese como fuese, por algún extraño motivo sonreí.

Cuando la luz cesó un poco, dejando tras si un remolino resplandeciente y manchas borrosas en la distancia, una misteriosa sombra oscura traspasó nuestros cuerpos y pude ver que envolvió la daga manchada de sangre para unirse después a la espiral de luz que nos envolvía, corriendo a gran velocidad y levantando una brisa que removía nuestros cabellos. Noté como si mi corazón se parase, creando un enorme vacío que, desgraciadamente, un intenso dolor punzante ocupó. Pude notar el ardor de las lágrimas bajando mis mejillas y el metálico olor de la sangre en el aire.

Por un instante, y solo por un instante, sentí que mi corazón volvía a revivir cuando vi a Sydara arrancándose el hierro maldito del pecho y poniéndose en pie, pero de inmediato cesó dicha alegría y un ser abominable apareció ante nosotros, con su arrapienta capa negra espectral...  

- Hemos venido a librarnos de tu maldición... - Aquel sonido que recibimos a modo de respuesta se me coló en la cabeza, haciendo estallar en ella una insoportable sensación de agonía. Caí colocando una rodilla en el suelo mojado y tapé mis orejas inútilmente, mientras que apretaba los dientes con fuerza. Una especie de nudo subió por mi garganta, como si se me quisiese salir el corazón, y tosí con fuerza, escupiendo sangre y notando que había más del lugar de donde vino. -"Ya están muertos"-

Noté como la cercanía de la "muerte" empezaba a augmentar cuando la nube de luz que nos rodeaba se tiñó de un color carmesí y como rayos centelleantes empezaba a atravesar nuestros cuerpos como un metal que atrae la electricidad de una tormenta. ¿Acaso esta extraña magia conseguía repeler incluso a la figura huesuda y su mortal guadaña? ¿Era posible...? Fuese así o no la esperanza inundó mi pecho, justo antes de que poco a poco el efecto de la luz dejase de surgir efecto; entonces la esperanza volvió a decaer.

La "muerte" volvió a mostrarnos su postura atacante y de entre el resplandor pude ver como una bella elfa empezaba a llevarse a Sydara de mi lado. ¿Quién es...? Podría ser... Sí. Lo supe en el preciso instante en el que una mujer apareció por el otro lado. Una mujer cuya hermosura y olor pude reconocer de inmediato, a pesar de que las memorias sonasen tremendamente lejanas. - Madre... - No había duda, era una licántorpa y, ese olor, como si despertase de entre lo más profundo de mi memoria, supiese al instante de quién se trataba. Mi madre...

Alargó su mano a la mía y yo me dejé llevar un paso adelante. Tenía tantas preguntas, que no sabía por donde empezar. Otra vez un nudo subió por mi garganta y me impedía emitir sonido alguno. No sentía la voz, ni mi cuerpo, ni mi corazón. Estaba perdida... Mi propio yo se había perdido en las profundidades de mi mente... En la completa oscuridad de la inconsciencia... La mujer, como si pudiese ver dentro de mí, asintió levemente con la cabeza y me sonrió con dulzura, con amor; mi mundo entero se derrumbó en pedazos. Aquello era lo que tanto deseaba, lo que tanto ansiaba... ¿Pero por qué ahora? ¿Por qué aquí? No quería apartar la mirada... Quería memorizar cada punto de su rostro, cada rincón de su cuerpo. Alamcenarlo en mi memoria y cerrarlo con llave para no perderlo nunca, pero...

Miré de reojo por encima del hombro. La sombra de la "muerte" estaba a un paso de Sydara, con el filo de la guadaña apuntando hacia su cuello. Me aparté de la mujer; de mi madre, y le lancé una última y desesperada mirada. Noté como las lágrimas se escurrían por mis mejillas y deslicé dolorosamente mis dedos de entre los suyos.

