La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

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La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Eléanör Gàlathiël el Mar Abr 12 2016, 20:06

Era de tarde, las seis de la tarde, para concretar. Y Ely revoloteaba por su dormitorio en la posada, nerviosa. Hasta hacía poco el frío la había mantenido allí dentro tanto como había podido, le gustaba estar frente a la chimenea con un libro o una taza de te mirando la nieve caer y resbalar por los cristales, dejando blanca la fría ciudad de piedra, convirtiéndola en un bosque humeante y nevado.

Pero la primavera ya se veía llegar por los rincones de la ciudad, se olía la nieve derretida y los árboles volver a tener hojas, las flores suplían el blanco del manto nevado cubriendo los parques de la ciudad de color e incluso algunas, más guerreras, se dejaban ver, diminutas, por las calles de la ciudad. El viento, helado, había dado paso a una brisa cálida y suave y los frutos eran ahora más rojos y maduros que en ningún otro momento.

Ese aire tan cálido, la vida que rebosaba, hacía que Eléanör se sintiera inquieta, la energía le recorría la piel y las ganas de salir a explorar volvían a nacer en ella, renovadas. Quería salir, le daba algo de miedo, se había metido ya en demasiados líos, pero quería salir. Tal vez no a pasear, puede que eso fuera demasiado arriesgar para la suerte que había corrido de un tiempo a esa parte, pero un lugar tranquilo, como la biblioteca, no era una mala opción, para nada.

Tomó su capa, entusiasmada, y se la colocó al tiempo que cogía su bolsa, tal vez encontrase algún buen libro sobre plantas o, tal vez, animales o minerales que le sirvieran para crear sus cremas y medicamentos, no era alquimista, ni mucho menos, sus brebajes no cambiaban a alguien de forma, ni tampoco sabía cuanta dosis aumentar como para envenenar a alguien, pero podía hacer medicinas que, con un uso claro, rígido y adecuado, podían ser realmente útiles.

Salió de la posada dando un ligero saludo, haciendo que el posadero le advirtiera de la hora, si, tenía razón, pero era primavera, tardaba más en anochecer, y tendría tiempo de sobra como para ir y volver. Solo quería tomar unos apuntes, El tintero, la pluma, su libro y los papiros se balanceaban bien cerrados dentro de su bolsa de tela.

No tardo mucho en llegar a la biblioteca, donde a penas había un par de personas ocupando dos mesas grandes. La chica se retiró la capucha y se dirigió a la zona donde tiempo atrás había encontrado un libro sobre plantas y animales élficos, debía ser la zona de naturaleza. Se acercó y se sentó allí, en una larga mesa escondida entre los estantes de esa zona de libros. No parecía haber nadie, poca gente se interesaba por ese tipo de cosas. Tomó un libro sobre plantas con propiedades curativas y se sentó dejando su capa en el respaldo, acomodando su fino vestido verde y sacando el contenido de la bolsa para, por fin, poder abrir el libro por la sección de plantas cicatrizantes.

Comenzó a leer en silencio, pluma en mano, para apuntar lo que necesitara, su mirada seria, se mostraba entre los mechones que la joven se apresuró a apartar de su cara, para que no se manchasen con la tinta. Las primeras líneas corrieron con escritura fina y elaborada, algunas de las palabras, en su idioma materno, despertaban cierta nostalgia en ella. Con un codo sobre la mesa, y el puño delicado que sostenía la pluma como punto de apoyo, siguió leyendo, pronto debería empezar a dibujar y enumerar las propiedades del tallo, la hoja, el pétalo y demás partes de la flor de la mostaza.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Jericó el Jue Abr 14 2016, 13:22

En Dundarak aprendí mucho, pero todavía quería saber más, lo necesitaba, era un completo ignorante del mundo que me rodeaba entonces, debía aprender con impetuosa necesidad. Decidí que lo mejor sería regresar a Lunargenta, allí había una biblioteca enorme, aunque no más grande que la de Dundarak, según me dijeron allí. Preferí verlo con mis propios ojos, me daba igual si era mayor o menor, lo que yo quería era leer libros, no comparar tamaños.

