Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

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Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Jue Abr 07 2016, 23:00

Era por la tarde y me acababa de despertar. Fuera aún se encontraba el sol brillando con dejadez debido a las nubes, pero ni uno solo de sus rayos era capaz de atravesar aquella casita iluminada únicamente por el brillo de la llama de las velas que se encontraban en el pequeño salón.

Nada más despertar me dirigí al pequeño cuarto donde tenía la bañera y tras calentar un gran cubo de agua al fuego me dispuse a ducharme y lavarme el pelo con él. Utilicé jabones hechos a partir de flores del bosque para darle un olor dulce a mi piel y mi cabello y posteriormente secarme con una toalla. No tenía espejos allí, pero tampoco los necesitaba ni los quería. No me gustaba demasiado verme reflejada.

Tras salir me empecé a cepillar el cabello el cual cada vez se veía más largo llegándome por debajo de las caderas. Una vez lo desenredé me quedé pensativa mirando la estantería que tenía repleta de libros. Ya los había leído todos y cada uno de ellos más de 4 veces y a pesar de que adoraba todas las historias que escondían tenía ganas de más. No tenía nada que hacer así que me decidí a ir a la ciudad y adquirir algún nuevo ejemplar de cualquier puesto del mercado medieval que se abría por la noche. Sin más dilación abrí el pequeño armario que había en mi cuarto mostrando la variedad de prendas negras y oscuras que lo habitaban, la gran parte de ellas masculinas. Mi vista se detuvo en uno de los pocos vestidos que había pensando en que quizás era un buen día para usarlo.

"Bah, otro día mejor"


Hice caso a aquel pensamiento y cogí un pantalón negro, una camisa ancha y negra con capucha y un chaleco del mismo color que las anteriores prendas, añadiéndole también un cinturón que dejaba ver claramente que aquellas prendas no eran de mi talla y debería pensar seriamente en usar ropas de mujer aunque no me gustase la idea, pues tanto los pantalones como la camisola me venían bastante grandes.
Ropa.:

Vestimenta.. solo que toda negra.

Una vez el último rayo de sol se escondió tras el horizonte salí del pequeño y acogedor hogar atravesando el bosque en busca de la ciudad donde encontraría los puestos del mercado central. A mitad de camino comenzó a llover a cántaros. Cualquier otra chica se hubiese empezado a preocupar por su pelo, pero a mí me daba bastante igual, total ya lo tenía mojado del baño que me acababa de dar, además que el agua no hacía daño a nadie, por lo que me dediqué únicamente a ponerme la capucha y continuar mi camino.

Una vez llegué a la puerta de la ciudad las luces de esta iluminaron mis rojizos ojos y sonreí aún estando empapada. Cuando entré por las puertas los vigilantes me observaron con desconfianza debido a que la capucha ocultaba mi rostro, pero cuando estuve lo suficientemente cerca para que observasen que era una chica aquella desconfianza desapareció y entrar no fue problema.

El mercado estaba ¿cómo decirlo? Petado. Pensé que la lluvia alejaría a la gente pero no fue así. Al parecer el agua no detiene a nadie aunque eso sí, casi todo el mundo tenía cubierta la cabeza con bolsas o pañuelos. Miré los puestos y en la mayoría de ellos había sobretodo comida. Al ver los alimentos recordé con añoranza mi época humana donde nunca me cansaba de comer dulces, aunque aquella sensación ya la había perdido hace mucho. Después de pasear un buen rato y atravesar miles de puestos de armas, juguetes, artesanía, utensilios y comida al fin vi uno de libros. Cuando me acerqué descubrí que prácticamente estaba desierto. nadie se paraba a mirar los libros y de hecho el vendedor se asombró de mi presencia.

- ¿Desea algo en particular forastero?


Aquella pregunta llamó mi atención por lo que levanté mi cabeza mostrándole mi rostro. Al verme el hombre se puso nervioso y trató de disculparse.

- Oh lo siento señorita, pensé que...

"Que era un hombre" Terminé de pensar yo.

- No, no se preocupe de verdad, no me molesta
- Miré la gran pila de libros sin saber por donde empezar - Me ... me gustaría comprar algunos libros, a ser posible de aventuras, misterio o historia ¿Qué me recomienda?

Al hombre pareció iluminársele la cara y sacó varios ejemplares de los cuales me costó bastante decidirme. Al final me llevé 3 de los libros que me obsequió y los guardé en una bolsa de cuero negro que llevaba conmigo.

El trayecto desde mi casa hasta la ciudad había resultado ser bastante cansado. Normalmente volvería cuando antes pero necesitaba descansar así que recorrí las calles de la ciudad en busca de algún lugar donde resguardarme de la lluvia. Descubrí así que a esas horas solo había abiertos burdeles y un bar cercano al mercado, y claramente no iba a meterme a un burdel así que el descarte quedó bastante claro.

Al atravesar la puerta de la taberna  vinieron a mi olfato dos olores: El primero a humanidad y el segundo a maloliente humanidad, vamos una joya de sitio.

Aquel lugar estaba repleto se hombres cuarentones borrachos con barba que gritaban y brindaban por casi cualquier cosa. En un primer repaso visual no vi a ninguna mujer salvo a las camareras que coqueteaban con algunos hombres mientras les rellenaban las jarras. Estaba repleto hasta reventar por lo que me replanteé seriamente salir de allí, pero entonces una mesa quedó desocupada y aproveché para sentarme en ella y descansar los pies. El ruido de las graves voces entremezclándose unas con otras daban dolor de cabeza, pero al menos allí dentro no llovía y tenía una silla donde sentar mis posaderas.

- ¿Qué va a ser?

Al escuchar esa frase tan cercana a mí levanté la mirada. Una camarera se encontraba a mi lado y al mirarme su expresión coqueta cambió rápidamente a decepción y enfado.

-  Perdone, no la he entendido.


- Me refiero a qué vas a tomar. No pretenderás sentarte aquí de gratis.


Me quedé paralizada un segundo. La mujer tenía razón aunque yo no quería pedir nada porque no bebía nada, bueno en realidad si, pero no iba a pedirle que se cortase la yugular para que me dejase beber su sangre. Estuve a punto de pedirle agua pero un pensamiento decente atacó mi mente.

" Imbécil, no puedes pedir agua en una taberna así. Podrían sospechar de ti."


- Una jarra de cerveza.


Odiaba la cerveza. Ya de humana la odiaba así que de vampiresa la cosa era peor. Normalmente los alimentos no me sabían a nada, pero la cerveza seguía teniendo un sabor asqueroso en mi boca que me causaba malestar en el cuerpo.

Tras mi respuesta aproveché para sonreír a la camarera y observarla mejor. Llevaba una falda larga granate con una camisa blanca y un apretado corsé que no daba lugar a la imaginación mostrando así sus dotes delanteras muy claramente. A pesar de tener el ceño fruncido había que admitir que era guapa. Tenía el pelo negro azabache recogido en un moño despeinado con un largo mechón hacia el lado y varias greñas sobre la cara. Sus ojos eran marrones y tenía un lunar en su mejilla muy particular y extrañamente atractivo. Sus ojos estaban pintados con un maquillaje negro demasiado potente que ya se le había extendido por la zona baja dejando claro que no sabía pintarse, y no la culpaba. Yo nunca había aprendido a maquillarme, y de hecho jamás lo había hecho ni lo hacía porque tampoco tenía esa necesidad. No tenía a nadie a quien sorprender así qué ¿Para qué perder el tiempo en eso?

Cuando se alejó de mí miré a mi alrededor a la cantidad de hombres alocados que bebían. La mayoría de ellos trataban de seducir y besar a las camareras y muchos de ellos lo lograban. No pensé que fuese a ocurrir nada pero por si las moscas dejé mi capucha puesta sobre mi cabeza mientras sacaba uno de los libros que acababa de comprar y trataba de leer y concentrarme entre aquel barullo.

"Hombres..."


OFF- Si necesitas que edite algo solo pídelo.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Vie Abr 08 2016, 01:00

No había podido conciliar el sueño aquella noche, me la pasaba observando el avejentado techo de la posada donde me hospedaba, los pensamientos inundaban mi mente de temores e inseguridades, sentimientos internos con los que todos lidiábamos algún que otro día no importase raza o región; finalmente cuando los rayos del sol nacieron pude conciliar el tan anhelado sueño, sintiendo como mis músculos comenzaban a relajarse junto con mi razonar.

Luego del transcurso de las horas que pertenecían a mi descanso, mi consciente tomó riendas sobre mi subconsciente que hasta aquel entonces reinaba en mi cabeza, procedí abriendo los ojos rápidamente y en ese instante todos aquellos pensamientos que se encontraban dormidos resurgieron fuertemente, inmediatamente me puse de pie y sin antes higienizarme me vestí muy simple; un pantalón marrón suelto atado con una cuerda, mis botas de cuero y como prenda superior una camisa negra.

Recordando lo que iba a hacer me di con que debía ir al herrero a afilar la hoja de mi espada, salí casi corriendo de la posada con temor a que este cerrara su negocio y me quede desarmado, el sol se encontraba casi en su caída y el viento resoplaba. Tomé el recado de mi caballo junto con sus riendas y me dirigí al establo a colocársela para partir, una vez ya puestas monté el equino en pelo y taconee la verija de su anca para iniciar un fuerte galope. En medio del viaje el viento se tornó más intenso, golpeaba mi rostro con fiereza y hondeaba las crines de mi caballo, se avecinaba una tormenta y no precisamente suave.

Una vez en la zona de mercados refugie a mi caballo en unas caballerizas que se encontraban justo en la entrada, aquél hombre que cuidaba los corceles era de fiar sino no hubiera dejado al mío a su guardia, corriendo entre la muchedumbre de gente pude visualizar el cartel de la herrería; me dirigí allí con toda velocidad. El cielo ya se tornaba nocturno y las gotas de agua comenzaban a impactar con la tierra, para mi suerte me encontraba allí, sin rodeos encaré al herrero diciéndole –Oye, lamento molestarte, pero quisiera que afilaras mi espada- obvie el hecho de esperar su respuesta y desenvainé mi arma entregándosela por completo, esté la tomó en silencio y dio comienzo a su trabajo. Las chispas emergían y desaparecían rápidamente con el contacto de la piedra y el acero, era un espectáculo magnifico de presenciar para un guerrero como yo, fue cuestión de minutos para finalizar el trabajo. Ya lista el arma me la intercambió por un pequeño saco de monedas –Gracias-dije asintiendo la cabeza y retirándome en silencio, me encontraba mucho más tranquilo que anteriormente y a esto la lluvia me apaciguaba aún más.

Luego de tanto recorrido no iba a irme así sin más, me dirigí a la cantina que se encontraba junto a la herrería, tomé el picaporte y luego de girarlo me encontré con un mundo totalmente distinto y desagradable a lo que se solía ver. Me adentré en ella y observando todo detallamente podía apreciar que no había lugares libres, solo en una pequeña mesa donde se encontraba un ser recubierto por con una capucha negra, sin más que premeditar fui a sentarme allí ya que era el único lugar libre. A punto de sentarme, un borracho hediondo me había ganado de mano, sin inmutarme lo tomé de las vestidura y lo arrojé al suelo –Yo llegué antes que tu sarnoso – dije en un tono de vos tranquilo. Para sorpresa mi olfato comenzó a detectar un aroma familiar, estaba seguro que allí había una chupa sangre, extrañado volví mi mirada al encapuchado y agachando la cabeza para ver su rostro pude visualizar rasgos femeninos; algo raro había en aquel lugar e iba a descifrarlo, pero aun así mantuve la calma y las apariencias.-Espero no molestarla señorita...- susurré.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Vie Abr 08 2016, 16:47

Estaba enfrascada en la lectura. Normalmente me costaba bastante concentrarme en hacer cosas, pero cuando leía era capaz de evadirme del mundo exterior. Ya podía caer una bomba a mi lado que si yo tenía un libro delante de las narices no me iba a percatar, y aquel libro merecía aquel reconocimiento. Había comprado 3. El primero era un libro de fábulas infantiles que solía leer de pequeña y que tuve que abandonar junto a mi pasado, así que al verlo en el puesto no pude resistirme a comprarlo y retomar aquellos cuentos con los que crecí. El segundo era una historia de un detective que resolvía crímenes prácticamente imposibles. Y el tercer ejemplar que era el que estaba leyendo hablaba sobre una joven que a cambio de que no la casaran con el príncipe debía envestirse en una aventura en busca del otro lado del arcoiris y entregarle el cofre de oro al rey para pagar su libertad.

Aquel libro era maravilloso, pues hablaba de la fuerza de las mujeres y de la lucha de una joven por poder ser libre sin que la obligasen a casarse, ni siquiera con un apuesto príncipe. Pero de pronto un hombre barbudo de unos casi 40 años ocupó el taburete que había a mi lado.

- Eh amigo ¿Por qué no vienes conmigo al burdel de al lado y nos buscamos unas...?

De pronto se fijó algo más en mí y se sorprendió al descubrir mi identidad femenina. Al verme empezó a reírse haciendo que su asqueroso aliento a alcohol y otras sustancias chocase contra mi rostro, pero esa no fue razón suficiente para que desviase mi mirada. Había personas que no valía la pena mirar.

- ¡Uy! Perdona bonita. ¿Por qué estás tan sola? ¿Por qué no vienes con nosotros un rato?

El hombre señaló al grupo de borrachos de mi izquierda haciéndome así entender que aquellos eran sus amigos, pero yo ni siquiera los vi porque seguía más pendiente de mi libro, simplemente negué con la cabeza. El cuarentón al ver mi pasividad ante su comentario trató de coger mi libro.

- ¿Qué estás leyendo?


Cuando su mano tocó la portada de aquel maravilloso ejemplar retiré con brusquedad el libro y le miré por vez primera. Pude apreciar su arrugado rostro. Tenía el pelo grasiento y medianamente canoso, acompañado de unos ojos marrones y una papada media que junto con su cuerpo dejaba bastante claro que le gustaba mucho comer y beber como un cerdo. Me sonrió enseñando sus torcidos y amarillentos dientes.

- Vaya con la gatita. Bueno pues si no quieres venir me quedaré aquí observándote, pero antes voy a.. bueno ya sabes, a echar una meadita a la esquina.


El hombre se alejó y yo no pude evitar rodar mis ojos intentando hacer como que aquello no había pasado. Continué pendiente del libro sin que nadie me molestase, aunque la tranquilidad duró poco. La voz del hombre se acercaba cantando una canción popular, solo que desafinada y desagradable para los oídos, pero de pronto otra voz se pronunció por encima de él añadiendo que él había visto el asiento primero. No quise mirar, no valía la pena pues ahí todos eran iguales, solo que aquel hombre al menos me habló con un mínimo de respeto esperando no molestarme.

"Mientras te calles la boca y me dejes en paz"

No sabía si con "molestarme" se refería a la lectura o al hecho de que se sentase a mi lado. Mi primer impulso fue responder una bordería como aquella que me invadió el pensamiento, pero claramente yo no era así, no me salía ser mala o cruel con la gente a la que no conocía.

- No se preocupe, no me molesta.


Y ahí quedó todo. O eso creía yo.

Cuando dije esas palabras ni le miré, simplemente continuaba con mi lectura, pero de pronto un olor penetró por mis fosas nasales, un olor más allá del que invadía aquel ambiente de sudor, alcohol y humanidad. No olía a flores ni plantas, pero tampoco olía mal, era como... como la mermelada de ciruelas, que no sabes si es más amarga que dulce o más dulce que amarga, pues parecido. Pensé que ese olor se iría al cabo de unos segundos pero no fue así, pues cada vez olía más y era extrañamente adictivo... o no. No sabía a qué asimilar aquello y al mirar de reojo a aquel forastero que acababa de sentarse a mi lado cada vez estaba más segura de que ese olor provenía de él.

Una vez leí en un libro que hay personas unidas por el destino por así decirlo. Que sus propias endorfinas al ser completamente contrarias generan un tipo de atracción unas de otras a través del olor que hacen que te guste una persona solo de olerla. No sabía si aquello que estaba experimentando era aquella teoría pero la verdad es que me estaba poniendo nerviosa. Alcé la mirada observando al sujeto con sigilo. Tenía el cabello rubio y los ojos claros pero de verle no sentía ningún tipo de atracción, aunque claro, yo jamás había conocido el real concepto de belleza que tenía el mundo, así que tampoco podía opinar.