Sin pensarlo, así la espada que descansaba hasta ahora en mi cinturón. La piedra en el corazón del metal resplandeció del color de la sangre y la espada mostró sus pinchos, a la vez que chocaba contra el filo de la guadaña. Las chispas saltaron tras el impacto y con un movimiento circular, y una gélida mirada en mi rostro, eché hacia atrás el arma del ser infernal. Al hacerlo, la sorpresa se reflejó en sus cuencas vacías, contagiándome a mí también, pero luego lo entendí. - La espada de las Almas Malditas... - susurré para mí misma, para después levantar más la voz, con un brillo rojizo en mis ojos. - Ya veo... Esta espada guarda en si el odio y el rencor de todos aquellos a los que alguna vez han tratado de escapar de ti... De aquellos a los que desgarraste sus corazones, corrompiéndolos con tu ser... - Apreté la empuñadura con confianza y dirigí la espada contra él. - ¡Hemos venido a liberarnos! -
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Fehu el Dom Ene 19 2014, 19:46

La muerte observó como la luz los rodeaba, aquello era extraño para ella pues la oscuridad siempre había sido su compañera y se encontraban nada más y nada menos que en el acantilado que llevaba su nombre por bandera, donde muchas veces los brujos la habían honrado e incluso adorado, especialmente aquellos que se dedicaban a las artes oscuras, nadie podía resistirse a su poder, y mucho menos dos meros mortales como ellos, pero los espíritus de los antepasados volvían para luchar contra ella e incluso la licántropa había blandido la espada de las Almas Malditas y repelido su guadaña, sin embargo ya estaban muertos, ellos no lo sabían, creían que tenían salvación, pero la muerte no es un juego sino que es algo completamente serio con lo que una vez se tiene un choque ya nada puede deshacerlo, quizá podían minimizar los daños, pero tal afrenta no sería absolvida por ella, aquella que no conocía la piedad ni la paz, la adoradora de guerras que se sentaba a observar las batallas desde su trono infernal para luego ir a recoger su trofeo.

Bajó la guadaña y una terrible y profunda carcajada surgió de debajo de la negra túnica, no era humano, ni vivo, ningún ser vivo podía emitir tal monstruoso sonido que incluso horrorizaría hasta el más ayegado discípulo de la muerte. Riana inclusive se desconcentró unos momentos e hizo que la puerta casi se abriese, pero logró resistir, sin embargo fue entonces cuando la parca miró directamente con esas cuencas oculares vacías a Sydara y Kaala.

- "Todo hombre muere. Habéis desafiado a la muerte y ésta acepta vuestro desafío, míseros mortales que creeis que la magia puede salvaros cuando la mitad de toda ella está concentrada en mí. Jamás debéis jugar con el fuego, y quizá el poder de la luz os proteja de mi dedo mortal, quizá debilite la maldición, pero jamás os libraréis de ella, cada vez que estéis atemorizados, yo estaré ahí, cada vez que os consuma la oscuridad, estaré al acecho."

La muerte se convirtió en un rayo sombrió que se introdujo en el suelo y desapareció para alivio de Kaala y Sydara los cuales pudieron hablar con sus familiares perdidos, pero una vez se dieron la vuelta escucharon de nuevo el grito desgarrador que simulaba ser una carcajada acompañado de un grito de dolor, al girarse pudieron observar a la muerte de nuevo, pero no como la habían visto antes sino con algo más aterrador encima suyo, la cabeza agarrada por el pelo de la anciana madre de Argwand. El hechizo de la puerta se deshizo y ésta se abrió. El cadáver de la anciana quedó tendido en el suelo desangrándose, pero algo mucho más aterrador fue lo que ocurrió después, pues los ojos de Riana se abrieron al igual que la boca, intentaba hablar pero no podía, hasta que finalmente volvió a cerrar lo que había sido abierto y de ya no hubo más de ella.

- "Todo hombre muere. - Repitió la parca. - Nadie me enfrenta, nadie tiene el valor para ello, pero a los escurridizos Sydara y Kaala, que con tanto ardor me han batallado, debo reconocerles su valentía, y por ello les daré dos opciones, pueden vivir con la maldición y cuando acabe su triste vida dejaré a sus almas tranquilas, podrán vivir con sus antepasados en paz, o puedo arrebatarles del todo la maldición pero a cambio, cuando mueran, sus almas serán mías. - Hizo una breve pausa y prosiguió. - Recordad que, aquél que puede lo más, puede lo menos, y si os deshacéis de mi maldición, volverá a caer sobre vosotros, pues la muerte no es piadosa."