Para volver desde la ciudad de las nieves a Lunargenta tuve suerte con aquél mercader, pues al comentárselo me pidió devolver al caballo que llevó el carromato de vuelta a su dueño, en Lunargenta. Para el camino me preparó un par de bolsas de comida llenas de pan, queso, fruta, y algo de vino, aunque yo le dije que prefería agua, me dijo que no fuese una niña, que bebiera como un hombre, a lo que no tuve más remedio que aceptar resignado. Además, me dio un mapa de Aerandir, con lo que ahora podía orientarme mejor por el mundo, y cuando el caballo necesitaba descansar, aprovechaba para estudiarlo a fondo, quería visitar todas las demás ciudades y pueblos que aparecían en aquél mapa. Eché de menos leer algún libro durante esos descansos, pero eso habría sido abusar del viejo mercader, así que lo único que podía hacer era sentarme a pensar y descansar, que me escocía horrores todo lo que venía siendo la zona interior del muslo, desde luego prefería el carromato.

Llegué a Lunargenta al mediodía, creo que los guardias de la puerta me reconocieron, aunque solo fueran impresiones mías. Pensé por un momento en ir a saludar a Alanna, hacía ya más de dos meses desde que me rescató junto a Nin, me preguntaba qué estarían haciendo en ese momento, pero no quería molestar. Era la hora de comer, y por la calle apenas había gente, el sol pegaba fuerte aquél día, busqué un lugar donde cobijarme entre las diversas plazas de la ciudad, y al final encontré una con un pequeño árbol, me senté justo a los pies de éste y abrí mi bolsa. Apenas me quedaba comida, tras rebuscar solo encontré un panecillo, una punta de cuña de queso, y una manzana algo mustia, pero era mejor que nada. Después de tragar el último bocado de pan me terminé el vino, caliente, con una mueca de asco en la cara, no terminaba de acostumbrarme a ese sabor; por suerte la manzana todavía era bastante dulce como para quitarme el gusto a vino de la boca.

La tarde se venía encima, una ligera brisa apaciguaba el calor del mediodía y ahora la vida volvía a aflorar en la ciudad, mientras yo reposaba la comida tumbado bajo el árbol, observándolo todo. Pronto se agruparon más de una docena de niños alrededor mío a jugar cerca del árbol, así que me fui a riesgo de hacerme daño, pues estaban jugando a perseguirse con palos, a retarse a "duelos", a algunos se les veía enseguida que tenían talento para la espada, pero otros en cambio... mejor que siguiesen el trabajo familiar de panadero. Caminé en busca de la biblioteca, pero con una ciudad tan grande, me era imposible no perderme, y me daba demasiada vergüenza preguntar a alguien, así que estuve dando vueltas algo más de una hora hasta que, por fin, encontré la biblioteca.

Entré y agradecí ese silencio, el ruido de la gente de la ciudad me ponía bastante nervioso. Vi que solo habían dos personas y cada una en una mesa distinta, así que me enamoré enseguida del lugar, tan tranquilo, aquí podría leer en paz durante horas. A todo esto, no tenía ni idea de que venía a investigar, pero me picaba el brazo, y al rascarme noté el bulto de aquél viejo diario quemado, y me dio la idea de estudiar algo sobre alquimia, a ver si así conseguía recordar algo. Empecé a pasear por ahí, buscando las diferentes secciones, a ver si encontraba alguna que me llamase la atención. Llegué a una zona algo apartada, con libros sobre fauna y flora, y supuse que era la sección que buscaba, así que me dispuse a rebuscar hasta que encontrase algo que me llamase la atención, y no tardé, enseguida vi un libro que en la portada decía: "Pequeño herbolario de Aerandir", y lo cogí al momento. Busqué asiento, pero en aquella precisa zona solo había una larga mesa, y estaba ocupada, había alguien allí. Me acerqué con cuidado, no quería distraer a nadie de su labor, pero al pasar por su lado no pude evitar mirar con descaro lo que hacía. Era una chica, o por lo menos llevaba vestido, y estaba anotando algo que no terminaba de entender, era una lengua que no comprendía, y al lado, empezaba a dibujar algo parecido a una flor. Sentí que notó mi presencia y me aparté sin querer, no quería parecer un cotilla, tosí nervioso y fui hasta la otra punta de la mesa, me senté sin mirarla, y abrí mi libro.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Eléanör Gàlathiël el Jue Abr 14 2016, 14:56

"Mostaza silvestre (Sinapis arvensis)
También se llama: Mostaza de campo
Familia: Familia de la mostaza – Brassicaceae (Cruciferae)
Forma de crecimiento: Hierba anual.
Altura: 20-60 cm (8–24 pulg.). Parte superior del tallo ramificada, cerdosa, pilosa a casi glabra, algunas veces de color violeta."