"Bah, seguro que es por otra cosa"


Aun así no podía evitar acercar disimuladamente mi cabeza hacia él mientras leía... o bueno, mejor dicho mientras fingía que leía, porque ese olor me desconcentaba como no lo habíahecho antes el alboroto de nuestro alrededor. Solo que ya no aguantaba más.

- Perdona pero ¿Se puede saber qué perfume usas? ¿A qué hueles?


No es la mejor pregunta que le puedes hacer a alguien para comenzar una conversación, pero yo realmente no buscaba conversación, solo descubrir porque aquel joven olía así. De hecho estaba tan nerviosa que le hablé de "tú" en vez de de "vos". Ahora pensaría que estaba loca pero me daba igual, podrían pasar varias cosas:

1º Que me respondiese amablemente y cerrar e tema.

2º Que me insultase como una loca y me acabase yendo del bar olvidando aquello.

3º Que no me respondiese y se alejase él mismo.

Ninguna de esas 3 opciones serían una tragedia, así que esperé a que ocurriese alguna.

Solo que no...

Antes de que el chico respondiese apareció la pechugona camarera de cabellos negros y maquillaje corrido. Me miró con aburrimiento al principio dejando la cerveza sobre la mesa. Solo de ver aquel líquido amarillento ya me ponía mala. Pensé que se alejaría y aquel joven podría responderme, pero no, pues la camarera al darse cuenta del rubio sonrió y se agachó sutilmente mostrándonos de pleno su hipnótica delantera.

- Hola guapo
- Me miró un segundo y asumió que el chico no iría conmigo, por lo que se puso modo loba ON y se acercó aún más a él mientras apoyaba las manos sobre la mesa y yo pasaba a un segundo plano. - ¿Quieres tomar algo? Aquí hay mucha gente y... bueno, queda poco para que acabe mi turno. Dentro tengo una mesa para invitados especiales ¿Por qué no me acompañas y me entretienes un ratito?

Al escuchar sus palabras no pude evitar soltar una risita bajo la capucha que me cubría.Supuse que aquel joven la seguiría y desaparecería aquel aroma. Aunque la curiosidad seguía siendo muy fuerte y era una pena no descubrir el origen de aquello.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Lun Mayo 09 2016, 19:11

Aquellos borrachos eran una muestra completa de la decadencia “¿cómo podrían confundir a una mujer con un hombre y luego de haberse dado cuenta de esto faltarle el respeto de tal forma?” pensé, así que en cierto modo que se fuera era bueno ya que su presencia me irritaba cada vez más y si se le ocurría volver tendría un problema conmigo. Podía sentir aquel aroma emanado de la dama el cual me resultaba bastante familia y atractivo, no iba a retirarme de allí sin descubrir la verdad de todo ya que me consideraba bastante terco; en ese instante para mi sorpresa hizo la pregunta justa en el momento justo y al parecer a ella le sucedía lo mismo.

-¿Perfume? Eso déjaselo a la realeza, mi aroma es producto de muertes, viajes y sangre… demasiada intensidad para un simple perfumillo-

Hice una pausa al terminar de responder y observé a la doncella fijamente mientras intentaba descubrir que ocultaba tras esos labios. Mi olfato no me engañaba para nada, me encontraba frente a una vampira al parecer para nada hostil, sabía que uno de sus sentidos le permitía sospechar de mí, pero para mi suerte mi olfato estaba mucho más desarrollado en ese sentido. Antes de hablar medité unos segundo para así peguntar con certeza, pero fue allí cuando una mujer bastante desprolija y aparatosa se presentó para invitarme posiblemente a que me la follase –Mira primor en otro momento me pasaré para conversar contigo, porque en este momento me encuentro ocupado…- dije con el respeto propio para dirigirse a cualquier dama; esta se retiró asintiendo con la cabeza notando que realmente me pasaría a “platicar” en otro momento.Una pequeña y picara risa surgió de la joven, parecía causarle gracia el hecho de que aquella pechugona mujer me invitara a pasar el rato, con una sonrisa algo divertida dibujada en mi rosto le respondí.

-No te rías, esa mujer sabe lo que quiere y sobre todo sabe dónde buscarlo, pero para no dispersarnos del tema… tú tienes una fragancia en particular que no proviene de algún tipo de perfume, es un tanto única…-

No sabía cómo podría responder la dama, pero ese no fue el problema para que se respondiera la pregunta, el problema era que aquel borracho que se había ido a orinar volvió con dos de sus amigotes y esta vez no iba a dejar que se pasase de la raya; así que esperé a ver su actitud y en vista de esta actuar con decisión. No me equivocaba en lo más mínimo ya que había vuelto para hacer de las suyas junto con sus colegas, colocó una mano en mi hombro y con esto añadió –Oye amigo, será mejor que te vayas porque nosotros estábamos aquí con nuestra amiga- en mi interior dije “pobre inconsciente” y fue allí donde dejé salir toda la rabia que me producía la presencia de este tipo. Tome su mano con fuerza y poniéndome de pie se la torcí haciendo que girase así con su brazo para luego colocarlo en su espalda desplazándolo lentamente hacia arriba para que el dolor sea más intenso cada vez -¡Suéltame idiota!- gritó histéricamente.

-¿Crees que después de cometer esas faltas te dejaré ir así sin más gordito?-

Dije riendo entre dientes y disfrutando del sufrimiento de aquel borracho, sus amigos no tardando en intentar abalanzarse torpemente hacía mí, al intentar esto ambos cayeron como moscas; a uno le respondí con una patada en los testículos y al otro con un barrido de pierna que lo tumbó de culo. Al ver esta imagen decidí calmarme y dejar de poner atención en estos tipos, pero antes de abandonar la riña tomé los grasientos cabellos del que estaba sometiendo con una llave y golpee su cabeza contra la mesa dejándolo inconsciente. Claro que luego de ver esta imagen de mi la chica pensaría que era un tipo violento y sin control, pero si pensaba esto estaba completamente errada así que atiné a decirle.

-Lamento este espectáculo, este tipo de personas logra sacarme de mis cabales y no puedo controlarme- Observé todo el ambiente a mí alrededor y culminé diciéndole mientras me retiraba –Si quieres reanudar esta charla estoy afuera tomando un poco de fresco y escapando de esta pocilga- me retiré hacia la puerta sin esperar que la joven me siguiera, si le interesaba ya sabía dónde encontrarme.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Mar Mayo 10 2016, 03:26

El chico se sorprendió tras mi pregunta, y no le culpaba puesto que aquella era la reacción más natural. No todos los días se acerca a ti un desconocido a preguntarte que a qué hueles. Al final el joven respondió tratando de mostrar naturalidad. No sabía si con su respuesta trataba de impresionarme o asustarme pero desde luego apenas me inmuté, aunque si que era cierto que era una respuesta cuanto menos extraña y curiosa.

- Sea verdad o no deberías tener cuidado con lo que dices y a quién se lo dices
- sonreí bajo mi capucha tratando que no me viese- No es aconsejable ir por ahí hablando de cosas tan peligrosas sin conocer a quien tienes en frente. Pero de todas formas no es eso a lo que me refería, es decir, hueles como a...

No pude acabar porque en ese momento se acercaba la fulana... digo, la camarera a tratar de flirtear con el joven de cabellos claros. Había que admitir que aquel era el mejor partido de toda la taberna, aunque no hacía falta demasiado para superar a los demás, y por supuesto aquella mujer no podía perder la ocasión que se le presentaba. Aquello me produjo risa, y para mi sorpresa el hombre en vez de aceptar su irresistible proposición de un polvo fácil optó por rechazarla por el momento de una forma muy educada y sutil. Aquello me pareció un gesto bastante cortés por parte de aquel tipo, tanto que incluso la mujer se fue con una sonrisa ya que posiblemente en su vida le habrían hablado con tanta amabilidad.

- Bueno guapo, pues te estaré esperando detrás
- Me miró con una sonrisa de superación, como si consiguiendo aquello me hubiese vencido.- En cuanto acabes con tu "ocupación" te aconsejo que visites a una mujer de verdad.

Le lanzó un beso y se volvió a retirar detrás de la barra. Sus palabras no me molestaron en absoluto, todo lo contrario, aquella mujer me era completamente indiferente, pero se ve que al chico no le hizo demasiada gracia que me riera de ella y trató de explicarme con amabilidad el por qué aprobaba a aquella mujer. Levanté la vista mirándolo mientras hablaba sobre mi propio olor. Así que no era yo la única que captaba algo raro en él, sino que él mismo me tenía como alguien con un olor extraño.

- No me reía de ella, me reía de la página que acababa de leer en mi libro - le contuve la mirada unos segundos- Vale... no se mentir. Simplemente me pareció una situación graciosa. Estaba claro que te lo iba a pedir pero se notaba la rabia en sus ojos al verte con otra chica que no fuese ella. - Pensé en su comentario sobre mi olor y pensé que quizás lo hubiese utilizado para ligar conmigo o para llevarme al catre. Después de todo era demasiado raro que él también notase un aroma peculiar en mí- Eh... Huelo a persona normal y corriente.... vale que soy mucho más limpia que el resto de personas que hay aquí pero aparte de eso no tengo nada de especial- me empecé a poner nerviosa- Yo creo que... si tu intención es hacer.... bueno ya sabes... hacer ESO con alguien deberías ir con aquella camarera que...

Estaba quedando como una completa gilipollas ya que no manejaba nada aquel tema y me daba demasiada timidez siquiera nombrarlo. Estaba siendo una conversación muy incómoda pero gracias a los dioses el borracho de antes volvió acompañado dirigiéndose al joven pidiéndole de malas maneras que se fuera de ahí. Pensé que el joven mantendría la calma y se largaría, pero en vez de eso  le retorció el brazo mientras el hombre le insultaba. Miré la situación y rodeé los ojos.

"Hombres"

Los amigotes del hombre trataron de defender el poco o ningún honor que le quedaba a su amigo, pero el joven les venció sin ningún esfuerzo. a uno con una patada en los genitales y al otro haciéndole caer. Al pobre gordo le tocó la peor parte, ya que su cabeza fue estampada contra una mesa quedándose así inconsciente. El resto de la taberna gritaba de júbilo felices de tener por fin el primer espectáculo de la noche. El joven me pidió disculpas y salió de la taberna no sin antes añadir que podría acompañarle si así lo quería.

Por supuesto que no iba a salir. Por fin se había ido aquel follonero que no hacía más que causar problemas. Le miré por el rabillo del ojo mientras se alejaba y volví mi vista al libro tratando de leer por fin en paz, pero aquel olor me llamaba tanto la atención que no era capaz de concentrarme en la lectura, por lo que apreté los dientes mientras movía mis dedos sobre la mesa de madera.

"No voy a salir... no voy a salir,,, no voy a salir..."


Cerré mi libro y me levanté mirando al fondo de la taberna donde se encontraba la puerta. Enfadada conmigo misma di unos paso con intención de salir de allí, pero algo me agarró de la capucha haciendo que esta cayera y se descubriese mi rostro. Al verme varios hombres se sorprendieron al descubrir que había una mujer en una taberna por lo que se acercaron a mí tratando de animarme a sumarme a ellos agarrándome de los brazos. Ante aquel contacto táctil no pude evitar terminar de cabrearme.

- No me toques.


Les miré con rabia, pero a ellos eso no les importaba demasiado, al contrario, se mostraron más interesados y para cuando quise darme cuenta tenía a prácticamente todo el local pendiente de mí. Sentí como uno de ellos me agarraba de la cintura tratando de besar mi cuello. Era contraria a usar la violencia, pero mi acto reflejo me traicionó así que cogí un vaso que había sobre una mesa cercana y se lo estampé en la cara golpeándole el ojo derecho y haciéndole sangrar. El grito de dolor de aquel hombre invadió por completo la estancia y el resto se quedaron petrificados. Aproveché aquel momento para salir por patas hacia la puerta. Una vez la abrí me encontré con el chico rubio y con su extraño y atrayente olor.  Allí estaba yo, bajo el marco de la puerta mirándole sin saber qué hacer o decir.

- Esto... yo...

Justo cuando me decidí a dar un par de pasos para acercarme noté cómo algo o alguien me tiraba con fuerza del pelo derribándome sobre el suelo de la taberna.

A partir de ahí todo fue confuso. Una vez en el suelo empecé a recibir amenazas y golpes por parte de diversas direcciones. No quería hacer más daño pero debía defenderme por lo que comencé a agarrar piernas y a tirar a gente al suelo tratando de librarme de aquello. De pronto noté cómo un par de brazos fuertes agarraban los míos. Traté de soltarme pero no pude, por lo que deduje que aquellos que me sujetaban no eran simples humanos, tal vez fuesen brujos sujetándome con ayuda de su magia o hombres bestia a los que no era capaz de poder mirar a sus rostros. La cuestión era que estaba completamente inmóvil y el hombre al que había clavado el cristal del vaso en el ojo se acercaba a mí mostrándome su feo rostro completamente enfsangrentado.

- De estas no sales.


Como buena peleona que era yo continuaba removiéndome sin rendirme tratando de deshacerme de los tipos que me aguantaban. Deseeé con todas mis fuerzas lograr alcanzar mi chakram, el cual llevaba escondido bajo la capa, pero me era completamente imposible. Dado que tenía al tipo del ojo frente a mí aproveché para lanzarle una patada en la cara ofreciéndole así un nuevo golpe en el ojo malo dejando que aquel tipo volviese a chillar. De pronto otras dos fuerzas también agarraron mis piernas contra el suelo imposibilitando así cualquier momento de mi parte. El del ojo ensangrentado se volvió a levantar mirándome y volvió a dirigirse a mí con mayor desprecio aún si cabía.

- Te vas a enterar bonita
- cogió un cuchillo y sonrió con malevolencia- Ojo por ojo....

De pronto entendí lo que iba a ocurrir y eso hizo que me retorciese aún más sin conseguir resultado. El hombre empezó a acercar aquel cuchillo a mi ojo derecho mientras yo me removía sin sentido. A mi alrededor todos reían y animaban a aquel hombre. Aquel cuchillo se acercaba y yo no podía hacer nada.

Entonces comencé a chillar.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Mar Mayo 10 2016, 06:58

Cuando la dama intentó advertirme de que debía tener cuidado a quien le revelaba mis actos o secretos yo torné a reír sarcásticamente “¿Qué pretende enseñarme esta chica de la vida?” pensé cerrando los ojos y a su vez negando con la cabeza, a esto le respondí.

–Créeme que yo tengo bien en claro a quien le digo o dejo de decir mis cosas, tú has preguntado a que olía y yo te respondí correctamente el origen de mi fragancia ¿Tiene algo de malo ir con la verdad?- suspiré y escuché la respuesta a mi pregunta, en esta hizo alusión a que su perfume no tenía nada en particular, pero fue más que obvio que no le creí –No es tan simple el olor que portas…y lo sabes- di espació a que actúe y me respondiera.

Acto seguido tornó a afirmar que se estaba riendo de la actitud de la mesera, esto no me sorprendió, lo que sí lo hizo por completo fue la sarta de incoherencias que dijo a continuación “Yo creo que... si tu intención es hacer.... bueno ya sabes... hacer ESO con alguien deberías ir con aquella camarera que...” ¿A que quería referirse con ello? ¿A que yo quería trincármela?¿Tan rápido y sin ver bien su rostro? Las preguntas bombardearon mi pensar dejándome exhausto.

Luego de todo lo ocurrido con los borrachos me encontraba afuera bajo la paz y la tranquilidad de la luna, por fin había salido de esa pocilga y estaba tranquilo, tan solo me había quedado la inquietud de saber más sobre aquella muchacha “¿Pero que más podría hacer?” pensé no iba a traerla por la fuerza, así que sin más me apoyé en una pared y observé el cielo nocturno con deslumbro y curiosidad. En ese trance de paz y armonía la puerta de la taberna se abrió bruscamente rompiendo toda sensación de tranquilidad a su paso, dejando al descubierto aquel bullicio desagradable, de adentro salió la joven algo perdida y en un abrir y cerrar de ojos cayó hacia atrás arrastrada dentro nuevamente por una fuerza mayor. Desde el umbral de la puerta observé la situación, unos borrachos habían descubierto su rostro (el cual era muy bello) y al parecer querían aprovecharse de ella, en primera instancia pensé en meterme pero al ver cómo se las apañaba la chica para escapar y defenderse observé un poco más.
Cuando vi que esta se ponía de pie y nuevamente era tirada me incitaba aún más a tomar mi forma lupina y acabar con todo este desastre de una vez por todas, pero no podía hacerlo así sin más ya que nos expondría a ambos de ser así. Los segundos transcurrían y la tensión aumentaba ya que ahora un borracho apuntaba con un filoso cuchillo a la mujer, realmente me encontraba estresado por no saber qué hacer, pero ahí fue finalmente cuando el instinto me ganó y opté por tomar la forma animal, ya que si entraba como humano me darían a la caza y todo sería más complicado.