Tras esta larga intervención de la portadora de almas, desapareció con la cabeza de la anciana bruja dejando allí el cuerpo sin vida y a Sydara, Kaala y su tío, además de los espíritus de sus difuntos ante los próximos enemigos que se aventuraban a entrar a la instancia. Ninguno de los tres tenía alguna vía de escape que supiesen, tendrían que pelear si querían salir de allí con vida o ingeniárselas para escapar de manera diplomática, aunque el cadáver de Riana no ayudaba en sobremanera para esta segunda opción. Todo quedó en silencio, un silencio sepulcral causado por la muerte que ya se acomodaba en su trono de huesos para observar la batalla que venía y poder recoger así sus trofeos. La licántropa y el elfo no sabían aún como responder al trato con la muerte, no se lo había dicho, quizá debían descubrirlo por ellos mismos, quizá no tenían que hacerlo aún, de momento se sentían aliviados del pesar de la maldición pero no sabían hasta cuándo iba a durar aquello, pues lo más probable era que el miedo comenzase en unos segundos cuando los brujos se decidiesen a plantar batalla.

El silencio se rompió con un susurro, un susurro que todos escucharon claramente por una voz retumbante y que hizo que a Kaala y Sydara se les pusiesen los pelos de punta y un escalofrío recorriese sus cuerpos pues era la de Riana, y decía claramente que "La muerte siempre gana..."


Última edición por Master1 el Mar Ene 21 2014, 02:19, editado 2 veces
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Dom Ene 19 2014, 21:20

"Creo que si... demasiado te he desafiado, pero tenía motivos" pensé medio abochornado.

- "Todo hombre muere. Habéis desafiado a la muerte y ésta acepta vuestro desafío, míseros mortales que creéis que la magia puede salvaros cuando la mitad de toda ella está concentrada en mí. Jamás debéis jugar con el fuego, y quizá el poder de la luz os proteja de mi dedo mortal, quizá debilite la maldición, pero jamás os libraréis de ella, cada vez que estéis atemorizados, yo estaré ahí, cada vez que os consuma la oscuridad, estaré al acecho."


La muerte se transformó y desapareció tras formar un rayo que se dirigió al suelo y se perdió. El agua se vio alborotada.

Wenn apreció enfrentándome de pronto y retrocedí un paso. No conseguía ver a Kaala, mi atención estaba centrada en la Maldición y las palabras de la Portadora de Almas.
-Entrégate ahora antes que sea peor- llevó una de sus manos a mi pecho, donde la sangre ya no escurría y yo llevé la mía para intentar tomar la suya, sin dejar de mirarla fijo.
-¿Es ingenuo pensar que estamos liberados?- pregunté con ironía y sonreí echando un vistazo a donde antes estaba la puerta. Mi mano traspaso la de ella y percibí algo extraño. Pasé la mano rompiendo sin querer un botón de la camisa, y pude percibir una cicatriz, una recién formada, de la cual brotaba hilos de sangre aún. La miré a los ojos pidiendo que me explicara.
-Fuiste la llave, pero Riana solo quería proteger a sus hijos, y solo entregó el colgante a tu amiga. No te servirá. Deja de apegarte a tu amiga mortal...-sonrió de una manera peligrosa, como si conociera una solución para salir de acá y terminó diciendo-Has cumplido lo tuyo...-

Una carcajada, un grito desgarrador, no me permitió replicar a mi madre, y volteé, viendo a Kaala una vez más. Estaba la Muerte allí, agarrando la cabeza de Riana, y el cuerpo más lejos, desangrándose. Nada más aterrador que eso he visto.
-¿Ella que tenía que ver en esto?-le reproché a la Muerte con enojo, o tal vez era un sueño aún, pero no, demasiado real para serlo.

La puerta se abrió. La cabeza de la mujer abrió los ojos y la boca sin lograr decir nada, que miré aterrado, pero volvió a cerrar los ojos. Miré a donde estaban los ojos de la muerte.

- "Todo hombre muere. Nadie me enfrenta, nadie tiene el valor para ello, pero a los escurridizos Sydara y Kaala, que con tanto ardor me han batallado, debo reconocerles su valentía, y por ello les daré dos opciones, pueden vivir con la maldición y cuando acabe su triste vida dejaré a sus almas tranquilas, podrán vivir con sus antepasados en paz, o puedo arrebatarles del todo la maldición pero a cambio, cuando mueran, sus almas serán mías... Recordad que, aquél que puede lo más, puede lo menos, y si os deshacéis de mi maldición, volverá a caer sobre vosotros, pues la muerte no es piadosa."

