La delgada línea[Privado]

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La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Miér Mayo 17 2017, 19:18

¿Qué es la realidad? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cuáles son nuestros límites en ellos? ¿Podemos ser dañados en un mundo soñado? ¿Cuáles son nuestros límites allí? ¿De qué o quién dependen? Y más importante, ¿cómo distinguir qué es real y qué no lo es?

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El viento soplaba con fuerza moviendo el intenso follaje del interior del bosque. No importaba la época del año, las ramas siempre se mostraban cubiertas de hojas con el único cambio visible en su color y quizás, miradas de cerca, en su textura. Con mucha más atención se podía distinguir un sonido distinto al ser mecidas por el viento, si bien sólo alguien que pudiera indicar aquél como su hogar sería capaz de notar la diferencia a primera vista. Era curioso pues ni siquiera aquel viento que soplaba con fuerza era capaz de alterar el ambiente en un pequeño claro recogido en uno de los rincones más recónditos. No era fácil llegar allí ni mucho menos darse cuenta de que en el mismo, camuflada entre árboles y arbustos, una case de madera cubierta con ramas se escondía con disimulo. Quizás la forma más fácil para notar su presencia era una pequeña chimenea que dejaba salir un tímido hilo de humo. Era curioso, si se observaba con atención aquel humo no parecía capaz de escapar del claro, más bien una especie de efecto invernadero hacía que se mantuviera allí. No era un humo espeso, al contrario, apenas sería notable a la vista ni tan siquiera al oído, eso era lo que realmente lo hacía especial. Especial, sí, quizás esa era la palabra adecuada para hablar de aquel lugar. La casa tenía una pequeña ventana que daba directamente al claro y que se mantenía iluminada durante toda la noche. Si se intentaba mirar al interior no era posible distinguir nada, un cristal translúcido separaba a los curiosos de lo que allí estuviera ocurriendo. La única forma de saber qué se hacía allí era entrando por la puerta redonda de apenas un metro que se encontraba en uno de los laterales. Curiosamente, nadie recordaba haber visto nada una vez dentro, aunque sí recordaban salir de allí con una fuerte jaqueca y una mente en estado confuso.

Junto a uno de los gruesos troncos de los viejos árboles que formaban el círculo casi perfecto de aquel claro se encontraba recostado el pesado corpachón de un joven muchacho completamente desnudo. El pelo, un poco largo y de color marrón, le cubría los ojos que desde cerca se verían completamente cerrados. Su quietud no era casual,  pues no parecía consciente. Su pecho subía y bajaba mostrando que su respiración era constante. No se escuchaba ni el más mínimo ruido cerca exceptuando los propios y habituales del bosque. De haber existido alguno, en cualquier caso, no parecía que aquel inocente muchacho fuese a despertar por una razón así.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Mar Mayo 23 2017, 21:23

Estaba cansada de tanto correr, con la garganta seca y las patas llenas de barro. Patas, manos, por momentos no distinguía bien qué eran. Su cabello se mecía con el cálido viento y gruesas nubes rosáceas se cernían sobre ella. Buscaba algo, de eso estaba segura, pero no recordaba muy bien qué era. Tampoco conseguía recordar cuánto tiempo llevaba en esa búsqueda. ¿Un año? ¿Diez? ¿Y cuándo había empezado a tener compañía?

Se detuvo, hundiendo las patas -¡eran patas!- en el suave lodo para mirar hacia atrás, intentando encontrar a su compañero de búsqueda. Quizás él sabía qué estaban buscando, ¡quizás él lo recordaba! Pero no pudo ver al corpachón del lobo por ningún lado. Tal vez se había detenido a beber agua, aunque no recordaba haber visto ningún arroyo.

No conocía el bosque donde estaban, ni guardaba en su memoria el camino recorrido para llegar hasta allí. Sin duda era un paisaje de lo más extraño. De lo más... onírico. Los árboles se cernían tan, tan alto, que no alcanzaba a ver sus copas. Las plantas tenían flores con fragancias exóticas y colores vibrantes. Aunque le encantaba y deseaba admirarlo eternamente, algo en su pecho le urgía a seguir corriendo. ¡Pero si era tan bonito! ¿A dónde más habría de ir? Gruñó y dio un paso adelante, resignada a seguir buscando a su compañero. Oh, pero ahora fue un pequeño pie lo que se hundió en el lodo. “-Estate quieta, Thiel. ¡Deja de transformarte sin darte cuenta!-” Se regañó, pero no tenía caso. Todavía tenía las grandes orejas blancas y la larga y mullida cola, pese a que el resto de su cuerpo era el de una jovencita humana. “-¡Bah! No tiene caso.-”

Aprovechó que por el momento tenía manos para trepar uno de los árboles cercanos. El tronco era de terciopelo púrpura y de las ramas más bajas colgaban gordos frutos azules que olían a mermelada de fresa. Sin pensarlo, arrancó uno para darle un mordisco y, con la boca llena, clamó:

-¡Salti, Salti! ¿Dónde estás? ¡Acabo de conseguir la merienda!

Qué extraño; la fruta olía a fresas pero tenía sabor a Warbeen, el animalillo que había sido parte del primer encuentro entre los compañeros de caza. Thiel sonrió y se encogió de hombros sin dejar de masticar, esperando que el muchacho decidiese aparecer de una vez.

______________

Del otro lado, en el mundo real -¿quién decidía cuál era real y cuál no?- a pocos metros del enorme hombre inconsciente, una figura femenina descansaba tendida sobre el mullido colchón de hojarasca, apenas cubierta por su largo y enmarañado cabello y unas pocas hojas secas recientemente posadas sobre ella.

Por momentos, una sonrisa tímida le adornaba el rostro.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Miér Mayo 31 2017, 19:08

Mientras aquel corpachón descansaba sobre la hierba de forma confiada, la mente de su propietario se encontraba por el contrario en un pico de actividad. No era consciente de ello, claro, para él todo lo que vivía era la más pura realidad y no, no estaba durmiendo. Sus piernas se arrastraban de forma pesada mientras intentaba desplazarse por entre el espeso bosque. El suelo se encontraba cubierto de una tupida hierba que alcanzaba casi hasta las rodillas de aquel joven que no era precisamente bajito. Pero ese no era el motivo de su falta de movilidad, de alguna manera sus piernas pesaban como si sus botas fuesen de algún metal pesado...y sin embargo estaba completamente descalzo! Era realmente extraño y pese a todo el muchacho se movía como si fuese algo rutinario el hecho de soportar aquel peso. Eso sí, le molestaba sobremanera el hecho de que su avance fuese tan lento.

Desde hacía unos momentos su olfato le había indicado un aroma familiar. No sólo se trataba del olor que emanaba del jugo de aquellos frutos tan sabrosos que proporcionaba el bosque, era algo más. En efecto era el olor de un congénere, un aroma que estaba guardado en lo más profundo de su instinto y que sabía perfectamente a quien pertenecía. Era eso lo que buscaba, si bien un sonoro ruido proviniente de su estómago le advertía que los frutos no le vendrían nada mal. De pronto una voz sonó en el aire. Por supuesto no lo pilló en absoluo por sorpresa, claro, sabía a quien pertenecía aquella voz y le resultaba fácil relacionarla con el olor que percibía. Sí, esto hizo que se apremiara un poco más y de pronto, como si algo hubiese cambiado de forma completamente aleatoria, sus pies ya no sólo no pesaban demasiado sino que se notaban ligeros como las hojas más altas de los árboles que colmaban el bosque. En pequeñas zancadas al principio y más tarde en grandes saltos pronto llegó hasta un árbol que identificó muy cercano a la fuente de la que emanaba el aroma que perseguía. Agarrando fuertemente el tronco con sus manazas y pegando su cuerpo con destreza al mismo el muchacho comenzó una escalada para llegar hasta el lugar donde encontraría a su compañera.

Debido a la habilidad de aquel muchacho sumado a lo liviano que se sentía, su avance era realmente rápido. Sin embargo no parecía en absoluto más cerca de la copa de aquel árbol. Por contra, si miraba hacia abajo el suelo cada vez le quedaba más y más lejos, era como si la parte central de aquel árbol se hiciese cada vez más y más grande impidiendo que nadie llegase a ninguno de los dos extremos. La capacidad de concentarción de Saltador a veces le hacía perderse pero era buena para seguir ejecutando una tarea interminable. Fueron muchos los minutos en los que su cuerpo seguía escalando aquel tronco sin que su avance pareciese mayor mientras que la distancia con el suelo aumentaba más y más. Incluso alguien como él era capaz de parar de tanto en cuanto a evaluar la situación y haciéndolo se daba cuenta de lo extraño que comenzaba a volverse todo. El olor estaba ahí, pero no era capaz de alcanzar la cima. ¿Qué ocurría? No había querido hablar hasta llegar arriba, no por la sorpresa, pues ella habría detectado su olor desde una distancia suficiente, pero igualmente le gustaba contar con cierto factor de improvisación. Pero dadas las circunstancias, incluso alguien tan paciente como él comenzó a desesperarse y finalmente dio su brazo a torcer.