Me aproximé a un callejón oscuro para transformarme rápidamente y sin que nadie lo notara, mis músculos se engrosaban, mis boca tomaba la forma de un hocico, el bello crecía por todas partes tornándose negro y mis ojos se habían vuelto amarillos como el mismísimo sol; me encontraba a los pies de mis instintos naturales y con un solo objetivo en mente el cual era la justicia. En mis cuatro patas corrí rápidamente hacia la taberna dejando toda mi humanidad atrás, de un salto atravesé la puerta y dirigí mi mandíbula a la yugular del regordete amenazante, fue cuestión de segundos para que mis colmillos perforaran la suave y grasienta piel aunque a su vez este en un acto reflejo enterró su pequeño cuchillo en mi lomo, al sentir esto acabé con la vida del pobre en un santiamén. Ahora era turno de sus amigos, uno por uno iban a caer no me importaba el modo, sumergido en odio y repudio comencé a rodear a aquellos maleantes, analizando de qué manera sería mejor matarlos lo cual me fue difícil pensarlo ya que en estado salvaje pensar no era lo que más me caracterizaba, me abalancé sobre uno para morder su rostro y así desfigurarlo por completo hasta que no pudiese más, mientras tanto el otro había salido huyendo por la puerta de atrás, así que lo dejé escapar sin darle importancia alguna.

Mi trabajo estaba hecho en aquel lugar, salí de la taberna rápidamente y me dirigí nuevamente hacia el oscuro y desolado callejón donde hallaba la paz para volver a mi forma humana. “¿Qué cojones me pasa?” dije frotándome el rostro con desesperación “he utilizado mi transformación e aniquilar dos tipos totalmente débiles en un lugar público” al hacerme ese planteo me había olvidado el porqué de mi actuar, todo había sido para salvar el pellejo de aquella mucha que estaba siendo tratada muy injustamente. Del callejón volví a la esquina de la calle donde se encontraba la taberna para mostrar disimulo en caso de alguna aparición extraña, los gritos de horror se escuchaban dentro y la gente comenzaba a salir del miedo, entre toda aquella multitud esperé ver a la joven sana y salva.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Mar Mayo 10 2016, 16:32

"No es tan simple el olor que portas…y lo sabes"

Aquellas palabras resonaban en mi cabeza como si de un eco se tratara. ¿Posible era que aquel hombre hubiese descubierto mi naturaleza vampírica?... No, imposible, nadie podía saberlo, y menos aquel chico el cual ni siquiera era capaz de poder ver mi rostro bajo la capucha, solo basarse en un olor proveniente de mí. Le miré a los ojos y aquellos reflejaban seguridad, como si de verdad supiese de lo que hablaba, como si pudiese distinguir a vampiros solo con olerlos. Supongo que por esa razón fue por la que me puse tan sumamente nerviosa que comencé a pensar en hipótesis estúpidas y soltar por la boca comentarios sin sentido que tuviesen que ver con los deseos de los hombres a partir de ciertas edades.

La cara del joven era un poema mientras yo hablaba. Desde luego le había dejado completamente confuso con mis comentarios, pero más confusa me dejó él a mí cuando acabó con los 3 hombres que querían quitarle el sitio en la mesa. Cuando se salió fuera no pude evitar pensar:

"Vaya, tanta pelea por sentarse en la mesa y al final coge y se va..."


Lo que pasó después... bueno, ya lo he escrito antes y como que me da mucha pereza volver a contarlo con puntos y señales, así que resumidamente: Chica se levanta, hombres la ven y uno de ellos la empieza a sobar, chica le estampa un vaso en el ojo y sale en busca del chico rubio, cuando la chica sale los hombres la vuelven a meter dentro a base de golpes, un par de ellos la agarran y el bastardo del ojo sangrando se acerca a ella con un cuchillo con intención de dejarla tuerta.

Ahora volvemos a la historia bien contada:

Aquello parecía el fin para mí, o por lo menos para mi vista. El cuchillo se acercaba y el pánico se apoderó de mí en cierto momento por lo que un grito desgarrador surgió de mi garganta eclipsando todo el bar. Empecé a remover la cabeza ya que aún la tenía libre y con ese movimiento el cuchillo me rasgó la sien derecha dejándome así un pequeño corte superficial que manaba apenas un par de gotitas de sangre. Los hombres se divertían, y a lo lejos pude ver a la camarera de antes reírse más que cualquier otro que hubiese dentro de la taberna. Aquella mujer disfrutaba de verdad con aquel espectáculo, pues estaba claro que no le gustaba nada que hubiesen más chicas en su propiedad. Quería a todos los hombres para ella.

Volviendo al drama, aproveché mi movimiento de cabeza parta tratar de clavarle los colmillos a uno de los dos hombres que me agarraban de los brazos, pero fui demasiado lenta, pues un 5º hombre se unió a los que agarraban mis extremidades para mantener mi cráneo firme mientras volvían a tratar de sacarme los ojos. Cuando el cuchillo estuvo a menos de 5 centímetros de mi retina sentí que lo mejor sería ir concienciándome de que tendría que empezar a vivir una vida de ceguera entre penumbras, así que cerré los ojos con fuerza esperando el dolor.

Pero en vez de eso se escuchó el sonido del cuchillo caer al suelo. Cuando abrí los ojos vi a un enorme lobo negro morderle la yugular al infeliz que quería cegarme. Cuando el animal acabó con su primera víctima tuve un par de segundos para poder mirarle a los ojos y descubrir que ya había visto aquella mirada, y más aún, ya había olido antes aquel aroma. Todo el mundo entró en pánico y empezaron a gritar, entonces aproveché esta situación para soltarme de mis opresores. El lobo atacó a los que me agarraban las piernas y yo conseguí soltarme y golpear con fuerza a los que me sujetaban los brazos. A pesar de ser brujos y conseguir utilizar su magia para oprimirme no tenían demasiado aguante, por lo que mis golpes fueron suficientes para que me dejasen libre por completo. Una vez se reanimaron de los golpes uno de ellos observó al lobo y el otro a mí, por lo que no fue complicado deducir que tratarían de paralizarnos, solo que yo no iba a permitirlo.

Con rapidez saqué mi Chakram y lo lancé consiguiendo cortarle la cabeza a uno de ellos y al otro hacerle un corte mortal que le atravesaba el pecho, solo era cuestión de minutos que falleciera. Miré a mi alrededor. El lobo había arrasado con los borrachos maleantes dejando el suelo pleno de heridos y cadáveres.

Una vez el animal se despidió del lugar, la camarera unida al resto de clientes salieron despavoridos y gritando por la carnicería que allí dentro se había producido. Ya nadie se fijaba en mí, ya nadie se acordaba de que apenas hacía unos minutos habían estado a punto de dejar ciega a una chica. En ese momento la gente solo podía recordar que un terrible lobo negro había entrado para matarlos a todos.

Estaba sola en aquella taberna, me había quedado petrificada. El olor a sangre invadía mis fosas nasales y aumentaba aún más mi sed. Podría haber bebido la sangre de cualquiera de los hombres que había ahí tirados a punto de morir, pero no deseaba hacerlo, no en aquel momento. Por un lado el desfogue de adrenalina me había dejado sin poder mover siquiera un músculo, y por otro lado miles de pensamientos se entrecruzaban por mi cabeza.

Tras un rato conseguí acordarme de respirar y de que debía salir de ahí cuanto antes, por lo que limpié mi Chakram con un trapo que había en la barra del bar y lo guardé de nuevo escondiéndolo bajo la capa. Caminé hacia la puerta observando mi reflejo en los cristales de las ventanas: Mi cara se encontraba adornada con el corte en la sien, un moratón en la mejilla y otra herida en la comisura del labio, la cual no podía vislumbrar si era grave o no debido a la cantidad de sangre que la manchaba. Mi pelo se mostraba enredado cayendo sobre mis caderas a la vez que mis ropas habían sido roídas por los momentos que me había tenido que arrastrar por el suelo.

"Dios mío, vaya cuadro"

Cuando salí el frío soplo del viento acarició mi rostro y aquello hizo que me sintiese más aliviada. Giré la mirada encontrando al chico rubio en la esquina del lugar y me acerqué a él con naturalidad, como si no hubiese pasado nada ahí dentro, como si en aquel momento no pareciese una lisiada maltratada. Le miré a la vez que apoyaba mi espalda contra la pared de piedra.

- No te vas a creer la fiesta que te has perdido ahí dentro
- le sonreí- aunque bueno, supongo que realmente no te la has perdido ¿no?, de hecho has sido uno de los protagonistas.

Continué sonriendo y tras ese comentario le dejé bastante claro que sabía que él era el lobo. Además, si no fuese él ¿Por qué aún seguía allí después de haber visto a todo el mundo salir despavorido del lugar? Las piezas encajaban, y el olor aún más. Incluso su mirada era la misma, aunque en aquel momento parecía más perdido, e incluso arrepentido.

Deduje que al igual que yo acababa de descubrir que él era un lobo, él ya debía saber que yo era una vampiresa, de hecho estaba segura de que él lo sabía desde hacía mucho más al recordar su comentario en la taberna.

- Te debo un ojo... o los dos... o la vida. Bueno a ver, seguramente se me hubiese ocurrido algo y podría haber salido de esa situación yo solita pero...
- Miré de reojo al techo mostrándome pensativa y acabando por deducir en mi cabeza que posiblemente no habría logrado salvarme- En fin.... que estoy en deuda contigo, aunque si me permites la pregunta. - Le miré fijamente a los ojos- ¿Por qué lo hiciste?. No es que no esté agradecida ni nada por el estilo pero, es cuanto menos gracioso que un lobo ayude a un vampiro. Me refiero a que nuestras razas se odian, o bueno, eso se supone ¿no?

De pronto un ruido de casquetes llamó mi atención y me asomé descubriendo a los guardias acercarse a la taberna seguidos de varios testigos que les comentaban lo que había pasado. Solo era cuestión de minutos que investigasen los alrededores y nos pillasen.

- Oh no. Tenemos que irnos de aquí si no queremos meternos en más problemas
. - Sin pensarlo dos veces le cogí de la muñeca- Sígueme.

Ni siquiera le di oportunidad, pues comencé a tirar de aquel chico corriendo por las desiertas y oscuras calles de Lunargenta hasta llegar a una pequeña casa no demasiado lejana. Una vez allí abrí la vieja puerta de madera metiéndonos a ambos dentro. La casa se mostraba por dentro bastante distinta a como era por fuera, pues exteriormente pretendía ser una morada arreglada y bien cuidada mientras que por dentro se encontraba llena de polvo, suciedad y algún que otro bicho, así que era bastante obvio que estaba abandonada.

- No creo que se atrevan a buscarnos aquí así que se podría decir que estamos a salvo. Pocas personas saben que la casa por dentro está abandonada. Por cierto.
- Le miré a los ojos fijamente sonriendole con dulzura- Gracias.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Miér Mayo 11 2016, 05:09

Aquella taberna en la que anteriormente había acabado con la vida de dos borrachos así sin más intentando salvar la vida de una mitica joven que  recién conocía, parecía ahora mismo una carnicería desoldada de vida ya que la gran masa que residía allí había salido huyendo por el terror inculcado de dicha matanza.

Yo me encontraba en la entrada de está esperando a ver el rostro de la muchacha, el cual había observado unos pocos segundos ya que apenas le sacaron la capucha cayó al suelo, lo cierto es que no recordaba mucho de lo ocurrido en mi forma lupina, así que cuando ella salió de allí dentro quedé encandilado con la belleza juvenil que esta portaba en aquel rostro, tenía labios muy finos y en la comisura de ellos un pequeño corte, ojos intensos color rojo fuego y su tono de piel era blanco cual copo de nieve; así que no pude evitar mirar de arriba hacia abajo apreciando su porte.

Al verla salir y acercarse a mí pude notar que había descubierto algo que me involucraba, algo de lo que no estaba muy orgulloso pero aun así no era desagradecido con las virtudes que me otorgaba, cuando habló hizo alusión en un comentario a que yo había sido uno de los protagonistas del suceso.

-No sé de qué me estás hablando…- dije en voz baja intentando parecer disimulado, hasta que me percaté de que ella podía sentir mi aroma y este era mismo que cuando estaba transformado en lobo, así que cerré los ojos- Sé que no puedo engañarte por que ya me has olfateado- comenté resignado por completo. Miré hacia los costados tratando de vislumbrar a alguien que fisgoneara para que no se enterase de mi secreto -¿Podrías bajar la voz?- dije algo exaltado y apretando los dientes.

Escuché el resto de sus palabras aunque debido a mis nervios porque me pillasen solo capté “estoy en deuda contigo” y “¿Por qué lo hiciste?”, aun mirando a ambos lados y envidando la tranquilidad de ella respondí a sus palabras –No estás en deuda de nada, con que no divulgues lo que has visto me es suficiente- su pregunta me dejo totalmente al descubierto ¿Por qué lo había hecho? Sabiendo que se encontraba en tal situación y estando allí no podía quedarme de brazos cruzados –Solo lo hice porque no era justo…nada más- comenté tratando de dibujar la respuesta para que no pareciera tan dramático.

Golpeteos de herraduras comenzaron a resonar en las calles de adoquines, la patrulla de acercaba y nosotros estábamos en la escena del crimen, si no nos movíamos de allí probablemente nos interrogarían u descubrirían. En ese momento mi reacción fue lenta pero suerte que tenía la compañía de la joven para espabilarme y llevarnos a la fuga, con su mano pequeña y fina tomó la mía curtida por el cabo de la espada  y los cortes de las peleas, salió disparada cual rayo hacia una dirección totalmente desconocida para mí pero al parecer familiar para ella.

Luego de seguirle el ritmo hasta destino, me topé dentro de una casa atrofiada y abandonada ¿Cómo rayos conocía este lugar? ¿Cómo había terminado allí sin darme cuenta? Aquellas preguntas bombardearon mi pensar dejándome completamente exhausto –¿cómo es que conoces este lugar?- pregunté a la joven algo extrañado y expectante. El refugio parecía caerse a pedazos por el pasar de los años, pero de todas formas eso no importaba ya que la función que debía cumplir la cumplía. Me comentó que  poca gente sabía del abandono de esta casa y en ese comentario sonrió de una manera que yo en particular no solía ver seguido, era una mezcla de agradecimiento con ternura, dulzura y todas esas cosa que solían hacer bien al corazón.

Rasqué mí nunca y sonreí algo ruborizado ya que hacía tiempo que no me agradecían con una sonrisa tan particular –Pues supongo que…. ¿De nada?- dije titubeando. Cuando me encontré un poco menos perdido comencé por aclarar todas mis dudas –Disculpa la intromisión… pero sabiendo que eres vampira ¿Por qué coño no hiciste trizas a esos borrachos? Estoy seguro de que podrías haberlo hecho fácilmente- dije mientras observa su rostro con detenimiento, de este caía una gota de sangre proveniente de su comisura la cuál procuré limpiar involuntariamente.

-Por cierto ¿Por qué cubres tu rostro con una fea capa? Probablemente  si te viesen sin ella algunos se hubiesen arrepentido de haberte confundido con un hombre – dije mientras palpaba mi costilla intentando cortar un dolor proveniente de ella, no podía mostrar debilidad alguna en aquel momento y menos con alguien que acababa de conocer –Por cierto ¿Cuál es tu nombre? No creo habértelo preguntado antes –dije riendo intentando desviar la atención de lo otro.

Sin darnos cuenta seguíamos tomados de la mano, la mía se encontraba aferrada a la de ella como si no quisiera soltarse, pero al instante de darme cuenta la solté para no quedar como un pesado ante la dama.


