¡Arde, Lunargenta! [Int. Libre] [3/3] [Cerrado]

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Re: ¡Arde, Lunargenta! [Int. Libre] [3/3] [Cerrado]

Mensaje  Catherine Blair el Mar Mayo 31 2016, 22:42

Su mirada suplicante aún permanecía sobre la chica biocibernética cuando esta hundió el dedo en la llaga más dolorosa que podría herir los sentimientos más profundos de la vampira.
Y es que, aquella acusación se le atravesó con una amargura más dura que las palabras que usó Mortagglia contra ella.
Asesina, así la había llamado Rachel, y para cuando la morena decidió actuar, Catherine siquiera tuvo valor de moverse del sitio, siquiera tuvo valor de despegar la vista del suelo en donde segundos antes estaba la bio.

¿A quién pretendía engañar? Ella tenía razón, y, probablemente, cuando la culpó se estaría refiriendo tan solo a las muertes de aquella noche, a la muerte que había dado a aquellos otros vampiros como muestra de rebeldía. Pero no todo quedaba ahí. Quizás para Rachel sí, pues era lo que ella había visto, pero… lo era, era una asesina, porque la cantidad de sus congéneres que había matado en la plaza no se acercaba siquiera a un diez por ciento de la cantidad de personas inocentes a las que había dado fin. Y en aquel momento siquiera el pensar para sí misma eso de… “lo necesitaba para alimentarme, para sobrevivir”, “era un mal hombre, o una mala mujer, merecía morir”, y un gran etcétera de excusas, le estaba sirviendo para nada. De hecho, le estaba sabiendo a mierda cada pensamiento que tratara de transformar aquella cruda realidad en un mero intento de justificar sus actos.
Cuando se abalanzó sobre los suyos lo hizo bajo el pretexto de estar en contra de aquella carnicería, en contra de la Dama, en contra del cómo estaba llevando a cabo sus intenciones. Pero era en ese momento, allí plantada mientras todo sucedía a sus espaldas, que Catherine se percató de que en aquella batalla no sólo había sido una traidora, una asesina, también había sido una hipócrita.

El sonido de la bandada de murciélagos que anunciaba la huida de Mortagglia despertaron los sentidos atorados de la albina, que se giró como un resorte sobre sí misma, dándose de cara con aquella “victoria” por parte de las brujas. Pues si bien no habían derrotado a la Dama, al menos la habían ahuyentado por el momento.
Aún como embotada, Cat miró tanto a Isabella como a Rachel, luego a Elen. Y a medida que las féminas discutían, la joven iba regresando a la realidad hasta pensar en lo más lógico para ella tras sus minutos de debate existencial. Era un vampiro, y no importaba las piezas que hubiera movido en pos a la victoria de los del otro bando, ahora estaba en peligro.
Eso pensaba, y su vocecilla interior volvió a resurgir pidiendo a gritos que aprovechara los pocos minutos de confusión que quedaban para salir pitando.

Comenzó a arrastrar los pies, despacio, pareciera que en cualquier momento iba a echarse a correr. Pero entonces el lugar se comenzó a llenar del resto de cazadores y personas que habían echado una mano con el problema. De nuevo surgió la pregunta del qué hacer, o qué decir.
Y cuando su mente volvía a divagar en otra cosa, a parte de en una vía de escape, algo que la sorprendió sucedió.
Rachel se había acercado, pidiéndole disculpas por lo que le había dicho. Catherine la miró en un primer momento dolida, después… extrañada.

No… no dijiste nada que no fuera cierto –Musitó volviendo la cara hacia un lado, con el ceño arrugado por la preocupación bajo el espeso flequillo. Al girar el rostro vio de frente a Elen, finalmente tendría la oportunidad para decirle lo que hacía rato reveló a Rachel. – Elen, siento esto… lo que ha ocurrido –Era odioso que aquellas palabras que antes pudo decir con tanta seguridad ahora se le atravesaran en mitad de la garganta. Tuvo que carraspear antes de seguir y, de paso, procuró ser escuchada por los demás que estaban allí.. – Yo… voy a marcharme de aquí, no quiero causar problemas a la gente de esta ciudad.