-¡Oye Thiel! ¿Acaso escogiste el árbol más alto del bosque?
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Miér Mayo 31 2017, 21:30

En un principio, la pequeña loba no encontró tedio alguno en esperar a su acompañante. Suficientemente ocupada estaba recogiendo todos los frutos que sus manos alcanzaban y apilándolos a su lado, para que cuando Saltador hiciese acto de presencia pudiese ofrecerle con alegría la merienda. No recordaba cuándo fue la última vez que comieron, ni qué, ni dónde. Era como si estuviesen en aquel paraje desde siempre pero apenas ahora comenzasen a tomar consciencia de ello.

Pasó un considerable lapso que no supo medir en minutos y entonces comenzó a impacientarse. Cuando estaba a punto de disponerse a bajar, el vozarrón de su compañero llegó hasta sus oídos. Sonaba lejano, pero ella también sentía su aroma sin poder, no obstante, determinar desde dónde le llegaba. Se inclinó para observar hacia abajo y entonces lo vio. Como una pequeña hormiguita trepando el árbol, Saltador estaba por lo menos cien metros por debajo suyo... cosa extraña tomando en cuenta que estaba segura de haber escalado un escaso par de metros. La visión le provocó vértigo, pero peor fue la sensación de lejanía con respecto al suelo y a su camarada. Miró hacia arriba, la copa del árbol seguía igual de distante.

-¡Eres tú el que lo está haciendo crecer! -Le gritó, como si aquella frase no careciese totalmente de sentido- ¡Espera, allá voy!

Tomó todos los frutos que cupieron entre sus brazos y, abrigada por la más inusual sensación de seguridad, saltó de la rama con la extraña certeza de que estaría bien. Tal como había pensado, al estar en el aire flotó como una pluma, meciéndose suavemente.
“-¡Qué bonito!-” Pensó, disfrutando la sensación de volatilidad. “-Y qué extraño... ¿no debería estar cayendo a toda velocidad?”

Bastó pensarlo para que la realidad se torciese de acuerdo a sus palabras. De un instante a otro dejó de caer con ligereza para tomar un envión que le arrancaría sonoros gritos de pánico. El suelo era cada vez más y más cercano, y pasó junto a Saltador tan rápido que ni siquiera poder dedicarle una mirada. Sus párpados se cerraron con terror al prevenir el duro impacto, abrazando los frutos con tanta fuerza que algunos reventaron bañándole el pecho desnudo con un espeso líquido violeta de olor dulzón.

Pero cuando tocó el piso fue como si apenas hubiese caído desde medio metro de altura, posándose de espaldas sobre el mullido colchón de pasto que antes de treparse al árbol no había sido más que un charco de lodo. -¡Estoy bien! -Gritó pese a que nadie le había preguntado, todavía respirando fuertemente y con los ojos abiertos de par en par a causa de la impresión. Sin embargo, pese a que las leyes de aquel mundo eran azarosas, distintas e impresionantes, en ningún momento se le pasó por la cabeza que nada de lo que estaba viviendo hubiese podido ocurrir en el mundo real.

-¡Salta, no te pasará nada! -Y dicho aquello, se incorporó hasta quedar sentada y llevó a sus labios uno de los pocos frutos que quedaban intactos. Pero la cómica mueca de asco que deformó sus facciones dio a entender que definitivamente ya no sabía a Warbeen asado. -¡Puaj! -Clamó, lanzándolo entre los matorrales. Mientras tanto el árbol seguía creciendo hasta el infinito a una velocidad vertiginosa.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Lun Jun 05 2017, 22:10

“Eres tú el que lo está haciendo crecer”

Las palabras resonaron en la mente del afanado escalador como si se tratase de una fuerte campanada, un sonido característico con la habilidad de traer a alguien desde un estado de trance. Levantó la mirada mientras sus manos dejaban de moverse y su cuerpo se detenía en el tronco de aquel interminable árbol. Apenas un instante le bastó para que sus párpados se abrieran tanto que pareciera que estaban a punto de estallar. Ella estaba bajando desde la copa de aquel árbol, ¿es que estaba completamente loca? Se movía como a cámara lenta y con tanta suavidad que rozaba la irreal. Saltador estaba seguro de que se trataba de esa sensación anterior a que algo peligroso sucediera. Y en efecto, en apenas un instante, la velocidad con la que caía la muchacha aumentó de forma abrupta y ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de escuchar cómo ésta caía contra el suelo. Sus manos estaban tan fuertemente agarradas a aquel inmenso tronco que no había tenido tiempo de reaccionar. Su cabeza se giró con consternación para observar las consecuencias de aquella caída. Sólo de pensar en la altitud a la que se encontraba y era consciente de que el desenlace no podía ser bueno. Pero de nuevo la voz de aquella chica lo sacó del trance en el que estaba a punto de entrar.

“Estoy bien”

¿Cómo iba a estar bien tras una caída de decenas de metros? No tenía lógica alguna. En su caso, mirar hacia abajo lo único que había causado era que sus manos se aferraran más fuertemente aún al árbol. Escuchaba lo que decía Thiel, intentaba poner todo lo dicho con cierto sentido en su cabeza para tomar la siguiente decisión, ¿acaso era él el que hacía crecer el árbol? ¿Cómo iba a ser eso posible? Sólo tenía que saltar, confiar en aquella muchacha en la que realmente creía poder hacerlo, pero le pedía algo que atentaba contra toda lógica. Además, le gustaba aquella sensación de pequeñez. Saltador siempre había sido un chico muy grande, incluso desde muy crío. Las burlas de los demás, mientras aún vivía y se mezclaba con la multitud fueron una constante durante su infancia. Era un lobo, claro, podía sentirse orgulloso en ese estado, pero en su niñez aquel corpachón era más problemático que útil. Quizás en su adolescencia habría podido sacar partido a su tamaño por primera vez pero estaba demasiado ocupado y asustado como para volver a integrarse en el grupo. En aquel inmenso árbol, justo en el medio del mismo, se sentía como una pequeña hormiga sobre la superficie. Era pequeño de nuevo, como cuando era un simple cachorro y su madre podía acunarlo en sus mejores días o simplemente cargarlo en la boca si se metía en problemas. Una sensación familiar comenzó a envolverlo, una calidez perdida hacía mucho tiempo. Soltó las manos de aquel tronco. Sí, en cierta medida aquella extraña chica le provocaba sensaciones parecidas a las que un día había experimentado, merecía la pena confiar en ella. Su cuerpo cayó de espaldas contra el suelo provocando un ruido sordo. El dolor tendría que haberle llegado hasta la médula pero sus sensaciones eran bien distintas, no tenía sitio para el dolor en aquel momento. Con su caída algunas de las hojas se habían levantado en una reacción a tamaño peso, tras lo cual se fueron posando de nuevo sobre el suelo en movimientos caprichosos inducidos por la escasa brisa que corría. Olió las frutas, buscó con su manaza el pie de su compañera y tiró de él con suficiente fuerza como para arrastrarla si no oponía resistencia. Acababa de recordar que tenía hambre.

-Oye, no los vas a comer todos,¿ verdad? ¿Eh?

El árbol no sólo había dejado de crecer sino que de vuelta a su tamaño normal parecía incluso ridículo por comparación. En el claro ahora dominaba el silencio sólo interrumpido por un sonoro rugido proveniente del estómago hambriento de aquel aprendiz de herrero.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Miér Jun 07 2017, 02:05

Estaban rodeados por tamaña irrealidad que resultaba difícil destinguirla. Aunque tal cosa suene como una contradicción, lo cierto es que son los detalles los que encienden las alarmas. Los pequeños errores dentro de un todo aparentemente habitual. Si todo hubiese sido real (o al menos tan real como lo que acostumbraban vivir) excepto los árboles, por ejemplo, que cambiaban constantemente de tamaño, Thiel hubiese podido llegar a la conclusión de que había algo desencajado. Pero no era así. Todo estaba fuera de lugar, así que no tenía con qué comparar y, para empeorar las cosas, no era capaz de recordar cómo habían llegado hasta ahí ni cómo era en verdad el tan dichoso mundo real. Por lo tanto, aunque los frutos de sabor cambiante, los árboles inquietos, el cesped y el barro, su constante transformación y la fluctuación en el peso de ambos levantaban una muy leve sospecha, ésta se albergaba tan en lo profundo de su inconsciente que no podía hacer más que actuar con normalidad, como un infante que acepta su realidad sin reparo alguno.

Cerró fuertemente los ojos cuando su enorme compañero se estampó contra el suelo. Sin embargo, tal como le acababa de ocurrir a ella, no salió lastimado. Era un suceso curioso y digno de experimentación, pero no se vio capaz de trepar una vez más para volver a saltar. Su instinto seguía diciéndole que caer de diez metros de altura era de todo menos divertido.