Última edición por Hvitsärk Haraldsson el Jue Mayo 12 2016, 19:08, editado 1 vez
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Miér Mayo 11 2016, 19:13

Cuando aquel chico trató de negar que era el mismo lobo negro que acababa de entrar en la taberna no pude evitar mirarle con obviedad a la vez que apretaba los labios de forma involuntaria. Al final no le quedó más remedio que admitir que él era mi salvador, ya que había quedado bastante claro que su olor le había delatado.

Mientras le comentaba que estaba en deuda con él y le preguntaba por qué había hecho aquello por mí, no pude evitar darme cuenta que aquel tipo ni siquiera me estaba mirando, pues no paraba de mirar a los alrededores con confusión, como si de un niño pequeño se tratase. Me respondió con sequedad y pasotismo, como si en aquel momento lo que menos le importase era que una chica le estuviese hablando de movidas que no le importaban una mierda. Dado que aquella actitud me molestaba le cogí el rostro posando sus ojos sobre los míos y devolviéndole a la conversación.

- Oye, es de mala educación que no mires a la gente cuando te habla.


Esperé su respuesta, pero nunca llegó porque el sonido de los soldados cabalgando comenzaba a acercarse a nosotros. Sin perder tiempo cogí al hombre lobo de la mano y tiré de él con fuerza obligandole a seguirme corriendo. Tuve miedo de que me retrasase, pero por lo contrario aquel chico era bastante veloz, al igual que yo, por lo que en menos de 5 minutos llegamos a nuestro objetivo. Una casa de aspecto arreglado y curioso por fuera y por dentro un completo abandono. Una vez dentro suspiré aliviada y sonreí al rubio con simpatía.

- Uff... por los pelos.


Cuando le agradecí de corazón su amabilidad al salir a ayudarme en la taberna noté que su actitud hasta el momento algo seria y arisca cambiaba y se mostraba algo más tímido, tanto fue así que su respuesta sonó titubeante y entrecortada. Posteriormente preguntó lo obvio, si yo era vampiresa ¿por qué no me había quitado a aquellos hombres de encima. Aquello me hizo morderme el labio inferior y de pronto sentí que el chico se acercaba a mí con naturalidad tratando de limpiar la sangre que manaba de la comisura de mis labios, hecho que me sorprendió a la vez que me avergonzó.

- Bueno, la verdad
- Bajé levemente la mirada intimidada por aquellos ojos celestes - Verás, es gracioso porque a pesar de mi raza estoy en contra de la violencia por lo que solo recurro a ella si es estrictamente necesario. Cuando aquellos tipos me tiraron al suelo me pillaron por sorpresa y para cuando estaba dispuesta a comenzar a defenderme en serio dos brujos utilizaron su magia para inmovilizarme por lo que no me dio tiempo a sacar mi arma - recordé de pronto el disco que llevaba escondido bajo mi túnica y con una expresión de sorpresa lo saqué y se lo mostré- Mira, te presento a mi Chakram. - sonreí- Si no fuera por él no creo que siguiera en el mundo de los vivos.

Parecía una niña pequeña presentándole a mi arma como si de una persona de carne y hueso se tratase, aunque aquel objeto era mucho más importante para mí que la mayoría de seres vivos que conocía. El hombre lobo acabó por preguntarme el por qué de mis vestimentas masculinas y aquella capa que me cubría el rostro.

- Pues precisamente me las pongo para eso mismo, para hacerme pasar por un hombre.
- Reí (si, soy muy risueña)- Digamos que una taberna en los días que corren no es el mejor lugar para que vaya una chica sola, así que trato de encubrir mi apariencia de esta forma. No me gusta llamar la atención, y vestida así normalmente nadie se fija en mí y me dejan tranquila - le volví a mirar con curiosidad- Aunque claro está, alguna vez  hay excepciones como la de hoy.

De pronto el joven miró hacia abajo y yo hice lo propio descubriendo que después de todo el tiempo que llevábamos ahí aún teníamos las manos cogidas. Al verlo y sentir que el chico me soltaba la mano con cierta apresuración no pude evitar soltar una leve risita mientras me llevaba la mano a la boca, como intentando ocultarme.

Descubrí que a pesar de que el semblante del joven se mostraba natural e intrigado hacía mí había de vez en cuando un gesto en su rostro que reflejaba incomodidad. De pronto reparé en que su mano se encontraba posada sobre sus costillas y deduje que quizás aquella parte de su cuerpo le dolía. Me apresuré a acercarme a él, pero debía tener cuidado. Estaba claro que no podía pedirle que se quitase la camiseta para verle la herida  cuando apenas nos acabábamos de conocer y no estaba segura al 100% de si aquel chico estaba herido.

- ¿Te encuentras bien?
- Miré al sofá que había tras de nosotros- Deberías tumbarte y descansar. Seguro que estás hambriento. Buscaré a ver si alguien ha dejado algo de comer aquí dentro.

Me dirigí a la cocina y abrí varias puertas de diversos armarios hasta encontrar en una de ellas un par de conejos muertos. Los cogí y los olisqueé para comprobar si eran comestibles. Para mi sorpresa y fortuna no llevaban ahí más de 1 día, por lo que deduje que algún grupo de bandidos se habían reunido en aquella casa esa misma mañana para planear algún saqueo o para escapar de la autoridad.

- Estás de suerte, espero que te guste la carne de conejo.


Con rapidez y agilidad empecé a desollar a uno de los conejos y atravesarlo con un palo desde la boca hasta.... bueno, hasta el final. Me daba pena el animalito, pero así era la cadena alimenticia. Me dirigí posteriormente a la chimenea y tras encender el fuego coloqué el palo con el animal sujeto sobre las llamas a una distancia prudente para que no se quemara.

- Ahora a esperar -
le dije sentándome a su lado en el sofá. A pesar de todo seguía preocupada por la salud de aquel chico, y más aún me sentía culpable de cualquier daño que le hubiesen causado.- Oye... se que acabamos de conocernos pero si estás herido y tanto te molesta la herida como para no poder dejar de tocarte el costillar yo podría curarte... si me dejas claro. - De pronto di un sobresalto-  Por cierto, se me olvidó decírtelo antes. Me llamo Dahlia, encantada de conocerte. - le sonreí de nuevo- ¿Y cuál es, si puede saberse, el nombre de mi héroe de la noche? Además ¿Qué hacía un chico como tú en una taberna como aquella a estas horas?
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Jue Mayo 12 2016, 20:09

Justo después de ver como bajaba la mirada prosiguió a responder la pregunta que le había hecho hacía un rato, lo cierto es que con cada pregunta que respondía me sorprendía cada vez más  y este fue el caso; resultaba ser que ella odiaba la violencia y por eso no se había defendido, esto me parecía muy extraño ya que el común denominador de su especie solían ser vástagos despreciables y amantes de la violencia.

Luego de escuchar sus palabras coloqué la mano en su hombro- Es bueno escuchar eso de alguien de tu raza, eres la segunda persona que conozco portadora de esa cualidad y que está en contra de lo violento- dije mientras le dedicaba una sonrisa. En ese lapso de segundos tomó una especie de hoja circular muy afilada y me la mostró con un pequeño gesto de admiración hacia ella –Parece bastante afilada, probablemente hubiera degollado muchos cuellos si te o hubieras propuesto- comenté riendo, tomé así el cabo de mi espada y la desenvainé con orgullo –Pues esta es mía, así como la vez fue el verdugo  de muchos maleantes rastrero- cuando de armas y peleas se trataba mi interés era pleno.

Presté total atención mientras habló del porqué  buscaba ocultarse, lo entendí perfectamente ya que en estos tiempos y visitando dichos lugares, sería bastante peligroso para una dama como ella arreglárselas para no llamar la atención y que fue acosada por así decirse. Me resultaba imposible observa la finura de sus labios al hablar, así que en casi toda la conversación miré sus boca como si me tuviera hipnotizado –Es una lástima que prefieras que nadie se fije en ti, ya que si permitieras  eso podrías tomar ventaja y salirte con la tuya, de hecho yo pude darme cuenta así sin más que eras una mujer, no me pregunte por qué ya que ni siquiera me imaginé que hubieses sido un hombre- dije mientras reía.

Al transcurrir el tiempo mi costillar derecho comenzaba a pasarme la factura de la puñalada que había recibido en la taberna, este agudo dolor me doblegaba casi por completo, era tal este acongojo que ni siquiera mi orgullo lupino podía disimularlo; fue tal la falta de disimulo que ella se había dado cuenta. Al notar mi sufrimiento la joven me invitó a que me sentara en un viejo sofá que se encontraba allí, sin dudarlo asentí con la cabeza  y tomé asiento en aquel sillón, luego de haberme preguntado si tenía hambre se dirigió a la cocina en escuchar mi respuesta y comenzó a despellejar unos conejos que se encontraban allí. Me preguntó si me gustaba la carne de conejo y  sin duda alguna le contesté –Claro que sí, un conejo es una comida muy preciada en la dieta de un Licántropo-dediqué con aquella frase una sonrisa y me dispuse a esperarla.

En una santiamén puso a cocinar los conejos sobre una pequeña cocina que improvisó-¿Se te da muy bien la cocina verdad?- pregunté aun así sabiendo la respuesta, luego de haber puesto la carne a cocinar tomó asiento junto a mi preguntando algo tímida si quería que le curase la herida, probablemente sabía más que yo de cómo tratar cortes u golpes así que sin duda y pudor alguno retiré mi cota de cuero quedando así con el torso al descubierto.

Una vez en con el pecho al aire tomé su mano y lentamente la coloqué sobre mi herida –Es aquí- dije con un suspiro de dolor entre dientes -¿Crees que puedes hacer algo temporal?- pregunté finalmente. No dudaba que también tuviese la habilidad de sanar ya que por lo visto era una muchacha habilidosa y sobretodo carente de maldad, eso no quería decir que no tuviese lo suyo propio del vampirismo.

A todo esto opté por quedarme callado y observar su actuar.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Vie Mayo 13 2016, 01:22

Me pareció curioso que fuese la segunda persona de raza vampírica que conocía que estuviese en contra de la maldad o de hacer daño. Me intrigó bastante averiguar quién sería esa segunda persona. ¿Acaso conocía a Bio?. En seguida descarté esa opción ya que él vivía en Sacrestic Ville y sería demasiada coincidencia que de entre todos los millones de vampiros que existían conociese al mismo que yo.

Cuando le mostré mi Chakram mencionó que si lo hubiese deseado podría haber degollado a mucha gente. Ante aquel comentario solté una risita nerviosa, ya que justo después de que se fuera de la taberna aquello era exactamente lo que había hecho. Recordé a los pobres idiotas que habían perdido la cabeza literalmente después de mi lanzamiento de Chakram. Volví a mirar al rubio y decidí que sería mejor no comentarle nada de mi ataque, pues tampoco me enorgullecía de matar gente. Entonces sacó una espada y la desenvainó mostrándome su plateada y cristalina hoja.

- Es una gran espada. Espero que no la utilices contra mí - reí- Ya bastantes problemas he tenido por una noche.


Al notar su dolor en su costado le pedí que se sentase, esperé la típica lección de superioridad y que se negase a hacerlo por puro orgullo, pero para mis sorpresa cedió y se sentó. Al hacer aquello pude darme cuenta de que de verdad le dolía y que bajo sus ropas debía haber alguna herida grave.

"Lo que es seguro es que está sangrando"


El olor de su sangre era cada vez mayor, por lo que supe que debía ser tratado cuanto antes, pero no le quería agobiar, y es por eso mismo que me puse manos a la obra a cocinar los conejos. Mientras lo hacía le fui respondiendo a su pregunta sobre el por qué de ocultar mis rostro, a lo que él luego añadió que podría utilizar mi propia cara a mi favor. Al principio no lo entendí. ¿Acaso aquel chico pensaba que yo era guapa?

- No entiendo exactamente como podría aprovecharme yo de mi físico - me giré mirándole cuando terminé de poner los conejos al fuego- De todas formas, en el supuesto y extraño caso de que eso funcionara no podría... es decir, no me sentiría bien haciendo algo así, me parece demasiado rastrero
- Me sorprendí cuando dijo que él nunca había pensado siquiera que yo podía ser un hombre - Pues... eres el único que no lo ha pensado. Igual tengo que empezar a mejorar mi disfraz o ocultarme mejor. - Tras aquello hizo una leve pregunta-afirmación de si yo era buena cocinera, a lo que me encogí de hombros- Pues, supongo que para ser vampiresa y no comer lo hago bastante bien jajaja digamos que tuve una época en la que me obligaban a cocinar y ser una criada en una casa... claro que luego los dueños intentaron matarme y tuve que huir.

Me senté a su lado en el sofá. El chico seguía apretándose el costado, y aunque él no lo sabía ese gesto estaba haciendo que su sangre manase más y aquello fuese a peor. Angustiada por la situación le hice la petición de que me dejase ver la herida, y él aceptó sin problema quitándose su armadura de cuero dejando al aire su fibrado cuerpo.

A pesar de la belleza del chico apenas me fijé en él, pues mi mirada estaba puesta en la herida que tenía en el costado. Aquello pintaba muy mal. Al parecer le habían clavado muy profundamente algo afilado, posiblemente un puñal o un cristal. Lo observé con detenimiento y deseché la idea del cristal ya que no tenía restos. Entonces el olor a sangre me invadió aún más las fosas nasales y yo no pude evitar soltar un leve suspiro de placer al notar ese olor tan cerca de mí.

"Dioses Dahlia ¿Hace cuánto que no bebes?


Hacia ya tres días. Entre unas cosas y otras no había podido ir a cazar ni beber sangre y me moría por una gota de aquel rojizo y espeso líquido que vertía de él. Pero de pronto volví a la realidad y me decidí a ayudar a aquel chico sin dejarme llevar por mis impulsos.

- Vamos a hacer una cosa
- Cogí su mano y la puse sobre su espada ya desenvainada- Supongo que es normal que no te sientas muy seguro cerca de una vampiresa que acabas de conocer así que si tienes tu espada a mano te sentirás con más confianza hacia mí. De este modo podrías defenderte con rapidez si pasa algo.

"O si intento comerte"

Me levanté y fui a la cocina de nuevo. Cogí un pequeño cubo que había lleno de agua, un paño y limón. Me acerqué a una mesa y tras abrir varios cajones encontré aguja e hilo. Me giré y volví hacia el hombre lobo con los utensilios. En un principio me arrodillé en el suelo a la altura de su costilla mientras él permanecía tumbado en aquel viejo sofá. Corté el limón y lo exprimí sobre el pequeño cubo de agua para posteriormente limpiarle la herida con aquel líquido. A medida que acariciaba la herida con el paño y volvía a meterlo en el cubo, el líquido se iba tornando de un rojizo claro mientras yo tragaba saliva.

- Perdona si escuece...

Tras limpiar la herida y ver por completo la forma del corte descubrí que por la profundidad lo mejor era dar puntos. Dado que la herida estaba mucho peor de lo que parecía miré al chico con preocupación. Me levanté y acerqué una vela hacia nosotros mientras colocaba la aguja sobre esta. No sabía si el chico estaba deduciendo lo que iba a pasar, pero desde luego no iba a ser agradable.

- Esto te va a doler, pero ayudará a que cicatrices antes y no se infecte la herida
-  Me quité la capa dejando entrever aún más mis ropas masculinas y negras y se la tendí sobre las manos- Muerde esto si te hace sentir mejor. - Comencé a coserle y se me ocurrió preguntarle algo para intentar evadirle de aquella situación- Por cierto, antes no me respondiste. ¿Cuál es tu nombre? ¿Y qué hacías en aquella taberna a estas horas?

Mientras continuaba cosiéndole con cuidado y agilidad la herida. Intente hacerlo lo más rápido e indoloro posible para que pasase pronto lo peor. Mientras lo hacía el olor a sangre me estaba matando por dentro haciendo que me ardiese la garganta, por lo que no podía evitar jadear mientras cosía, como si acabase de correr durante 3 horas seguidas. Una vez acabé de curarlo le miré con lástima.

- Lo siento mucho por esta tortura. Pero lo peor ya ha pasado.

Cogí las vendas y ayudé al chico a sentarse mientras le vendaba la herida con precisión, tratando de no apretar demasiado. Una vez terminé sonreí al ver al chico con medio cuerpo cubierto por aquella tela blanca.

- Felicidades, eres una momia.


De pronto recordé los dos conejos que se estaban asando al fuego y corrí para apartarlos y comprobar que ya estaban hechos. Con cuidado de no quemarme los troceé y puse la carne sobre un plato para luego acercárselo al rubio.

