[Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

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Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Miér 6 Jul - 22:12

La cabeza de Iltharion se hallaba embotada, no como cuando los retazos del alcohol se hacían presentes tras un largo sueño, y la resaca aquejaba, esa era otro tipo de confusión, una también conocida, ni fruto de la bebida ni de las drogas o del extremo cansancio, si no de un contundente golpe en la cabeza del que empezaba a recuperarse tras largas horas.
Su visión, algo enrojecida le marcaba que algunos de los capilares de sus ojos habían reventado en el impacto.
El elfo cerró los ojos, y se concentró en sus recuerdos un instante, intentando dilucidar donde se hallaba, que había ocurrido.

Lo ultimo que recordaba era el sonido de una fiesta cada vez mas suave, las luces de la plaza quedaban a sus espaldas, una risa femenina, el tacto de la suave piel de una mano pequeña y delicada sobre la propia, su olor a jazmín y el tono verde bosque de sus faldas al moverse  mientras corrían en busca de un lugar  mas discreto.

Se había sentido un poco observado los días anteriores, pero había sido necio al no prestarle atención sabiéndose lejos de los lugares donde mas odio había despertado, sin duda alguien debía de haberse gastado unos buenos Aeros para suplir su venganza.

El elfo trató de centrarse en el presente, el traqueteo del carruaje en el que se hallaba no solo era perfectamente audible si no que lo sacudía de arriba abajo cuando las ruedas pasaban por encima de alguna irregularidad en el terreno.  Los cascos chocaban contra el suelo, marcando el número de caballos que lo llevaban, eran dos... no... eran cuatro... definitivamente alguien tenía prisa.
Estaba apoyado sobre una superficie irregular, barrotes romos, por el tacto de su rostro apoyado en el frío metal debía de ser acero forjado, y notaba una tela trozarlo de forma intermitente con los movimientos de la carreta, probablemente alguna lona que cubriera su contenido.
El hijo de Sandoraí abrió lentamente los ojos, intentando recuperar la nitidez en su vista paulatinamente.
Se hallaba sentado, sobre su regazo las manos firmemente  atadas con cuerda de ataña, un nudo firme y burdo que marcaba el apuro, la destreza y el poco cuidado para con la persona a la que se lo habían puesto, el.
Lo habían desprovisto de las botas, tampoco llevaba consigo ni su morral, ni su laúd ni mucho menos sus dagas. incluso la cadena llena de anillos, o los pendientes dorados habían desaparecido, podía notar la ausencia de su peso, y del repiqueteo constante que deberían hacer con aquel movimiento.
Alzó la vista para contemplar al resto de gente en la carreta, sus figuras cobraban nitidez con lentitud en la penumbra de la celda de acero completamente cubierta, como si fuera la jaula de un pájaro cuando se busca que deje de piar. Quizás aquello le daría una mejor idea de porque estaba allí, aunque podía imaginárselo...no, quizás aquello le diera una mejor idea de quien lo tenía, a fin de cuentas, eso era lo que realmente importaba.

Des de a fuera el elfo no era mas que una figura delgada y encorvada en un rincón de la carreta, atado como el resto de sujetos que allí se encontraban, no eran muchos y no parecía haber relación ninguna entre ellos, como si hubieran sido seleccionados a suertes o por el destino.  El pelo cobrizo caía suelto y lacio hasta el suelo de la carreta en donde se enredaba sobre si mismo, su sien lucía un reguero de sangre seca que enmarcaba su ojo y caía hasta el pómulo, donde no se detenía si no que se emborronaba como si hubiera tratado de limpiarlo burdamente con la mano.
La camisa de lino ajada se hallaba abierta hasta el abdomen, y las mangas sueltas, cada cordel de su vestimenta había sido retirado, y solo permanecía uno en los pantalones sosteniéndolos precariamente a su cadera. Hasta sus pies se encontraban desnudos con las puntas de los dedos enrojecidas por el frío.
El resto de sujetos no se hallaban en mejores condiciones, y algunos estaban aun mas desprovistos de pertenencias  y consciencia, mientras que las salpicaduras de sangre habían sido mas generosas. Lo único que denotaba que no había cadáver alguno en la estrecha jaula era la respiración irregular de la gente que yacía traspuesta, y algún que otro ronquido profundo de los que en vez de despertarse habían terminado profundamente dormidos.



requisitos e información varia:

La idea es que todos los participantes despertemos en la misma carreta, y sin pertenencias que se podrán recuperar posteriormente a elección del personaje.
Pido mínimo una respuesta cada dos días, tal y como estipula la normativa del servidor.
El que se una puede ser tanto porque alguien lo quiere fuera de circulación como porque lo han confundido con otra persona, de ser la segunda por favor que me avise  por mp.
Si se posee alguna profesión puede ser interesante añadirla para resolver algunos inconvenientes o afectar al hilo.
Se trata de un tema en el que se use la estrategia y la mente por sobre de la fuerza bruta.
Es un interpretativo pero espero que se haga un uso coherente de las estadísticas, en caso de ver a alguien haciendo de Rambo solicitaré revisión del staff.


Última edición por Iltharion Dur'Falas el Vie 26 Ago - 23:54, editado 2 veces
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Èdvon Lyênnerun el Vie 8 Jul - 22:49

Jadeos, berridos y un halo de sangre sobre la madera, que temblaba bajo sus piernas. "No es mía", pensó, antes de recostarse sobre lo que parecía ser un barrote de acero, frío como la lluvia de Sandorai. A su vera, un hombre de aspecto recio, aunque cansado, luchaba para deshacerse de una soga atada alrededor de sus enrojecidas muñecas; a raíz de ello, se percató de la cuerda que amarraba con fuerza las suyas propias. "¿Dónde estoy?", se preguntó, quejumbroso, tratando de recordar los sucesos previos a su funesto despertar; no obstante, los harapos de sus compañeros nublaron todavía más la verdad que acontecía tras toda aquella maraña de dudas que carecían de respuesta. Incluso las suyas parecían haber sido arrastradas por las tierras más húmedas y pantanosas jamás recorridas.

Frente a él, un elfo de aspecto mortecino observaba a los demás sujetos. De su sien emanaba un río de sangre que surcaba su rostro, desembocando en el pelo de fuego que brotaba de su cabeza, desparramado por el suelo de lo que parecía ser un carromato.