Estaba observando el entorno con los ojos bien abiertos cuando el tirón en su pie la trasladó justo junto a Saltador. Thiel rió estrepitosamente, siempre alegre ante aquellos gestos cómplices y amigables, y con una mueca socarrona le tendió al muchacho los tres frutos que aún sostenía contra el pecho. El suyo acababa de lanzarlo lejos porque, lejos de saber a Warbeen o a jugosa pulpa tropical, un desagradable sabor a pescado podrido le había colmado la boca. Deseó que las caprichosas frutas aún mantuviesen ese gusto, para así poder hacerle la picardía al grandulón.

-Toma Salti, toma, ¡come cuantos quieras!

Aprovechó el momento para volver a inspeccionar el entorno. Salvo los sonidos producidos por ambos, reinaba un silencio extraño. Esa clase de silencios que surjen cuando está a punto de desatarse una tormenta. Fue entonces que Thiel notó algo sumamente peculiar: un detalle que hizo vibrar algo en el fondo de su mentecita.

-No hay animales. -Masculló mientras se rascaba la barbilla- ¿Te das cuenta? Ni pájaros, ni roedores que hagan ruido en el pastizal, ni nada. Qué extraño, ¿no? -Olisqueó con esmero antes de volver la mirada al hombre, ceñuda- Tampoco los puedo oler, ¿y tú?
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Mar Jun 13 2017, 20:03

Al arrastrar a la joven con su gesto el muchacho sintió el contacto de su piel. No estaba acostumbrado a esa sensación, solía evitar la cercanía desde hacía mucho tiempo pero extrañamente no se sentía tan mal. Los frutos de Thiel fueron a parar a sus ansiosas manos y sin pensarlo se los llevó a la boca prácticamente todos al mismo tiempo. En un primer momento parecían tener un sabor que le recordaba al del pescado podrido, sin embargo la ilusión por la jugosidad de aquellos frutos hizo que el sabor de los mismos cambiara mágicamente en su paladar. No recordaba un sabor tan intenso, y justo cuando pensaba esto el gusto de aquella comida se perdió por completo, como si fuera algo inocuo. ¡Que cosas tan extrañas estaban sucediendo en aquel lugar!

Una vez su atención hacia la comida estaba saciada los ojos del aprendiz de herrero se centraron en los movimientos de su compañera. Su voz reverberó en los oídos del distraído muchacho y en un instante incluso su sonido pareció apagarse. Era cierto lo que decía, en aquel lugar en el que se encontraban no se escuchaba nada. Más aún, si bien ambos tenían un sentido del olfato increíblemente desarrollado, no parecía que fuesen capaces de sentir nada al respecto. ¿Qué estaba ocurriendo? Recordaba haber encontrado algunso animalejos en su camino hacia allí, no, no lo había soñado, ¿o quizás ? Lo cierto es que no estaba del todo seguro y por mucho que intentaba agudizar su oído, su olfato e incluso su vista aún sabiendo que sería el más inútil de sus sentidos, no era capaz de notar nada a su alrededor.

Se acercó hasta Thiel midiendo sus pasos para hacer el menor ruido posible. Era extraño, él se consideraba alguien silencioso si bien no tanto como lo parecía en aquel momento, era como si no hiciese el más absoluto sonido con sus pisadas. Su frente se arrugó mientras su ceño se fruncía y su nariz se movió de forma graciosa en varios espasmos. No, no conseguía oler nada, y si su olfato le fallaba, no podía confiar demasiado en el resto de sus sentidos. Su boca intentó varias veces formar para emitir algún sonido y tras varios intentos consiguó expresarse evidenciado un tono de preocupación.

-¿Sabes, Thiel? Si algo he aprendido en el bosque es que quienes lo habitan saber perfectamente cuándo deben evitar una zona. Si no hay nada vivo por aquí es muy posible que esa porque algo o alguien los mantiene alejados...


Apenas terminaba su frase cuando de repente hasta el mismo viento se paraba y la claridad que translucía hasta ese momento por entre las altas ramas de los árboles no era capaz de abrirse paso con tanta facilidad. El ambiente se oscurecía, se tensaba y pareciera como si una presencia muy fuerte fuese la causante de que todo allí se sintiera increíblemente pesado por momentos.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Mar Jun 13 2017, 20:36

La muchachita intercalaba su atención entre el entorno y su interlocutor. Por un lado, se manteía en guardia por si de un momento a otro la calma mutaba en tormenta. Por el otro, buscaba en los gestos de Saltador algo que le indicase que no era la única cuyos sentidos comenzaban a fallar. ¿Cómo podía ser posible que su pequeña pero hábil nariz no captase aroma alguno? Los bosques eran explosiones de sensaciones: la hierba, los frutos, cada árbol y cada animal tenían un olor característico perfectamente discernible. Sintió un atisbo de alivio al ver que, a juzgar por sus muecas, Saltador estaba experimentando lo mismo. Pero el alivio se disipó al entender que la situación resultaba más preocupante si el problema no eran ellos, sino lo que los rodeaba.

-Entonces deberíamos seguir el ejemplo. -Murmuró en respuesta al grave comentario del otro- ¿Qué te parece si nos vamos de...?

Pero cerró la boca antes de terminar. Algo, una desconocida y desagradable sensación le subió por la espalda en forma de escalofrío. De un momento a otro, parecían estar inmersos en una trampa mortal. Se sintió pesada, como si sus reflejos comenzaran a atontarse, y los latidos en su pecho se aceleraron. Esta vez intentó transformarse a posta, pero no pudo. Estaba indefensa y atascada en su pequeño cuerpo 'humano'. Miró entonces a Saltador en busca de la tranquilidad que su presencia solía otorgarle... Pero no lo encontró a su lado.

La certeza de que estaba siendo observada la obligó a voltearse. Ahora en aparente soledad, la joven abrió los ojos a más no poder y apretó los puños en un patético esfuerzo por mostrar valentía. Detrás de unos árboles el pastizal se movió. Y entonces, haciéndole retroceder un par de pasos, dos siluetas se abrieron paso hasta detenerse a escasos metros de ella. Ambas presencias acarreaban un aura pesada, oscura y atemorizante. En absoluto silencio, el hombre y la mujer clavaron sus gélidos ojos en Thiel y entreabrieron los labios sin que ningún sonido se escapase de éstos.

-¿¡Quiénes son ustedes!? -Gritó. No entendía por qué ese par de desconocidos podía inspirarle tanto temor. No recordaba haber visto esas caras en toda su vida.

Ya que, de hecho, era la primera vez que veía a los padres de Saltador.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Lun Jul 17 2017, 21:22

En efecto y como siempre, al menos hasta ahora, las palabras de aquella chica estaban cargadas de sentido. Sí, era cierto, si los habitantes naturales del bosque evitaban esa zona concreta la decisión más inteligente era copiar su comportamiento. Era lógico aunque no se le había ocurrido a él en cualquier caso. Aún así no tenía ningún tipo de reticencia para seguir el consejo de su compañera, más bien al contrario. Saltador arrugó la nariz de nuevo buscando en un intento estéril los olores que rodeaban su posición pero una vez más se encontró con que no era capaz de apreciar nada en absoluto.

Las palabras de la muchacha parecían haberse interrumpido de golpe. Su tono no indicaba alarma o sorpresa por lo que Saltador no prestó más atención de la necesaria. Su cabeza se giró ligeramente y sus ojos buscaron una línea directa con Thiel antes de preguntarle por qué se callaba tan de repente sin embargo ninguna experiencia anterior lo había preparado para afrontar lo que se iba a encontrar. Ante su atenta mirada el tono de piel de su compañera se tornaba transparente como el reflejo de uno mismo en el agua, ¿qué estaba ocurriendo allí? El gesto reflejo que acompañó a aquella extraña visión fue el de frotar sus ojos con fijación pensando que se trataba de un problema en sus ojos y sin embargo, lejos de ayudar, esto provocó que la cosa empeorase irremediablemente, ya no veía la figura transparente de Thiel sino que ni era capaz de verla en absoluto.

-¡Thiel! ¿A dónde te fuieste? ¡No es el mejor momento para jugar al escondite!