Dicho esto, desapareció llevándose consigo la cabeza.
"La muerte siempre gana..."se oyó un susurro que resonó en ecos en toda el lugar.

Por la puerta ingresó uno de los brujos, acompañado por otros cuantos encapuchados y nos enfrentó, quitándose la capa, dejándola caer al agua, y los demás lo imitaron. El enviado, quien antes era estatua cuando llegamos, se levantó de su asiento, alarmado por algo, tal vez creyendo que venía su hermano Claus. Sin embargo este aún no llegaba pero no tardaría mucho. Parecía disgustado por la muerte de su hermana, pero no podía hacer más. Era las consecuencias de ser "el enviado" y las aceptaba con calma.

La muerte nos aclaró que estábamos muertos, pero el colgante de Kaala poseía la vitalidad que ella necesitaba para vivir, un colgante de la mare de ella, pero arrebatado por Claus para hechizarlo. La necesitaba con vida, y lo había creado únicamente para ella. Al parecer tenía planes, sino la hubiese matado en Sandorai, o cuando estuvimos en la mansión de las catacumbas, en los suburbios de Lunargenta. Pero quienes estaban ahora frente a nosotros, no estaban enterados de que ella tenía que quedar viva, o al menos que sobreviviera.

-Fantástico....-dije y miré a Kaala-No te transformes...-le pedí. Ya no me sentía como si estuviera maldito, pero no me sentía seguro. Incluso no tenía mucha esperanza de enfrentarme con tantos. Estaba en defensiva, empuñando la espada.

"La muerte siempre gana..."
retumbó en mis oídos y escuché un resoplido, intento de carcajada del enviado que se paró detrás nuestro. Ahora estábamos en el medio. Am... Alto! si podía ver a Wenn... algo andaba mal....La volví a mirar, y miré a los brujos que me veían. Miré a Kaala extrañado.

-Quien entra a nuestra fortaleza, no sale con vida. ¡Morrigan! ¿Cómo habéis permitido esto mi señor?- preguntó el que estaba frente a nosotros, uno de los que parecía ser líder. Vi algún que otro mirándome con desprecio. "Racistas despreciables...."gruñí para mis adentros.
-¡Calla!- exclamó el enviado, furioso-Tenía órdenes, y tengo motivos, pero ya terminó todo... Tú, Kaala, cuida de esa joya como que es tu propia vida, seguro lo reconoces!-

Aprovechando esa extraña confusión, replicas y situación de líderes y órdenes, levanté mi arco del suelo y apunté al enviado.
-No sé qué planes tenías, pero si hay algo que no tolero, son las injusticias...- lancé mi flecha.

Los hechiceros que estaban detrás de mí ahora que me había volteado para ver a quien supuestamente nos salvaría los dos, y cómo eran grandes hechiceros, no iban a aceptar este ataque tan fácil. Afortunadamente ¿De verdad?... Claus gritó desde detrás, deteniendo toda la lucha.
- ¡Deténganse!...- consiguió abrirse paso y su ojo pasó directamente a Kaala, alegrándose que estuviera bien, pues era su tío y tenía algún plan con ella. Tal vez de conveniencia con Dhario, vaya a saber... Y luego su ojo pasó a mí.



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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Kaala el Mar Ene 21 2014, 16:55

La cálida mano de mi madre, o al menos una sombra de lo que podría haber sido una caricia real, me quemó al posar las puntas de sus dedos en mi hombro. Me giré hacia ella dejando caer la espada, después de que el ser espectral desapareciese. Nuestros ojos se encontraron y un sentimiento que nunca antes había sentido recorrió mi cuerpo entero. Su mirada me envolvía. Era como si con solo aquellas perlas verdes supiese todo de mí. Mi pasado, mi yo oculto, y hasta lo que me deparaba el destino... Mi madre, la que me crió... Su mirada era la de la persona que más me amaba en el mundo, pero había una diferencia entre ambas miradas, la cual no podía identificar, ya ni mucho menos comparar. Me sonrió y y sus labios se despegaron, tratando de pronunciar algo, cuando...