¿Te encuentras b...? —casi pudo preguntar, antes de notar cómo su voz se quebraba; apenas lograba exhalar incoherentes balbuceos. "¿Qué me han hecho?", se preguntó a sí mismo.

Se palpó la sien, el cuello y el torso; carecía de heridas o moratones, al contrario que sus desconocidos camaradas. Trató, a su vez, de deshacerse del bramante que anudaba sus tobillos. Una vez, y otra, y otra, y otra... No pudo.

Escrutó la zona minuciosamente: cientos de árboles encubrían el paisaje, incluso el cielo, del que dedujo que, tan solo hacía unas horas, había desterrado al sol, dando lugar a una oscuridad aterradora. "Socorro...", susurró para sus adentros. Estaba asustado, no lo podía negar. Le habían despojado de su báculo, así como de su preciado collar, heredado de sus ascendientes. Ladeó la cabeza y cerró los ojos, haciendo ademán de calmarse. Un sinnúmero de recuerdos borrosos acudieron a su mente: en ellos, una sombra recorría con astucia los parámetros del claro en el que creía encontrarse. Èdvon alzó su báculo, encarándose con el anónimo, horrorizado; no obstante, aun conjurando un círculo que ahuyentaba a los no-muertos, no era esta extraña criatura la que acechaba desde la penumbra.

Y nunca supo cuál era.
[...]

Un fuerte dolor de cabeza consumió sus recuerdos, provocando que volviese en sí.

¿Por qué? ¿Por qué el elfo? Pensó en su padre. ¿Habría ordenado él la caza de su hijo? ¿O querrían los secuestradores una recompensa? No tenía constancia de las riquezas que dudosamente poseía su padre. No, no era eso. "¿Querrán ejecutarnos?", se preguntó a sí mismo. Había oído hablar de un grupo de canallas en una pequeña ciudad; según los soldados de la misma, aguardaban pacientemente a sus víctimas en los bosques, para luego despojarlos de todas sus pertenencias.

Volvió el rostro para ver la imagen de sus raptores, en vano. La desesperación brotaba en Èdvon. Quería chillar. Quería patalear. Quería despertar de aquella pesadilla...

Quería ayuda.
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Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Vie 8 Jul - 23:32

Un casi inentendible balbuceo ayudó al bardo a empezar a enfocar su vista. El borrón blanco se convirtió en una cabellera corta, y el rostro difuminado del hombre  que tenía delante cobró nitidez hasta mostrar el rostro juvenil de uno de sus homólogos, quien comprobaba su  propio estado con  miedo en la mirada.

El bosque apenas  se  podía ver  a través de la lona que, a veces, dejaba  rendijas al moverse el carruaje. La penumbra crepuscular se volvía más opaca mostrando que la oscuridad era fruto del ocaso y no preludio al amanecer.
Iltharion alargó ambas  manos atadas entre los barrotes, y apartó mas las lonas.
Los arboles deshojados parecían cientos de columnas que se extendían como un muro impenetrable, solo la neblina, baja, y que cubría las altas ruedas del carruaje casi por completo, se atrevía a serpentear entre lso aplidos troncos y los enmarañados zarzales que ocultaban el suelo de la vista.
El elfo soltó una  maldición por lo bajo, en una lengua que solo su compañero podría entender, reconociendo  la inconfundible anatomía de  los bosques del oeste.

-Muchacho.-La voz del bardo rompió el silencio, en un tono bajo, pero ronco,seco, como si hiciera  largas horas que no hablaba. La cabeza del mismo se separó con lentitud de los barrotes de acero forjado, y sus manos volvieron al regazo, sin forcejear con  las cuerdas para  no lastimarse como lo habían hecho otros.
-¿Porque estás aquí?.- Una  pregunta que podía tanto saber cómo no. El bardo podría pasarse toda la noche dando motivos por los que debía de estar en esa  carreta, quizás no era el único consciente de  sus propios enemigos. Por precaución, el hijo de sandorai había decidido hablar en la lengua de su gente, de ese modo, aun cuando la sombra del cochero se vio recortada contra la tela, al inclinarse hacia atrás por el sonido, adelantándose a la lumbre  que  tenía para guiarse el carruaje, estuvo convencido de que sus palabras serían solo para ellos.

Iltharion había aprendido que en muchas  ocasiones la gente confiaba  más en su propia especie, y en aquella, cualquier aliado era bien recibido. Sabia mas o menos donde estaba, sabía que era  prisionero, y podía imaginarse donde se encontraba, solo su destino era incierto.

No pasó mucho rato hasta que el carruaje dio un salto, y el sonido de la tierra bajo las ruedas cambio por el del irregular empedrado de una población. La mayoría de las casas se hallaban cerradas a cal y canto, y sus siluetas alargadas se  alzaban a lado y lado de la carreta como inmensos torreones grises y ajados por el tiempo.
El viento ululaba por las calles y entre las buhardillas como si fueran extrañas bestias.
Mientras  se adentraban en la  aldea, primeros ruidos del despertar empezaban a romper aquella inmovilidad que se extendía sobre Sacrestic Ville durante la noche.
Los portones de los comercios  eran los primeros en abrirse, y  aunque no había demasiado turismo, siempre tenían a su alcance la fauna local para ejercer de  clientela. Los ventanales  se abrían, y solo tras unos pocos, más por lujo que por necesidad, se prendían veladores dejando ver que había alguien en casa.
Las chimeneas empezaban a soltar sus largas  columnas  de humo, pues los hombres malditos no eran inmunes al frío de la noche.
A primera vista, pese a lo lúgubre de su imagen, a la falta  de luz, al aspecto mortecino de  los rostros de los mas madrugadores del pueblo de los caminantes nocturnos, y a la escasez de los olores a comida característicos de cada ciudad, le daban a aquella villa una sensación fría, poco hospitalaria. pero a medida que la gente alía a hacer sus quehaceres casi podían parecer un pueblo como cualquier otro...quizás uno tuberculoso, y que no comía demasiado, pero uno al fin y al cabo.

-Bienvenido a Sacrestic Ville.- Murmuró el bardo sin demasiado entusiasmo, desviando  la mirada de  lo poco que veía desde la jaula que compartían, al joven de su especie que se hallaba  en ella.- Soy Iltharion, y confío en que poseas las mismas  ganas  que yo de salir de aquí entero.
Finalmente el bardo dejo de ver al exterior para mirar fijamente a su contertulio,  varias ideas corrían por su mente sobre  porque se hallaban en ese lugar, y ninguna de ellas cobraría claridad hasta que el cochero no se detuviera delante de su destino.
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Mensaje  Èdvon Lyênnerun el Sáb 9 Jul - 1:53

La tierra es tu madre; los elfos, tus hermanos.