Tensó la expresión del rostro. Cualquiera podría adivinar que tras aquellas palabras no sólo se escondía una disculpa, también había un modo de solucionar las cosas, al menos por su parte, dando a entender que, por mucho que ahora actuase para con el bien de los habitantes de Lunargenta, hasta ese día había sido uno de los muchos monstruos que los había estado acechando cada vez que el sol se ponía.
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Mensaje  Rachel Roche el Vie Jun 03 2016, 17:44

Estaba decepcionada. Me costaba demasiado mantener mi cabeza en lo que estaba pasando, las palabras de Elen eran demasiado duras y ciertas, pero la Dama… era mi líder. ¿Iba a permitir que mi líder falleciera? - ¿Y qué habrías hecho tú en mis circunstancias? – le pregunté a la bruja, intentando mostrar una entereza que no tenía, reclamándole una solución coherente a mi situación. Era muy fácil decir que la detuviera, pero yo le debía lealtad a la vampiresa y, de hecho, continuaba debiéndosela. Aunque es cierto que había muerto demasiada gente allí. Aún así, Isabella parecía tener reservados planes para mí y prefería que permaneciese en libertad. ¿Me espiaría de algún modo?

Elen se dirigió a ella. Preguntándole sobre la susodicha Anastasia, que seguía en boca de todos y ni siquiera se encontraba presente. ¿Tan importante sería aquella mujer?

-Precisamente Anastasia está en algún lugar de los bosques del oeste. – dijo la mujer. – ¿Crees que podrás encontrarla? De ser así, me harías un gran favor pues hay otros asuntos que requieren mi presencia. Confío en ti, Elen. -  Le preguntó. Haciéndome pensar sobre qué asuntos más importantes habría que salvar a un hijo. Aunque viendo cómo se las habían gastado hace cinco minutos Mortagglia y ella... Definitivamente, Isabella debía ser muy misteriosa.

Continuaron hablando sobre un Centinela. ¿Se estaría refiriendo a mi amo? ¿A aquel que me pegaba y maltrataba por fallar en mis misiones o durante mi instrucción? Esperaba, de corazón, que no fuera ese. Isabella no parecía sorprendida por la pregunta de la bruja y no tardó en contestarle mientras se subía a un caballo que le habían traído los cazadores que la acompañaban.

-El centinela… – - comentó reflexiva, haciendo esfuerzo por recordar. - Estoy investigando aún de quién se trata ese monstruo. Sólo sé decirte que es un espadachín muy peligroso. – quedó pensativa unos instantes. – Que además cuenta con una especie de joya rojiza que brilla y le da poder, permitiéndole atraer las sombras. Es su mayor recurso. Mantente alejada de él. Huracán ya lo derrotó una vez, creo que destruyó la joya, pero necesitó la ayuda de mucha gente. Aún así sobrevivió y ahora está recuperándose en algún lugar. Encontrarlo es la misión de Anastasia. Se supone que yo debería dar esquivazo a Mortagglia, que la perseguía. – le dijo. ¿Es que habían derrotado a mi jefe? Aquello me hizo alterarme y hacer que me pusiera nerviosa. Algo que la gente no parecía recordar.

A continuación, llegó también la guardia y comenzó a conversar sobre los acontecimientos en la ciudad. Haciendo que la joven vampiresa y yo quedáramos marginadas y excluidas de la sociedad nuevamente. No era una novedad que la gente me excluyera a mí de ningún sitio.

Lo que más me dolió fue lo que la tímida vampiresa de cabellos blanquecinos me había dicho. Asumiendo con toda naturalidad que lo que había dicho en un momento de pronto impulsivo era cierto. La había llamado asesina, pero no sólo a ella, sino a toda la plaza. Pero fue a la joven vampiresa a la que más parecía haber dolido mi palabra, lo cual hizo que se me encogiera el corazón.

-No digas eso – le dije arrepentida. – No quería decirlo. Perdóname. – le pedí entristecida y es que, como había dicho Elen, tal vez fuera yo la mayor de las asesinas, pues permitir vivir a la Dama podría provocar muchas más muertes pero, ¿qué debería haber hecho? NIA no respondía en aquel momento. Debía de haber quedado eclipsada por todo cuanto había ocurrido. Y mi inteligencia no hacía comentarios al respecto.

La vampiresa se disculpó a Elen. Yo no tenía valor para hacerlo. Estaba claro que ella, era mucho más valiente que yo y debía de decírselo. Y lo hice al tiempo que aseguró que partiría.