En efecto no lo era, el pobre muchacho no era consciente de que aquello no se trataba de ningún juego, o si lo era, estaba a punto de darse cuenta de cuán macabro podía ser. Su cabeza giró en todas las direcciones posibles, así como su cuerpo acompañando a la misma y permitiendo una visión rápida de sus alrededores. Nada. La quietud del bosque era aún mayor si cabía y su compañera no se encontraba allí. Tampoco su olor ni el más mínimo rastro de su presencia hacía apenas unos segundos. No, no podía ser su vista lo que fallaba, directamente debía tratarse de algo mal en su cabeza, ¿o acaso estaba soñando? En cualquier caso no podía quedarse de brazos cruzados, tenía que encontrarla fuese real o no, ese era el objetivo y ningún otro. De pronto las orejas de Saltador se movieron hacia arriba en un espasmo al detectar la voz de Thiel de nuevo. Era como si siempre hubiese estado en el mismo lugar y sin embargo estaba seguro de que acababa de mirar en esa dirección hacía apenas unos instantes. Allí estaba de nuevo, ¿acaso se había quedado soñando despierto de nuevo? ¿era simplemente eso? Su compañera se veía tan real como siempre, su tono de voz y su olor perfectamente reconocible, pero no estaba sola y el muchacho no fue capaz de notarlo hasta que entendió la pregunta que Thiel estaba lanzando. ¿Había alguien más allí y no era capaz de percibirlos con su olfato? Alzó sus ojos, un sentido del que desconfiaba normalmente. Primero vio la figura de la muchacha y sonrió al recuperar esa sensación de familiaridad, luego sus pupilas se estancaron en las dos figuras más lejanas, su boca se secó de forma repentina y su olfato descifró el enigma. Eran unos olores tan familiares que no había sido capaz de distinguirlos como algo ajeno,  nada más.

-Imposible…

Obviamente era imposible, sí. Conocía más que de sobra aquellas figuras, cada pliegue de ellas y mejor que nadie sabía que ambos estaban muertos, mejor que nadie. Su mente comenzó a viajar hacia lugares sellados tiempo atrás. Comenzó a recuperar los olores del bosque de nuevo, la tierra, las hojas, los insectos, la sangre…si, justamente eso, la sangre caliente y palpitante. Los rasgos de Saltador habían comenzado a cambiar poco a poco y en unos segundos su forma humana dejaba paso a la de un animal de cuatro patas, pelaje de color pardo intenso y grandes y afilados dientes. Era curioso pero la forma adoptada parecía mucho más pequeña que la que Thiel había visto recientemente, recordaba más a la de un joven cachorro si bien dadas sus dimensiones era casi equivalente a la forma de algunos de los adultos. Sus ojos de color amarillo tenían un tono vidrioso y su boca ya no estaba seca sino sedienta. El lugar del bosque en el que se encontraban también era distinto ahora. Los árboles eran más bajo y el follaje menos espeso. El cielo podía verse de nuevo, si bien no arrojaba excesiva claridad pues las nubes eran de un color grisáceo que podrían acompañar lluvia en no mucho tiempo. Saltador tomó impulso con sus cuartos traseros sintiéndose más hábil que de costumbre e, ignorando completamente a Thiel pues para él ya ni siquiera estaba allí, arrancó una carrera frenética para atacar a las dos figuras que se encontraban con ellos.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Miér Jul 19 2017, 23:41

La joven se mantuvo en guardia durante un tiempo que pareció eterno. Los ojos oliva no se despegaban de aquellas personas que la observaban desde escasa distancia, manteniendo el contacto visual con estoicismo. Era curioso que a veces, cuando parpadeaba, veía dos lobos acechándola en vez de dos personas; pero pronto su visión volvía a la normalidad. Era como si pudiera entrever la naturaleza de aquellos seres y sus verdaderas intenciones por breves intervalos tiempo.

Aunque en un principio se había sentido amenazada por ellos, la atmósfera se sentía más desconcertante que peligrosa. Incluso podía sentir que de aquella pareja manaba un aura protectora que le recordaba a los mayores de su jauría, algo casi paternal. Thiel relajó los músculos, aunque no se movió de su posición, y tomó una copiosa bocanada de aire antes de entreabrir los labios para hablar. Su intención era volver a preguntar, esta vez con más calma, quiénes eran y qué hacían ahí. Quizás de esa manera sí recibiría una respuesta. No obstante, antes de que ningún sonido llegase a salir de su garganta, un potente gruñido tronó a sus espaldas. Se dio la vuelta rápidamente para enfrentarse a un cachorro de lobo ciertamente enorme, pero no desconocido: reconocía a la perfección ese pelaje, esos ojos y ese aroma. Saltador se precipitaba directamente hacia ella, o más bien a pesar de ella, pues parecía ir hacia la pareja, que se mantenía estática en su lugar.

No supo por qué pero, para cuando se dio cuenta, estaba con los brazos abiertos y los pies bien plantados, diciéndole a su compañero con un claro lenguaje corporal “no pasarás de aquí”. Su instinto le decía que protegiese a esas personas, pese a que no las conocía de nada. En ese lugar, en ese momento, era como si sus sentimientos se amplificaran y no pudiese hacer nada al respecto. Estaba mostrándole los colmillos a su propio amigo con tal de proteger a esos extraños.
-¡DETENTE! -Gritó, pero no parecía surtir efecto en su compañero. Apretó los puños e intentó separar más los brazos, gruñendo y atacándolo con la mirada. Estaba estancada en su cuerpecito humano y no conseguía transformarse, mas eso no la amedrentaría- ¡Para, Saltador! ¡Te digo que pares! ¿¡Qué te pasa!?

Estuvo a punto de apartarse del camino del lobo, pues pocos centímetros le faltaron para ser arrollada por él. Sin embargo, el embiste nunca llegó. El cuerpo del cachorro fue tironeado hacia atrás por dos manos cuyo dueño no alcanzó a ver. La nueva persona abrazó a Saltador por el torso, aprovechando su menor tamaño, y lo mantuvo presa de un fuerte agarre hasta conseguir que se calmara. Cuando soltó al cachorro, Thiel pudo ver a quién pertenecían esos brazos. Su boca se abrió, sus ojos se humedecieron y las rodillas le flaquearon, obligándola a caer sentada al suelo.

Frente a ella estaba aquel niño que había muerto por su culpa. Su primer amigo humano, su primer amor, su primer arrepentimiento.
-Ustedes los lobos siempre tan temperamentales. -Comentó el muchacho con una sonrisa despreocupada, esa sonrisa que la perseguía en sueños aún después de tanto tiempo. Sus ojos azules centelleaban con vivacidad. ¿Cómo podía ser cierto? Había visto con sus propios ojos el exacto momento en que el brillo de esa mirada se extinguía.
-Tú... -Gimoteó- No puedes... ¿Cómo es que...?
-Claro que sí, Thiely. Aquí todo es posible.
Sonriendo, el muchacho caminó rodeando a ambos jóvenes lobos para pararse justo en medio de la pareja de adultos. Parecían una familia e inspiraban una mezcla contradictoria de calidez y tristeza. Sus embriagadoras miradas decían “únanse a nosotros”, invitándoles a quedarse allí.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Miér Jul 26 2017, 00:11

La realidad comenzaba a replegarse. Para aquel muchacho ya no sólo resultaba imposible distinguir el sueño de lo real sino que ni siquiera era capaz de separar el pasado del presente o el futuro. El tiempo era todo y nada al mismo tiempo, nada que todo consume, nada que lleva a nada y a todo al mismo tiempo. Sus manos eran patas, sus dientes mucho más grandes y su cuerpo más ligero de lo que recordaba. La rabia también se sentía real, tan real que no era capaz de disociarla. No, todo parecía avocado a que aquel día se repitiera de nuevo, todo era nítido en su mente y el mundo se transformaba para cumplir con sus recuerdos. Sin embargo en aquella ocasión algunas cosas no funcionaban de la misma forma. Se encontraba frente él, pese a su esfuerzo en ignorarla, la figura de una chica que quería acudir a su mente como alguien importante. Pero no podía serlo, eso ocurriría muchos años después de la fatídica tarde, no era posible que conociera a esa muchacha. El tiempo era caótico y sin embargo sus patas no se detenían, su camino estaba marcado y el destino de aquella dos personas que lo miraban desde atrás también. La muerte llamaba a las puertas.

Pero aquel día estaba destinado a ser especial, sí, aunque no en los dramáticos términos que reverberaban en la cabeza del inconsciente muchacho. De repente todo se rompió en trocitos, muchos trocitos en su mente oscura y una lucha de sensaciones encontradas. Sentía unas manos que agarraban su pecho con fuerza, tanta que era incapaz de seguir avanzando. Su rabia sin embargo no cesaba, la respiraba por cada poro, sus dientes se apretaban pero no conseguía nada. No conocía aquel muchacho y sin embargo era incapaz de atacar su agarre. Trozos, muchos trozos, como cristales en el suelo tras un choque que deja un ruido sordo. Una parte de ese chico entendía que acababa de ocurrir algo bueno. Quería correr, saltar, luchar, despedazar....quería quedarse allí, no moverse, tumbarse, aullar, descansar, dormir, no avanzar, que nunca sucediera lo que debía suceder.