Durante décadas, fue lo que Yngwë, su mentor, se había esmerado en hacerle comprender. Humanos enloquecidos, brujos poderosos, vampiros hambrientos y feroces dragones. Nada suponía una amenaza si aunaba fuerzas con sus hermanos. En aquel momento, justo en frente, se encontraba uno de ellos. Y, cuando comenzó a hablar, reprimió un río de lágrimas, tan espesas como la sangre que circulaba por el suelo del carromato. "No lo puedo creer...", se dijo a sí mismo, perplejo. Pocas criaturas de su especie permanecían hablando aquella lengua arcaica; muchos de ellos, asimismo, rehuían a prolongar sus escasas horas de vida. O de aquello le había informado su tutor. Nunca había entablado conversación alguna con otro elfo. ¡Dioses, apenas había visto uno con sus propios ojos!

Mi nombre es Èdvon —declaró, emulando una seguridad de la que carecía completamente.

"¿Por qué estás aquí?", preguntó su compañero, antes de poder formular ninguna pregunta. ¿Qué hacía allí? Eso quería saber el elfo, aterrorizado por la bruma que envolvía al carruaje. La irregularidad del trayecto se desvaneció un instante, dando paso a un terreno llano, y más tarde, a lo que parecía ser un camino plagado de baldosas. Antes de comprobar su nueva ubicación con sus propios ojos, se arrastró hacia la vera de su camarada, resoplando durante la brevedad de trayecto.

Estoy de viaje —sentenció, tan frío como el tajo de una espada—. Camino a Lunargenta, buscando... algo, me desvié —pausó momentáneamente la acelerada marcha de sus palabras y reanudó su relato—. No tuve otra opción, más la de avanzar hacia el norte. Recuerdo un claro, una sombra...

Se vio interrumpido por los estruendos que emanaban de la población. "¿Población?", se preguntó a sí mismo. Los candelabros expuestos al exterior alumbraban el contorno de innumerables criaturas, que caminaban de un lugar para otro, abrían puertas, ventanas, avivaban sus hogueras, y un largo etcétera.

Tal y como sospechaba, aquel que se hacía llamar Iltharion desató el mayor de sus temores: "Bienvenido a Sacrestic Ville", creyó haber oído; a raíz de ello, su corazón comenzó a bombear con la fuerza de todos los mares que recorrían Aerandir, de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Había escuchado ciento y una historias acerca de los vampiros de Sacrestic Ville. Tenaces depredadores, capaces de beber la sangre de los vivos. Le repugnaba tan solo mencionarlo.

Echó a un lado la lona, tratando de escrutar el paisaje sin llamar la atención del cochero. Y, en cuanto contempló la manada de colmillos que se reunían ante el portal de una de las casas, el susodicho llamó la atención de los corceles, ordenando su pausa.

Supongo... que esta es nuestra parada —comentó Èdvon, horrorizado.
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Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Sáb 9 Jul - 6:04

El bardo escuchó cada  palabra del muchacho sin interrumpirlo con vocablo alguno, observó mientras le oia la seguridad que parecía tener, la frialdad de su tono, y como esa actitud  no tenía nada que ver con la que había mostrado momentos antes.
Solo una breve sonrisa cínica asomó por la comisura de sus labios al notar la pausa, y la vaguedad del término que la precedía, el hueco en el relato que poseía  la clave de que, quien o porque  había terminado ese hijo de sandorai en la misma situación que el. Pero aquella semi sonrisa, si podía llamarse así había sido un gesto tan sumamente  fugaz que cualquiera que  lo hubiera visto no habría podido estar seguro de haberlo contemplado.

El carruaje se detuvo,  y el cochero bajó de  su asiento dirigiendo el mismo. El retumbar del tacón de sus botas sobre el enlosado que cubría el suelo de la ciudad, mientras rodeaba el jaulón cubierto con la lona, y finalmente  abrió las cuerdas que cerraban en un entramado en cruz  la abertura del final de la celda.
La  luz artificial y tenue se  coló en el interior permitiendo que los escasos colores de sus moradores tomaran mas fuerza.

El cochero se recortó al principio como una silueta negra a contraluz, un hombre grande y fornido. Poco a poco la iluminación permitió distinguir su rasgo más notable, una tez morena por el sol. Sus brazos robustos y fuertes tenían  las marcas de las riendas, y los músculos que denotaban la fuerza típica de un hombre  encargado de las caballerizas.
La panza, ligeramente  curvada hacia afuera dejaba entrever que había bonanza para aquel sujeto, probablemente mientras sirviera bien a sus amos, algo que parecía hacer.
Los años habían hecho estragos en su rostro, de una mediana edad ya  larga, y cubierto con una espesa barba  castaña que empezaba a clarear.
-Los que estéis despiertos.-Empezó con una voz arisca.-Pasad  de uno en uno.-Sacó de su cinto un manojo de llaves de entre las cuales una de ellas, bastante grande, llamabala atención por su envergadura y material, idéntico al de  la jaula.
El hombre la giró en el ojal dejando oír el típico "clack" indicando el cerrojo abierto.
-En fila y en silencio.-Abrió la reja y la tela, permitiendo pasar a aquellos lo suficientemente lúcidos como para tenerse en pie.
El hombre que forcejeaba en sus propias ataduras fue el primero en salir, tambaleándose miro a un lado al otro, y atrajo de la calle cada vez más  llena de  vida las miradas de transeúntes y artesanos, quienes habrían podido ser confundidos con citadinos de otras latitudes de no ser  por su extrema palidez, y aquel brillo rojo en los ojos de los mas hambrientos.

-Se  prudente, cauto, y piensa rápido, no todos los  conejos que llegan a una mansión terminan en el guiso.-Ese era todo el consuelo que el bardo podía darle a su semejante, y es que los ricos consentidos gustaban a veces de quedarse con algunos bestias como juguetes y mascotas, y los burgueses vampiros no eran tan distintos a los humanos pues lo habían sido no hacía tanto tiempo como a muchos les hubiera gustado.
Iltharion  bajó, estremeciéndose al sentir la fría piedra bajo los pies, y miró a su alrededor, adaptando la mirada a la nueva luminosidad. Su mriada se pasó por la gran casa delante la que se hallaban.
Grandes ventanales  en los balcones superiores, completamente  cubiertos con pesados cortinados que ahora se encontraban recogidos a lado y lado,dejando ver en el interior de la casa la cálida luz amarillenta de los hogares, ostentación de posición. El resto de la casa si bien seguía estando bien trabajada disponía de menos aberturas  al aire libre, probablemente  las dependencias diurnas de  sus moradores, y las estancias de la servidumbre.