Un grito hizo que me volteara y viese horrorizada la cabeza de Riana flotante en el aire, siendo agarrada por la huesuda mano de nuestro enemigo. Sus ojos se abrieron de par en par, aterrorizados. Trató de gritar, de pedir socorro o de hacernos saber sus últimas palabras, entremezcladas en aquella expresión de espanto... Finalmente volvió a dormirse, esta vez para siempre. Escuche el discurso de la "muerte" como un lejano rumor... No pude hacer más que quedarme observando petrificada el lugar en el que ya nada había, con el cuerpo sin cabeza tendido en el suelo a lo lejos.  "La muerte siempre gana..."

Unos seres encapuchados tiraron la puerta abajo y mostraron sus rostros, pero yo permanecí de espalda a ellos, con los ojos fijos en un punto en concreto, en el aire. - Fantástico....No te transformes...- las palabras de Sydara resonaron en mi cabeza, pero sin llegar a ocupar su lugar en mi memoria, tal y como entraron salieron por la otra oreja. Noté el movimiento del Enviado, acercándose a nosotros y más voces distantes a mi conciencia.

De repente un ligero silbido metálico y un movimiento en donde tenía lugar la "reunión" me hizo dar la vuelta. Sydara había levantado su arco y flecha contra el hermano de Riana, lo cual me dejó aún más descolocada. Aún a nuestro lado estaban las dos mujeres, que poco a poco parecían estar desapareciendo, pero las cuales miraban con tristeza. Por un instante, pareció que aquello fuese a estallar y que la sangre empezaría a correr y aquello era algo que no me dejaría perder, pero no fue lo que pasó... - ¡Deténganse!...-

No sabía si era posible, pero mi rostro emblanqueció más aún que antes. Mis ojos, hasta el momento muertos y paralizados se centraron en un solo punto; en él - Claus... - Noté que la figura de mi madre desapareció por completo, pero no  dejé reflejar la pena en mi rostro, solo la encerré en lo más profundo de mi corazón, echando la llave. Di un paso hacia delante, casi sin proponérmelo. Mi cuerpo temblaba y mi mirada enfurecida empezaba a oscurecerse por la rabia. Ya no tenía consciencia de Sydara, ni de nadie más; solo de él, del brujo oscuro. - ¿Por qué...? ... ¿¡Por qué?! - emití un gruñido, de entre mi mandíbula empezando a deformarse.

madre de kaala:
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Fehu el Mar Ene 21 2014, 17:30

Claus miraba fijamente a Kaala, allí estaba, esa escurridiza niña que siempre se escapaba de sus manos, pero eso no volvería a ocurrir. Sonrió maléficamente por debajo de la máscara, nadie supo que en realidad sonreía, pues nadie lo veía, pero él si lo sabía y estaba conforme con eso, pues era una de las ventajas de su máscara, no dejaban reflejar las mínimas expresiones faciales que aún podía hacer por culpa de Margaret, a la cual seguía maldiciendo.

- Quietos. - Volvió a ordenar, pues los brujos querían sangre de elfo, pero la loba estaba en medio, y no podía permitir que tocasen al que Dhario quería que fuese su trofeo, y ella en cierta manera quería lo mismo. Lo había visto en sus ojos, lo sabía, y aquello lo divertía en sobremanera. - Sabéis que soy más poderoso que vosotros, lo notáis, lo intuís, o simplemente me conoceis, pero no me gusta que me lleven la contraria. Fuera de mi camino.