Comenzó a escribir. Se detuvo un instante y, dejando la pluma y tomando un carboncillo, comenzó a dibujar la flor, era alta, de tronco leñoso, hojas grandes y pétalos pequeños y amarillos. Escuchó que alguien se acercaba y notó una mirada sobre ella, un chico miraba por encima de su hombro. La joven alzo la mirada y le sonrió con amabilidad para, al poco volver a su trabajo.

Cambió de hoja, y empezó a escribir los datos de la Nirn Carmesí, una planta, que, como su propio nombre indicaba, era de un pronfundo rojo, con ojas serradas y usos variados. Escribió cuatro parrafos más y se estiró notanto la tensión en sus hombros de estar sentada demasiado tiempo. Revisó el libro por encima, esperando encontrar algo que le interesara, pero en ese libro no había más que le llamase la atención.

Se levantó y, cerrando las tapas con delicadeza, tomó el libro y lo devolvió a su sitio. Alzó la mirada para poder ver los carteles que, arriba del todo, en las estanterías, señalaban la letra, necesitaba plantas medicinales. Tomó la escalera y la arrastró hasta la letra, subiendo unos cuantos peldaños, en busca de algo que le pareciera útil o curioso.

Se apolló en la escalera y apartó un mechón de pelo que le hacía cosquillas, notaba el picor del polvo en la nariz, estaba claro que esa sección no era especialmente visitada. Si no, no tendría un dedo de polvo en los tomos. Pasó un dedo pálido por los tomos de la sección, y empujó con su pie para mover la escalera algo más lejos. Subió unos cuantos peldaños más y leyó por allí los títulos hasta encontrar uno que le parecía útil.

Lo cogió y sopló para quitarle el polvo de encima. El polvo revoloteó frente a ella, haciendola toser. Con la tos, cerró los ojos y soltó su agarre, dejandose ir de la escalera sin darse siquiera cuenta, y callendo de la alta estantería hasta el suelo, sin ser capaz de pronunciar una sola palabra.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Jericó el Vie Abr 15 2016, 13:07

Empecé a leer aquél herbolario en silencio: "La seta llamada tahni crece en las faldas de la cascada del lago del este, entre la tierra y el agua, muchas veces en las mismas rocas o troncos. Esta seta es de tonalidades azul pastel, con pequeños destellos blancos. Es capaz de soportar tanto altas como bajas temperaturas, ya que una leve capa de moco lo cubre por completo, aislándolo de la agresión atmosférica." Tenía ganas de salir al bosque a por un ejemplar de esta seta, quería practicar con ella, por lo visto con su moco podía fabricarse ungüentos para tratar las quemaduras solares o por frío en la piel, tal vez podría usarla para algo más, definitivamente quería trabajar con algo así ya.

Me fijé una vez más en la chica de enfrente, que seguía tomando apuntes, debería hacer lo mismo, creo que no he escrito nada desde que recobré la memoria, podría ser un buen entrenamiento para mi cerebro, los médicos me dijeron que tal vez ejercitándolo conseguía recuperar algún día la memoria. Eché en falta una pluma o carboncillo, pues podría ir reescribiendo aquél viejo diario si lo conseguía remendar, en cuanto estuviese en el mercado intentaría recordar hacerme con un carboncillo, algo de tinta y una pluma decente.

Seguía leyendo, intentando memorizar al menos las plantas que crecían en los alrededores de Lunargenta para hacer algún trabajo de campo más adelante, en ese instante estaba leyendo acerca del osculum, también llamada "la flor del beso", una planta con propiedades óptimas para la preparación de bebidas energéticas si se prepara adecuadamente, si no, podría ser venenosa, así que leí todo su párrafo una, dos, y hasta tres veces para memorizar correctamente su preparación.
Entonces vi como la chica de enfrente se estiró, imagino que agarrotada de estar en aquella posición tanto tiempo, ahí pude verle mejor el rostro, incluso creo que vi unas orejas más largas de lo habitual, pero no quise juzgar sin saber, así que no supuse nada. Ella se levantó y se dirigió a la estantería de nuevo, tomando la escalera para llegar a los libros más altos, y mientras, yo, la observaba detenidamente. El contenido de aquél herbolario estaba bien, pero no iba a servirme de mucho más sin poder hacer mis propias anotaciones, algo que pueda llevarme conmigo. La chica se empujó con la escalera, de una forma más hábil de lo que yo habría hecho sin duda, subió unos peldaños más y tomó un libro, lo sopló, y una nube de polvo flotó en su cara, lo cual hizo que tosiera y la desequilibrase, vi venir su caída, y me adelanté levantándome y corriendo para, cuando cayó de la escalera, mis brazos estuvieran ya listos para recogerla en el aire.