-Has demostrado ser mucho más valiente que yo. – le aseguré. – Yo no he sido capaz de enfrentarme a los que se supone que son “los míos”. Cosa que tú si has hecho. No te arrepientas por ello. – me quedé unos segundos pensativa.

Lo cierto es que no quería buscar respuestas a todas las preguntas que pasaban por mi cabeza en soledad. Necesitaba alguien con quién desahogar y cuestionar si todo cuanto había sucedido aquella noche era correcto. Era muy joven. Sólo tenía recuerdos de los últimos tres meses. Y todo lo aprendido en relación a ética y moralidad me quedaba muy endeble. ¿Quién mejor en aquella plaza que alguien que era, o parecía ser, como yo? Me dirigí a la única persona que parecía tener un debate existencial parecido al mío: la vampiresa.

-¿Me permitirías ir contigo? – le pregunté. – Necesito alguien que me ayude… que me ayude a desaparecer.

Si la vampiresa aceptaba mi propuesta, la acompañaría. Parecía tan apenada y abatida como yo, además de mostrar las mismas ganas de escapar de la ciudad y no volver a aparecer nunca jamás.
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Mensaje  Elen Calhoun el Lun Jun 06 2016, 08:49

- Lo correcto. - pronunció la bruja con voz cortante, en respuesta a la pregunta de Rachel, sin apenas girarse a mirarla. Todo podía haber acabado allí, pero por culpa de la bio Mortagglia había logrado huir y ahora el tiempo estaría en contra de los cazadores, que debían encontrarla y darle muerte antes de que pudiese recuperarse. Isabella no tardó en revelarle la dirección que su hija había tomado, hacia los bosques del oeste, muy cerca de Sacrestic Ville. - Perfecto. - pensó para sí la hechicera, que podría aprovechar el viaje para ocuparse del tema que Sammuel le había mencionado en la carta e informar a su amiga, por una vez las cosas estaban a su favor.

- La encontraré, aunque tenga que peinar todo el bosque. - comentó con tono firme, decidido. No sería complicado averiguar por dónde había pasado el par de cazadores, pero las gentes de Sacrestic siempre se mostraban reacias a hablar con los extraños, el miedo a la muerte y a los vampiros los volvían desconfiados, así que tendría que tener paciencia con ellos. Instantes después de revelarle el próximo paradero de Anastasia, la maga comenzó a responder las cuestiones que Elen había formulado anteriormente, sobre el centinela. La preocupación se reflejó en el rostro de la tensai, que tras escuchar la breve descripción del sujeto no tuvo dudas, se trataba de Vladimir, el protector de las tierras del oeste que llevaba un par de años en paradero desconocido, al menos para Tarivius.

El anciano estaba en lo cierto, Vladimir seguía vivo, pero al parecer ya no hacía honor a su cargo como centinela, sino que de algún modo estaba compinchado con Mortagglia. Sabiendo la maldad que cargaba en su joya, desde hacía más de un siglo, y que ponía por encima de todo a los de su raza, Elen no se extrañó de que aquel guerrero hubiese terminado formando parte del plan de la Hermandad, pero debía intervenir, aunque no gustase ni a él ni a los cazadores. Huracán lo estaba buscando, probablemente para matarlo y librarse así de las marcas que les había hecho tanto a ella como a su madre, pero la de ojos verdes por una vez no podía estar del lado de su amiga, debía detenerla.

Vladimir podía ser malvado y un irresponsable para con su deber, pero lo necesitaba vivo, necesitaba que los cuatro centinelas se uniesen para vencer a los jinetes, así que debía darse prisa en encontrar a la cazadora, antes de que fuese demasiado tarde. Sin decir palabra, pues explicar a Isabella que ella misma era otra centinela quizá no fuese la mejor idea, Elen esperó en silencio hasta que la vampira de cabellos blancos se acercó a ella, para pedir disculpas en nombre de la masacre que los suyos habían causado aquella noche en las calles de la ciudad. - Has sido muy valiente al luchar contra los de tu propia raza, queda claro que no sois todos iguales, aún queda esperanza. - dijo la bruja, con tono algo más amable.

