Sentimientos indelebles. [Privado]

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Sentimientos indelebles. [Privado]

Mensaje  Eretria Noorgard el Lun Mar 06 2017, 17:55



Your smile and your memory
Simply eases me to sleep.
In my ear while the whispering
Melts my heart on every BEAT.

Capítulo 0
________________________________

"Ten fé Deldúwath"

Durante las noches la tristeza solía hacerle una visita y charlaban acerca de la vida y sus complicaciones. ¿Sabéis? A veces el llanto es hacia dentro donde nadie pueda culparte por derramas lágrimas de frustración, bajas la cabeza, suspiras y esos recuerdos que zozobran sobre un pantano denso, encienden la chispa de la desesperación que desguazan escudos y luchan contra viento y marea, ¿dónde andará la Nenúfar de Deldúwath? Alguna voz en su interior le comenta "mañana será otro día" y el nudo en su garganta se vuelve tan grande que será difícil de deshacer.

Pero bien sabe él que al igual que las noches bañadas por Isil, todos los días son diferentes bajo la guardia de Anar. Bien sabe que no comprende, no hay una razón defendible de porque no ha encontrado a ese alguien que le robe el corazón, la capacidad de defenderse y hasta el último hálito de guerra. En la noche menos fortuita llueve y Deldúwath siente como las gotas se precipitan en contra de su armadura teñida de una tonalidad rubí, magullada por las uñas y los colmillos de cada fiera sacrificada en el Bosque de Sandorai, hogar dulce hogar ellos dicen, más para el elfo pelinegro no hay un hogar al cual recurrir.

Advierten el revolotear de las aves y el crispar de los robles que el plomo declinado de un cielo bruno, portal hacia desdichas desesperanzadoras pesarán sobre los hombros del elfo que a rastras se adentra en la espesura, incapaz de presenciar el temporal que inunda su alma busca refugio y lo único que desea es caer en un profundo sueño. ¿Qué le ha traído hacia aquí y cual es su causa para subsistir? El varón rechista, harto de sonreír por cortesía ante una vida donde jamás dará la talla, sus manos extensas cuales cordilleras, pronunciadas por todo tipo de durezas y suciedad adherida a las uñas sólo ansían acariciar las curvas de una musa, perderse en el libido de una piel virgen siendo explorada con todo tipo de roces, besos apasionados y quizá, sólo quizá, pueda tañerse de satisfacción sus afelinados luceros.

Con una tranquilidad fingida que remolcan al demonio de la avaricia, el de la venganza y por supuesto; ira, arrastra las piernas sabiendo que ellos están acostumbrados al infierno, pero él no, que no dejan de bailar bajo la tormenta justo encima donde tiene Deldúwath su corazón afligido. Si levanta la cabeza contemplará un cielo gris y un bosque improvisto de fervor, más si agudiza las orejas puntiagudas oirá a la nostalgia que cual pariente de lujo anima al elfo a que corra en busca de la salvación. Se trata de una voz afelpada, fémina, canta y la letra es tan preciada para el pelinegro que sin remordimientos evoca una niñez tóxica al amparo de miles de suspiros que lo desgarran por dentro, las piernas le pesan y los vaivenes de su pecho bajo la armadura le hacen compañía hacia lo que tanto ha anhelado, un punto de partida.

La noche es tan oscura que da igual si Deldúwath mantiene los párpados abiertos o cerrados, que es casi lo mismo que estar enamorado, abre surcos a través de los arbustos apoteósico y con la mandíbula tensada, es tal la carrerilla que se echa que paga la condena por adelantado con una respiración estrepitosa y humillante. En el centro del valle, una joven de rubias hebras, todas bañadas seguramente por el tacto de Anar baila al son de la lluvia, hija de esta, que con sumo gusto la colman de humedad y atractivo. Creyó volar, infló el pecho y sin ser consciente frunció el gesto ante los embrujos de la elfa, los animales se arremolinaban a su alrededor, llueve, hace frío, ¡rayos! Y aún así, esclavo de un sentimiento vacío se atrevió a acercarse con quietud.

¿Bailas? ─ El pelinegro abrió las cuencas partícipe de una confusión tremenda, la elfa le sonríe y en él provoca anhelos desconcertantes. La luna le acribillará si niega la oferta, empapado la armadura de Deldúwath, plata de calidad y totalmente limpia de cualquier rastro granate lo agracian, a la vera de la mujer conoció en una sóla noche, la menos afortunada que la risa de esta, canción poética y descarga eléctrica para su sistema le acarrearía un sin fin de sensaciones. La observa atolondrado, presidiario de la fragancia que emana y el hechizo que con recelo guardará cual secreto, porque sí, porque a veces uno no sabe si es amor o no, ni siquiera sabe distinguir entre lo que le conviene o lo que le daña, simplemente cree. Y el creer suele abrirte caminos hacia historias que marcarán un antes, y un después.