-¿Se encuentra bien? ¿Se ha hecho daño?- pregunté preocupado, demasiado preocupado como para darme cuenta de que todavía la sostenía en mis brazos cuando le pregunté.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Eléanör Gàlathiël el Vie Abr 15 2016, 21:13

Se sintió caer, el vestido enrollandose en sus delgadas piernas, el estomago contraerse del miendo, los ojos cerrarse a espera del golpe, la garganta secarse asustada y la boca cerrada para no morderse la lengua, aun abrazando el libro, sintiendo que era lo único fisico a lo que podía agarrarse.

Lo único que en ese momento le pasaba por la mente era rezar, para que la silla no estuviera demasiado echada para fuera y le diera en la nuca, para que el golpe no fuera fuerte, para que el pie no se le enganchase en la escalera. Rezaba por lo que fuera, solo quería no hacerse demasiado daño.

Todo lo que le paso por la cabeza en un solo instante, todas las posibilidades que había leido en los libros, todos los remedios para los dolores que pudiera tener, todo el temor que le encharcó los ojos, sirvio de nada. Pues de pronto notó unos brazos en su espalda y sus piernas, cogiendola, salvandola de la caida, haciendo que se sintiera segura.

Abrió los ojos encharcados y respiró hondo, recuperando el aliento que le faltaba al haberlo retenido, temblaba un poco, y aun tenía resquicios de tos, débiles y tan delicados como ella, que se abrazaba al libro como si fuera un salvavidas. Fue entonces cuando escuchó una voz a su lado. Un chico. de pelo rubio y orejas delicadamente picudas, con ojos azules y preocupados, le preguntaba de forma sumamente educada y sincera si se encontraba bien.

Eléanör, con todo lo delgada que era, y con todo lo pequeña que parecía, con su aspecto frágil, delicado y suave, aun con cierto temblor, asintió con la cabeza, esperando a que su corazón se realentizara para poder responder sin que se le quebrase la voz, lo cierto es que parecía tener un don para ese tipo de torpezas y accidentes, siempre acababa callendo, o congelandose de frío, no había forma de que estuviera sana y salva por su propio pie, o eso le parecía a ella, haciendola sentirse tan delicada como lo era su apariencia.

- Si... gracias...-
murmuró calmandose, aun en brazos del elfo.

Aun tardo unos segundos en percatarse de su situación, demasiado nerviosa y asustada como había estado como para notarlo antes, con el corazón latiendole rápido y la nariz picandole por el polvo del libro, dudó unos segundos, pero supuso que el joven no se habría percatado aun, posiblemente, o la habría soltado ya, por lo que, algo sonrojada por tener que ser ella quien lo dijera, bajó la mirada y comenzó a hablar.

- Ah... yo... disculpe pero... debo pesar....- comentó entre murmullos, avergonzada, esperando a que la bajase.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Jericó el Sáb Abr 16 2016, 16:29

La tenía en mis brazos, con los ojos cerrados con fuerza, temblando, asustada aún. Los abrió, llorosos, a esa distancia me hipnotizaron, provocaron abrir los míos con... con una sensación que no soy capaz de describir. Me parecieron los dos ojos más bonitos que había visto hasta ahora, incluso encharcados, me dejaron petrificado, inmóvil. Asintió respondiendo a mis preguntas, sabiendo que se encontraba bien podía relajarme, pero era incapaz de hacerlo. Abrazada al libro me dio las gracias y, tras bajar la mirada tímidamente, me recordó que seguía sosteniéndola en brazos. El corazón empezó a latirme con fuerza, me dio un verdadero vuelco, sentí la necesidad de soltarla ahí mismo, pero por otra parte sabía que le haría daño.

-Perdón, lo siento mucho, yo... yo no me he dado cuenta.- me disculpaba nervioso, mientras la devolvía al suelo, bajando solo un brazo para que sus pies tocasen el suelo, dejando la otra mano en su hombro para que pudiese enderezarse sin problemas. Lo cierto es que no tenía ni idea de cuanto tiempo había pasado en mis brazos, por una parte fue tan solo un segundo, pero por otra el tiempo se ralentizó en algunos instantes.

