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[Trabajo] La devoradora de hombres [Ashryn+Vincent]

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[Trabajo] La devoradora de hombres [Ashryn+Vincent]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Sáb Mayo 06 2017, 11:44

Un bostezo escapó de sus labios, mientras se tallaba los ojos perezosamente. Sus aventuras a bordo del Mary habían terminado, pero nuevamente se encontraba de camino en una embarcación rumbo a Beltrexus, aunque esta vez sin la agradable compañía del joven que la había cautivado en aquel diminuto armario y cuyo recuerdo era capaz de dispararle los latidos del corazón a niveles insospechables. Todo el trayecto la pasó suspirando y ruborizándose, evocando constantemente los momentos que había pasado junto al muchacho, y preguntándose cuánto tiempo pasaría antes de volverlo a ver. Su desconcentración era tal que Manuela se vio en la necesidad de picarle la frente en más de una ocasión para llamar su atención, haciendo que a la rubia se le cayese la cara de vergüenza.

Afortunadamente la bruja tuvo la suficiente paciencia como para darle los detalles de la tarea que tendría que realizar, pese a las incontables repeticiones que tuvo que hacer para que la elfa entendiese. La pequeña princesa de los Elaynor no estaba muy segura de querer cooperar con aquello, ese era un trabajo para Frederick o Bio, considerando que ambos eran más fuertes y rápidos que ella para realizar una tarea como guardaespaldas; aun así, terminó accediendo y en un par de horas se vio caminando hasta la taberna donde se encontraría con la dichosa jovencita. No había entendido muy bien el trasfondo de la misión, solo le quedaba claro que un hombre fabulosamente rico había solicitado que alguien escoltase a su flamante y joven prometida desde Beltrexus hasta la hacienda donde él residía a las afueras de Lunargenta.

La descripción que tenía de la susodicha era muy vaga, aunque por el momento no había nadie que se asemejara en lo más mínimo, por lo que optó por sentarse en uno de los taburetes de la barra, solicitando una cerveza de mantequilla al cantinero. Por unos instantes se permitió volver a echar andar su imaginación, trayendo a su mente el recuerdo de la piel del joven cuando estuvieron tan cerca en aquel armario. Nunca había experimentado una atracción similar, de hecho, ahora que lo pensaba Frederick no tuvo reparos en moler los sentimientos que ella tenía por él, al punto de hacerle olvidar que ella era una chica con todos los derechos para enamorarse y entregarse a alguien. Esta idea la sonrojó nuevamente, no es que estuviese diciendo que deseaba ‘‘eso’’ con alguien, pero no sería precisamente malo si llegaba a pasar, ¿no? Después de todo pronto cumpliría dieciocho, prácticamente se convertiría en toda una mujer, así que…

Afortunadamente aquellas alborotadas ideas fueron interrumpidas por las coquetas palabras que una señorita le dirigía a un apuesto caballero, quien apenas si se había adentrado a la taberna cuando ya se encontraba acosado por aquella damisela. La de orbes azulados parpadeó confundida, escudriñando con atención a la insolente muchacha que contorneaba sus caderas de manera impropia y llamativa. Por otro lado, el joven simplemente no parecía encajar con las demás caras masculinas del lugar. Tenía el porte y los modales de un príncipe de cuentos. Inclusive la elfita tuvo que dejar en la barra su cerveza de mantequilla para evitar que se le cayera al suelo. Nunca había visto a un caballero con aquella peculiar aura de galantería. Le sorprendía, claro que sí, era como estar frente a un personaje de uno de los libros que tanto adoraba leer y eso le causó un tremendo impacto. Al menos hasta que la ingrata jovencita volvió a interrumpir con una de sus jugarretas para con el caballero. ¿Acaso así se veía ella cuando acosaba a Frederick? Porque aquella escena era sencillamente nauseabunda, al punto que se sintió en la obligación de intervenir.

—Disculpe —se levantó de su asiento, acercándose a la susodicha—. ¿Miss Park?

