Descubriendo la oscuridad [Cerrado]

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Descubriendo la oscuridad [Cerrado]

Mensaje  Nafen el Dom Abr 06 2014, 00:42

Vlad se acurrucaba contra mi pecho sostenido por uno de mis brazos. Su respiración era calmada mientras dormía plácidamente, a pesar de los numerosos ruidos que abarrotaban las calles de la ciudad. Entre los plieges de mi bolsillo descansaba mi nuevo compañero, Noharius, en una cajita que contaba con varios orificios para que pudiese respirar.
Una canasta con alimentos, ropa, armas y juguetes, cubierta con una manta, colgaba de mi otra mano balanceándose a cada paso que daba. A metros de donde me encontraba se alzaba un pintoresco edificio de varias plantas; junto a la puerta se extendía desde la pared un poste metálico dispuesto horizontalmente, del cual colgaba un cartel de madera que anunciaba "Posada".

Empujé la puerta del edificio con uno de mis codos y me acerqué al mostrador, detrás del cual una aparentemente joven elfina observaba con atención las páginas de un libro. Aclaré mi garganta de manera exagerada para llamar su atención y la chica levantó la mirada un poco asustada.
- Buenos días. - Saludó con voz temblorosa. - ¿En que puedo ayudaros? - Dijo al bajar la mirada a Vlad.
- Hola. Necesito hospedarme una noche. - Respondí un tanto apresurado.
- Puedo ofreceros un hospedaje con las cuatro comidas del día o sólo con desayuno y cena o almuerzo y merienda.
- No nos quedaremos mucho tiempo, sólo necesitaré el desayuno y la cena.
- Serán 7 aeros. La cena se servirá en una hora. - En el rostro de la chica se dibujó una forzada sonrisa.

Me entregó una llave con un número grabado en ella e indicó cómo llegar a la habitación alquilada. Subí las escaleras de madera, cuyos escalones gritaban entre crujidos al sentir el peso de mi cuerpo en ellos, caminé por un ancho pasillo repleto de puertas con un número diferente cada una. El pasillo finalizaba con una nueva escalera que probablemente llevaría a otro pasillo con habitaciones.
Caminé lentamente hasta situarme frente a la penúltima puerta de una de las paredes del pasillo antes de llegar a la escalera. Abrí la cerradura con la llave y giré el picaporte, la puerta dio paso a una pequeña habitación con una cama de madera bastante simple, acompañada por una mesa de noche, un ropero y una mesa. Unos metros más allá aguardaba una chimenea, era pequeña pero sería suficiente para calentar el modesto cuarto, iluminado por la tenue luz de algunas velas.

Dejé la canasta en la mesa y me recosté en el colchón de paja cubierto por una sábana blanca, con Vlad sobre mi pecho, quien se había despertado sin que yo lo notase. Lo tomé con ambas manos por debajo de sus axilas y lo observé con detenimiento. Él devolvió una mirada de ojos grises, algo característico de los bebés demasiado jóvenes; sus ojos se oscurecerían con el paso del tiempo. Con el ceño fruncido meditaba sobre la responsabilidad que implicaba hacerse cargo de un niño, algo que no había tenido presente al momento de rescatarlo, ahora yo era su... ¿cuidador? Sí, definitivamente yo no era su padre ni pretendía serlo. ¿O sí? ¿Qué le diría al niño una vez tuviese la capacidad de entender?

Entonces remembré lo dicho por una de las vendedoras del comercio de la ciudad, yo debía mantenerme en un lugar fijo para una mejor crianza del niño, de otra manera él corría riesgo de enfermedades, de abandono, de daño. La situación era aún más grave al saber que mi hogar ya no me pertenecía debido a no pagar impuestos. Todas estas ideas e interrogantes me atormentaban, soñaba despierto con la vista fija en el bebé, y me sumía cada vez más en una vorágine de confusión y arrepentimiento cuando entonces un simple toque de las tiernas manos de Vlad en una de mis mejillas me arrastró de nuevo a la realidad. Su caricia produjo una inevitable sonrisa en mi rostro e hizo desaparecer por momentos las preocupaciones.

Hacía largo tiempo desde que recibía el cariño de una persona. Era costumbre para mí mantener una frívola distancia para con los demás, mas Vlad había roto esos límites, lo cual -a pesar de no admitirlo- me alegraba. Dejé al niño sobre la cama cuando me puse de pie para encender la chimenea y calentar un poco de leche, pues ya era hora de alimentar al niño.


Última edición por Nafen el Mar Abr 15 2014, 02:49, editado 1 vez
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Re: Descubriendo la oscuridad [Cerrado]

Mensaje  Nafen el Dom Abr 06 2014, 23:11

Coloqué leche tibia en el odre comprado esa misma mañana. Vlad movía sus extremidades torpemente recostado sobre las sábanas blancas mientras producía ruidos un tanto extraños. Me senté en la cama y tomé al niño en mis brazos, apoyándolo contra mi pecho. Quité la tapa del odre y lo acerqué a sus labios, a lo que él respondió abriendo su boca y comenzando a succionar.

Miré con seriedad al niño mientras su mirada su posaba en la mía. Lo observaba con detenimiento, con una seca expresión en el rostro que reverberaba mi confusión.
- Hola, Vlad. - Saludé con timidez. - Mi nombre es Nafen. - Realicé una mueca, un tanto incómodo por la situación. - Yo seré tu cuidador durante los próximos años. - Sonreí intentando simpatizar con el niño. A pesar de que su mente no estuviese desarrollada, en el fondo sentía que Vlad podía entender lo que decía.