Los enfurecidos brujos por la intromisión de un elfo en uno de sus sagrados templos se vió momentáneamente eclipsada por el poder del brujo Claus y el temor de éstos hizo que abriesen paso a uno de los señores del Mortis Domini, se echaron a los lados y Claus pasó por en medio, cojeando con su bastón, pero aunque cojeaba su paso parecía firme. Una vez el enmascarado cruzó el umbral de magos estos volvieron a juntarse taponando la puerta, la única salida, mientras el otro se acercaba lentamente a Kaala la cual no podía moverse por algún motivo, durante el trayecto pasó por encima del cadáver de Riana, pisándolo y dándole unos golpes con el bastón mientras pasaba sobre él, soltó una carcajada escalofriante. Las piernas no le respondían a la loba, quizá era por el miedo, el miedo que la Muerte les había advertido que tendrían momentos después, la muerte todo lo veía y lo sabía, pero Kaala recuperó la movilidad segundos antes de que Claus estuviese en frente de ella, pero el brujo no mostró sorpresa. - Kaala, hija de un cadáver, quédate quieta si no quieres convertirte tú también en uno. - Miró al elfo. - Si no quieres que él se convierta en uno. - Conocía el carácter de la loba, leía a través de sus movimientos, había gente que anteponía a los demás a su propia persona, gente idiota, y su sobrina era una de esas personas, al igual que lo fue Margaret. Así que ella no tuvo otra que hacerle caso, sin embargo no pudo evitar añadir otra cosa a sus palabras. - Si te comportas como una buena niña, no como la imbécil de tu madre, saldréis los dos con vida de este lugar. - Sonrió por dentro de la máscara, supo que eso tendría mucho mayor efecto que cualquier otra cosa que dijese. Y funcionó.
Acercó su mano al bolsillo de Kaala y sacó el colgante que Riana le había dado.
- Me quedaré con esto hasta que aprendar a comportarte, esa estúpida vieja jamás debió dártelo. Ni siquiera se molestó en explicar las funciones de éste, estoy seguro. - Kaala, sin embargo, pudo fijarse que cogía el colgante por la cuerda y no por la joya. Luego Claus lo guardó. - Vámonos. Te llevaré a un lugar de donde no te marcharás tan fácilmente.

Claus presintió que iba a llegar más gente dentro de poco, no había mucho tiempo que perder, así que decidió comenzar a marcharse con ella agarrada por el brazo pero cuando llegaba al final creyó más oportuno darle un ultimatum a la loba. Miró a los brujos.
- Ahora ya tengo lo que quería, podéis hacer lo que queráis con el otro, pero que sufra, queremos verlo. Pero no uséis magia, sería muy aburrido, hacedlo trizas. - Otra espantosa carcajada surgió de debajo de su máscara, e interrumpió ésta para mirar a Kaala. - ¿Mi promesa? Mentí. - Y la carcajada continuó.
Los brujos sonrieron, sabían que en verdad no perdonaría al elfo como había dicho, después de todo no dejaba de ser un brujo y estos se abalanzaron sobre él.con dagas y bastones, acuchillaron el cuerpo de Sydara, el cual trató de defenderse infructuosamente, por varios lugares no mortales del cuerpo, sin dañar órganos vitales, apuñalaron sobretodo los brazos y las piernas, necesitaba asistencia si quería conservarlas a ese paso. También hicieron heridas poco profundas en el pecho y lo golpearon con bastones, pero antes de que acabasen con él Claus decidió que tenía suficiente y le dio la vuelta a la loba. - Nos vamos, me aburre ver como la gente muere y no es por mi mano. - Poco después desaparecieron del templo sin saber dónde habían acabado.

Sydara, antes de desmayarse logró escuchar unas palabras por una voz familiar. - ¡Alto! - Gritó.

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Offrol. Master1 y Kaala salen del rol. Pasan a: Sin amistad ni amor solo queda la desesperación [Mastereado - Kaala]


Última edición por Master1 el Mar Ene 21 2014, 23:00, editado 1 vez
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Mar Ene 21 2014, 19:55

El Enviado, Morrigan, con un leve movimiento de su mano, desvió a la distancia la flecha que le lancé y se quedó esperando a que Claus terminara de hablar y mirar como tomaba el colgante que Riana le había dado y él, sabiendo que la Muerte no iba a perdonar las almas de los dos malditos, había decido usar una llave, y que la vitalidad residiera en la joya. Esperaba que su hermano no se la arrebatara, porque podría debilitarse y la Muerte regresar a por ella.

Al elfo no le quedaba mucho, menos ahora que habían dado paso al Sendero del Fuego y si bien la Muerte les dio dos opciones, sabía que era alguna artimaña para burlarse y que se entregaran a sus brazos. Morrigan había desafiado a la portadora de almas, pero había pactado en su ritual el alma de Riana para liberarlos, solo en parte, al menos para Kaala y, al estar cerca de esa joya, podría mantenerse fuerte. Pero si la perdía, no habría maldición, vendría la Muerte misma para llevársela.