Volvió a hacer caso de la presencia de Thiel al oirla hablar con la persona que sujetaba su cuerpo. Un macho, no porque hubiera escuchado sus palabras, lo sabía por su olor. Desde su posición apenas estaba en condiciones de juzgar a nadie pero aquella muchacha parecía mostrarse perturbada, quizás no tanto como él, o quizás sí. El olor era claro, sus gestos también. ¿Incredulidad tal vez? Cuando era un lobo no entendía demasiado bien los sentimientos de los humanos, se guiaba por otro tipo de instintos, no podía saberlo, pero sí estaba seguro de que algo ocurría. De pronto se vio libre de nuevo mientras el chico adoptaba una posición meridiana entre donde se encontraban ellos y aquellas otras dos figuras que le habían causado tanta perturbación momentos atrás. Ahora sin embargo estaba más tranquilo. Aún seguía sin entender lo que ocurría. Conocía aquellos olores y también las características que presentaban, pero no podía estar en lo correcto. Una parte de él sin embargo le pedía que creyera en la imposibilidad.

El tamaño de Saltador volvió a cambiar, estaba vez ya no de forma ligera sino de forma más pronunciada. En apenas unos instantes aquel corpachón de lobo dejaba espacio al mismo aspecto animal pero varios años más joven, un cachorro que comienza con sus primeros juegos de caza. Su pelaje a su vez adoptaba un tono más claro que el marrón pardo habitual, sus ojos tenían un tono amarillo vivo y sus patas eran pequeñas y delgadas. Era un niño de nuevo, volvía a la etapa donde aquella imposibilidad era posible de nuevo, su menta parecía aceptar aquello de forma más fácil si las piezas encajaban de alguna manera. Casi por instinto y aún con miedo a acercarse más de lo necesario, se acercó hasta la figura de aquella chica a la que no conocería hasta muchos años después para esconderse entre sus piernas mientras emitía un leve aullido. Para llamar la atención de la sorprendida muchacha, la empujaba de tanto en cuanto con su aún pequeña cabeza en movimientos más inocentes que amenazantes. El tiempo se había detenido de nuevo, ni siquiera las el caper de las hojas era capaz de interrumpir lo que estaba ocurriendo en aquel lugar y sin embargo, al mismo tiempo, los acontecimientos se sucedían uno tras otro sin que nadie pareciera poder hacer algo para remediarlo.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Mar Ago 01 2017, 19:53

El cachorro se posicionó entre sus piernas y Thiel, arrodillada, lo abrazó con fuerza y le acarició el suave pelaje del lomo en un vano intento por tranquilizarlo. Era sumamente extraño ser ella quien protegiese a Saltador, que con su gran tamaño y sensatez solía ser el protector de ambos durante sus viajes. Sin embargo, aunque la muchacha intentaba respirar profundo para tranquilizarse, cada vez que alzaba la mirada y veía a esas tres personas observándola volvía a romper en llanto. Sus sentimientos, una vez más, estaban potenciados.

-¿Por qué lloras, niña?

Por primera vez, fue la mujer quien habló. Thiel se secó las lágrimas con el antebrazo e hipó, intentando ignorar el acongojo sin mucho éxito. Quiso decir algo, pero el muchacho, su viejo amigo, respondió por ella.

-Llora porque me extrañó mucho. ¿Verdad, Thiely?

La joven loba rompió a llorar de nuevo. -¿Por qué no puedo detenerme? Soy una tonta... Esto no es real, ¡no puede serlo! -Se amonestó. La presencia del niño, los cambios de Saltador y el hecho de que sus emociones estaban más descontroladas de lo normal, eran detalles que acentuaban demasiado la sensación de irrealidad que los envolvía. Thiel comenzaba a sospechar que algo muy extraño estaba ocurriendo. Además, era mucho más fácil sobrellevar la presencia de su amigo si se convencía de que todo era parte de su imaginación.

-Oh, no hay razón para estar así, pequeña. Pueden quedarse con nosotros todo el tiempo que quieran.
-¡Sí! ¡Aquí podremos estar juntos por siempre!

La muchacha apretó al lobezno entre sus brazos y lo sacudió con suavidad. La angustia se disipaba para dar paso al temor. Aunque la propuesta era sumamente tentadora, comenzaba a tener un terrible presentimiento. “¡Estaremos juntos por siempre!” era algo que su amigo y ella se habían prometido en varias ocasiones... pero él estaba muerto por su culpa. Era imposible que estuviera parado frente a ella.

-Salti, tenemos que irnos. -Murmuró al oído del cachorro, volviendo a zarandearlo levemente- ¡Crece, por favor! Tengo... tengo miedo. -Admitió con un hilillo de voz. Mientras tanto, las tres apariciones se acercaban con lentitud y un viento helado soplaba barriendo las hojas del suelo.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Miér Ago 02 2017, 21:37

Saltador, nada fiel a su nombre, se mostraba lo más cercano al suelo que recordaba en mucho tiempo. Estaba asustado, asustado del pasado y también del presente, el futuro era incierto así que no le importaba. Era extraño, la mayoría tenían miedo del futuro, que tontería. Por alguna razón aquella chica lo hacía sentirse seguro. Hacía tiempo que había olvidado quien era, después de todo aún no la conocía, el tiempo era caprichoso. Ella lloraba, sin duda, era capaz de reconocer ese sonido. Y sin embargo no fue hasta que escuchó esa voz proviniente de la mujer que fue consciente de todo. No era la primera vez que escuchaba esa voz diciendo lo mismo, o al menos algo parecido ya que él no era una niña. Era su madre diciéndole que debía ser valiente, sólo los valientes podían cuidar de la manada y él tendría que hacerlo algún día. De nuevo se vio pequeño, pero no se percibió cambio alguno pues ya era pequeño. Vio a aquella mujer hablándole. ¿Era él un cachorro valiente? Por supuesto, se enorgullecía de ir siempre en primera línea y no dudar ante nada, claro que eso era sería más adelante y después de que su madre repitiera muchas veces que no debía llorar. Creció un poco, si bien de forma imperceptible. Por fuera se mostraba igual pero por dentro algo había cambiado dentro de él.

La chica que estaba junto a él parecía mantener la compostura, al menos mucho mejor de lo que él mismo hacía. No conocía a aquel extraño que se encontraba allí, ni siquiera un aire de familiaridad. El otro que no era su padre, claro, el cual, fiel a sí mismo, ni siquiera había abierto la boca todavía. La chica seguía llorando y el pequeño Saltador comenzaba a prestar atención a los detalles que había a su alrededor. Ya no tenía miedo, o al menos no en ese momento. Debía empezar a comportarse como un cazador y no como una presa, debía analizar qué estaba ocurriendo allí, por qué todo era tan confuso, qué hacían allí sus padres, aquél chico y la muchacha que tan familiar le resultaba. Nuevas palabras volaron, las de su madre y las de aquel chico, ambas sugiriendo lo mismo. Era curioso, el corazón de Saltador bombeó con más fuerza por un momento, las palabras, el tono y la intención de aquella mujer lo alteraban, era su madre después de todo, su madre a la que perdería un poco más adelante, no recordaba exactamente cuándo. Claro que la perdería por sus propias manos, ¿o fueron sus gararas?¿tal vez sus afilados y ansiosos dientes de adolescente? Quedarse allí sería tener que volver a ese momento de nuevo, ahora lo entendía todo, el tiempo es el que es pero los acontecimientos estan destinados a repetirse de una u otra forma.

La revelación de aquel flujo en la mente del pequeño Saltador llegó en el momento más intenso. La chica, cuyo olor comenzaba a identificar como familiar lo zarandeaba buscando una reacción. Era curioso, esa reacción se acababa de dar, claro que el pequeño Saltador, así como el mayor, no era una persona de reacciones mentales excesivamente rápidas. Su cuerpo de cachorro se separó lentamente de la chica lamiendo sus manos con ternura y a medida que lo hacía sus rasgos volvieron a cambiar, ésta vez de forma lenta y espectacular. El pequeño lobo comenzaba a crecer de nuevo a medida que sus pasos, volviendo la espada a su compañera, se acercaban hacia donde estaban los demás. El pelo fue creciendo y cambiando a un tono más oscuro para luego ir desprendiéndose a medida que las patas delanteras del animal se alzaban y adquiría un movimiento bípedo. Apenas había cubierto la mitad de la distancia entre ellos cuando su aspecto mostraba más parte humana que animal. Sonrió de forma leve al recordar las reservas sobre sus desnudez en el primer encuentro con Thiel, sí, así se llamaba aquella chica a la que ya sí conocía, el tiempo estaba en su sitio de nuevo, si bien algunos de los elementos se mantenían fuera de lugar. La figura de aquel hombretón siguió caminando ignorando al muchacho que aún no conocía y se acercó hasta su madre. Ésta se paralizó con su llegada y apenas se movio, simplemente lanzó unas palabras directas a la línea de flotación de Saltador.

- Mi pequeño Saltador, mira que alto te volviste-lágrimas-¿Te quedarás aquí con mamá? Te he echado tantos de menos.