- Que aproveche.


Miré el plato deseando poder comer aquello y que me llenase saciando mi hambre y mi sed. Pero no, hacía ya un par de años que la comida de verdad no me llenaba y no me hacía sentir nada. Los sabores no eran nada para mí y solo podía conformarme con el olor de aquellos manjares, los cuales tampoco me transmitían prácticamente nada. Solo el olor y el sabor de la sangre podía ayudarme a dejar atrás aquel interno sufrimiento.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Dom Mayo 15 2016, 19:25

Aún no podía asimilar como era que me hallaba en tal situación con tales condiciones, realmente no lo estaba pasando mal con aquella compañía la cual era bastante agradable para ser un vampiro, lo único que impedía el total agrado del momento era la herida que me acongojaba por dentro y por fuera. Anteriormente al agudizo del dolor, con Dahila nos habíamos enseñado mutuamente las armas que nos acompañaban en nuestras travesías, luego de ella haberme enseñado su chakram torné a enseñarle mi espada y al hacer esto noté en su rostro una mueca de desconfianza y con ella comentó “espero que no la utilices conmigo”.

Sonreí a este comentario y respondí -¿realmente crees que podría usarla contigo? Probablemente hace un tiempo atrás la hubiera utilizado apenas olfatearte, pero ya no soy así debido a que alguien de los tuyos logró hacer que me diera cuenta de que no todos son vástagos chupasangre-

¿Realmente creía que podría atacarla luego de haber sido tan gentil conmigo?

Ese pensamiento perduró en mi consciente durante varios minutos, hasta que logré ver una mueca instintiva en su rostros que al parecer lograba alterar su armonía interior, la sangre que estaba emanando mi cuerpo le atraía de sobre manera y no podía culparla por ello ya que es algo natural casi imposible de controlar para alguien de su raza; de hecho me tenía asombrado la capacidad de aguante que ella tenía para con su instinto.

-Tranquila…se lo difícil que es controlar esa corazonada interna proveniente del instinto, puedo notar tu sed de sangre pero sé que no lo harás- dije mientras observaba como trataba de desviar la atención terminando de cocinar los conejos. Realmente después de mi último encuentro con una vampiresa había cambiado casi por completo mi óptica hacia ellos, en vez de atacarlos así sin más procedía a observar su comportamiento, esto no quería decir que en el fondo no odiase a algunos con toda la rabia de mi corazón.

Volvió a tomar asiento en aquel sofá y comentó que no había terminado de entender aquella pregunta de “¿Por qué no tomaba provecho de su belleza?” –A lo que me refiero con aprovechar de tu físico es que podrías conseguir muchas cosas tan solo con ser bonita-dije para luego escuchar su explicación de por qué no lo utilizaba.

¿A caso los que le veían eran ciegos o tenían problemas de vista?

Pensé para mis adentros acabando por decírselo –Pues todos han de ser unos ciegos, porque para no notar ese “resplandor” femenino que portas hay que ser realmente ciego- rasqué mi cuello y escuché el pequeño resumen de su historia que había comenzado a comentarme. Al parecer sus era criada de una familia y había tenido que huir de ellos- No puedo entender como no acabaste con sus vidas…luego de haberte tenido como esclava- negué con la cabeza y culminé por contestar-Siéndote sincero…yo habría acabado con ellos a la primer orden que me hubiesen querido dictar-.

Al rato me encontraba con el torso al descubierto y con la joven observando mi herida ¿Cómo tendría pensado sanarme? Pensé, en eso Dahlia buscó aguja e hilo y una pequeña rodaja de limón –Tengo el presentimiento de que sabes lo que haces…por eso te entrego mi herida- dije riendo mientas veía su seguridad a actuar. En ese mismo instante tomó mi mano con delicadeza y la colocó sobre la empuñadura de mi espada con el fin de que me sintiera más seguro, completamente confiado de lo que hacía retiré mi palma de aquel cabo –Confío en ti a pesar de que te apenas te conozco…no creo sentirme más seguro sosteniendo mi espada- sonreí y culminé diciendo –Estoy en tus manos-

La vampiresa prosiguió a curarme la herida dándome una de sus prendas para que la utilizara como objeto canalizador de mi dolor, luego de esto se arrodilló exprimiendo el limón en mi herida para así limpiarla con un trapo húmedo. Noté que para desviar mi atención de aquel intenso momento preguntó por mi nombre –Me llamo Hvitsärk, un gusto- dije sonriendo y a la vez haciendo una mueca de sufrimiento al sentir las puntadas de la aguja.

Finalmente luego de terminar con aquel calvario me vendó y sin escuchar nada debido al agobio del dolor le agradecí- Gracias por todo- dije mientras me caía al suelo sobre ella, me encontraba realmente exhausto como para ponerme de píe así que sin molestarme seguí recostado sobre la vampira.

-Por cierto ¿que vas a hacer luego de todo esto? –pregunté curiosamente con mi cabeza sobre su regazo.

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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Lun Mayo 16 2016, 02:52

Continuó hablando de mis atributos femeninos, e incluso dijo la palabra "bonita" refiriéndose a mí. Al escuchar aquello no pude evitar hacer una mueca de extrañeza, como si no lo entendiera. Yo tuve una época pasada donde el mundo me veía así, donde era una muñequita bien vestida y peinada, pero esos tiempos quedaron atrás, y así esperaba que siguiese siendo para siempre, por lo que preferí no decir nada y continuar con mi tarea.

Cuando le conté que estuve trabajando de criada el joven se rascó el cuello casi sin comprender. En verdad su impresión era bastante natural teniendo en cuenta que yo era vampiresa y dado que tenía más fuerza que cualquier humano podría haberme ido para siempre. Pero claro, yo en aquel entonces andaba demasiado perdida.

- Bueno... es difícil rebelarte cuando estás trabajando para tus padres
- le medio sonreí. - Fue hace unos 2 años. Me acababan de transformar en vampiresa y cuando mis padres se enteraron fui una deshonra para ellos por lo que morí como hija suya y me convertí en su nueva empleada. Así que aprendí a hacer muchas cosas.

La parte en la que maté a mis padres me la salté ya que no le veía sentido contarla en un momento así a un desconocido. Me puse manos a la obra con la herida, y cuando le ofrecí su propia espada el chico alegó que no iba a hacerme daño ya que confiaba en mí. Le miré durante un segundo antes de contestar.

- No deberías ser tan confiado sabes
- expliqué- Aunque hasta ahora no te haya hecho nada nunca puedes fiarte. Quizás esto sea un trampa, o alomejor estoy haciendo tiempo antes de que ocurra algo o venga más gente - De pronto sentí que se hacía un silencio incómodo y sonreí de nuevo- En mi caso no te voy a hacer nada ya que no me va demasiado lo de matar personas, aunque quién sabe que pasará dentro de unos años.

Llevaba demasiado poco tiempo siendo vampiresa como para estar segura de que siempre sería una buena chica que no mataría a traición a personas. Estaba casi segura de que la mayoría de gente de mi raza no empezarían desde el día 1 a asesinar personas por puro placer. El instinto vampírico se apoderaba de nosotros cada día más y yo por el momento aún sabía controlarlo pero ¿Cuánto tiempo podría soportarlo?

Empecé a curarle la herida con cuidado y cautela. Tenía mucha sed, pero mi concentración por curarlo era mucho mayor que mis ganas de descuartizarlo y matarlo. Increíblemente el chico aguanto el dolor sin quejarse y sin apenas mostrar signos evidentes del daño que le hacía. Por fin respondió a su nombre, pero no a cómo llegó a la taberna a pesar de habérselo preguntado dos veces en los últimos dos posts, pero bueno, por lo menos había dicho su nombre.

Se llamaba Hvitsärk. Al escucharlo pude ver en su rostro una leve sonrisa que rápidamente desapareció al sentir la aguja penetrando su piel de nuevo. Al escuchar su nombre lo registré en mi cerebro y le volví a devolver la sonrisa.

- Hvitsärk... qué nombre más bonito. ¿Estás seguro que no eres un elfo?


Reí tras ese comentario y posteriormente le terminé de vendar. Al rodearle el cuerpo con los vendajes pude sentir la calidez de su piel entre mis manos y fijarme por vez primera en su contorno y forma. Aquel cuerpo era ...¿Cómo decirlo? ¿Extraño? Yo jamás había visto el torso de un hombre sin camisa y aquello me pareció algo hermoso y prohibido de apreciar, aunque solo fuese ese momento en que le vendaba.

Cuando terminé el chico trató me lo agradeció y aquello me hizo exponer una cara de sorpresa. ¿Gracias?.... ¿Hacía cuanto que nadie me daba las gracias por algo? Intenté hacer memoria pero para entonces el chico intentó levantarse con tan mala suerte que cayó sobre mí quedando yo tumbada boca arriba y él encima de mí con su rostro a pocos centímetros del mío. Al abrir los ojos pude ver los suyos muy cercanos a los míos y por vez primera fijarme realmente en lo bonitos que eran. Me quedé helada y petrificada durante un segundo notando como el rubor invadía mis mejillas al encontrarme en una situación así. Estaba.... no sabía como estaba en realidad. ¿Tal vez asustada? ¿Qué debía hacer ahora? El chico reía mostrando así que desde luego él no lo estaba pasando mal, y de hecho aprovechó para tumbarse encima de mí preguntando algo que realmente no escuché. Ante aquel gesto por su parte no pude evitar dejarme llevar y empujarle con brusquedad hacia un lado a la vez que me levantaba a toda prisa.

Al ver a Hvitsärk en el suelo y darme cuenta de lo que acababa de hacer me empecé a tensar aún más. No paraba de cagarla y de mi boca no salían palabras debido a los nervios y al ambiente que yo sola estaba creando en mi cabeza. Quise ayudarle a recostarse pero por otro lado no me podía mover.

"Vamos Dahlia... haz algo"


- Yo.... lo.... lo siento, yo....
- Me acerqué dando pasos cual soldadito de plomo y conseguí agarrarle del brazo y tumbarle de nuevo en el sofá- Eh... me... deberías dormir. Yo me voy... osea no me voy para siempre, bueno no se... voy a cazar ahora vuelvo.

Caminé con torpeza tropezándome con una mesa antes de llegar a la puerta y conseguí salir. Una vez fuera respiré hondo y me di cuenta de lo tonta que acabaría de parecerle a aquel chico después de ese numerito que acababa de montarle. Sacudí a cabeza intentando centrarme y me dirigí a caminar por las calles de Lunargenta en busca de sangre. Encontré un gato callejero y comencé a seguirlo hasta entrar en un callejón. Una vez dentro me topé con un enorme perro negro que me ladraba con ansias de atacarme, lo cual me alegró la cara.

- Que suerte haberte encontrado.


Lo que pasó después, bueno, en resumidas cuentas me lo comí y dejé su cuerpo desangrado en el suelo para luego volver a la casa. Cuando llegué encontré al hombre lobo durmiendo plácidamente en el sofá. Le miré desde la puerta unos segundos para luego acercarme a él con cuidado y mirarle desde arriba con más atención. Observé sus mejillas, su piel, su alborotado pero atractivo pelo, sus manos entrelazadas sobre su bajo pecho. Era un chico extraño pero no parecía malo.

Me giré mirando a la ventana. Me habría gustado volver a casa pero faltaban pocas horas para el amanecer por lo que no podría llegar a tiempo, así que no me quedaría otra opción que quedarme allí. Me miré un segundo descubriendo la gran cantidad de sangre seca que había sobre mi ropa. Ya había estado en esa casa antes, así que sabía que de vez en cuando los bandidos dejaban allí algunas ropas por si las necesitaban. Me dirigí a otra habitación y efectivamente encontré algunos ropajes también oscuros y masculinos que podría usar para cambiarme.

- Perfecto.


Dado que el joven seguía durmiendo cogí un cubo grande de agua y lo llevé a la otra habitación. Antes de quitarme la ropa desconfié y me aseguré de que la puerta estaba bien cerrada.

"Vamos Dahlia, está dormido y en otra habitación...."


Decidí hacer caso a mi cerebro y comencé a despojarme de mis despojos (siempre he querido decir esa frase) y enjuagarme con el agua mi pálida y suave piel. Para cuando acabé me puse las nuevas ropas limpias que desgraciadamente me quedaban bastante grandes, así que tuve que cortarlas un poco y hacerles un apaño con cuerdas para que no se me cayeran. Vi mi reflejo en un cristal y efectivamente, estaba hecha un cuadro, parecía una especie de palo envuelto en una bolsa de basura, pero mi única respuesta a eso fue encogerme de hombros y que me diese completamente igual.

Me solté el pelo y dejé que este me acariciase la cadera cayendo cual cascada castaña. Cogí un peine y comencé a cepillarlo tratando de desenredar así los nudos mientras cantaba una nana que conocía de cuando era pequeña. A vez que pasaba el peine yo misma me iba aislando de aquel cuarto entrando así en un mundo de ensoñación mientras cantaba y sin darme cuenta había empezado a bailar dando vueltas por la sala mientras seguía entonando aquella dulce y bonita melodía

 Flores de abril Dilly Dilly rayos de luz
 Que más puedo pedir Dilly Dilly si me amas tú.
 Quiero saber Dilly Dilly, quiero volar
 Quiéreme a mí Dilly Dilly yo te amo a ti....


Melodía de la canción (Por si te interesa xD):

Yo continuaba balando imaginando que era una humana normal bailando en medio del bosque a plena luz del díacon un bonito y ligero vestido azul. De pronto un ruido estruendoso me devolvió a la realidad. Mi mente había vuelto a aquella casa vieja y llena de polvo sin luz solar. Suspiré mirándome descubriendo que el vestido azul ya no estaba y mi cuerpo lo cubrían aquellas ropas tan grandes, viejas y feas. Al verme no pude evitar reír al ser consciente de lo completamente soñadora que podía llegar a ser. Recordé el estruendo que había escuchado sin ser demasiado consciente si provenía de fuera o de la habitación donde dormía Hvitsärk. Abrí la puerta.

- ¿Estás despierto?¿Te encuentras mejor? Persona mi comportamiento de antes pero es que no sabía que hacer...


OFF: Dejo este final así de abierto para que puedas poner si sigues o no en el cuarto, si estás despierto o dormido, si hiciste tú el ruido o si estás haciendo el pino o lo que te de la gana jajajajaa
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Vie Mayo 20 2016, 19:31

Lo cierto es que cuando me comentó el porqué de su habilidad para todo este tipo de cosas me quedé algo sorprendido “¿Qué clase de padres podrían despreciar tanto a su hija como para volverla su sirvienta?” pensé completamente extrañado, automáticamente intenté de ponerme en su lugar y con el simple hecho de pensarlo podía ver claramente lo que debía haber padecido.

-No te culpo por actuar así, eran tus padres y probablemente tu amor o lealtad por ellos te inclinaba ante sus pies- suspiré profundamente y procedí a abrirme un poco –De hecho si yo hubiese tenido a mis padres probablemente hubiese hecho lo mismo que tu- esa era la pura verdad, solo que estaba completamente seguro de que a mis padres jamás se les haya cruzado por la cabeza el esclavizarme, además no tenían un por qué.

Observando su expresión facial pude notar una mueca de sorpresa al ver mi “casi total confianza” para con ella, a lo cual no tardó en comentar “no deberías ser tan confiado”, a esto solté una risa sarcástica -¿Realmente me vez cara de ser un tipo que confía en cualquiera?- dije negando con la cabeza- Siéntete afortunada ya que eres una de las pocas personas en quien deposito mi confianza- .

En mi interior sabía con claridad que ella no era del común denominador chupasangre, tenía un corazón bastante inocente y buenas intenciones, por eso no me alarmaba. En mi pensar se recalcaba el pensamiento de que era la segunda persona en su raza que rompía mis esquemas para con los chupasangre, la primera había sido Lyemin y ahora ella “¿Qué clase de vampiros eran esta dos?” pensé.

Respecto a la sanación de mi herida ella había sido muy sutil, ya que en plena costura me encontraba casi mudo, mientras lo hacía podía notar como Dahlia tragaba saliva haciendo notar su sed de sangre; no la culpaba ya que era su naturaleza. En un principio creí que para desviar la atención de aquella necesidad había bromeado con que mi nombre parecía elfo –Estoy seguro de que no soy un elfo…además ¿Tengo pinta de vivir en los arboles con una corona de flores en mi cabeza?- dije bromeando y con una sonrisa dibujada en mi rostro.