* * *

"Al compás de la felicidad, Elentári"

Ha insistido en cambiar el destino y sus pautas, darle tres patadas y media a la rutina y deshacer el peso de las palabras de aquellos que con afán la entregan a Aranwïe. Elentári ha escondido cualquier tipo de pretexto y arrugado el papel de las deudas que debe imaginariamente en sus aposentos. Las gotas chorrean a través de la madera que repiquetea como su alma vendida, ¿acaso no saben lo que es el amor? El amor no se compra, no se fuerza, tan sólo se construye. El mundo fuera de aquellas paredes siempre lo veía gris, quizá porque en realidad su sitio siempre estuvo en la zona de confort, aquella que empieza por "t" y finaliza por "a" ─ Tristeza. ─ La joven de belleza exuberante y cánticos mágicos se siente como la naturaleza de un pájaro encerrado, su vida fuera de las barras metálicas sería un desperdicio.

¿Cómo sería tener alas y no piernas firmes? Las vistas desde lo alto donde el aire se entrecruza en cada pluma refinada por los rayos solares y la libertad. Volar, Elentári decide imaginar lo que sería ser libre en vez de vivirlo en sus propias carnes, huye en vez de afrontar a lo que tanto le teme allá fuera, al rechazo de los suyos y a la mano dura de su progenitor, sólo debe construir muros más altos para que nadie la ponga a prueba y finja trozos de felicidad, sonrisas encarecidas y el sosiego de un cuerpo que sigue durmiendo en lo profundo de un océano cuyo interior es un remolino.

En lo alto de la torre, cientos de pisos en los que ella se imagina, princesa del olvido, ¿cuando llegará su príncipe en corcel? Exhala, debería aprender a vestir cualquier tipo de miedo en razones poderosas, porque el invierno junto a Aranwïe se alargará y nunca llegará la primavera, ¿acaso vale la pena ser buena? Retroalimenta al pasado más desnutrido el presente, dejará morir un posible futuro. Elentári olvida la tristeza de sus brazos y procura alejarse de los reflejos en sus aposentos, no se entregará cuales expectativas banales a ningún hombre que no ame, luchará y dejará huella como en su día lo hizo su madre. Demuestra de lo que eres capaz, hija mía. En su alma arraigada viaja la esencia de la mujer que la dio a luz y enrojeció su vida de llamativos amaneceres y noches en vela.

Los tambores y los flautines resuenan en el poblado de Doriath, la temporada de lluvias está siendo alabada por los elfos que no pierden tiempo para usarlo cual pretexto, la fogata va perdiendo fulgor y la lumbre que antes clamaba se esfuma con los primeros indicios de un buen chaparrón. La elfa sonríe de oreja a oreja y logra ralentizar el tiempo o más bien hallar un hueco por donde escabullirse sin que la noten. Salta de la repisa y sin capucha que la abrigue trota alborozada hacia el bosque de Sandorai.


~ Con el viento del sur hiciste un lecho,
soplaste sobre este para templarlo y
con el murmullo de tu voz de agua
me cantabas nanas sin letras.
Al lado de mamá dormí y
amanecimos cuales siamesas,
medíamos el tiempo en latidos y
en caricias de afecto tocaba
yo mis canciones mágicas. ~



En la frondosidad la rubia iba extraviándose, cantaba las canciones de su difunta madre y la lluvia cual manto aclimatado la refugiaba de las alimañas en Sandorai, cruzó un tronco intrépida, lo visualizó como el puente hacia una vida plena y llena de sueños, al otro lado encontró un sugestivo valle donde cantó a pleno pulmón. En el corazón de Elentári se ha desatado una guerra de lo que era antes y de lo que es ahora, da vueltas sobre sí misma con los brazos extendidos mientras ríe de gozo. Cada sensación dolorosa, la preocupación del matrimonio concertado y la dureza de su padre van desapareciendo en los estribillos de las canciones, como festivo los animales corren a su alrededor y los árboles parecen oscilar de un lado a otro, relajados ante la presencia de la elfa cantarina, mueve las piernas, mueve la cintura y da palmadas en una danza extravagante.

Deja que la causalidad la envuelva, que la arrope y le quite el frío de la lluvia cuando sus pozos cristalinos se apiadan de la figura del pelinegro, no le tiene miedo, ¿por qué? Y con total seguridad lo invita a bailar. ─ Cogerás frío. ─ Puntuó el elfo de armadura plateada, ¿sería su príncipe? Elentári cogió las palmas de Deldúwath y lo forzó a bailar al son de los animales y los árboles. Estaba preciosa, la luna bañaba cada poro húmedo y le ofrecían una viveza envidiable por las ninfas del bosque, de un lado a otro fue dando círculos con el varón de la mano, al principio le costó al desconocido pero poco a poco se animó, incluso Deldúwath sonrió como un tonto en las fauces del lobo disfrazado de cordero. No se conocen y aún así están conectados por cada gota que cae del cielo y los auna en la belleza de los cánticos de la rubia y en las risas toscas del pelinegro.

El aire les falta, corren de un lado a otro y en sus cabezas truenan ideas, comenzaron a creer de que era obra del destino, que la inercia del uno sobre el otro han creado ilusiones fantásticas donde el nombre de Deldúwath y Elentári formarían en un futuro el título de una historia inolvidable.
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