La puerta de servicio se abría a un  costado del edificio, y entraba y salia de ella un jovencito pecoso que no debía de tener mas de 11 años, blanco como el marfil,  con  el pelo castaño y revuelto, y el cual descargaba con inusitada fuerza y energía las pertenencias de  los presos de la parte delantera de la carreta.
El hombre que dirigía a los presos miraba al niño como si este fuera el mundo cayendo sobre sus hombros.

Dos hombres más, igual de cenicientos que un muerto, salieron de aquella puerta y pasaron por al lado de los elfos, dispuestos a cargar con aquellos que estuvieran demasiado débiles o inconscientes como para caminar por si solos, y los hicieron desaparecer tras el umbral de la puerta.

Iltharion avanzó cuando el patrón se lo indicó, y se dejó conducir al interior de la morada. Pasaron por un pasillo de paredes de madera y los dejaron en una sala casi sin mobiliario, donde una mujer de aspecto severo manejaba unos papeles sobre un escritorio y se dirigía a los sirvientes que cargaban con los desfallecidos.
-Son estos dos.-Le extendió a uno de ellos unos papeles de diferente calidad y letra. El hombre sin manos libres tubo que sostenerlos bajo el mentón.- El señor no los quería, así que pueden drenarlos.-Indicó sentándose de nuevo en la silla de escritorio y volviendo a posar sus ojos, demasiado vivaces para la edad que aparentaba, sobre el papel. Los siervos desaparecieron por la puerta con sus cargas.

La estancia quedó entonces con la pared del fondo presidida por aquella dama entrada en años,cuyo pelo plateado estaba lleno de vetas blancas como si fuera  hecho de la propia luna, y con una piel tan pálida que aun arrugada dejaba traslucir las venas a través de la misma.
La fina de presos discurria en paralelo de la pared contraria, y el cochero custodiaba  la puerta atrás de  ellos impidiendoles huir.

-Acérquense y diganme su nombre.- Indicó esta vez dirigiéndose al bardo y al resto de prisioneros.

El fornido hombre de  las muñecas heridas fue el rimero en caminar, como había sido también el primero en salir.
-Franck...me llamo Franck, tengo una panaderia en Roilkat..yo no debería estar aquí.-La anciana izo caso omiso al resto de datos, mientras el hombre hablaba  de su familia, y de los hijos, intentando apelar a una compasión que claramente no poseía, esta solo buscaba entre los papeles, cartas de los contratantes buscando la que pertenecía a aquel hombre.-Colocate a la derecha.-señaló una de las paredes laterales la vieja, y entonces clavó la mirada sobre el joven elfo de pelo níveo, indicando con un gesto que se acercara.
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Mensaje  Èdvon Lyênnerun el Sáb 9 Jul - 18:39

Quejumbroso, aguardó con suma impaciencia la llegada del cochero, que horadó la lona y engastó la llave en la cerradura de la celda. Antes de desalojar el carromato, el elfo escrutó un caserón en el colofón de la calle; funesto y luctuoso, representaba el intrínseco aislamiento de los vampiros.

El adosado de la calle, tan frío como la nieve, heló con absurda sencillez los pies descalzos de Èdvon, que oteó el contorno de un churumbel, de apenas once años, cargando una gran caja de madera roída que atesoraba las pertenencias de los prisioneros. Una vez más, trató de deshacerse de la soga amarrada a sus muñecas, así como había logrado hacer con la misma que ataba sus tobillos. "Necesito mi báculo", se dijo a sí mismo, haciendo ademán de apretar los puños; no obstante, sus pensamientos se vieron interrumpidos por una horda de hombres fornidos que cargaban con aquellos que no eran capaces de valerse por sí mismos. Junto a ellos, una criatura de aspecto gomoso inspeccionó al grupo minuciosamente, y sin mencionar una palabra, los acompañó hacia el interior de la mansión, decorada por numerosos ventanales, así como un gran rosetón de misteriosos colores, plasmado en uno de los torreones centrales.

No hubo forcejeo ni protestas, más que los mudos aullidos de dolor que producían las ataduras.

El camino desembocó en una sala recargada, regentada por una mujer de aspecto cansado y extenuado; su cuero cabelludo, tan blanco como el del elfo, representaba una longevidad de la que este último carecía. Sus ojos, azafranados, brillaban con la intensidad de un corazón bombeando sangre. Aquel, no había duda, era un momento incómodo. Las palabras de su compañero, hijo de Sandorai, habían avivado en él una chispa de esperanza, tan breve como imperceptible. Debía mantener la compostura, por su propia seguridad.

Uno de los prisioneros, aquel que anhelaba con todas sus fuerzas deshacerse de aquellas molestas ataduras, avanzó unos pasos, aterrado:

Franck..., me llamo Franck —se presentó, tembloroso—. Yo no debería estar aquí... —se excusó, en vano.

Una vez concluyó su apelación, se echó hacia un lado.

Y, de repente, una mirada furtiva.

Los ojos de aquella mujer, implacables, se posaron sobre los suyos. El elfo rehuyó su mirada, espantado; no obstante, uno de los hombres que aguardaban en la puerta, fuerte y, en aquellos momentos, temido, empujó a Èdvon, colocándole ante quien parecía ser su jerarca, y la mente principal tras aquel terrible suceso.

Tu nombre —exigió saber.

El elfo vaciló momentáneamente.

Èdvon Lyênnerun —concluyó; su nerviosismo lo delataba, no obstante. Sus extremidades temblaban, y para colmo, su estómago rugía con la fuerza de cien bestias.

Su contraria comenzó a rebuscar entre decenas de papeles, desubicada. Carpetas y archivos repletos de información desconocida se situaban tras la misma, que optó por echarles un vistazo.

Aquí está —murmuró, con semblante victorioso—. Colócate a la izquierda —ordenó.

Una vez más, Èdvon, que por entonces aparentaba la imagen de un joven preocupado, dudó. Una mano gruesa y curtida por el sol agarró su hombro, forzándole a colocarse en el lugar indicado.