Sin darme cuenta me encontraba en el suelo recostado sobre ella “¿Tanta fuerza había perdido?” pensé, y justo en ese instante mi cabeza golpeo contra el suelo levemente debido a que la joven se había alejado algo nerviosa, pero inmediatamente me vio caer me recostó sobre el sofá y fue cuestión de unos minutos para que me quedase completamente dormido.

Pasaron las horas y un aroma a sangre junto con unos canticos algo extraños perturbaron mi sueño, estos provenían del baño donde al parecer Dahlia disfrutaba de una ducha, aún recostado en el sofá reí e intenté levantarme en busca de algo para comer; en el intento de levantarme caí contra el suelo emitiendo un sonido tosco y seco. Al instante me puse de pie y me dirigí hacia la cocina para buscar comida, la cual no encontré y por ende retorné al salón que daba al baño, en eso Dahlia asomaba su rostro por la puerta disculpándose por una actitud que no recordaba.

-No sé por qué me pides disculpas realmente…si dijese que fue por algo de seguro sería mentira- Dije riendo mientras volvía al viejo y cómodo sofá –Por cierto ¿Ya es de día? –pregunté mientras terminada de sentarme allí.

Torné a observarla detrás de la puerta mientras le hacía una seña para que tomase asiento junto a mi, podía vislumbrar que portaba nuevamente ropa masculina -¿Otra vez vistiéndote así? Por lo menos mientras estás conmigo trata de no usar esa ropa, porque me resulta un desperdicio de tu belleza- comenté riendo.

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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Sáb Mayo 21 2016, 20:39

Aquel chico era... extraño. Y no me refería a que fuese por el mundo con ropas raras, o diciendo cosas extrañas o con cientos de gatos colgados al cuerpo. Me refería a que él era un hombre lobo confiando en una vampiresa como yo, y ni siquiera me ofrecía ningún tipo de rechazo ni mirada desagradable, por el contrario sonreía bastante y aquello me desconcertaba en cierto modo. Yo de normal era una chica bastante risueña y carismática, pero muy rara vez me encontraba con gente similar, y mucho menos con jóvenes adultos.

Cuando comentó qué no era un Elfo e hizo un pésimo comentario sobre que no iba por los bosques con una corona de flores en la cabeza no pude evitar reírme al imaginármelo, y de hecho mi sonrisa contagió a la suya ¿o fue al revés? No lo sabía seguro, pero había que admitir que aquel chico tenía una sonrisa muy bonita.

"Las personas son mucho más guapas cuando sonríen"


Yo no estaba muy puesta en el tema de la "belleza", pero a mí percepción propia cualquier persona con una sonrisa tenía un algo que le hacía brillar aún más. Como si esa simple curva de los labios y ese achinamiento de ojos hiciesen que nuestra aura deslumbrase.

Tras el pequeño percance que me hizo comportarme como un tonta y salir de allí fui a cazar, y bueno, lo demás ya se sabe, no voy a volver a escribirlo todo porque me da pereza.... en resumen: Cazar perro, volver a casa, ducha, cantar haciendo la pava y escuchar un ruido....

Cuando salí le pregunté por su estado y le pedí disculpas por cómo me había portado antes. El chico afirmó no recordar ninguna razón por la que yo debiera pedirle perdón.

"Vamos, que el pobre está en la parra y no se acuerda de nada"


Mejor. Prefería que no recordase nada y de ese modo no parecer una tonta por haberle tirado al suelo y salir del lugar mascullando cosas que ni yo había entendido. El chico se sentó en el sofá y me indicó que me sentase a su lado. Le miré un segundo para luego obedecer y hacer lo propio. Una vez allí volví a oler aquel aroma tan extrañamente adictivo y abrumador. El joven volvió a quejarse y mascullar sobre mis ropas masculinas pero yo estaba ocupada intentando relacionar su olor con algo que ya hubiese olido antes, solo que no se me ocurría nada.

- ¿Qué?-  Dije mirándole un segundo y recordé la pregunta - Ah pues... La verdad es que aquí solo habían estas ropas. Ya te dije que este sitio lo utilizan como guarida los bandidos para esconderse. Y bueno, de todas formas no me gusta ir con vestido ni falda... ni tampoco con colores.  -le miré sonriéndole-  Las ropas de chico son mucho más cómodas y así paso desapercibida, además yo vivo en el bosque, por lo que un vestuario femenino sería demasiado aparatoso y estorbaría demasiado. Me gusta más ir así. - Le sonreí levantándome y mostrándole aquellas galas. La verdad era que esa ropa me quedaba increíblemente mal ya que me venía excesivamente grande. ¿A quién pertenecía ¿A un señor de 150 kilos? - Además ¿Qué importa la belleza? -reí- Eso es una estupidez. Y sino ¿por qué no pruebas tú a ir con vestidos de señorita? Verás como en 5 minutos ya estás deseando quitártelo. Es insoportable, te lo aseguro.

Si... los vestidos eran una soberana mierda... con perdón de la palabra. En mis tiempos de humana recordé cuando mis padres me obligaban a ir siempre arreglada y bien vestida. Los corsés eran la muerte de toda jovencita. De hecho recordé que una vez una joven del barrio donde vivía se partió dos costillas por culpa de apretarse demasiado el corsé. Yo intentaba evitar ponérmelo pero claro, mi madre nunca lo consentía. Y luego las telas de los vestidos siempre eran demasiado pesadas e incómodas, por no hablar de lo mucho que picaban. En diversas ocasiones acababa con la piel rojiza debido al tejido.

Aprovechando que estábamos en el sofá me acerqué a él y le desvendé el cuerpo con cuidado para descubrir la herida que guardaba. Estaba bastante bien, y se notaba que el chico era medio lobo porque regeneraba rápido, aunque claro, aquello seguía siendo una herida grave. Me levanté y volví de nuevo con el cubo de agua y limón para limpiarle de nuevo la herida.

- Mira, traigo a tu mejor amigo.
- Reí y dije señalándole al cubo- Se que escuece, pero créeme que me lo agradecerás.

Comencé a limpiar la herida y mi rostro mostró una expresión de pena y culpa, pues si no fuese por mí aquel joven no tendría que estar en aquel lugar ni con aquella herida. Por mi culpa e insensatez una persona inocente había sido herida, así que aquello era una demostración de que debía andar con más cuidado.

- Lo siento - le dije mirándole mientras continuaba limpiando la herida- Si no fuese por mí no te habrían hecho esto.

Una vez acabé volví a dejar el cubo donde estaba y volví a coger más vendas de donde las había encontrado antes. El chico preguntó si ya era de día, y efectivamente había acertado. No estaba segura 100% de la hora pero sí sabía que el sola ya había salido a pesar de que aquella casa estaba únicamente iluminada por la luz del fuego de la chimenea.

- Si, ya amaneció. Deberías descansar aunque supongo que tendrás que irte a hacer.... bueno, cualquier cosa que hagas. Pero antes deja que te vende de nuevo. Y cuando vayas a abrir la puerta avísame para que me aleje. Ya sabes... los vampiros y el sol no es que nos llevemos demasiado bien.


Cogí las nuevas vendas riendo y comencé a tararear algo mientras las enrollaba a su alrededor. Aquella situación era extraña. A ver, ya de por si era bastante raro que yo me encontrase en la situación de vendar a alguien porque normalmente iba sola, pero mucho más extraño era hacérselo a un lobo. No pude evitar recordar lo que había dicho antes sobre que me sintiese afortunada ya que era una de las pocas personas en las que confiaba. Sonreí y decidí que igual era una buen momento para gastarle una broma.

- ¿Así que confías en mí?
- El chico seguía tumbado en el sofá boca arriba mirándome mientras terminaba de vendarle- ¿Sabes? Este es un gran momento para aprovecharme de ti y morderte. Lo he estado pensando y sería una tontería no aprovechar esta oportunidad.

Le sujeté con fuerza de las muñecas colocando sus brazos a los lados de su cabeza. Me tumbé sobre él  acerqué mis labios a su cuello abriéndolos a la vez que mostraba mis colmillos. Estando así la tentación de morderle era grande, pero sabía controlarme y aquello solo era una broma. En el último segundo comencé a reír acariciando mis labios con la pie de su cuello para posteriormente soltarle y rápidamente hacerle cosquillas en los costados.

No sabía si era una buena idea hacerle cosquillas mientras estaba herido, pero al menos era divertido.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Mar Mayo 24 2016, 19:11

Al observar la imagen que se situaba frente a mí, de la joven de pequeño tamaño vestida en aquellos ropajes burdamente grandes, no pude evitar soltar una carcajada ya que realmente parecía una broma el tan solo ver como vestía -Ya… entiendo que te resulte cómoda la ropa de hombre pero ¿Era necesario que fuese tan grande?- la observé nuevamente de arriba abajo y comenté –No se puede ni siquiera apreciar el contorno de tu figura-.

Hizo alusión a que la belleza no tenía importancia, cosa que no podía entender proveniente de ella ya que me resultaba muy atractiva –Es raro escuchar eso de una persona que posea tanta belleza ¿Qué harías si no la portaras? ¿Realmente te resultaría fácil ser segura de ti misma?- esa serie de preguntas surgieron como si nada de mis labios.

No pude contener la risa cuando me dijo “¿por qué no pruebas tú a ir con vestidos de señorita?” arquee una ceja y le respondí –no creo que hubiese uno de mi talla, se reventaría con tan solo ponérmelo, en cambio a ti te quedaría muy bien- acompañé aquella respuesta con una sonrisa algo divertida.

De seguro no me equivocaba en cómo le sentaría aquella vestimenta debido a su porte el cual no podía dejar de apreciar. Luego de esta breve charla tornó a sentarse a junto a mi como le había indicado y procedió sin que le dijera nada a retirarme la venda con total confianza, aprovechando su reacción comenté bromeando para ponerla roja –Tranquila… tu toca mi torso cuanto quieras, ponme y quítame las cuando quieras- Dije riendo haciendo referencia a su actitud involuntaria.

Podía aún sentir el palpitar en aquella herida que apenas había cicatrizado, era algo agudo el ardor que me provocaban las gotas de limón, pero esto no duro mucho ya que Dahlia no tardó en traer la cubeta con agua para finalizar con la sanación del corte. Suspiré y apreté los dientes –Gracias por sanarme, y no tienes que pedirme disculpas…si no hubiese sido por ti no estaría pasando un momento tan agradable- comenté colocando una mano en su hombro.

Al parecer ya había amanecido según la muchacha, pero aún no quería irme de aquella acogedora cabaña y al parecer ella no podría irse por más que lo quisiera debido a que el sol no le favorecía mucho.

Sin poder percatarme de su actuar me encontré con Dahlia sobre mí, tomando firmemente mis muñecas y acercando su boca a mi cuello emitiendo una respiración cálida sobre él, podía sentir en su piel un aroma que no era propio de un ataque así que sonreí y le seguí el juego -¿Realmente crees que eres capaz de tomar desprevenido a un lobo como yo?- aproveché que cedió unos segundos y zafándome de su agarre, esta vez torné yo a agarrar sus muñecas y a tumbarla sobre el sillón.

Me acerqué a su oído y susurré -¿Cómo estás tan confiada de que confío en ti?- dije riendo mientras que con una mano comenzaba a picar su cintura en son de provocarle unas pequeñas cosquillas.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Miér Mayo 25 2016, 18:33

El chico continuaba hablándome sobre mis ropajes y lo poco que le gustaban. La verdad es que me daban bastante igual lo que pensase aquel chico de mi físico, pero no sabía porqué había algo que hacía que me picase y me chinchase. En verdad, era una actitud de niña pequeña, pero no podía controlarla, así que lo mejor era dejarlo pasar e intentar de ese modo alejar ese tema de conversación.

Cuando advertí de nuevo en su herida me acerqué con cuidado para desvendarle y observar el resultado. Mientras lo hacía el chico dijo con un tono de burla que tocase cuanto quisiera, que no le importaba. Al darme cuenta de que efectivamente estaba haciendo todo aquello sin su consentimiento no pude evitar sonrojarme y echar las manos atrás por un instante. Le miré y vi en su rostro una sonrisa burlona riéndose de mí. Aquello me volvió a enfadar y chinchar en un principio, pero al fijarme en la sonrisa de Hvitsärk no pude evitar reírme también.

Mientras le curaba le pedí perdón por ocasionarle tantos problemas, a lo qué él respondió que sin mí no estaría pasando un momento tan agradable.

- Vaya, no sabía que te gustase tanto ir por la vida haciéndote heridas para que luego algún desconocido te las sane.

Empecé a reír porque efectivamente aquel chico era muy raro al ir así por la vida. Pero de pronto un pensamiento fugaz pasó por mi mente. ¿Y si tal vez no se refería a la situación en si? ¿Y si tal vez la que le agradaba era yo? Hombre... había que admitir que yo era una chica maja y divertida, pero de ahí a que alguien se sintiese a gusto solo por estar conmigo... al final el pensamiento quedó descartado por completo y continué pensando que aquel chico simplemente era un masoquista.

Cuando traté de asustarle con un amago de mordisco el chico se quedó quieto. Su respiración era tranquila y no parecía aterrado ni nada por el estilo, de hecho comentó que era una ilusa si pensaba que podría asustarle.

"Ya claro... te vas a enterar"


Justo después de su frase me propuse hacerle las cosquillas, pero en vez de eso noté unas manos fuertes coger mis muñecas apretándolas contra el sofá haciéndome girar, por lo que habían cambiado las tornas. Ahora era él el que se encontraba sobre mí. No sabía por qué pero sentía que esa situación era algo incómoda, pero a la vez quería seguir el juego. De pronto observé su rostro acercarse lentamente al mío hasta apoyar su cabeza sobre mi hombro y susurrarme algo al oído. Antes de poder responderle noté cómo una de sus manos soltaba las mías y comenzaba a enmarcar sus dedos sobre mi cintura consiguiendo así hacerme cosquillas. Empecé a reírme y retorcerme en el sofá tratando de quitarle de encima sin demasiado éxito debido a que al tenerle sobre mí limitaba mi movilidad y espacio. Instintivamente y por acto reflejo aproveché que tenía una mano libre para empujarle y con las piernas tirarle al suelo.

Una vez libre recordé que Hvitsärk estaba herido, así que mi risa se transformó en preocupación y le miré. Igual el empujón había sido muy fuerte y le había hecho daño en la herida. Me asomé y le miré con cierto miedo.

- ¿Es... estás bien?


Yo aún seguía tumbada en el sofá por lo que le ofrecí mi mano para ayudarle a levantarse. Sin quererlo empecé al reír ya que la situación me hacía gracia y me pareció a algo bastante similar a un juego de niños.

- Perdona.... Y en cuanto a tu pregunta de antes, bueno, fuiste tú el que dijo hace un rato que confiaba plenamente en mí -le guiñé un ojo- ¿O acaso eres un mentiroso? - Volví a reír al recordar lo que acababa de pasar con el tema e las cosquillas y como Hvitsärk había caído tan tontamente del sofá- Admite que te lo merecías.... vale no. - Si... soy bipolar- Entre que te debo una por salvarme antes y que ahora te debo otra por haberte tirado del sofá al final voy a tener un mar de deudas contigo jajaja.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Vie Mayo 27 2016, 18:45

Noté su tono sarcástico y burlón cuando dijo que no sabía que a mí me gustaba ir por la vida produciéndome heridas y que extraños me las sanasen, no pude evitar contener la risa en mi interior así que con un tono gracioso le respondí –No me gusta hacerme heridas, pero si me las hago no me disgusta que una extraña como tú las sane tan hábilmente- culminé con una sonrisa.

Aquellas palabras que habían salido de mi boca eran totalmente veraces, nunca iba a permitir que un extraño pusiera una mano en mi cuerpo, pero ella a pesar de haberla conocido hacía apenas unas horas no me había resultado tan extraña –Oye que tú no eres tan extraña para mí, no me preguntes porqué ya que no lo sé- comenté nuevamente riendo algo nervioso.

Si había algo que me resultaba totalmente estresante era el hecho de que me hicieran cosquillas, la risa que surgía de mí luego de que me las hagan era por aquel pinchar agudo que en cierta forma hacía reír. Para ese entonces a Dahlia no se le ocurrió mejor idea que torturarme con las cosquillas, no tardé en tumbarla en el sofá y tomar revancha de aquello, pero esto duró una escasa cantidad de tiempo ya que en un santiamén me tiró del viejo sillón al suelo.