Miré con desprecio a Claus en cuanto me interpuso para que Kaala hiciera lo que le pidiera y con mi mirada, claramente le dije que si tenía oportunidad de hacerle pagar esto, no la desaprovecharía y le haría sufrir como nadie habría sufrido en la historia de todo ser viviente. "Considérate muerto, Claus..."dije entre dientes. Supe que él me escuchó, antes de tomar el brazo de ella y arrastrarla con él.

Si no fueran por unas cuerdas que sujetaron mis muñecas, tirándome de rodillas al suelo, hubiera gastado todas mis flechas a ese sujeto. Detrás mio estaba Morrigan, y aunque no lo viera, notaba como reía de satisfacción. Me había utilizado, y nunca tuvo intensión de que yo lo ayudara para vencer a su hermano.

-No pierdas esa reliquia si no quieres que muera... Pero haz lo que desees, pero maté a Riana para salvar a tu sobrina-advirtió el enviado en un tono seco, con la daga resplandeciente en su mano y mirándome con una clara intensión-Además... ya he cumplido lo mío, me pediste que fuera el enviado porque tu no podrías por razones obvias. Esa reliquia es un escudo entre la vida y la muerte- terminó de hablar y dejó que Claus dictara una sentencia sobre mí.

"¿Queremos verlos?"Repetí en mi mente las palabras del hechicero y repliqué sin decir nada "mejor dicho, tú querrás malnacido" forcejeé con las cuerdas que sujetaban mis muñecas desde el suelo, arrodillado.
-¿Qué pasa Claus? ¿Porqué no vienes tu mismo a terminar tu trabajo, o es que estás demasiado viejo como para hacerlo?-dije en burla, mostrando una sonrisa bien peligrosa, aunque no podía hacer nada, pero me agradó su expresión después de eso y mi vista se eclipsó por la de los brujos. El primero llevó una mano a mis hombros, y tiró hacia atrás para luego propinar una puñalada sobre el abdomen. "No voy a darte el gusto de proferir gritos desgarradores, no, aunque muera de dolor y no por la sangre” pensé con un grito ahogado, contenido. Otras puñaladas, y cortes y nunca noté cuando las cuerdas aflojaron hasta que un golpe de un bastón en la sien me derribó al suelo, en el agua.

-¡Alto!- abrieron el paso a quien había gritado.
No supe más de Kaala ni de Claus, pero allí estaba de nuevo el enviado, ante mí, mirándome tendido en el suelo. El agua subió un poco y estaba muy revuelta. No sentía casi mi cuerpo, solo sangre tibia escurriendo de cada centímetro de mi cuerpo. Al toser noté un sabor metálico dentro de mi garganta. Morrigan empuñaba la daga con la que la licántropa me había apuñalado.
-¿Tus últimas palabras Sydara de Edén, hijo de Wenn y Aleth...esos miserables elfos?-preguntó con desprecio, inclinándose pero mientras se acercaba con la daga empuñada, su rostro comenzó a distorsionarse ante mí. Todo ruido se amortiguó. Perdía el sentido. Llegué a notar como abrió mi camisa desgarrando los botones, para tener paso libre a su próximo cometido y que no podría ver porque todo oscureció.

Un resplandor blanco, y apenas parpadeé para verla a ella de nuevo...



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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Argwand el Miér Ene 22 2014, 03:34

No me detuve a vendarme las heridas que me causé en la palma de una mano, y no esperé que la puerta se abriera del todo que ingresé corriendo, lo más que pude, haciendo que mis pasos resonaran por todo el pasillo. Las llamas estaban rojas y bañaban del color sangre todo el lugar. Me angustiaba el no escuchar ruido alguno.

Esperaba no haber llegado demasiado tarde...

Llegué a la sala de la Purificación de las Almas, o donde según Morrigan, también donde se daría lugar al Sendero del Fuego para salvarlos. No escuchaba nada, y la puerta estaba abierta. Mi angustia fue en aumento.

Pero apenas puse un pié en la escalinata que bajaba al suelo cubierto de agua, dirigí mi vista hacia el centro de ella, donde supuestamente debían estar los portadores de las almas malditas. Los guardianes de la fortaleza estaban medio alineados en medio del círculo de las Runas, donde uno de ellos estaba tendido en medio de un charco de sangre, y al Enviado arrodillado a un costado de él, empuñando su arma contra el corazón del elfo. la daga estaba manchada, por lo que no pude notar si ya había producido la herida o no... Pero antes que hiciera algo más, corrí hacia ellos, llevando mis manos al pecho, agitada de tanto correr.