En efecto, todo en el interior del muchacho se tambaleó de nuevo. Sus dientes se apretaron, así como sus labios y sus puños. No, esto no era lo que debía ocurrir, el tiempo pasaría de nuevo y las cosas volverían a ocurrir, estaba mal, todo mal, y debía resolverlo. Estiro su manos hacia aquella figura tomando la mano derecha de su madre y llevándola hasta su mejilla. Sonrio de nuevo dando aún más impresión a las palabras que sonarían a continuación.

- Mamá, me encantaría quedarme pero si lo hiciera tendría que mataros de nuevo, no es algo por lo que una familia debería pasar dos veces, ¿no crees?

Sus piernas temblaban, su corazón se mantenía encojido y su aliento contenido, ¿acaso estaba equivocado? No tuvo que esperar mucho tiempo, su media sonrisa fue atravesada por una lágrima discurriendo desde sus altos ojos como la gota de un río que vuelve a pasar por un curso seco desde hace tiempo. De pronto las dos figuras correspondientes a sus padres desaparecieron como si se tratara de fantasmas, su cuerpo se giró y sus ojos amarillos buscaron los dos puntos de color oliva que tenía en frente. Aún quedaba un tema pendiente pero debía ser ella quien lo resolviera. Aquel chico aún se mantenía allí.


- Lamento haberte hecho esperar Thiel, me perdí en el camino de la vida-mostró sus dientes en una amplia sonrisa con un gesto afable. Sus ojos se movieron hacia el lugar en el que se encontraba el otro chico y volvió a hablar-Él es asunto tuyo, no dejes que el tiempo te confunda los ojos, los hechos son hechos y todo debe ser como fue, no tengas dudas.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Dom Ago 06 2017, 02:13

Mientras ella lidiaba con el nudo que apretaba su garganta y el temblor que le estremecía los dedos, su compañero recuperaba la entereza. Lentamente, tras lamerle las manos con el afán de transmitirle un poco de tranquilidad, Saltador se separó de Thiel para encarar a dos de los tres individuos que los observaban con perturbadora fijeza. La muchacha permaneció sentada en el pasto evitando a toda costa la mirada de su difunto amigo. En parte, tenía curiosidad por conocer la relación del lobo con esas personas y, por otro lado, mantenía la ilusa esperanza de que el chico se fuera si simplemente lo ignoraba.

Pero lo que sucedió luego la evadió completamente de la presencia del niño. Una gran sorpresa acababa de embargarla al descubrir que aquel par de adultos se trataba, ni más ni menos, de los padres de Saltador. La joven se llevó las manos al rostro para cubrirse la boca abierta. De pronto, al escuchar las palabras que el hombre dedicaba a su madre, lo entendió todo. Esas personas estaban allí porque tenían algo pendiente con ellos. Luego de tantos años, sus corazones seguían albergando los dolorosos recuerdos correspondientes a la pérdida de sus seres queridos. Pérdidas que, en mayor o menor medida, eran culpa suya.

Thiel, desde donde estaba, no podía ver el rostro de su compañero; sin embargo la manera en que curvaba los hombros y cómo le temblaba la voz eran suficientes pruebas para saber que estaba sufriendo mucho. Entendió por qué Saltador era como era, entendió la enorme carga que soportaba y la razón del temor que guardaba a su lado salvaje. No obstante lejos estuvo de juzgarlo, dado que no conocía las circunstancias del incidente y estaba muy segura de que el lobo que ella conocía no era ni remotamente una mala persona. No sentía prejuicio ni enojo alguno. Nada más que una profunda pena le apretaba el corazón.

Las atribuladas palabras del hombre bastaron para dejar ir a las apariciones. Cuando se volteó, Thiel quedó pasmada por el contraste entre su ancha sonrisa y la humedad que aún le brillaba en las mejillas. Respiró profundo y asintió lentamente, dedicándole una breve y pequeña sonrisa antes de ponerse de pie y caminar hacia el muchachito, quien esperaba pacientemente su turno... ¿de desaparecer? Supuso que sólo tenía que hacer lo mismo que Saltador para dejarlo ir. Sin embargo, le costaba encontrar fuerzas para hacerlo. Los brillantes ojos del niño le rogaban que se quedase con él, tentándola, convenciéndola. ¿Y si se quedaba? No era un lugar feo. Allí todo parecía más colorido; era un mundo abierto a las posibilidades de la imaginación. La idea tampoco era tan mala... “Todo debe ser como fue, no tengas dudas”, repitió en su mente las palabras del lobo y negó con la cabeza. Pensó en Alzzul, Timoteo, Shappy, Boomer, Hont... pensó en todas las personas que nunca volvería a ver si se quedaba allí

-No es más que una ilusión. Es... es sólo un vestigio de lo que fue. -Pensó, obligándose a tomar coraje al tiempo en que se plantaba frente al jovencito.
-Te quedarás, ¿verdad, Thiely? ¡Podemos hacer que todo sea como antes!
-Dan...
-Podemos conseguir muchos libros, ¡seguiré enseñándote a leer! Pasearemos mucho, y...
-¡Dany!
El niño tenía la misma voz, la misma mirada, la misma personalidad alegre y entusiasta de siempre. No pudo contenerse y se le echó encima, estrechándolo en un fuerte abrazo que le fue devuelto con creces. Incluso olía igual. Hundió el rostro en cuello del chico y rompió a llorar. Un llanto agudo y lastimero quebró el apacible silencio de aquel claro en un bosque que no existía. ¡Quería abrazarlo por siempre! Volvió a pensar con todas sus fuerzas en todas las razones por las cuales no podía quedarse allí. El mundo real dolía horrores, pero era donde pertenecía. Lentamente, tras recuperar la compostura, se separó del abrazo y apoyó su frente en la ajena.

-Lo siento, Dany. De verdad lo siento mucho... todo fue mi culpa. ¡Jamás debí llevarte a casa! -suspiró- Yo... umh... Perdóname, pero no puedo quedarme. Le prometí a este chico que lo acompañaría al Norte y sabes que yo nunca rompo mis promesas.
Señaló con un gesto de la cabeza a Saltador. La presencia del lobo era todo lo que le daba fuerzas para resistirse a la propuesta. De haber estado sola... no quería ni pensar en lo que habría pasado.
-Pero... ¿pero entonces no estaremos juntos nunca más?
La loba cerró los ojos e inhaló por última vez el dulce olor de aquel niño. Olor a infancia, olor a melancolía.
-Tu recuerdo está en cada momento de mi vida, Dany. Te llevo conmigo a todas partes, así que... -volvió a abrazarlo con fuerza- ...así que no estés triste, ¿sí? Nunca te dejaría solo.

Sus palabras resonaron en el bosque sin obtener respuesta. De pronto, sus brazos atravesaron el vacío que quedaba frente a ella. El niño se había ido.

Se llevó las manos al rostro para limpiar todo rastro de humedad, echarse la maraña de cabello hacia atrás y recomponerse. Tuvo que respirar pausadamente unos instantes; sus manos no querían dejar de tiritar. Tras un momento, se volteó y caminó hacia su compañero para decirle con la voz quebrada y una sonrisa cansada:

-Estoy harta de este lugar, Salti... ¿nos vamos?
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Lun Ago 07 2017, 19:02

Tal y como pensaba aquel niño parecía ser un resquicio del pasado de Thiel. Era lógico, o al menos todo lo lógico que podía ser algo que ocurriera en aquel lugar. Sus cuentas pendientes eran muy claras, las de su compañera, bueno, no era alguien que se inmiscuyera en los asuntos privados de los demás. Observó la escena desde su posición y no pudo evitar emocionarse un tanto. No era fácil, no lo había sido para él desde luego, la prueba era que sus manos aún temblaban de la fuerza con la que sus puños se mantuvieron apretados. No conocía a aquel muchacho, claro, ni siquiera conocía bien a Thiel, pero debía pensar que aquella cuenta de su pasado podría ser tan importante como la suya propia. No tenía nada que reprochar, esperaría pacientemente a que resolviese la situación. En su caso, con cierta perspectiva, notaba como una sensación de desahogo se abría paso en su interior, ¿le ocurriría lo mismo a ella? A saber…

Terminó, y todo terminó bien, al menos esa era la impresión del aprendiz de herrero. En el momento en el que ella tomaba el control de la situación aquel niño desaparecía entre sus brazos, vaya, incluso más dramáticamente que en su caso. Se detuvo unos momentos para recomponerse, era lógico, no podía decirse que la situación salvada hubiera sido fácil precisamente. Sin embargo a medida que la chica se acercaba hasta él forzaba una medio sonrisa a la que el propio Saltador respondía con una simetría digna de un espejo. Sí, era tiempo de irse de aquel lugar, ¿les funcionaría el mismo procedimiento? A saber…

-Bien, verás, no tengo ni idea de qué es este lugar ni dónde estamos, en serio, conozco lugares del bosque mucho más acogedores y divertidos a los que llevarte, no me lo tengas en cuenta-esta vez la sonrisa era sincera, nada forzada, esperaba que fuese contagiosa-pero si repasamos un poco lo ocurrido hasta ahora podríamos decir que cada cosa que ocurre es algo que ha pasado en cierto momento por nuestra mente, al menos en mi caso. ¿Y si simplemente intentamos pensar en terminar con esto, en una salida quizás?-claro, simplemente, que palabra tan absurdamente innecesaria y falsa en el contexto en el que se encontraban.