Esto no iba a quedar así, en un principio fingí una mueca de dolor para que ella se preocupase y en ese momento cuando extendió la mano la tomé con fuerza y rápidamente la tiré al suelo. Sin darle tiempo a que se pusiera de pie me coloque sobre ella casi sentado en su abdomen evitando cualquier escape, una sonrisa se me dibujó en el rostro cuando me di cuenta de que no podría moverse.

-Claro que no soy mentiroso- dije mientras apretaba sus mejillas –Solo te preguntaba de que ¿cómo estabas tan confiada de que yo confío en ti?- reí y comencé a hacerle cosquillas en suave pero rápidamente en los costillares. Tenía que ser sincero conmigo mismo, realmente me lo estaba pasando de maravilla “¿Hace cuando que no ríes como hoy Hvitsärk?” pregunté para mis adentros -Y no me debes nada niña, deja de decir eso- dije haciéndole cosquillas y desviando mi atención de aquel pensamiento.

Aún sobre ella y algo agitado por el momento vivido una pregunta atravesó mi pensar, la cual no dudé en preguntar –Por cierto…¿Hay algún afortunado que pueda gozar de hacerte cosquillas?- y si en el fondo me refería a si estaba en pareja. Prefería preguntar antes que ocurra un mal entendido con alguien.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Vie Mayo 27 2016, 22:48

Cuando le hice cosquillas no pude evitar reparar en el sonido que emitía. Su risa era... ¿cómo explicarlo?¿sincera? La verdad es que nunca antes había hecho cosquillas a nadie y haberlo hecho con aquel chico me produjo que mientras él reía de aquella forma tan exagerada yo reía a mi propio modo también.

El problema fue cuando cambiaron las tornas. El chico consiguió ponerse sobre mí y cambiar así las tornar haciéndome cosquillas él a mí. Comencé a reír cual foca epiléptica tratando de quitarle de encima y retorciéndome entre sus manos, las cuales se deslizaban picando sobre mi cintura.

En cierto momento conseguí tirarle al suelo y observé como en su rostro se formó una mueca de dolor. Al verlo me puse nerviosa y me empecé a sentir mal conmigo misma, pues si no hubiese empezado yo con las cosquillas aquella situación no se hubiese ido de madre y el pobre no se hubiese caído. De todas formas, tras el segundo de tensión, volví a fijarme en él y comencé a reír.

- Lo siento.
- Le ofrecí mi mano con una sonrisa- Si no hubie....

Pero no pude acabar la frase porque su mano tiró de mi lanzándome de boca al suelo. Antes siquiera de poder decir nada ya tenía a Hvitsärk encima de mí sentado sobre mi abdomen consiguiendo que me fuese imposible moverme. Al volver a verme en aquella situación volví a sentir cómo el rubor se tornaba de nuevo en mis mejillas mientras pataleaba cual niña pequeña.

- ¡¡¡Oye!!! ¡Déjame ir! -
Continué diciendo cosas con mi tono de niña pequeña hasta que él se acercó más a mí volviendo a preguntar qué como estaba tan segura de que confiaba en mí- Hombre, tú mismo has dicho que no eres un mentiroso, y además... si no confiases en mí no creo que estuvieses en esta postura conmigo debajo.

Entonces llegó lo peor. Hvitsärk volvió a hacerme cosquillas, esta vez aún más exageradas, por lo que mi risa de foca epiléptica se incrementó notablemente a la vez que mis ganas de quitarle de encima. Odiaba las cosquillas... las odiaba mucho.

El chico paró un segundo mirándome fijamente. Pude deducir que por su expresión un pensamiento fugaz rondaba por su mente a lo que luego preguntó si había por ahí alguien más que me hiciese cosquillas. Al escuchar aquello me quedé pasmada mirándome ¿Había entendido bien la pregunta? Desde luego aquel chico me demostraba cada vez más y más que era un poco raro. ¿Por qué me preguntaba si más gente se dedicaba a hacerme cosquillas? ¿Era un deporte o algo y no me había enterado?

- ¿Qué?
- Dije extrañada- Hombre, pues supongo que cualquier persona de la calle que se atreva a tocar mi cintura sería capaz de hacerme cosquillas... creo que ha sido demasiado obvio que tengo demasiadas.. -sonreí- Aunque la verdad no tengo casi amigos con los que quede ni tenga relación cercana así que.... - hice memoria- Bueno si, tengo a mi amiga Rachel, pero ella nunca me ha hecho cosquillas.

No sabía si mis respuestas servían de algo en cuanto a su pregunta, de hecho seguía sin entender a qué venía a aquella cuestión tan extraña. Continué tumbaba bajo su cuerpo y giré la cabeza de lado chocando mi mirada con una diana de dardos que había en la pared. Al verla sonreí emocionada y aproveché que Hvitsärk estaba distraído para tirarle al suelo consiguiendo así quedar libre. Me puse en pie y señalé el objeto que colgaba de la pared.

- ¡Mira, una diana!
- Sonreí emocionada - ¡Podríamos jugar! Apostemos algo - Pensé un segundo- Mira, el perdedor tendrá que cumplir un deseo del ganador ¿Te parece?

Jamás había jugado a los dardos, aunque tenía mucha confianza en mí misma, después de todo mi arma era una Chakram lo que implicaba que tenía muy buena puntería.

"Ganar va a ser chupado"

Diana de dardos:


Cogí los tres dardos que había y los lancé de uno en uno. El primero se clavó en el número 10... osease, fuera del rango de puntuación (en la parte negra), el segundo en la parte ancha del 2, y el tercero.... bueno, el tercero ni siquiera dio en la diana, en vez de eso me cargué el cristal del armario que había al lado.

- Ups..
.- Ante mi torpe actuación me quedé perpleja. ¿Cómo podía haber fallado? Si se suponía que al saber usar el chakram mi puntería debía ser infalible - No puede ser... Pero si estaba segura de que iba a ganar.

Claramente yo no contaba con que el peso del chakram y el de los dardos alteraría notablemente mi puntería, así que tenía que fastidiarme y asumir que no sabía jugar a los dardos.

- Vale... ha quedado claro que no se jugar a los dardos.


"Esto me pasa por actuar antes de pensar.."
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Sáb Mayo 28 2016, 18:08

Podía notar como la risa de Dahlia aumentaba con el correr de las cosquillas, era tal la risa que transmitía que la misma me la contagiaba con tan solo ver su expresión facial –Podría estar haciendo esto todo el rato ¿Sabes?- comenté entre muecas divertidas –Es más gracioso esto a que tú me las hagas a mí- nuevamente picaba su cintura en busca de más carcajadas contagiosas.

Entre risotadas y con una voz tierna e infantil rogó por que la soltara, esto no fue suficiente para que lograra escaparse –Ya no es una cuestión de confianza, es una cuestión de venganza…-mi ceño fingió hacer una mueca seria pero con semejantes gemidos de gracia frente a mí no podía sostenerlo, procedí a hacerle unas ultimas cosquillas hasta que escuche su respuesta.

Al parecer no había entendido mi pregunta ya que había respondido algo totalmente errado al sentido de la pregunta, no pude hacer más que reír y escuchar sus palabras, esta chica realmente era muy inocente lo cual no se veía muy seguido en estos tiempos –Bueno tu respuesta fue interesante…esa tal Rachel debería probar hacerte cosquillas, es muy divertido- aún sobre ella cerré los ojos y suspiré –No has respondido a mi pregunta…pero de todas formas no tiene importancia alguna –comenté algo agitado por todo aquel revuelo.

Exclamó al ver una diana de tiro al blanco y en ese instante tomó ventaja sobre mi tumbándome a suelo nuevamente, esta vez había dolido un poco-Estas vez si dolió- dije frotando mi herida pero con una sonrisa graciosa, inmediatamente a sus labios surgió un juego bastante divertido al parecer “¿Cómo podía poseer tanta imaginación y desarrollar un divertimento al instante?” –Dahlia realmente admiro tu imaginación, no sé si te lo había dicho antes-procuré decirle para luego escuchar las instrucciones del mismo. Estas eran simples ya que consistían en arrojar tres dardos en las partes rojas o verdes de mayor valor en la escala numérica y el ganador se determinaba por puntaje; este tenía el derecho a pedir un deseo.

En aquel entonces ella había procedido a utilizar sus tres tiros, en los cuales había logrado casi una puntuación nula, cosa muy rara sabiendo que tenía un chakram -Mi turno…- comenté observando fijamente a la diana, me acerqué a ella y tomé los dardos que había arrojado Dahlia para luego de esto retornar nuevamente a mi lugar. Lo cierto era que en este tipo de juegos me consideraba alguien muy competitivo, a toda costa iba a dar lo mejor de mí y proclamarme ganador.

Arquee una ceja y a su vez entrecerré el otro ojo para enfocar mejor el blanco, arrojé el primer dardo con precisión acertando en la parte roja más pequeña del numero veinte –Bien…-susurré luego del acierto, volví a apuntar pero el segundo dardo impactó en la parte nula del tres, un poco frustrado inspiré y exhale con el fin de relajarme –Vamos…-volví a susurrar, finalmente arrojé el tercer dado acertando en la parte verde del centro; realmente todo esto había sido muy rápido y sencillo.

Una sonrisa se dibujó en mi rostros al ver el resultado –Gané ¿verdad?- pregunté algo inseguro, aunque de todas formas iba a pensar mi deseo, de lo que si estaba seguro iba a ser un deseo que a ella le costara hacerlo. Pensé unos segundos y sin darle tiempo a la respuesta de mi pregunta anterior comenté exaltado –Creo que ya sé que es lo que quiero…-me acerqué a ella lentamente y le sonreí, aún sin emitir palabra alguna me acerqué a sus labios como si tornara a darle un beso pero unos centímetros antes me detuve -¿Qué es lo que te atemoriza de este acercamiento físico?- daba por sentado que era inocente, pero daba más por sabido que era avispada para comprender estas preguntas.

Con la mirada clavada en sus ojos esperé su respuesta depositando mi atención por completo en ella.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Mar Mayo 31 2016, 01:06

Mierda.

¿Cómo había podido fallar tanto? Es decir, me pasaba la vida lanzando un chakram y acertando siempre en mis objetivos, y ahora que tenía 3 tristes dardos no era capaz de clavarlos en la diana, ya que de hecho uno de ellos acabó clavado en el mueble de detrás de esta.

Mi cara de incrédula era notable, pero fue a más cuando observé cómo lanzaba Hvitsärk los dados después. Primero lanzó uno hacia la parte centrada del número 20. Ya solo con esa tirada había quedado claro que había ganado. Después lanzó un segundo dardo fallando y dándole a la parte oscura y nula del 3. Me acerqué a él por detrás en la última tirada tratando de ponerle nervioso, pero en vez de eso lo único que ocurrió fue que acertó en el centro de la diana. Aquello me hizo quedarme muy sorprendida.

- ¡¡No puede ser!! -Balbuceé- Tú... yo... la diana..... ¡Has hecho trampa!

Estaba claro que no había hecho trampa, por lo que no pude evitar echarme a reír después de mi pataleta de niña pequeña. Odiaba perder, y más en un juego así. Ahora Hvitsärk pensaría que a pesar de tener un Chakram no sabría utilizarlo debido a la terrible puntería que acababa de demostrar con los dardos.

El chico preguntó con una clara afirmación si había ganado. Al escucharle le miré mal apretando los dientes. Pues claro que había ganado, desde la primera tirada básicamente ya se podía saber que había ganado y a mí me daba rabia... mucha rabia ya que mi orgullo me hacía querer ganar siempre. Al mirarle a la cara intenté aguantar esa expresión de rabia, pero apenas duró unos pocos segundos ya que al tener contacto directo con sus ojos me entró la risa.

- Has ganado. Te toca pedir algo.

Sonreí mirándole, pero poco a poco la sonrisa de fue borrando de mis rostro mostrando una expresión de incertidumbre. El chico se empezó a acercar a mí muy lentamente hacia mí y yo me quedé quieta observándole. Su rostro se acercaba al mío con lentitud y seguridad. ¿Acaso iba a...? No, no podía ser eso, o al menos eso creía. Su rostro se acercaba aún más y más y mis sospechas empezaron a ver la luz. Al tenerle tan cerca pude fugazmente analizarle mejor y darme cuenta de sus rasgos. Su pelo rubio y despeinado, sus claros ojos atravesando los míos, su tez clara algo manchada de tierra, sus inquietantes labios...era como si estuviese viendo a otra persona, a otra versión de  Hvitsärk. A medida que se acercaba notaba como se iban tensando más y más mis músculos impidiéndome siquiera moverme. Pude sentir levemente sus labios rozar los míos. Aquello no estaba bien, no podía estarlo ¿besar a alguien a quién acababa de conocer?  Y al pensar en esa posibilidad cerré los ojos con fuerza.

De pronto sentí como la presencia del chico volvía a echarse atrás y abrí los ojos para encontrarle más alejado de mí mirándome a la vez que preguntaba por mi rechazo a tales acercamientos. Me quedé mirándole un segundo recuperando el aliento sin saber qué decirle exactamente.

- Pues...no se.- Le miré algo perdida- Yo nunca he besado a nadie, y.. bueno... yo creía que no se debía besar a nadie a quien no quisieras o no te gustase, pero desde que tuve que escapar de mi casa me he dado cuenta de que hay quienes se besan con muchas personas y no lo entiendo - Le miré fijamente- ¿Qué es lo que está bien y lo que está mal? ¿Cómo puedo saber si me gustas o no?

Al hacer aquella última pregunta me sorprendí a mí misma de escucharme. ¿De verdad le había preguntado aquello? ¿Es que era tonta o qué me pasaba? Bueno, al final decidí que lo mejor sería no darle importancia y cambiar de tema. Miré a mi alrededor buscando algo, pero en aquel momento no apareció otra diana de dardos para salvarme. Volví a fijar mi vista en él y casi pude volver a verle como lo había hecho hacía unos segundos.

- ¿Sabes? Tienes unos ojos muy bonitos.


Le sonreí con cierta ternura. Después de decir aquello lo normal sería entrar en aún más tensión, pero en vez de eso me sentí más relajada. Cada vez hacía más frío ahí dentro así que me froté los brazos con las manos y me senté frente al fuego de la chimenea mientras me soltaba el pelo dejándolo caer sobre mi cuerpo esperando que aquello ayudase a cubrirme o calentarme mínimamente.

- Bueno.... te recuerdo que has ganado, así que puedes pedir otra cosa.


Reí mirándole, pero en mi cabeza me replanteaba si aquello que había estado a punto de pasar era tan complicado. ¿Y si pensaba que yo era una cría por no atreverme a hacer algo que prácticamente hacía todo el mundo? Además, por otro lado, en aquel momento me sentía como una cobarde por no haber cumplido una prueba. Si tenía ovarios para matar gente debería tenerlo también para entrejuntar mis labios con otra persona, además que algún día tendría que pasar.

Recordé cómo me había sentido cuando él se acercaba a mí lentamente y un escalofrío pasó por mi cuerpo. ¿Y si hubiese pasado? Jamás había notado algo similar y en cierto modo tal vez me hubiese gustado experimentarlo.

- Hvitsärk...
- Le observé fijamente mostrando seguridad- No soy una cobarde, de hecho soy una persona que siempre cumple sus promesas, así que si quieres besarme no voy a echarme atrás.

Continué mirándole con fijación mostrándole así que todo lo que acababa de decir iba completamente en serio. De todas formas tampoco entendía por qué aquel chico había pedido aquello como recompensa. ¿Era para tanto un beso?
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Jue Jun 02 2016, 19:28

Me hacía entrar mucha risa el ver como sus nervios la sobre pasaban por completo, sus mejillas emanaban un cálido rubor que transmitía a su vez mucha ternura, era más que obvio que este se producía por la cercanía de mi presencia para con ella. Con cada palabra que salía de su boca mis ojos se adentraban aún más en el movimiento de aquellos finos labios, básicamente cuando respondió a mi pregunta realizó una especie de catarsis por la cual no había dado un beso.