Entonces, se volvió para mirar a su compañero de pelo de fuego, expectante.
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Sáb 9 Jul - 21:03

El bardo observó de reojo al muchacho de  pelo níveo, y como este era enviado en el lado contrario de la estancia. Cual de ambas direcciones de suponía tiempo para  vivir y cual lo condenaba quizás a algo peor que a la muerte todavía lo desconocía, en aquel momento se limitó a acercarse con obediencia hacia la mesa  cuando la anciana le hizo un gesto para que se acercara.
-Iltharion.-Pronunció cuando vio a la anciana empezar a abrir la boca para preguntar el nombre de su interlocutor pro tercera vez. Esta la cerro antes de llegar a articular algún sonido y rebusco entre los papeles. El bardo no pudo evitar echarle un ojo al que fue escogido por la anciana. La  letra le resultaba familiar, mucho, y aunque su vista tuvo apenas  un instante para recorrer  las palabras en busca de algún morfema que le resultara familiar, creyó reconocer el apellido del dueño de la grana de upeleros con cuya hija había tenido un affaire hacía no demasiado tiempo..

-Colócate a la izquierda.-Indicó con un vago gesto la mujer, mientras seguía dividendo de un lado a otro el reducido grupo de hombres que había llegado en pie.
El silencio reinó durante unos minutos, mientras organizaba las pilas,y solo se quebró cuando los sujetos que habían desaparecido portando a los inconscientes a un destino fácil de imaginar volvieron a irrumpir en la estancia.
-Llevadlos a Jerod para las minas.-Señaló a los hombres que habían quedado a la derecha, cuyo rostro mostraba confusión, sin saber si sentirse aliviados o aún más aterrados de lo que ya se encontraban. Eran los más fornidos, humanos y hombres bestia a quienes se les reconocía partes o rasgos de  magnos animales salvajes.
Los sujetos desaparecieron  junto con los transportistas, reduciendo aun mas el grupo.

Fue el pequeño niño quien irrumpió entonces en la sala, y la anciana se giró finalmente hacia la izquierda.
-Lleva a los orejas largas a la bodega, al hombre gato a la despensa  y al chiquillo al lavadero.- Indicó señalando con su ganchudo índice los tres grupos que había delimitado al hablar. Tras lo cual volvió a su escritorio del cual guardó todos los papeles que había sacado y emergieron varios paquetes con cartas selladas que empezó a abrir y leer con la uña, como siempre como si se hallara sola, y los presentes ya no se encontraran allí.

El pequeño muchacho pecoso que se había llevado sus cosas precedió la marcha llevándolos por la parte baja de la casa, la primera puerta que abrió era a un patio trasero donde un lavadero bastante grande empezaba a montar  en actividad. El cochero que había estado controlando la retaguardia lo empujo hacia allá y cerró la puerta.
El resto fueron juntos en silencio.
La puerta  de las cocinas  no necesitaba cartel, el olor a comida salia de la misma aun y cuando se hallaba cerrada. Tras la puerta era una sala de muros de  piedra con mesadas viejas de roca y madera y varios hogares en los que las ollas de acero empezaban a calentar agua.
En la otra punta una puerta semiabierta dejaba  ver estanterías llenas de rodelas de queso, grano y barricas de vino y  conservas.

Una mujer rolliza de tez de alabastro y cabellos trigueños que caían en enmarañados bucles a lado y lado de su rostro, recogidos con un pañuelo de lino blanco  a juego con el mandil que protegía sus faldones de  la comida con la que trabajaba.
-Guus!.-saludó cálidamente al pequeño y rebuscó entre los tarros sacando una galleta con virutas rojizas en su superficie, revolviendole el pelo. El niño encaró ambas cejas, soltó un suspiro y tomó aquel presente mientras le respondía con un desgano y seriedad impropios de su edad.
-El gato para el problema con las ratas y estos para cerrar las botellas.-Señaló con la cabeza a los dos hijos de Sandorai y se apuró a cerrar la puerta tras de si, impaciente por no permanecer en las cocinas ni un segundo mas de la cuenta.

La mujer carnosa sacó tres galletas más del tarro que ofreció a sus huéspedes, con una cálida sonrisa que habría sido mas tranquilizadora de no poseer dos colmillos afilados y relucientes que marcaban a la mujer como otra de esas malditas criaturas.
-Llevaba mucho tiempo queriendo un gato.-empezó a hablar con el mismo tono afable mientras le acomodaba el pelo al hombre gato cuya escasa estatura hacia que llegara a la altura del hombro del resto a lo sumo.
El sujeto no parecía especialmente halagado al ser considerado un animal, pero decidió quizás por miedo o prudencia limitarse a olfatear su galleta y roerla en vez de a replicar nada a la cocinera.
-Pero a los animales no les gusto.-Prosiguió la señora, riendose un poco de si misma.- Menos a las ratas, les puede la comida. Si las mantienes alejadas de mi despensa habrá comida para ti.-Le dio un par de palmaditas amistosamente al hombre bestia y lo llevo hacia la despensa.

Iltharion miró a su alrededor examinando el lugar, aprecia una cocina común de una casa ponderada en todos los aspectos, hasta que la mujer se giró par a hablarles.
-Siéntense, sientense, y cuentenme un poco de ustedes, el señor aun no terminó de desayunar así que tenemos tiempo.-Empezó a parlotear caminando hacia una de las mesas y empezando a pelar patatas.- Oh si , claro, casi se me olvida. Cuando los señores terminan de comer sus almuerzos vienen y os toca hacer esa cosa élfica para cerrar las heridas, así no se enferman ni gastamos medicina, ni tenemos que buscar todo el tiempo algo que le guste a los señores.-Explicó de forma burda cual era su cometido, por ahora.

Iltharion tardó en percatarse de las palabras de la fémina, y negó con cordialidad su oferta de sentarse, había pasado mucho  tiempo en esa postura en el carruaje y los músculos quejosos le dolían por haber pasado demasiado tiempo en la misma postura con ese constante traqueteo.
El bardo mordisqueó su galleta, dulce, muy dulce, y reconoció en las virutas alguna especie de azucar heco con Latia.
Un gran peso desapareció de sus hombros cuando le pareció entender porque estaban allí, los conservarían, por ahora, por sus innatas dotes sanadoras como elfos.
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Èdvon Lyênnerun el Dom 10 Jul - 14:51

Había algo raro en el mocoso, desde luego. Sus ojos, en los que leía una despreocupación impropia de su edad; su habla, desganada y exenta de la alegría propia de los churumbeles que correteaban por los bosques de Sandorai. Todo era tan extraño...