Thiel parecía cansada, incluso más que él mismo. Era curioso, físicamente se encontraba en perfectas condiciones pero mentalmente el esfuerzo había sido agotador. Su rostro cambió a un tono melancólico al volver a recordar a sus padres pero los apartó rápidamente de sus pensamientos. Era peligroso pensar de forma descuidada en ese lugar, eso estaba claro. Debía tomar la iniciativa, se lo debía a su compañera. Ella lo había ayudado en algunas situaciones límites, era su turno de tomar la iniciativa. Dio un paso al frente para mostrar a sí mismo la determinación que sabía que necesitaría. ¿Cómo sería buscar una salida? ¿Estaban en algún lugar físico o tan siquiera real? No lo parecía por lo ocurrido. De nuevo fue consciente de lo que podría ocurrir si su mente se arrastraba hacia dónde no debía. ¿Por qué tenía que ser todo tan confuso? Él era una persona simple, excesivamente simple en ocasiones, no era bueno en los temas complejos. Lo único que quería era salir de allí y sacar a su compañera de un lugar que se antojaba peligroso, nada más, ¿era algo tan difícil?
Respondiendo a esa pregunta de repente todo se volvió oscuro, no como la noche sino como una ausencia completa de luz. Apenas pasaron unos instantes y una rendija de luz se abrió frente a ellos. Aún permanecían en una zona de total oscuridad por lo que resultaba mucho más fácil ver lo que se encontraba tras aquella rendija de luz. Saltador dio un paso al frente y observó el claro de un bosque ciertamente similar al anterior. Junto a uno de los gruesos troncos de los viejos árboles que formaban el círculo casi perfecto de aquel claro se encontraba recostado el pesado corpachón de un joven muchacho completamente desnudo. El pelo, un poco largo y de color marrón, le cubría los ojos que desde cerca se verían completamente cerrados.  A pocos metros del enorme hombre inconsciente, una figura femenina descansaba tendida sobre el mullido colchón de hojarasca, apenas cubierta por su largo y enmarañado cabello y unas pocas hojas secas recientemente posadas sobre ella. No le resultó difícil discernir a quienes pertenecían esas dos figuras: Thiel era la chica, él era el chico. Más aún, cerca de ellos, sentados sobre el suelo, tres pequeñas figuras cubiertas con túnicas de colores verdes similares a los del bosque y cuyas cabezas permanecían ocultas bajo capuchas parecían estar pendientes de aquellos cuerpos inconscientes. ¿Qué o quienes eran? ¿Por qué estaban sus cuerpos ahí afuera? ¿Realmente había conseguido encontrar la salida o la entrada a un lugar aún peor que el anterior? No lo tenía nada claro pero no iba a tomar una decisión por sí mismo. Buscó el brazo de Thiel y tiró de él para mostrarle la misma situación que acababa de ver. Se acercó hasta estar suficientemente cerca de ella y le habló al oído en un tono bajo.

-Que cosa tan extraña, ¿esos somos nosotros verdad? ¿Pero cómo podemos estar allí y aquí al mismo tiempo?¿Acaso me equivoqué al buscar la salida?¿Qué piensas de todo esto?
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Mar Ago 08 2017, 22:28

Saltador parecía haberse recuperado del disgusto más rápido que ella. No, quizás simplemente tenía mayor facilidad para procesar o tragarse sus propios sentimientos. Tal vez él también quería seguir llorando, pero entendía que la prioridad era largarse de allí en ese mismo instante. La joven loba asintió tras escuchar sus palabras, devolviéndole una sonrisa lánguida y exhausta. Ahora que el muchacho lo decía, era consciente del poder que tenían sus pensamientos en aquel entorno. Recordó  cómo las frutas cambiaban de sabor con sólo imaginarlo, cómo los árboles crecían más y más alto cuanto mayor fuese su miedo a caer de ellos, y cómo el clima reaccionaba automáticamente a sus emociones.

-Pensar en la salida... Piensa, ¡piensa! -Se apremió mientras cerraba los ojos con fuerza, pero resultaba difícil controlar el rumbo que tomaba su mente. Thiel era todo lo contrario a Saltador: muy rara vez se concentraba en una sola cosa; su cabecita divagaba y se distraía ante el más ínfimo estímulo. Quizás lo mejor sería simplemente no pensar en nada.

Por suerte, el hombretón tomó la iniciativa mientras ella volcaba todas sus fuerzas en dejar la mente en blanco. No ayudaría a buscar la salida, pero al menos tampoco pensaría en las mil y un maneras en que todo podía salir mal. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que acababan de ser tragados por la más absoluta penumbra y, justo entonces, una especie de puerta luminosa se entreabrió frente a ellos. El lobo fue el primero en asomarse y Thiel, movida por su curiosidad, se acercó rápidamente cuando él la tironeó del brazo.

Vislumbró la misma escena que había sido atestiguada por su compañero momentos atrás. Se mordió el labio inferior, fuertemente impresionada al verse a sí misma en plena inconsciencia. ¿Así de pequeña e indefensa la veían todos? ¿Desde cuándo tenía tantas cicatrices cruzándole la piel? Definitivamente debía cortarse esa maraña de cabello. Tuvo muchas cosas que opinar respecto a su propia imagen, pero todo pensamiento al respecto se esfumó cuando sus ojos continuaron barriendo el panorama y dieron, entonces, con los tres seres que los observaban a escasa distancia.

Todas las alarmas de la loba saltaron. Volteó bruscamente para observar a su amigo con cara de circunstancias; su instinto le gritaba que debía proteger su cuerpo de quienes estaban observándolos.
-¡Vamos!
Le instó como única respuesta, tirándole del brazo para arrastrarlo junto a ella hacia afuera. No había tiempo para ponerse a debatir: como lobos, lo primordial era hacer caso a la intuición.

No fue difícil atravesar la barrera que separaba ambos mundos. Como un suspiro, cruzaron la distancia que los separaba de sí mismos sin siquiera hacer ruido al pisar la hojarasca bajo sus pies. Thiel soltó a Saltador y se abalanzó sobre su propio cuerpecito, apretando los párpados con fuerza y abandonándose a la suerte que le tocase a continuación.

No transcurrieron muchos segundos, pero cuando abrió los ojos sintió que el cuerpo le pesaba como si hubiese estado durmiendo durante horas en la misma posición. Se incorporó, primero con brusquedad y luego con lentitud al percibir un fuerte dolor de cabeza punzándole ambas sienes. Sin embargo, el sentido de autopreservación la ayudó a ignorar el malestar para poner su atención en esas personas a quienes consideraba intrusos. Cuando su borrosa mirada dio con las tres siluetas, no dudó en gritarles con recelo, mientras se cubría los pechos con un brazo:

-¿¡Y ustedes qué quieren!?

Thiel no era una persona belicosa; rara vez juzgaba a alguien antes de conocerlo y mucho menos sospechaba que todo el mundo tuviera malas intenciones. A pesar de esto, su irritación tenía un fundamento: se sentía ultrajada al haber estado bajo la intensa mirada de un trío de extraños durante quién sabía cuánto tiempo... y ese día ya habían soportado demasiadas sorpresas.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Vie Ago 11 2017, 13:00

Un imperativo ¡Vamos! acompañado de un tirón de su brazo fueron las respuestas de su compañera antes su ristra de preguntas. ¿Acaso ella ya había sopesado todas las opciones? En absoluto. Ya comenzaba a conocer algunas cosas de Thiel y sabía que en muchos aspectos era contraria a él. En aquel caso prefería el instinto a la reflexión, algo muy natural por otra parte teniendo en cuenta lo que eran. Aquel instinto ya les había ahorrado muchos problemas en el pasado, además, si realmente existía una decisión incorrecta en ese momento era la de no seguir un objetivo común.