— ¿Qué deseas? —Le dirigió una mirada despectiva, tomando el brazo del hombre—. ¿No ves que estoy ocupada?

—Soy Ashryn Elaynor —habló con cortesía—. Su prometido me ha pedido que la acompañe a su destino —la muchacha soltó un enorme bufido afianzándose al caballero.

— ¡Ese viejo! —Hizo una rabieta—. No quiero que tú me escoltes —la rubia infló las mejillas—. Quiero que lo haga él.

Con una risita coqueta señaló al varón de los cuentos, haciendo que la ojiazul tuviese que contar mentalmente para no jalarla de las orejas y arrastrarla hasta la dichosa mansión en Lunargenta. Ni siquiera su pequeña Iliaki le hacía semejantes berrinches, no podía comprender como es que alguien podía ser tan malcriada. Menos mal que era novata en eso de ser madre o ya se le habría visto regañando a la supuesta novia. Ahora solo tendría que encontrar un modo de llevarla con su prometido, aunque sospechaba que la dichosa Miss Clarissa Park no se la pondría tan fácil.


Clarissa Park:
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Re: [Trabajo] La devoradora de hombres [Ashryn+Vincent]

Mensaje  Vincent Calhoun el Mar Mayo 16 2017, 23:00

Se suponía que era un trabajo sencillo. Un dinero fácil de ganar. Y cómo no iba a pensar de ese modo, si solamente tenía que acompañar a una noble de las islas Illidenses hasta el continente. Un apacible y tranquilo viaje en barco desde el archipiélago hasta la cosmopolita Lunargenta.

En eso consistía su misión. En una escolta, que significaba poco más de una travesía por mar, así como por las calles de Beltrexus y la ciudad de destino. Por los dioses, hasta se ahorraría tener que comprar un pasaje para volver a Lunargenta. Pues la protección de la muchacha traía consigo su billete para ir con ella hasta allí.

Ese trabajo había sido creado para él. Era imposible tener más dicha o fortuna, al menos así pensaba hasta que conoció a Clarissa Park.

Una tarea sencilla… Ja, los dioses se mofaban de él. Pero como no picar en el anzuelo, cuando se lo había adornado tan bonito. Demasiado hermoso para ser cierto. Tenía que haber sospechado por ello. Sí, las cosas son más fáciles de decir, que de hacer. Siempre era así, por supuesto, más no esperaba tener tanto mal fario con un trabajo que aparentaba tal facilidad.

El padre de la joven era el típico noble. Orgulloso y poderoso, y con el carácter autoritario que se adueñaba de todo hombre con poder. O de casi todo hombre. Un brujo que había hecho fortuna con la seda, y que también era ducho en el manejo de su magia. Un perfecto illidense por tanto. Un perfecto brujo.

No obstante, el hombre tenía el porte que todo noble tenía, y albergaba un buen corazón después de todo. Y un sentido de la justicia que siempre era importante tener. Por lo menos así lo consideraba él. Mercenario que más de una vez se había envuelto en problemas por su sentido de la justicia, y no tanto por el dinero que movía los hilos de los bien llamados soldados de fortuna.

Pero así era el padre de Clarissa. La propia Clarissa… era otro cantar.

No dudaba que tenía el mismo buen corazón que su padre. No la conocía lo suficiente para saberlo con certeza, aunque lo cierto es que a su padre tampoco, más era lo que sentía cuando conoció a ambos. Pero desgraciadamente, ahí terminaba el posible parecido con su progenitor. Ya que la bondad de la joven estaba enterrada bajo una montaña de deseos, caprichos, y un sinfín de requerimientos que soterraban demasiado una virtud tan destacable.

- ¿Por qué debemos ir a esa taberna? Me gustaría comprarme un vestido nuevo, pues la ocasión lo merece-, comentó la chica, con cierto fastidio.