Pero, sobre todo, el elfo ansiaba saber qué había hecho con sus pertenencias. "Devuélveme mis cosas, bastardo", se dijo a sí mismo, oteando al muchacho. En pocos segundos, el mismo los encaminó hacia una sala de piedra plagada de ollas, cazuelas y un largo etcétera que la delató como cocina del caserón. Tras la puerta, una mujer de aspecto recio y descuidado aguardaba su llegada; en especial, la del hombre gato, al cual procuró atusar el cabello.

El gato, para el problema con las ratas —aclaró el chaval, todavía ante la entrada, asqueado—, y estos para cerrar las botellas —sentenció, abandonando la estancia.

Lo hubiese estrangulado con sus propias manos, de haber podido.

La mujer tomó asiento, ofreciendo el mismo a sus nuevos camaradas. Èdvon rechazó la oferta, alegando un dolor implacable de espalda. Y, para su sorpresa, la cocinera anhelaba conocer más sobre ellos; sobre sus vidas. No obstante, apenas les dejó hablar. Momentos antes, les había otorgado una galleta, cubierta de dudosas virutas rojas. "¿Esto es sangre?", se preguntó a sí mismo. Ladeó la cabeza, tan cansado como confuso. ¿Qué querían de ellos?

¡Oh, sí, claro! ¡Se me olvida! —exclamó, golpeando con suavidad su propia sien— Cuando los señores terminen de comer sus almuerzos, vienen, y os toca hacer esa cosa élfica para cerrar sus heridas. Así no se enferman, ni gastamos medicina, ni tenemos que buscar todo el tiempo algo que le guste a los señores —concluyó.

"¿Cerrar heridas?", pensó. "¿Nos quieren para cerrar heridas?". El elfo se acercó a ella, galleta en mano, y preguntó:

¿Por qué hemos de cerrar sus heridas? —quiso saber. Sus palabras comenzaban a adoptar un tono grotesco, pero educado.

¡Oh, claro! Eso... —dudó, llevándose la mano a la barbilla— Verás, orejitas, los vampiros no somos inmortales. Necesitamos medicinas, pero son muy caras.

La cocinera se levantó de la silla, se acercó a una de las ollas de cobre y alcanzó una cuchara de madera, removiendo el extraño mejunje que sobre la misma yacía.

Los elfos poseéis evidentes cualidades curativas: por eso requerimos de vuestros conocimientos —concluyó, jadeante—. Ya no estoy para estos trotes... —susurró, oteando al hombre gato—. ¡Vamos! ¡A trabajar!
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Lun 11 Jul - 4:56

Iltharion observó cómo el joven  no comía lo que les habían ofrecido, pese a que su estómago había indicado con suficiente claridad que se hallaba hambriento.
No le sorprendió que el joven  pudiera llegar a pensar que los vampiros habían echado en las galletas pedazos coagulados del líquido elemento que usaban de sustento, aunque aquella idea resultaría ridícula para los mismos si el joven se atrevía a ponerla en alto.
-Es azuar de Lastia ¿No?.-Le preguntó a la cocinera dando otro mordisco a la galleta, aunque en realidad aquel comentario era para que su homólogo se atreviera a saciar su estomago sin temor.
-Oh si.-Sonrió la mujer rolliza sin dejar de  pelar patatas.-Lo coloco cuando las galletas están semi hechas así ni se humedece  ni se derrite.-Explicó la mujer, quien parecía orgullosa tanto de sus recetas como de su trabajo, y cuyo tono tomó cierta emoción al hablar de las mismas.- Lo hago yo personalmente. Saco el jugo de la Lastia y lo dejo en planchas a secar al sol hasta que queda seco, después lo pico y muelo para hacer azúcar o lo espeso un poco y hago pequeñas bolas para hacer gránulos. El truco de que queden todos iguales es hacerlos no con la plancha, si no con el azúcar levemente hidratado.-Alzó levemente el mentón y su pecho se hinchó con orgullo de forma inconsciente y natural.

El bardo no esperaba la pregunta de su homólogo, pero dejó que la cocinera se hiciera cargo de responder la misma, no fue especialmente explicita pero al bardo no le había faltado imaginación para suponer que era lo que se requería de ellos. La única especie de aerandir que podía sanar solo con sus manos y su poder, era algo muy útil, y que  muchos envidiaban.

El hombre gato pegó un buen salto, pues se  había quedado cerca de marco pegando la oreja como una maruja y holgazaneando, y la cocinera seguía siendo, pese su aspecto mundano y su caracter afable y cálido, una vampiresa con  buena  percepción que se había percatado de que estaba procrastinando.
El felino se puso a perseguir a los ratones y la mujer a seguir picando y cortando verduras que iba  echando en las cacerolas, revolviendolas cada cierto tiempo y haciendo que el aire se empezara a impregnar del aroma del caldo de verduras y el romero que flotaba en su superficie.
El rostro de la cocinera se iba tornando rojizo por lo ajetreado de su trabajo, pero aun y sus quejas entre susurros se la veía contenta y vivaz con lo que hacía. Como decía el dicho, "Dedicate  a lo que te gusta y no trabajarás un solo día de tu vida"

-¿Te sientes bien muchacho?.-Pese a que el bardo seguía viéndose un poco pálido, la calidez de la estancia y el dulce le habían devuelto un poco el color, y ahora que la cocinera se encontraba ajetreada  entre las cacerolas que rompían a hervor, troceando frutas verduras y vísceras que echaba en las diversas para hacer los guisos del día podían permitirse el receso de hablar durante un rato sin llamar su atención. -Seguro que la señora no tiene  problema en darte algo mas sustancioso si tienes hambre, no te hará ningún bien salir de aquí con el estomago vacío.-Habló en la lengua de los elfos el bardo, asegurándose de esa forma que ni el hombre gato ni la cocinera fueran capaces de entenderlo si por algún casual llegaban a escuchar sus palabras, algo que por suerte para él, parecía no acontecer.
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Èdvon Lyênnerun el Lun 11 Jul - 19:00

El elfo inspeccionó la galleta, observando detenidamente las virutas azafranadas que decoraban su superficie. "Así que azúcar de Lavia, ¿eh?", se dijo a sí mismo, prestando especial atención a las palabras de la cocinera. Una vez comprobó la inocencia en su expresión, devoró la oblea de un bocado. Su homogéneo tenía razón: no era recomendable afrontar aquel cargo con el estómago vacío. Debía aunar sus poderes en sus propias manos. Carecía del báculo. Su preciado báculo. Resopló una vez más, desesperado. ¿Era aquella su ventura? ¿Permanecer en aquella mansión el resto de sus días, curando las heridas de vampiros inermes? Oteó a Iltharion, que comenzó a hablar en lenguaje élfico, el cual solo ambos hijos de Sandorai parecían comprender.