Me aparté un par de pasos para dejar de rebasar su vergüenza y mi atrevimiento, me sentía muy avergonzado por habérmela quedado en brazos y no haberme percatado de ello. -Lo siento de verdad, no quería hacerla sentir incómoda, le pido mil disculpas.- me excusaba todo lo educado que sabía, por lo menos no iba a ser tan sinvergüenza de no hacer nada.

Miré a mi alrededor con la cara colorada, esperaba que nadie me hubiese visto hacer aquello, lo temía, yo no era capaz de acercarme a ninguna mujer, la atrapé por instinto, para evitar que se hiciese daño, no pretendía nada más. Si alguien hubiese llegado a verme, a saber lo que pensarían de mí, no quería ni imaginármelo. Estaba bastante nervioso, prefería no hablar, de todas formas no podría hacerlo, la lengua se me movía inquieta en la boca cerrada, si la abría seguramente balbucearía sin sentido. Y cuanto más pensaba en ello más color notaba en mis mejillas, en mi cabeza gritaba socorro, ahogado, tierra trágame por favor. Lo deseaba con todas mis fuerzas, por favor que se fuera pronto, que no comentase nada más al respecto, pero después de cerrar los ojos con fuerza y pensar con un poco de claridad, caí en la cuenta de que quería saber su nombre, no podía irme así como así, no quería, más bien, era algo que el ser de mi interior me decía que necesitaba. Con la vista en el suelo, pude encontrar su carboncillo, se había partido en dos, recogí los pedazos con cuidado y alargué la mano para que pudiese cogerlos.

-Tome, esto es suyo, siento que se haya roto.- le dije, con miedo de mirarla a la cara al principio, pero una vez encontrados sus ojos no pude apartar mi mirada.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Eléanör Gàlathiël el Sáb Abr 16 2016, 18:06

Notó la mirada fija del joven, y se sonrojó más, bajando la mirada, mientras el chico, nervioso la bajaba al suelo con delicadeza. Eléanör tragó saliva y suspiró, más tranquila. Quitandose el polvo del vestido y dejando el libro sobre la mesa. Alzó entonces la mirada al joven, parecía tan nervioso y tímido como ella. Sonrió ante sus disculpas y negó con una ligera sonrisa tímida, con ojos lánguidos.

- No se preocupe, muchas gracias por la ayuda, me ha salvado.- comentó agachando la cabeza, en señal de agradecimiento y respeto.

Alzó nuevamente la mirada con sus sonrisa tímida, y se fijó algo más en su salvador, era un chico alto, de pelo rubio y claros ojos azules que tenía más fuerza de la que parecía, pues la había cogido en su caida, sin tambalearse, y había podido sostenerla un rato largo, que no era pesada, no, no lo era, pero eso no quitaba que sostener un cuerpo no fuera dificil. Notó entonces, entre los mechones rubios del chico, que, como había creido ver, asomaban unas orejas puntiagudas, similares a las suyas.

Ya era el tercer elfo que se encontraba por Lunargenta, y tampoco se parecía en nada a los que había conocido en su hogar. Los de allí solían ser seguros y hablar poco, este chico parecía ser tan tímido como lo era ella, y estar acostumbrado a trabajar con las manos, pues, de otro modo, no entendía su fuerza. En realidad, era ella la más diferente, a penas tenía fuerza, por no decir que esta era totalmente nula.

Bajó la mirada avergonzada por haberlo mirado demasiado tiempo, y vio, entonces, el carboncillo roto en el suelo, fue a agacharse a por él, pero el joven se le adelantó, tomandolo por ella y devolviéndoselo. La chica tendió la mano y tomó el carboncillo, sonriendo avergonzada, su torpeza no cambiaba fuera cual fuera la situación.

- Gracias.- murmuró apartandose el pelo de la cara, dejando un mechón tras una de sus orejas de punta.- Perdone, aun no se su nombre y ya le estoy causando problemas. Me llamo Eléanör, encantada.- se presento con una sonrisa, intentando vencer su timidez, mirandolo a los ojos.- ¿Le interesan las plantas? Si quiere, ya que esto está roto.- dijo en referencia al carboncillo.-Puedo prestarle una oja y uno de los trozos.- propuso.- Si... si quiere, no quiero molestarlo o importunarlo o....-

Había acabado poniendose nerviosa, tartamudeando y hablando de más, como siempre. Bajó la mirada, nerviosa y sonrojada nuevamente, esperaba no haber dicho nada que molestase al joven.
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Re: La torre de Babel {Privado} {Jericó-Eléanör}

Mensaje  Sarez el Jue Jun 30 2016, 19:34

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