- Es deseo de su padre. Según sus palabras, allí estará parte de su escolta, lady Clarissa-, contestó a la joven. De forma bastante educada, dadas las circunstancias. ¿Cuántas veces se lo había dicho ya? Realmente había perdido la cuenta. - No sé de quién se trata. Ni su padre sabía exactamente, pues parece que se trata de una petición a una amiga personal y de confianza. Pero la persona que nos espera ha sido informada y la reconocerá nada más verla-, explicó. - Así que podrá comprar ese bonito vestido después, señorita Park. Seguro que a su prometido le gustará el detalle de que se compre uno para verle-, sonrió a la chica.

- ¿Para ese tonto? No, la ocasión que lo merece no es el encuentro con ese patán-, comentó, con una voz provocadora y con cierto tinte sensual.

Sin olvidar la mirada pícara que le dedicó la muchacha que rondaba los diecisiete años. Todo en su conjunto fue suficiente para quebrar la sonrisa del rubio.

- Eh. Sí claro. Que diga. No. No-, se corrigió después de recuperar el tino. Esa chica lo había descolocado completamente. - Su prometido no es ningún patán, miladi. Tengo entendido que es todo un caballero-, respondió, antes de abrir la puerta de la posada para dejarle el paso franco a la dama.

Ella por su parte solamente bufó, y se encaminó hacia el marco de la puerta.

- Menudo local. Espero que no perdamos mucho el tiempo aquí dentro-, comentó la joven, entrando al establecimiento.

Vinc hizo rodar los ojos en cuanto la mujer entró, para evitar que lo viera, y seguidamente entró tras ella.

La taberna, que tan poca cosa le parecía a la dama, era en realidad un buen establecimiento. No de los mejores de la ciudad, pero sí estaba bastante bien. Un local de categoría media, por definirlo de alguna forma. No le cabía duda, de que habían peores posadas por el mundo, y en más de una había tenido que hospedarse durante sus viajes por el continente. No le costaba mucho imaginar, la reacción y el rostro que pondría la señorita Park, si hubiera visto alguno de aquellos tugurios.

- Debe ser la persona con la que debemos encontrarnos, señorita Clarissa-, explicó, a la vez que intentaba obviar las palabras que había usado la noble, y retiraba el brazo que le había tomado con delicadeza. - Es parte de su escolta, tal como acordó su padre-, le recordó, pues su padre tenía suficiente autoridad para aplacar a su hija.

A él le haría caso. Ya fuera a regañadientes. Y así era, pues la escuchó bufar nuevamente, pero antes de que la joven dijera algo inapropiado, se adelantó a esta para saludar a la rubia que se había acercado hasta ellos.

- Encantados de conocerla, señorita Ashryn-, dijo, usando el plural para incluir a lady Park, aunque esta seguramente no estaría nada encantada de ello. - Mi nombre es Vincent Calhoun-, sonrió a la chica. - Soy parte de la escolta de la dama Clarissa. Igual que vos. Y la joven que me acompaña es la señorita Clarissa Park.

La señorita Park suspiró resignada, ante de vovler a hablar.

- Así es. Soy lady Clarissa-, se presentó formalmente. - Y terminadas las presentaciones. Me gustaría poder proseguir con mis quehaceres. Quisiera comprar aquel vestido que le comenté, Vincent-, dijo, antes de sonreírle. - Verás que bien me queda-, mantuvo la sonrisa, y giró sobre sus talones para dirigirse hacia la salida.
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Re: [Trabajo] La devoradora de hombres [Ashryn+Vincent]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Lun Mayo 29 2017, 02:39

Nada le hubiese gustado más que llevarse a esa insolente jovencita de las orejas y así enseñarle unos cuantos modales, más era consciente que ella solo estaba ahí para asegurarse de que la susodicha llegase con su prometido sin ningún tipo de contratiempo. Claro que ella tampoco de la ponía fácil, y es que nada bueno resultaba cuando dos personalidades infantiles y caprichosas se encontraban frente a frente. Lo único resaltable de aquel encuentro sería el caballero que acompañaba a la odiosa muchachita. Aparentemente no solo parecía un príncipe, sino que además se comportaba como uno. Bueno, por ahora no mataría a Lady Clarissa, pero no prometía que esa idea los acompañase el resto del viaje, considerando que la muy ingrata pasaba de ella como si su presencia fuese totalmente irrelevante.