Ahora, sí —contestó Èdvon, relamiéndose—. Ese mocoso ha robado nuestras cosas —recordó, ajustándose los harapos que entonces vestía.

Apretó los puños, apesadumbrado; posteriormente, se acercó a una pequeña ventana amparada por un par de barrotes. Apenas logró avistar un tercio del terreno que rodeaba a la mansión, y sobre el mismo, una luna fría e implacable. Se sentía aislado, desolado y, sobre todo, atrapado. Cual ratón rodeado de trampas.

Un aullido agrietó las paredes. La cocinera reaccionó con rapidez, atravesando la puerta de la cocina y, para desgracia de los prisioneros, cerrándola tras de sí. "¿Qué ha sido eso?", se preguntó a sí mismo, acercándose a la entrada. Echó un vistazo a sus compañeros, cruzado de brazos.

¿Qué se supone que ha sido eso? —cuestionó una vez más, alzando la voz.

Estaba cansado de misterios, comidas de dudosa procedencia y trabajos forzados. Quería escapar de aquel lugar cuanto antes. Un aullido más. Y otro. Otro más. "Solo aullidos", pensó. "No hay gritos, alaridos. Nada. ¿Y los vampiros?". Había visto numerosos guardas en la entrada del caserón, así como en la sala de aquella que parecía ser una vampiresa, entrada ya en años. Si la vivienda había sido atacada por hombres bestia, de los que había escuchado cientos de historias acerca de su despiadada ferocidad, no cabía duda de que los soldados tratarían de defender su guarida; no obstante, los bramidos de guerra brillaban por su ausencia.

Tensó los músculos, tan aterrado como enfurecido. ¿Por qué a mí?", insistió. Aquel secuestro... ¿habría sido orden de su padre? ¿Querría soslayar su travesía? ¿Su reencuentro? ¿Conocía el paradero de su hijo biológico? ¿Cómo sabía de las intenciones del elfo? Todas
aquellas preguntas, carentes de respuesta alguna, atesoraban su mente, y de algún modo, su corazón. Quizá había sido un error... Tal vez, debería haberse quedado en los bosques de Sandorai, curando a los desfallecidos y expulsando a los malos espíritus.

Ladeó la cabeza, masajeando su sien. ¿Qué debía hacer?
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Lun 11 Jul - 20:28

Iltharion observó con leve alivio como el otro elfo comía, un aliado desnutrido sería mas un lastre que una ayuda. Pareció no hallarse interesado por el momento en solicitar a la amable cocinera  mas comida de la que les había proporcionado en primera instancia, y el bardo lo dejó así.
El elfo desvió la mirada hacia la puerta de soslayo, ya sintió de forma casi imperceptible.
-Por hogareño que sea  el trato somos propiedades, y  como tal no tenemos cosas, probablemente las guarden para tirar o vender mas adelante, o incluso devolver las que consideren inocuas con un buen trato, dependerá de dichos señores, pero es posible que aun podamos recuperarlas.-Respondió el hombre, pues había visto como las entraban al domicilio en vez de  llevarlas directamente a algún mercado.
La vista del elfo no pasó por alto los puños apretados del joven, y alargó una mano colocándola sobre el hombro.
-Paciencia, por lo menos no nos tienen como almuerzo.Además de que lo mas prudente sera recuperarlas por la mañana cuando duerman, hasta entonces habrá que buscar flaquezas, ver como funcionan, y donde tienen las cosas utiles-No era mucho consuelo, pero era lo mejor que podía ofrecerle.

Los aullidos hicieron que el bardo se separara del muchacho y se acercara a la única ventana del primer  piso, girando el rostro y buscando un angulo des del que poder observar a que respondían, de modo que el portazo de la cocinera le vino de sorpresa haciéndole dar un respingo.
Al principio no vió nada, pero a medida que los sonidos se hacían más cercanos empezó a ver un grupo, incluso el ruido triunfal de algunas exclamaciones y risas. Un grupo de  hombres armados y con unos perros tan grandes que sus gigantescas cabezas podían arrancar una mano de cuajo a estimación del bardo se dirigieron hacia el edificio.
El bardo se giró entonces hacia su  homologo y le siseo apuradamente.
-Busca cualquier cosa útil y pequeña por los cajones y guárdala entre tus ropas, no sabemos cuanto tardará.- Lé apuró, poniéndose el mismo a abrir cajones, cucharones, cucharas, tenedores y rodillos de madera fueron su terrible e inútil hallazgo, y terminó haciéndose únicamente con un  par de largos pedazos de cuerda apra matambres y embutidos que metió hecha un bollo en el bolsillo.

Pocos minutos después hombres fornidos con ropas de caza entraban en tropel en la cocina, dejaban sus presas sobre  las encimeras y salían tras meter sus sucias  mazas en las galletas artesanales de la cocinera del caserón, apenas dedicaron  un par de miradas curiosas a los elfos, y fueron echados de los dominios de la mujer rubia casi a empujones.
La misma cerró al puerta y se  apoyo contra la misma, con las mejillas rojas y jadeando, algo despeinada por el alboroto y el esfuerzo mientras blasfemaba por lo bajo.

La mujer se acercó hacia un cérvido medio destrozado por las fauces de los perros y el par de  conejos masticados que habían dejado los cazadores sobre la mesa de carnicero, y sacando de una alacena alta un afilado juego de cuchillos empezó a despellejar trocear y desgrasar la carne con una pericia con dichas herramientas  que anudaba la garganta de cualquiera que la hubiera  creído carne de cañón en una pelea.