Un aviso por medio de gritos en el pasillo avisó a los huéspedes que la cena estaba servida. Bajé las escaleras y me dirigí al comedor, una habitación contigua a la recepción. Luego de la cena regresé a mi cuarto y me dispuse a dormir con Vlad sobre mi pecho, cuando entonces sus llantos se unieron con un desagradable olor.

Lo sostuve en el aire mientras lo observaba extrañado, a la vez que lo callaba suavemente hasta que me percaté de que el olor provenía del niño. Pestaneé al comprender que Vlad estaba sucio por sus propias heces y aún peor: yo debía cambiarlo.

Me puse de pie y dejé al niño sobre la cama. Con temor bajé sus pequeños pantalones y desaté su pañal. Mis manos, un tanto temblorosas, retiraron la tela para mostrarme una escena bastante desagradable, mas el hecho de que el niño dejara de llorar me consoló un poco. Observé horrorizado lo que tenía frente a mis ojos. - ¡Sólo te doy leche! ¿Cómo logras hacer eso? - Pregunté con la nariz fruncida.

Para mi suerte la habitación se mantenía caliente gracias a la pequeña chimenea, en contraste con las bajas temperaturas del exterior. Suspiré y me llevé una mano a la cara. Con mi telequinesis separaba los desechos de la piel de Vlad, pues no pretendía tocarlos de ninguna manera.

Luego de quitarle el pañal sucio, lo limpié y lavé con un poco de agua que descansaba en una vasija de barro, para quitar los restos de las heces. Realizaba esta tarea con sumo desagrado, algo que se notaba en mi rostro y gestos. Le coloqué un pañal de tela limpio y lo vestí nuevamente, aunque no estaba seguro de qué hacer con la tela sucia, por lo que opté por pedir ayuda a una de las mujeres encargadas de la limpieza del lugar.

Cuatro aeros. La mujer me cobró cuatro aeros sólo por limpiar el pañal sucio. ¡Era más de la mitad de lo que había costado el hospedaje! Sin embargo yo no iba a hacerlo, por lo que tuve que aceptar el trato.

Me higienicé mientras Vlad agitaba un sonajero alegremente. Regresé entonces a mi posición anterior: me acosté en la cama con Vlad sobre mi pecho. Apoyé una de mis manos sobre su espalda, su respiración se calmó y sus movimientos cesaron lentamente mientras se quedaba dormido.

Me sumía en un estado de vigilia, estaba muy relajado sin llegar a estar dormido completamente. Un estado de alerta se encendía automáticamente en mí cuando comenzaba a quedarme dormido, mucho más ahora que no sólo debía cuidar de mi vida, sino también de la de alguien más.

Fue entonces cuando escuché el sonido del sonajero al agitarse. No presté atención alguna hasta que el sonido se repitió, busqué con mis dedos las manos de Vlad, comprobando que estaban vacías. Abrí mis ojos y el sonido se repitió. El sonajero flotaba a centímetros de la cama, tambaleándose un poco. Fruncí el ceño sin entender la situación y paseé mi vista por la habitación; las sábanas que nos cubrían producían movimientos ondulantes mientras algunas frutas de la canasta en la mesa de noche sobrevolaban nuestros cuerpos.

Entrecerré los ojos ya que el aspecto más destacable de la habitación era la densa niebla que la poblaba, limitando la visión. No estaba seguro de qué era, pero podía notar que se trataba de algo oscuro. Me senté en la cama, lo cual despertó a Vlad, quien comenzó a extender sus brazos y piernas. En ese preciso momento los objetos cayeron al suelo y la niebla se disipó, lo cual me sorprendió aún más. Boquiabierto bajé la mirada al niño que descansaba en mis brazos y comprendí que él era la causa de esos extraños sucesos.

Con una sonrisa de oreja a oreja pude darme una idea del potencial que Vlad tenía, a este ese momento yo desconocía que fuera un brujo, puesto que no llevábamos demasiado tiempo juntos. Sería un gran aprendiz, sin embargo su falta de control sobre su magia podía llegar a ser un contratiempo, mas intentaría lidiar con ello de alguna manera.
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Re: Descubriendo la oscuridad [Cerrado]

Mensaje  Nafen el Mar Abr 15 2014, 02:48

La noche pasó muy lentamente. A pesar de que el niño resultaba ser una mina de oro (la cual estaba dispuesto a explotar), traía serios problemas a la hora de descansar. No pude conciliar el sueño, pues cuando me sumía en la relajación junto a Vlad, los objetos comenzaban a agitarse y moverse, produciendo ruido y a veces golpeándome. Incluso cuando nada me tocaba, una extraña fuerza me mantenía cautivo del insomnio mientras Vlad descansaba en mis brazos.

Las horas pasaron pacientemente hasta que los rayos de sol toquetaron el cielo del este, pintándolo de un tenue azul claro. Con ojos ojerosos abandoné la habitación con mis pertenencias en una mano y a Vlad en otra. Descendí por las escaleras y en el modesto comedor desayuné con ganas.

Finalmente abandoné la posada. El frío de la mañana era tal que al exhalar el vapor escapaba de mi boca. Con un poco de preocupación, parado del lado exterior de la puerta principal de la posada, cubrí a Vlad con mantas de lana sin tapar su rostro para que pudiese respirar. Caminé hacia las afueras de la ciudad para ir al encuentro de Arathon, quien me había presentado una oferta que convenía aceptar.



FIN DEL TEMA
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