Rogándole paciencia a los Dioses y contando mentalmente, para no cometer una masacre en ese lugar, trató de mantener la boca cerrada. Después de ver la cantidad de insinuaciones que la señorita le hacía al caballero, Ashy tuvo que esconder una mueca de fastidio, pues, ciertamente le incomodaba aquella situación. El hombre parecía ser una persona sensata y amable, al menos lo que se veía a simple vista. La rubia no era capaz de imaginar lo difícil que sería para él tener que soportar a esa coqueta, altanera e insoportable chica; considerando que en ese par de minutos en los que la conoció ya deseaba arrastrarla por el piso de la taberna, seguramente Vincent tendría la peor parte al tener a la susodicha revoloteando a su alrededor con jocosa insistencia.

—No —sentenció la de orbes azulados, frunciendo el ceño con molestia—. Las instrucciones son muy claras, Miss Park. No hay tiempo que perder, su prometido la está esperando.

— ¿Quién eres tú para venir a darme ordenes? —Replicó la muchacha—. Quiero ese vestido y lo quiero ahora.

Ni siquiera dio tiempo a que la de orbes azulados le respondiese, ya que jaló al caballero, arrastrándolo fuera de aquella taberna. Ashy parpadeó un par de veces en un intento por asimilar lo que había sucedido. Sí, bueno, ella también había sido criada de manera sobreprotegida, pero jamás había llegado a comportarse de semejante forma tan caprichosa y consentida. Infló las mejillas con molestia y salió de la taberna, siguiendo a la insolente fulana que había osado pasar de su persona como si de un champiñón se tratase. Ahora comprendía porque el prometido de Miss Park se encontraba tan preocupado de que esta llegase a Lunargenta. Con un carácter como ese cualquiera se sentiría intranquilo de que la dichosa novia escapara por ahí con el primero que se le viniese enfrente, aunque debía admitir que ella tenía malos ratos, pero no malos gustos.

Caminaba detrás de su compañero y de la odiosa señorita, tratando de mantenerse al margen de las muchas insinuaciones que esta le hacía al pobre. Casi sentía pena por él, aunque también le admiraba la infinita paciencia que mostraba ante aquella terrible situación. Después de un rato de vagar por ahí sin un rumbo fijo, la presuntuosa jovencita se detuvo frente a las puertas de una lujosa tienda de ropa, a lo que la rubia solo pudo atinar a parpadear confundida. Aquel local fácilmente podría considerarse lujoso y lo que ahí se vendiese no debía ser nada barato, ¿realmente pensaba entrar a comprar un vestido ahí? Lo peor no fue la confirmación a esa pregunta, sino la insistencia de Miss Park en que Vincent entrara con ella. A la de orbes azulados no le sorprendería que también buscase arrastrarlo hasta los vestidores. Definitivamente eso no presagiaba nada bueno.

— ¿Qué te parece si aguardamos aquí afuera? —Puso una mano en el hombro de su compañero—. Así podemos vigilar mejor que lady Clarissa se encuentre a salvo y le daremos privacidad, para hacer sus compras tranquilamente.

— ¡¿Qué dices?! —Refunfuñó la muchacha, tomando a Vincent del brazo—. ¡No! ¡Yo quiero que Vincent entre conmigo!

—Nuestro deber es garantizar su seguridad, Miss Park —sentenció la rubia, tomando al caballero del otro brazo—. Vincent y yo no somos damos de compañía, somos sus escoltas, así que debe quedarse aquí conmigo a vigilar.

— ¿Y si me pasa algo? —Jaló al hombre hacia su lado—. ¿Qué tal si hay un peligro ahí adentro?