-Detente... -mi rostro denotaba terror pero recordé algo que tal vez podría ser la última esperanza. Morrigan me miró con enojo, pero sabía que él no podía hacer anda, si no sus partidarios ya me hubiesen atacado. Era la hija del brujo Claus y me tenían que respetar. Pero si hubiese llegado antes, hubiera atentado a su asquerosa vida para ocupar el puesto que debía tener y no me hubiera importado tener que salvar a Sydara.... Aunque dudaba...

-Detente... por favor-dije con súplica, tratando de mantener la calma. ¿Por qué me ponía así como si le tuviese afecto al enemigo de mi familia? El hombre se detuvo y me miró. No me lo esperaba de él, pues creí que volvería a clavar esa daga pero proseguí con lo mío y dije acercándome-Sabes que.. lo necesito... déjamelo todo a mí... Por lo que más quieras... te juro que no me importa-dije con decisión, al otro costado del elfo, y tomando su muñeca, con la mano temblorosa. me daba miedo no sentir su pulso.

Pero Morrigan se levantó, pasó por detrás de la cabeza inerte de Sydara, y se acercó hacia mí, apartando mi mano que agarraba la del elfo y tomó ambas mías, para arrodillarse luego. Su expresión no me gustaba para nada y me sentí más horrorizada aún y pedí con el rostro tenso que me dijera lo que ocurría. Su actitud no era normal y más cuando inclinó su cabeza y la apoyó sobre mi pecho, tembloroso. Pude observar un cuerpo, el de una mujer tirado cerca, decapitada...

-Perdóname Argwand... perdóname-dijo sin levantar su cabeza, atemorizándome más-Riana... tu madre, tenía que morir para salvar a Kaala-mi respiración se volvió dificultosa por el impacto de esas palabras. Me solté las manos de las de él, que se habían apoyado en mi regazo. La última vez que la había visto fue cuando hice que la apresaran en el pico más alto de la montaña, cuando la congelé con el único hechizo que había conjurado en mi vida, para mantenerla con vida en el hielo. Pero no quería que muriese. Mis lágrimas comenzaron a brotar, al darme cuenta que el cuerpo de quien estaba tendido unos cuantos pasos detrás de él, era de ella, la que había sido mi madre. Una muerte espantosa, y jamás podría perdonarme por esto, ni hacer que me perdonara. No pude evitar unos sollozos y aparté al brujo, cubriéndome el rostro para ocultar las lágrimas. Mi espalda dio espasmos productos del llanto, que parecía querer contener, pero era más fuerte que yo y salía con más fuerza.

-Perdóname...-los brujos solo nos miraban, pero no me importaba que estuvieran allí, eran ajenos a todos esto. Dejé caer mis manos, respirando hondo, sin escuchar al enviado. Llevé mis manos al bolsillo, y en una cerré algo, pero no estaba segura que funcionara. Miré el rostro del elfo, ladeado a un costado, y en la comisura de sus labios había un hilo de sangre. Me acerqué y tiré contra su pecho, llevando mis manos hacia él. Respiré hondo y dije en un susurro, mirando suplicante a mi tío, con los ojos llorosos.

Me levanté más tranquila, y me acerqué con paso decidido a Morrigan, ésta vez yo junté sus manos y la cerré, entregándole lo que antes tenía y miré a los ojos.
-Por favor- susurré.
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

Mensaje  Sydara el Miér Ene 22 2014, 03:49



**Misterio, suspenso... el destino tiene muchas sorpresas, buenas y malas... pero depende de cada uno como lo afrontamos. Hay dos caminos para seguir, el de vivir por uno mismo, o el de vivir dependiendo de lo afectivo. Uno nace, crece y muere solo... el resto es sólo compañía en el tiempo, algo pasajero...
El camino lo forja uno mismo, y nadie lo hace por uno.**





Nadie escribe el destino de uno, pero nosotros sí, y he elegido cada palabra con cuidado, que es mejor que los hechos en sí. Interpretar, y leer bien.

* * *
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Re: La Fortaleza de los brujos, destino de dos almas malditas

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