-Bueno tu respuesta es válida…creo-dije en voz baja- Pues yo creo que la única que puede discernir en que si algo está bien o mal eres tu misma- suspiré tras escuchar su ultimo comentario “¿Cómo saber si me gustas o no?” lo cierto era que esa pregunta me había descolocado casi por completo, “¡¿De dónde había surgido ese cuestionamiento?!” pensé, ¿y si realmente le gustaba? ¿Cómo me daría cuenta? Esa serie de preguntas resonaban en mi consiente buscando respuesta alguna.

-No creo que haya nada pautado sobre cómo darse cuenta si sientes atracción sobre una persona, a mi parecer es un sentir – No sabía por qué esta joven lograba sacar mi lado inocente ¿Dónde estaba el lobo sátiro de siempre? –Mi pregunta es… ¿Qué es lo que sientes en tu interior?- creía que mi pregunta sería la respuesta a la suya.

El frió no era bienvenido en aquel momento ya que la situación iba tomando una temperatura de total calidez, al parecer ambos buscábamos que sucediera algo, fue en ese entonces cuando ella hizo un comentario sobre la belleza de mis ojos –Supongo gracias, tu portas con la intensidad de una mirada muy atractiva- dije respondiendo a su cumplido.

En la plenitud de mi comentario se acercó hacia el fuego de la chimenea, tomando asiento en el suelo y dejando caer su bonito cabello, comentó con cierta firmeza en la voz que si yo elegía besarla no iba a negarse y a simple vista su inocencia podía notarse. Reí y senté junto a ella impregnándome del calor emitido por la fogata –Lo único que quiero en este momento es que te relajes y dejes llevar-.

Acerqué mis labios a su cuello y rozándolo apenas con la respiración ascendí hasta su suave mejilla depositando un corto beso en ella, para luego con mis labios buscar los suyos, la conexión entre ambas bocas fue intensa ya que tenía la inocencia de su primer beso y el sentimiento de este. Continúe el beso durante unos segundos, sintiendo la humedad de sus labios acompañando el movimiento de los míos me encontraba difícil el hecho de abandonarlos, pero culminé por hacer ya que era su primera vez.

-Bueno… ¿Cómo lo sentiste? ¿Estuvo mal?- comenté con una pequeña risa nerviosa y algo relajado por la vivencia de tal situación, lo cierto es que su presencia me relajaba y lograba que de una vez por todas bajara mi guardia.

-Veo que no te has percatado de que tú ya habías cumplido lo que te había pedido, lo cual había sido aquella pregunta donde me acerqué, esto lo hice por puro gusto, así que lo correcto sería…que tu elijas que hacer- suspiré y sonreí -¿Qué es lo que quieres que haga?- estaba totalmente dispuesto a seguir su instrucción
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Vie Jun 03 2016, 02:26

"Mi pregunta es… ¿Qué es lo que sientes en tu interior?"

Las palabras del chico me sorprendieron. ¿Qué sentía dentro de mí? Le miré tratando de averiguarlo. Aquel chico me hacía sentir ¿Cómo decirlo? ¿segura? Era una de las pocas personas que había conocido con la que no tenía que estar constantemente en alerta, y aquello me sorprendía aún más dado que él era un lobo y por el contrario lo normal sería no perderle de vista ni un segundo.

- La verdad es que no estoy muy segura de lo que siento.
- le sonreí- Realmente nunca lo he estado. Supongo que puede deberse a que desde que nací han sido los demás los que han decidido todo por mí, y ahora que estoy sola no se cómo actuar. - miré de reojo hacia el techo pensativa- Creo que puede que si que me gustes - volví a sonreír- Creo que podría llegar a entablar amistad contigo y para ser amigo de alguien esa persona te tiene que gustar un mínimo ¿no?

Un amigo. Solo tenía una amiga que era Rachel y la pobre estaba tan mal de la cabeza como yo. Pensé en la posibilidad de que aquel chico también quisiese que yo fuese su amiga, si fuese así por fin aquella nueva vida estaría empezando a dar sus frutos, por fin mi libertad me abría nuevos caminos para conocer gente, que era lo que siempre había deseado, lo que siempre me habían prohibido.

El joven agradeció mi cumplido añadiendo que mi mirada era atractiva. Al escucharle me quedé perpleja y extrañada, pues jamás mis ojos gustaron a nadie, y de hecho siempre me habían sometido a dolorosos experimentos tratando de cambiarles el color.

- Vaya... jamás me habían dicho eso.

El frío acechaba y por esa razón me senté frente al fuego de la chimenea. Me podía pasar horas mirando aquellas llamas danzando al son del viento. Era como ver hadas volando en libertad, regalándonos algún tipo de baile tradicional, como si las llamas fuesen realmente mágicas.

De pronto sentí al joven sentarse a mi lado y desperté mi mirada posándola sobre la suya. Sus ojos brillaban con el reflejo del fuego de una forma muy característica. Fue entonces cuando se acercó lentamente a mí pidiéndome algo imposible en aquel momento: Que me relajase. Solo con escuchar aquellas palabras sentía cómo mis músculos se tensaban, como mi respiración se agitaba y como mi pecho trataba de salir de mi cuerpo a cada centímetro que acercaba su rostro al mío.

Sentí sus labios rozando mi cuello con lentitud para luego cruzar por mi mejilla y acabar posándose en mis labios. Al sentir aquel contacto noté de pronto la relajación total en mi cuerpo. Al principio era extraño debido a la humedad, pero después sentí una corriente interna que me arrastraba dejándome llevar, obligándome a cerrar mis ojos y seguir aquel primer beso ta suave y gentil que estaba experimentando.

Sin poder evitarlo noté como Hvitsärk iba separando lentamente sus labios de los míos. Abrí los ojos encontrando al joven tratando de reaccionar con una risa nerviosa preguntando por la experiencia. Continué mirándole durante varios segundos sin responder, como si estuviese sumergida en una ensoñación profunda. Suspiré intentando volver en mí para poder contestar.

- Ha sido... raro
. - Miré al suelo mordiendo mi labio inferior tratando de analizar lo que acababa de pasar, lo que acababa de hacer. - Es decir, ha sido como abandonar el mundo durante unos segundos, como si todo hubiese desaparecido.

De pronto el chico comenzó a contar algo de que lo que él me había pedido yo ya lo había hecho antes cuando le dije algo. Sinceramente no entendí nada de nada así que me dediqué a mirarle tratando de fingir en vanos que le entendía. Cuando acabó su frase le miré pensativa. Por lo que había dicho me estaba diciendo que le pidiese algo. Normalmente no lo haría pero en aquella ocasión no quería dejar escapar aquella oportunidad.

- Quiero...
- Giré e rostro mirando en diagonal al suelo mientras mis mejillas se ruborizaban por lo que estaba a unto de decir - Quiero volver a besarte.

Volví a girar la mirada posándola en aquellos incesantes ojos claros brillantes. No dije nada más, me puse de rodillas a su lado acariciando su tersa piel con mi mano mientras mantenía mi mirada fija en la suya. No pude evitar sonreírle con dulzura admirando cada centímetro de su rostro. Poco a poco me fui acercando a él hasta besar sus labios con los míos hasta volver a cerrar mis ojos. Todo había vuelto a desaparecer, lo único que allí había era aquella extraña sensación unida al sonido de nuestras respiraciones. Aquel beso fue más pasional y duradero que el anterior, pero como todo en la vida en algún momento tuvo que acabar.

Cuando separé mis labios de los suyos tenía mis brazos rodeando su cuello en un leve abrazo. No quise alejarme de aquel chico por lo que primero volví a fijar mis ojos en los suyos acompañados de una sonrisa tímida por mi parte, ya que encontrarme en aquella situación me daba una sensación de tranquilidad y vergüenza a la vez. Al final dejé descender mis brazos por sus hombros hasta dar por acabada aquella unión. El silencio abordó la estancia, y solo se escuchaba el sonido de las llamas volando.

- Ahora entiendo por qué a la gente le gusta tanto esto.

El rubor volvió a mis mejillas, seguido de una sensación de calor interna que me hizo quitarme la chaqueta. ¿Cómo era posible que hace apenas 1 minuto estuviese helada y en aquel momento tuviese calor? Quizás Hvitsärk lo supiese.

- Oye... ¿Cómo puede ser qué de repente tenga tanto calor? ¿Esto lo causan los besos también o lo has hecho tú con tu esencia de lobo?


Yo era vampiresa, por lo que era bastante complicado hacerme sentir caliente, y en aquel momento estaba ardiendo por dentro literalmente. Miré al chico y dentro de mí despertó un deseo extraño que jamás había experimentado, y de hecho ni siquiera sabía exactamente lo que significaba.

- Bueno... Te toca pedir a ti algo. ¿Qué quieres ahora?
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Hvitsärk Haraldsson el Vie Jun 03 2016, 22:59

No sabía muy bien cómo responder a su pregunta sobre la definición de una amistad, ya que por un lado ella tenía razón y por el otro no –Pues a mi parecer no creo que para ser amigo de alguien esa persona deba gustarte, a mí me basta con que simplemente me caiga bien- no podía saber si mi respuesta estaba errada o no a su cuestionamiento ya que eso corría por una interpretación propia.

Raro y único eran las dos definiciones que encontraba para poder describir este momento, a pesar de mi experiencia con otras mujeres la cantidad de sentimientos encontrados que tenía para este entonces había sido abismal comparado con las otras, Dahlia me había enseñado que con la simpleza de un beso podía lograr una satisfacción plena.

Tenía cierta culpa en mi interior ya que me encontraba sintiendo algo similar a lo ocurrido con Lyemin, con la diferencia de personalidades y lo atractivo de cada una. Cada una había logrado ese sentir en mí de distintas formas, Lyemin con su carácter indómito y Dahlia con su pura inocencia.

Al parecer aquel primer beso entre ambos había sido agradable para ella, lo cual era lo que más me importaba, no pude evitar contener una sonrisa estúpida cuando acabé con el rose de nuestros labios; realmente quería volver a probarlos pero me frenada el no saber si ella aún lo deseaba.

Para mi sorpresa en ese entonces ella respondió a mi pregunta sobre que deseaba con un segundo beso, esta vez con mucha más intensidad, ya que con su brazo rodeo suavemente mi cuello para así depositar sus sentires sobre mis labios. En el acto reflejo dirigí lentamente mi mano hacia su cintura realizando suaves caricias sobre ella, “¡¿Desde cuándo soy así de suave?!” pensé luego de la separación de nuestras bocas.

Sentía el calor de nuestros cuerpos en conjunto, entre ambos la conexión era única la cual no pasaba por la lujuria o pasión, era más bien un calor proveniente de la concepción de un afecto –No, no son mis poderes lupinos- comenté riendo –Yo también estoy con calor y realmente no hallo respuesta a tal- culminé contestando mientras reía nervioso.

Su comentario fue clave en este momento, me dio a optar por que deseaba que hiciera, era el instante perfecto para descubrir nuevos sentimientos para ambos, dejando claro en mi interior el descarte de lujurias y pasiones. Con mi mano rodee su cintura nuevamente esta vez casi abrazándola –Mmmm…yo creo que lo que quiero en este momento es que asientes esta nueva experiencia- dije mientras volví a depositar suaves besos en sus mejillas para así culminar por sus labios.

Sin darme cuenta del tiempo al alejar unos centímetros mi rostro del suyo pude notar que yacíamos en el suelo, yo me encontraba sobre ella, sonreí y dije -¿Cómo es que terminamos aquí no?- lo cierto es que estaba muy cómodo y no tenía pensado moverme, solo pecisaba su consentimiento para seguir disfrutando de tal momento.

-¿No te importa que nos quedemos así frente al calor del fuego no?- comenté apoyando mi mentón sobe su pecho y observando fijamente esa mirada que desde un principio me seducía con su encanto.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

Mensaje  Dahlia Lockhart el Sáb Jun 04 2016, 18:34

Pude sentir cómo su mano se deslizaba por mi costado hasta llegar a mi cintura mientras yo le rodeaba con mis brazo mientras nos fundíamos en aquel incesante y deseado beso. Una vez nos separamos volví a mirarle y a sentir esa sensación de vergüenza y timidez, como cuando eres pequeña y tus padres te presentan a aun desconocido.

El chico también rió nervioso tras mirarme y responder a mi pregunta sobre el calor. La verdad es que no le pegaba nada aquella reacción, es decir, durante todo el tiempo que habíamos estado juntos parecía ser alguien más serio, seguro e incluso orgulloso. No imaginé llegar a ver en su rostro una expresión tan tímida como aquella.

- Me gusta sentir este calor.


En realidad odiaba bastante pasar calor, pero aquella sensación ardiente era diferente a la que se siente cuando te pasas el día encerrado en una tarde brumosa de verano. Aquel calor era más bien placentero y fugaz, más parecido al calor que necesitas cuando te encuentras perdido en medio de la nieve, ese calor que agradeces sentir en el cuerpo.

Ahora le tocaba elegir a él, y eso fue lo que hizo. Me rodeó de nuevo la cintura, esta vez con ambas manos, y sentí cómo su rostro de nuevo se acercaba al mío besándome con lentitud las mejillas para luego terminar de nuevo en mis labios. Aquel momento todo surgía con más facilidad, tanto era así que por mi mente ya ni siquiera pasaba ningún tipo de pensamiento, solo me dejaba llevar por aquel momento tan íntimo y envolvente.

Para cuando me quise dar cuenta tenía a Hvitsärk tumbado sobre mí besándome. Cuando se separó y fui consciente de aquella posición no pude evitar volver a sonrojarme nerviosa mientras él me sonreía. Lo que estaba ocurriendo aquella noche era de locos, yo jamás hubiese pensando encontrarme aquella noche a un hombre lobo, y mucho menos darle mi primer beso y encontrarme junto a él en aquella posición, y sin embargo ahí estábamos. Le miré dejando escapar una sonrisa. Estar de aquel modo con él era como sentirme completamente indefensa y protegida a la vez. En realidad él podría atacarme o matarme en aquel instante y yo no sería capaz de reaccionar para defenderme. Me encontraba demasiado bien como para dejar escapar aquello.

Hvitsärk se terminó tumbando sobre mi pecho a lo que yo respondí mirándole y acariciándole con suavidad la espalda y el cuello. Miré al fuego que teníamos a nuestro lado que continuaba ardiendo, aunque posiblemente no tanto como nosotros.

- ¿Sabes? No estoy de acuerdo con lo que has dicho antes
- comenté sonriendo- Yo si que creo que para ser amigo de alguien esa persona tiene que gustarte un mínimo. Me refiero a que, solo para que alguien te caiga bien tiene que gustarte mínimo su personalidad, pus sino no podríais ser amigos.

No sabía porqué me había venido aquel pensamiento a la cabeza en aquel instante, pero en fin, así era yo, completamente impredecible. Le miré unos segundo para luego volver a girar la mirada al fuego de la chimenea. Las llamas eran hipnotizantes, y ya hacía un rato que había amanecido, por lo que el sueño comenzó a invadir mi cuerpo poco a poco mientras le acariciaba el pelo a Hvitsärk. Antes de dormirme quise hacer un repaso mental de todas las cosas que había ocurrido aquella noche y de cómo habíamos llegado a parar en aquella situación: ambos tumbados abrazados uno junto a otro....

Espera... ¿Tumbados? ¿Abrazados?

Al darme cuenta de cómo estábamos tumbados una punzada de preocupación golpeó mi pecho con fuerza. Tal fue el susto que no pude evitar levantar medio cuerpo hasta casi quedarme sentada mirándole con cara de espanto.

- Oh Dios mío.... ¿Qué estamos haciendo?
- Le dije mirándole asustada - Esto no está bien... estamos teniendo sexo, ¡Es muy peligroso! - Le miré y me miré varias veces- Dioses.... vale que no estamos desnudos pero ¿Y si tumbarnos vestidos cuenta igual? Porque después de todo aunque no estemos desnudos tú no llevas camiseta y mis ropas son muy finas... - Un pensamiento aún peor invadió mi mente- Oh Dios ¿Y si me has dejado embarazada? ¿Qué voy a hacer? Yo apenas se cuidar bien de mí, ¿Cómo voy a cuidar a un niño?

NOTA: La inocencia de Dahlia es tal que nunca le han explicado cómo se realiza el sexo, ella simplemente cree que el sexo se produce cunando un chico y una chica duermen o se tumban juntos desnudos.
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Re: Caperucita y el Lobo [Libre] [2/2] [Hvitsärk & Dahlia]

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