—Le aseguro que las perchas no son tan aterradoras —Ashy por su parte jaló a su compañero en su dirección, inflando las mejillas—. Solo hay una entrada y una salida del local, si nos quedamos aquí le aseguro que no dejaremos que nadie la moleste.

Seguramente la escena sería un tanto cómica, considerando que dos jovencitas se encontraban a mitad de la calle, peleándose por un apuesto caballero. La ojiazul no se dejaba intimidar por aquel carácter caprichoso, mientras que lady Clarissa hacía todo lo posible por parecer una víctima ante Vincent. Finalmente, y con ayuda de los dioses, la muchachita soltó al caballero, adentrándose de mala gana a la tienda, mientras la rubia soltaba por fin a su compañero con un suspiro de fastidio. Si alguna vez llegaba a tener otra hija, rogaba que no fuese igual que esa chiquilla maleducada. ¡Ni siquiera ella que había crecido sin su madre llegaba a ese extremo! Además, no es como que crecer en el Clan Elaynor fuese una gran suerte. Ella había tenido que escaparse del bosque para conocer el mundo, de lo contrario seguiría escondida en Sandorai sin permiso si quiera para soñar con salir.

—Lo siento —se disculpó con su compañero—. No me agradan las personas como ella —hizo un puchero infantil—. ¿Te encuentras bien? —Ahora se sentía culpable de haberle hecho aquella escenita—. Tal vez no me recuerdes, yo presenté los Oscares de Aerandir hace un año —soltó una risita nerviosa al recordar aquel terrible incidente, donde media población del mundo terminó odiándola—. Me preguntaste si tenía lazos con el Clan Thenidiel…

Había pasado bastante tiempo desde aquella funesta noche, pero muchas de las caras, que tuvieron el infortunio de ser interrogadas por ella, no se le borraban de la mente. Solo esperaba que revelar aquella información de golpe no le supusiera un disgusto al caballero, considerando que esa dichosa gala casi terminaba en una masacre.
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Re: [Trabajo] La devoradora de hombres [Ashryn+Vincent]

Mensaje  Vincent Calhoun el Vie Jun 16 2017, 03:54

El encuentro con el otro miembro de la escolta no fue… lo que podríamos definir como una situación placentera, o agradable. Y no porque la joven que los esperara tuviera la culpa. No nada de eso.

Porque sí, la persona que los esperaba se se trataba de una dama, y se había presentado de una forma acorde y correcta. Lo que uno esperaría en un momento así. Nada más y nada menos.

Sin embargo, la señorita Park era cuanto menos una joven peculiar. Si con peculiar se podía delimitar a una persona caprichosa, y con una mente proclive a solamente pensar en sí misma. Así era la dama que debía escoltar. Una mujer que era la personificación del egoísmo, y de la ambición por conseguir los más exquisitos y variopintos objetos materiales. Y para su desgracia, él se podría considerar uno de esos artículos deseables.

Sí. A las cualidades de egoísmo y capricho se le podía sumar claramente la de excelsa coquetería. Una aptitud que igual que las otras, no perdía un segundo en relucir y sacar a la luz. Nuevamente para su desgracia.

Pero no me confundan. La hija menor de lord Park, no era una mala persona. Al contrario, se notaba que tenía un buen corazón como su padre. Dentro de lo que ya había dicho anteriormente de que no conocía demasiado los Park. Pero era lo que les trasmitía, y no solía equivocarse con las personas. Sin embargo, la jovencita era demasiado corta de miras para mostrar una mejor versión de si misma. Demasiado preocupada por banalidades y objetos carentes de verdadera importancia, así como demasiado acostumbrada a tener siempre lo que quería.

Y en este caso era un vestido. Pero si solamente fuera el vestido podría estar más tranquilo. No habría problema en ello, salvo en la aparente realidad en la que acabaría inmerso. Primero sería el vestido, y luego sería la siguiente excusa pertinente para tenerlo de acá para allá, hasta el momento en el que tuvieran que ir hasta el barco, para zarpas de la isla rumbo al continente.