Iltharion quedó en silencio hasta que la mujer se enfrascó de espaldas en procesar la carne fresca, que lleno la sala con olor a vísceras, sangre y carnaza, y casi dejaba paladear el metálico sabor de las mismas. Miró entonces a su compañero y le mostró asomando apenas del bolsillo cual había sido su hallazgo, esperando a que el joven  le mostrara el suyo propio.
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Èdvon Lyênnerun el Lun 11 Jul - 21:51

Bramidos victoriosos estremecieron al elfo, que rebuscaba entre los cajones, tal y como su homogéneo le había recomendado. Tenedores, cucharas y un largo etcétera de objetos culinarios aguardaban en las gavetas de la estancia. En una de ellas, un pequeño cuchillo relucía con la cólera de cien hombres lobo. "No sé usar uno de estos", pensó, mientras lo guardaba bajo la correa de sus escasas ropas. Al menos, no lucharía con las manos vacías.

Apenas unos segundos más tarde, una docena de hombres armados irrumpieron en la cocina, manoseando tan primorosas galletas y deshaciéndose de sus presas, haciendo caso omiso de los prisioneros. Ante todo, la mujer se apresuró en hacerles abandonar la estancia, presentando un rostro azafranado que representaba la ajetreada tarea a la que debía atenerse todas las noches, allá en las afueras de Sacrestic Ville.

¡Salvajes! —exclamó, alcanzando un juego de cuchillos para, posteriormente, despedazar las piezas que les habían sido otorgadas. La cocinera presentaba una velocidad y destreza inigualables, que dejó boquiabierto al elfo.

Todavía almacenaba el arma, si así debía llamarse, que había encontrado en los cajones del infiernillo. Por unos aterradores instantes, pensó en atravesar el pecho de aquellos cazadores, mugrientos y nauseabundos. Y, de haberlo hecho, las consecuencias hubiesen sido espeluznantes. "Me habrían transformado en uno de ellos", se dijo a sí mismo, frotándose los brazos con pavor.

Se acercó al hijo de Sandorai, buscando seguridad en el mismo, cuando éste entreabrió la oquedad de sus pantalones rasgados; en ella, pudo ver un par de trozos de cuerda que, previamente, sirvieron para amarrar algunos trozos de carne y demás embutidos. Se frotó las muñecas, recordando el inclemente dolor de la soga anudándolas.

Por su parte, tras su cincha mostró el mango del cuchillo anteriormente agenciado, orgulloso de su hallazgo.

Espero que cuentes con un buen plan—le susurró al oído, en un lenguaje que solo ambos conocían: el élfico.
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Re: [Cerrado]Réquiem antes de tiempo [libre][interpretativo][2/3]

Mensaje  Iltharion Dur'Falas el Lun 11 Jul - 22:56

El bardo observo con muda complacencia y asombro el mango del cuchillo que asomó entre las ropas del joven elfo quien parecía sumamente trastocado por la situación, al cual no culpaba en lo mas mínimo por ello. A el le costaba mantener la seriedad y la frialdad, y no había sido si no tras muchas desventuras que había aprendido a mantenerse neutro en esas situaciones en pro de salir de las mismas en el mejor estado posible. El pánico pocas veces era algo mas que una traba para quien lo padecía.
-No mucho.-Admitió al susurro de su homólogo.-Esperar a que amanezca, y ver como huir en pleno día. Parece que tienen humanos a su servicio, pero que son los de menos, el sol nos dará horas de ventaja por los bosques a pie si es que no logramos hacernos con algún caballo.-Murmuró el hijo de sandorai en un tono claro pero tan bajo que no llegara a proyectarse mas allá de unos pocos pasos, de forma que solo el joven de pelo blanco llegara a escucharle.
-Dudo que nos dejen campar libremente, así que habrá que estar atentos a los caminos de la casa, y a los cerrojos y llaves para ver como abrirlos con el mayor silencio posible.-Acotó.- Come bien, descansa, y no cierres los ojos.-Le recomendó. Dos de ellos pensarían y podrían cubrir más terreno que uno solo. Al elfo le consolaba  el ver la confianza mutua que se había desarrollado, aunque en caso de necesidad el no dudaría de dejar al mozo atrás y no esperaba que este actuara de otro modo.

Acompañando los murmullos de lo elfos el ruido del cuchillo clavarse en la madera y partir huesos de un hachazo acompañaba rítmicamente la conversación. La mujer no tardó en filetear la carne y echar  parte en los calderos, mientras hacia otro tanto en barriles con sal y especies para macerar el resto y que no se pudiera mientras esperaba el crepusculo para la cena.
Las cacerolas dejaban ir sus vapores con profusión, llenando el ambiente de un sustancioso aroma a carne, y la cocinera empezó a revolotear frenética entre unas y otras, espesando con la harina de maíz  las sopas para estirarlas y poder llenar a los comensales.

Como si tuviera un reloj la mujer llenó varios cuencos de madera y los colocó en una de las pocas mesas limpias que quedaban en la estancia, probablemente llevara tantos años haciendo aquella que no necesitaba  de ver la luna a través de la ventana para saber cuándo tenía que hacer cada cosa.
Instantes después se abrió la puerta de la sala, y entraron varias personas, blancas  y ojerosas, son una mirada vidriosa, difusa y perdida en el rostro, y una sonrisa embobada, sosteniéndose sobre los transportistas que parecían ser los recaderos del caserón.
Tenían las mangas arremangadas hasta el codo, a veces en un brazo, a veces en ambos, y atados alrededor de los mismos paños de lino, amarronados por las manchas de sangre viejas salpicadas unas encima de las otras, que habían lavado mil veces y nunca habían desaparecido del todo de las telas.

Iltharion se acerco a uno de ellos, tomó entre sus manso la extremidad lastimada y desató la tela dejándola a un costado. Dos marcas rojas, profundas, desgarraban la carne, la sangre semi fresca no manaba ya de la herida, solo manchaba la piel y formaba una costra reblandecida sobre la herida.
El bardo colocó la otra mano encima de las punzadas y se concentró para evocar  aquella energía que tan escasamente usaba, tardó mas de lo debido, por la falta de costumbre, pero un cálido y tenue brillo se ahogó entre las pieles de herido y sanador mientras cerraba la minúscula herida y solo quedaba huella de aquello el  escarlata que pronto se escamaría y caería de la piel.
El sujeto se apartó aun algo en trance del elfo, y tomó uno de los cuencos, otro sustituyó a su predecesor, esperando la magia de los bosques sobre sus propias heridas.


De aquel modo los dos elfos fueron ahciendose de un pequeño alijo de cosas de la casa mientras trabajaban los dias consiguientes, y una mañana rompieron el cerrojo, tomaron un par de caballos de las cuadras, y huyeron de aquel lugar sin mirar atrás.
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