- Gracias. - añadió segundos después, antes de que Rachel se acercase también a la joven, para preguntarle si podía ir con ella. Elen cruzó una mirada con Isabella entonces, esperando que la maga vigilase los movimientos de la bio, por si trataba de volver junto a su líder. - He de irme. - anunció en voz baja, para acto seguido dirigirse hacia la guardia y sugerirles que doblasen las rondas nocturnas, y que además vigilasen con especial atención las entradas y salidas de la ciudad, para controlar qué personas llegaban a Lunargenta. Tras esto, la de ojos verdes posaría su mirada durante un instante sobre la hechicera de tierra, tan joven y a la vez decidida para actuar cuando era debido, quizá algún día la tuviese en consideración para algo importante, como ser su sucesora.

Sin perder más tiempo, Elen se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a la posada, sabiendo que ya no disponía de dos días para preparar su viaje hacia las tierras del oeste, debía partir en cuanto amaneciese y a toda prisa. Huracán probablemente no entendiese el porqué de que quisiera mantener con vida a Vladimir, pero ya iba siendo hora de que supiese toda la verdad sobre ella, y lo que era.

Una vez en el local, la benjamina de los Calhoun cruzó unas palabras con la tabernera para encargar provisiones, y tras esto subió a su habitación para preparar sus pertenencias y descansar un poco antes de abandonar Lunargenta.




Ficha del personaje   Habilidades   Lista de Tareas

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Re: ¡Arde, Lunargenta! [Int. Libre] [3/3] [Cerrado]

Mensaje  Catherine Blair el Mar Jun 07 2016, 02:02

Los labios de la albina dibujaron una fina línea tras recibir las siguientes palabras de Rachel. La chica biocibernética parecía realmente arrepentida, y le pedía que no se disculpase con ella; y si Catherine no lo volvió a hacer fue tan sólo por no querer incomodarla, pero en su interior seguía con aquel pensamiento y aquellas palabras latentes.
Rachel no tenía la culpa de nada, no a cerca de ella. Quizás para todos los presentes, los actos de la bio habían sido un fastidio para el verdadero “buen final” de la noche, pero sobre aquello que tachó a todos, a Cat… de eso no tenía culpa, porque la vampira había asesinado a muchos y mucho antes de aquel día.

Por suerte, aquello no parecía traslucir en las palabras de Elen, ni en ningún gesto de los demás cazadores, los cuales no parecían tener intención alguna de frenar a la vampira o hacerle algún daño.
Aquello, y lo que le dijo la joven bruja de cabellos plateados, hicieron aparecer en el rostro de Catherine una leve pero sincera sonrisa, quizás la que más le había costado esbozar a lo largo de su vida, pero a la vez, la más agradecida y aliviada de todas.
“Gracias a vosotros” quiso decir, pero temía que el hablar le rompiera aquella expresión que después de tanto tiempo se había atrevido a mostrar, siendo eso lo último que dedicó a la bruja mientras se retiraba, a modo de despedida.

Cuando la albina se giró, volvió a toparse con Rachel. La chica le regaló otra frase que, si bien borró levemente la sonrisa de la vampira, avivó en sus mejillas cierto rubor que se disimuló por el calor que las llamas, aún cercanas, se reflejaban en su cara.
Y es que, pocas eran las veces desde que se había convertido en aquel monstruo que la habían elogiado tanto por sus actos.

Que menciones eso ahora… es más que suficiente –Le contestó Catherine buscando con la mirada sus propios pies, intentando disimular el gesto abochornado. Pero entonces la morena recitó una pregunta que hizo levantar la cabeza a la vampira cambiándole todo el rostro por una expresión sorprendida que duró unos instantes.

Se quedó mirando a Rachel con los ojos muy abiertos, y dentro de su estupefacción, miró por encima del hombro a sus lados, como si aquella cuestión no fuera dirigida a ella, o no creyera que fuera hacia ella.
Pero estaba claro que sí, y entonces cayó en la cuenta de aquello que mencionó la biocibernética momentos antes. Quizás ahora se encontraba en la misma encrucijada que ella. De una manera más sutil, pero igualmente se había terminado por rebelar, o eso pensaba Cat.
Eso pensaba mientras su expresión se fue suavizando, y lanzando la misma mirada cómplice que antes había dedicado a la propia Rachel cuando decidió levantarse y luchar, emprendió el camino hacia una de las callejuelas que se abrían paso desde el lugar incendiado y se perdían por la oscuridad de una Lunargenta ya mucho más tranquila; dejándole una señal silenciosa en el aire y el camino libre tras ella, si es que realmente quería acompañarla.
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