No obstante, para su otra vez renovada desgracia, el asunto no terminaba ahí. La señorita Park quería el vestido para lucirte ante él. Precisamente para que lo viera él con ese vestido puesto, en un acto totalmente descarado de cortejo.

Pero la joven Clarissa había olvidado, o mejor dicho había obviado que estaba prometida con otro hombre. Y para más señas, la chica no había tenido en cuenta en ningún momento lo que pensara so sintiera el caballero de rubios cabellos. Caballero que, en ese sentido, tenía la mente puesta en otra mujer. Poco podía hacer para complacer a la dama del modo en que ella quería, y mucho menos deseaba hacerlo.

-Creo que no pasa nada por ir a ver esa tienda-, comentó siendo arrastrado al exterior de la taberna.

Tenía fuerza más que suficiente para detener a la menor de los Park. Pero, sinceramente, no tenía ganas de escuchar una queja innecesaria, y que seguramente sería ruidosa. Había tiempo para ir a ver ese vestido, y luego embarcar. Se dejaría llevar por ahora.

En fin. Quizás si hubiera sido mejor idea frenar a la mujer, para evitar verse involucrado en el espectáculo fuera de la tienda. Haber escuchado un rapapolvo de lady Park hubiera sido una bendición, comparada con una situación, donde a punto estaba de ser partido en dos, por el enfrentamiento de dos mujeres.

Desde que fuera un mozalbete todo el mundo sabía cómo moriría. Su padre, su madre, su hermana. Leonora y sus padres. Todos sus amigos, compañeros de clase o profesores. Incluida su propia persona. Absolutamente todo el mundo sabía que el bueno de Vincent no moriría en una guerra, ni luchando contra un dragón, manticora o cualquier otra bestia imaginable y peligrosa. No. Eso parecía lo probable, más aún después de crecer y hacerse mercenario. Pero no, ese no era su destino. Todos sabían que el carácter del brujo le haría encontrar la muerte por culpa de las faldas de una mujer.

¡Pero maldita sea! ¡No pensaba que fuera a ser de este modo tan lamentable y lastimero!

Que se le iba a hacer. La gente exageraba bastante. Era mujeriego más por romántico que por deseo carnal. Y el tiempo le dio la razón, cuando se enamoró de su querida elfa. Y con respecto a la actualidad… de peores situaciones había salido. O eso creía. No estaba muy seguro de ello.

- Me parece que lo mejor sería que me quedara fuera, señorita Clarissa-, comentó en un momento en el que la rubia tiraba de él con más fuerza hacia ella. - Bueno, pensándolo mejor, tampoco es mala idea que entre a la tienda…-, dijo, sintiendo ahora la fuerza de del lado del brazo del que jalaba la benjamina de los Park. - La joven Ashryn tiene razón, lady Park. Este barrio es seguro y en el interior de la tienda no albergará peligro alguno. Es mejor que nos quedemos fuera y controlemos quien entre-, volvió a sentir como tiraban de él hacia el otro extremo. - Aunque no es mala idea revisar el interior por si hay peligro-, matizó, después de sentir la fuerza hacia la otra dirección nuevamente.

Menuda pesadilla. No se libraría de esa siendo condescendiente con las dos. Tendría que ponerse firme y…

- ¡Qué tontería! -, dijo Clarissa, para luego gruñir y soltar al brujo. - Vamos a lastimar al bueno de Vincent con este espectáculo lamentable. Entraré sola, si tan importante es para usted. Igualmente saldré con mi bonito vestido. Para su gusto, Vincent-, sonrió con picardía al rubio,

Después echó una mirada furibunda a la joven que había impedido llevarse el gato al agua. O mejor dicho, al brujo. Luego se volteó con un movimiento rápido y fuerte que hizo girar con brusquedad su capa, y se encaminó hacia el interior de la tienda con paso firme y duro, que denotaba su enfado.

Aunque en esos instantes, el enfado de lady no era importante para él. Lo único realmente importante era que de buena se había librado.

- Oh, no se preocupe-, comentó, alisándose la camisa y la chaqueta de cuero. - Me extrañaba que lord Park no mandara a alguno de sus hombres como escolta de su hija. Pero empiezo a intuir, que quería para el trabajo a alguien que no conociera a la dama. Y que mi misión en realidad consiste en controlar los caprichos de lady Clarissa-. En ese momento se paró en seco para rectificar. - Bueno, nuestra misión-, rió levemente. - Estamos juntos en esto, aunque me da la sensación que no desearía tener esta trabajo. Si quiere puede huir. Aún está a tiempo-, volvió a reír.

No obstante, dejó rápidamente de arreglarse la ropa cuando escuchó el comentario que había dicho la joven en ese momento.

- ¿Clan Thenidiel? - preguntó confundido, intentado hilar sus recuerdos, y colocándolos en orden poco a poco. - ¡Claro! - chasqueó los dedos. - Eres la chica de la gala. La presentadora. Ya decía que me resultabas familiar-, comentó animado. - Sí, en aquel momento lo dije porque te pareces mucho a una amiga mía. Bueno, en realidad es mi pareja-, carraspeó, porque seguro que a la chica le resultaría raro que un brujo frecuentara a una dama de su raza.

Seguramente por eso había dicho amiga en primer lugar. No le gustaba que la gente pensara mal de Níniel por estar con un brujo. Siempre intentaba protegerla, y no solamente de las flechas y las espadas.

- No me había fijado hasta ahora. Mi mente le estuvo dando vueltas a esa idea. De donde podría conocerte, y por qué me resultabas tan familiar. Pero ya sabe-, hizo un movimiento con la cabeza al interior de la tienda. - Lady Park no deja mucho tiempo para pensar-, rió y le guiñó un ojo. - Creo que no pude reconocerte de primeras, por tus orejas. Así que llevas una bonitas orejas puntiagudas debajo de esa melena, eh. Que conste que me has engañado, pensaba que serías nativa de aquí-, bromeó, dibujando una media sonrisa.
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Re: [Trabajo] La devoradora de hombres [Ashryn+Vincent]

Mensaje  Ashryn Elaynor Ayer a las 08:53

Con muchos esfuerzos consiguió que la insolente Miss Park soltara a su compañero, algo que la rubia agradeció a los dioses, ya que su escasa paciencia estaba llegando a limites insospechables y poco faltaría para que desgreñara a la susodicha. Aunque el hecho de que la caprichosa lady soltara al caballero no evitó que la ojiazul inflara las mejillas en señal de molestia. Esa chica le hacía desear sacar su lado de heredera caprichosa y así mostrarle quién mandaba en ese lugar, pese a que, tristemente, la mocosa berrinchuda fuese la de la batuta en tan penosa situación. Afortunadamente su compañero había sobrevivido, quedándose libre de la jovencita durante unos breves y placenteros minutos. Ashy parpadeó confundida y no dudó en soltar una risita graciosa a la forma tan diplomática en la que se refería a ella.

—Si no estuviese segura de que mi jefa me mataría por desertar —habló con cierta gracia—, con todo gusto le tomaría la palabra y huiría de aquí —le guiñó un ojo mostrando que estaba bromeando—. Más bien temo por usted —soltó un pequeño suspiro—. En cualquier momento terminaré arrastrándola de los pelos de escoba por toda la plaza… —rápidamente se llevó las manos a los labios, sintiendo como sus mejillas se coloreaban—. N-No quise decir eso…yo…bueno yo…

El rostro de porcelana se tiñó de un bonito color carmesí, mientras que la pobre ojiazul paseaba su mirada por el suelo, rogándole a los dioses que la enterraran en un hoyo muy profundo, donde pudiese evitar decir lo que pensaba en vez de pensar lo que decía. Afortunadamente su compañero no tardó en reconocerla, desviando el tema de conversación hacia su participación en la gala del año pasado, recibiendo una revelación que la dejó un poco sorprendida. Pobrecillo, no quería saber lo que le pasaría cuando su novia se enterase de que la dichosa Miss Park buscaba echarle el lazo a como diese lugar. Con un aire de vergüenza tapó sus orejas bajo el cabello, sonriendo con cierta vergüenza a la afirmación que Vincent le hizo sobre su linaje.

—Casi logro engañarte, ¿no? —bromeó con ánimo—. Mi padre era un humano, aunque mi hermano y yo heredamos los rasgos de mi madre —hizo una pausa, reflexionando en lo que el joven había dicho—. ¿Así que estás saliendo con una compatriota? —Los orbes azulados obtuvieron un tono de ensoñación—. Eso suena genial.

Nuevamente le sonrió con amabilidad. La ojiazul era la persona menos indicada para hablar de amor interracial, especialmente cuando Allen y ella eran el resultado de una relación así. Le hubiese encantado tener una mejor conversación con su compañero, considerando que era de las escasas personas con las que la rubia se sentía cómoda, pero para su desgracia Lady Clarissa ya había terminado la compra de su vestido, saliendo de la tienda para presumirlo ante el rubio. Ashy casi sintió como una venita se le saltaba de la frente, mientras intentaba mantener la escasa paciencia que le quedaba. Claro que esto habría sido más fácil si la fulana no hubiese insistido en dar un recorrido por los establecimientos cercanos y no hubo poder en la tierra que la hiciese cambiar de parecer.

Ya había perdido la cuenta de cuántas tiendas habían visitado y la ojiazul se sentía bastante cansada, pues, para colmo, Miss Park se adelantaba con Vincent, lo que ocasionaba que la elfina tuviese que correr en más de una ocasión para no perderlos de vista. Definitivamente aquello era planeado, Ashy no era tan tonta como lo parecía, pero tampoco se dejaría ganar por una chiquilla malcriada y coqueta, mejores adversarios habían intentado deshacerse de ella; se necesitaría más que hormonas para derrotarla. No es que ella quisiera algo con su compañero, al contrario, por alguna extraña razón le gustaba imaginar que su padre era igual de galante y amable; solo no le agradaba la idea de ser ignorada y molestada por la doncella. Tras un largo rato de dar vueltas y más vueltas, la ojiazul llegó a la conclusión de que era hora de hacer todo lo que estuviese en sus manos para llevar a Miss Park al puerto, quisiera o no.

—Lady Clarissa —la joven volvió a bufar, mirándola con fastidio.

— ¿Ahora qué quieres? —Ashy se forzó a mantener un gesto amable—. ¿No te dije que te quedaras detrás de mí?

—Comienza a hacerse tarde —sentenció con seriedad—. El barco que nos llevará a Lunargenta nos espera.

—Esa no es decisión tuya —contraatacó—. Aun no quiero ir, no he terminado mis compras, ¿verdad, Vincent?

—Tiene razón, no es decisión mía —la chica sonrió victoriosa—. Es decisión de su padre, así que si desea desobedecer con todo gusto la llevaré ante él, para que sea él quien personalmente se encargue de llevarla hasta Lunargenta.

Ambas miradas cristalinas se encontraron de frente, logrando que el ambiente se tensara por completo. La muchachita insolente echaba chispas, mientras que la rubia mantenía un semblante tranquilo, disfrutando su victoria temporal. A regañadientes Lady Clarissa aceptó ir hasta el puerto, siempre dejando en claro que no quería la presencia de la rubia cerca de ella, aunque esto último poco le importaría a la elfina. Ahora solo tendrían que llegar hasta el puerto y podría dar inicio a su verdadero trabajo, además, tenía ganas de volver a Lunargenta, especialmente porque así podría deshacerse de la chiquilla berrinchuda.


Nota: Subrayada la primera complicación: La rutina de la joven es tediosa, recorriendo muchos lugares y con mucha gente.
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