Saltaron hacia el exterior, o al menos eso parecía, dejando atrás la oscuridad y más pronto que tarde se encontraron junto a sus cuerpos inertes. Thiel no perdió el tiempo y se abalanzó sobre su propio cuerpo. Era curioso porque en un momento Saltador observaba como los dos cuerpos similares estaban a cierta distancia, luego completamente juntos y finalmente sólo queda uno de ellos, como si de alguna forma se hubieran fusionado uno en el otro, ¿o quizás simplemente uno de ellos ya no estaba? ¿Serían la misma persona? ¿Acaso aún se encontraban dentro de aquel mundo tan confuso? Se movió hacia su propio cuerpo, ¿realmente era tan grande su cuerpo? Ahora entendía de donde venían muchas de las burlas de su adolescencia. Arrastrando sus pasos en un movimiento completamente opuesto al que hiciera su compañera unos instantes atrás el muchacho llegó hasta aquella imagen especular de sí mismo y una idea le llegó en ese instante, ¿y si estaba simplemente dormido? Estúpido perezoso, no sería tan delicado como Thiel. Levantó una de sus piernas, tomó impulso y golpeó fuertemente la pierna derecha del Saltador que aún se encontraba recostado en el suelo. Ocurrió algo extraño, el golpe fue fuerte y seco, notó como topaba contra algo pero un instante después sentía moverse en el vacío para posteriormente notar un fuerte dolor en su pierna derecha a la altura del muslo, el lugar donde el cuerpo inerte había recibido el golpe. Abrió los ojos con intensidad debido a la confusión y extrañamente se encontraba en el suelo. ¿Extrañamente? Quizás no, en parte quizás tenía razón. No entendía muy bien cómo pero al perturbar aquel cuerpo había vuelto a él, de alguna manera. No tenía mucho más tiempo para pensar, los acontecimientos no se detenían.

A escasos metros de Saltador se encontraba Thiel con una intensa mirada de pocos amigos. Estaba enfadada, no era para menos. Si el propio Saltador tuviera la capacidad de procesar todo tan rápidamente seguramente también tendría motivos para estar enfadado. En lugar de eso se encontraba confuso y con cierta curiosidad al mismo tiempo. Las tres figuras que parecieran estar observando sus cuerpos apenas se habían movido tras la pregunta de Thiel. El propio Saltador pensaba que con aquel tono y aquella mirada él habría respondido en un segundo, eso o habría huido, claro, eran las dos mejores opciones. Sin embargo aquellos tipos lejos de temer por su futuro inmediato parecían estar incluso ignorándolos. Empezaron a enlazarse varias voces de forma confusa, pues era difícil saber de quién de ellos provenía cada una, pero más que una respuesta a Thiel más bien parecía una conversación sobre sus propias preocupaciones.

-Oh, vaya, han despertado, ¿quién los ha despertado?

-Yo no.

-Ni yo.

-Vaya, que extraño, yo tampoco. ¿No estaréis mintiendo?

-Yo no.

-Ni yo.

-Vaya, que extraño, yo tampoco. Quizás ellos lo sepan.

De repente de una de las túnicas se alzó uno de los laterales donde se intuía un brazo. No llegó a salir una mano al fondo de la misma pero sí que señalaba claramente hacia donde estaba la muchacha que les había hablado. Ignoraban al hombretón, pues les interesaba mucho más quien había despertado primero.

-Tú, niña. ¿Por qué estás despierta?

Si Saltador estaba confuso hasta el momento aquello ya se salía de los límites. ¿Qué estaba ocurriendo allí? ¿Qué o quienes eran esos seres? Avanzó dos pasos, se colocó justo a la espalda de Thiel y se preparó para lo que pudiera venir a continuación. Su temperamento era tranquilo pero no esperaba mucha más paciencia por parte de su compañera y él, por supuesto, la respaldaría.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Thiel el Mar Ago 15 2017, 20:04


Tenía la boca pastosa y los párpados pesados, tal como le sucedía cuando tomaba siestas demasiado largas. Aunque seguía adormilada, el instinto defensivo la había espabilado lo suficiente como para clavar su atención en el trío de extraños. Ahora estaba segura de estar despierta y, en retrospectiva, supo que habían estado sumidos en una especie de trance profundo. ¿Cómo lo sabía? Porque esta vez la sensación de normalidad era absoluta. Ni el entorno ni los estímulos externos variaban según sus emociones, y estaba segura de tener total potestad sobre su cuerpo nuevamente. De querer transformarse, podría hacerlo a voluntad. Ya no se sentía “atorada” en su propia mente.

Los extraños comenzaron a hablar y Thiel, desconociendo la reacción del lobo a sus espaldas, se incorporó hasta quedar en una posición cuadrúpeda, tanto pies como manos apoyados en el suelo, preparada para saltar. Arrugó la nariz, levantó el labio superior para mostrar los dientes y un tenue pero constante gruñido comenzó a vibrar en su garganta. La rebelde melena caía hacia adelante, tapándole medio rostro. Rara vez adoptaba la actitud salvaje estando en su cuerpo 'humano', pero aún no quería trasmutar dado que, si lo hacía, no podría darse el lujo de hablar con aquellos seres.

Cuando fue señalada, frunció aún más el ceño y apretó la mandíbula mientras pensaba qué o cómo responder. ¿Era sensato entablar diálogo con las personas que habían estado observándolos descaradamente durante su inconsciencia? ¿No sería mejor simplemente huir? Al sentir la presencia de Saltador detrás suyo, pudo relajarse ligeramente. Después de todo, si algo ocurría, el hombretón estaba allí para apoyarla como siempre.

-¡Porque... porque no me gusta que me miren mientras duermo! -Levantó una mano para señalarlos tal como ellos hacían- ¿Qué quieren? -Insistió- ¿¡Y quiénes son!? ¿Por qué tuvimos un sueño tan extraño? ¡No, no fue un sueño! Dos personas no pueden soñar lo mismo. ¿Qué fue? -Razonó en voz baja antes de volver a alzar la voz para increparlos con brusquedad- ¡Respondan!

Retrocedió lentamente para situarse junto a Saltador, donde se sentía más segura. Sin embargo, no le quitó los ojos de encima al trío de acosadores.
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Re: La delgada línea[Privado]

Mensaje  Saltador el Jue Ago 17 2017, 12:56

El comportamiento de Thiel no era muy diferente a lo que Saltador esperaba. Quizás no sólo el de Thiel, cualquier persona normal y corriente habría actuado así, pero claro, él no era ninguna de esas dos cosas. La situación, por más que lo pensaba era ultrajante, incómoda, desconocida,desconcertante; demasiados adjetivos y ninguno positivo.

Sus piernas se mantenían firmes y pese a estar en alerta no exteriorizaba como su compañera. Ésta había incluso forzado una postura animal estando en forma humana, como si su parte animal estuviera al mando sin necesidad de transformarse. Pese a todo no parecía decidirse por dejar salir la rabia contenida en forma de preguntas. Su tono era agresivo, realmente se notaba afectada. Saltador por su parte era todo lo contrario, desde fuera pudiera pensarse que no corría sangre por sus venas. Tras las preguntas, oportunas y directas en opinión del aprendiz de herrero, Thiel retrocedió un poco alcanzando prácticamente la posición en la que se encontraba Saltador. Éste observaba con detenimiento a aquellos seres que no mostraban ninguna prisa por responder. Al contrario, durante casi un minuto la única respuesta a las preguntas de Thiel era la suave brisa que volvía a soplar moviendo las hojas de los árboles que formaban el claro.

Por fin, tras la espera, uno de ellos, el que se mostraba a la derecha, pareció moverse bajo aquella túnica que encerraba misterios para los dos lobos que se encontraban frente a ellos. Se escuchó un carraspeo, volvió a moverse algo dentro de aquellos ropajes y las voces comenzaron a sucederse de la misma forma que lo hicieran la vez anterior: tres voces que sonaban con tonos diferentes y que era difícil saber con seguridad a quién o qué pertenecía cada una.

-Mmmm no me gusta esta chica, hace muchas preguntas y es muy ruidosa.

-A mi tampoco.

-Ni a mi.

-Tampoco me fío del grandullón con cara de tonto.

-Yo tampoco.

-Ni yo.

-Pero son sujetos muy interesantes.

-Estoy de acuerdo.

-Y yo.

De nuevo el tipo de la derecha volvió a moverse, o al menos eso parecía, formando su túnica y apuntando hacia donde se encontraban Thiel y Saltador. Era difícil saber qué o quién podría encontrarse dentro de esos ropajes. La voz sonó de nuevo pero esta vez el sonido era más fuerte, más intenso y se notaba un tono jocoso y de juego en él.

-Mis experimentos terminan cuando yo lo decido, on lo olvidéis niños.

Las túnicas comenzaron a flotar en el aire mientras aún resonaba la voz de aquel tipo. La suave brisa comenzó a aumentar su intensidad formando corrientes que jugaban con los movimientos anormales de aquellos ropajes. Las hojas de los árboles formaban pequeños caminos en los que intuir las corrientes. Un haz de luz intenso penetró en el claro con tal fuerza que habría cegado las mejores pupilas y tras él el silencio de nuevo, la quietud, la suave brisa y la pose de dos figuras, Thiel y Saltador, aquellos tipos habían desaparecido sin dejar rastro, a excepción de en las confusas mentes de los allí presentes.

Por primera vez en mucho tiempo Saltador dio un paso al frente, extendió sus brazos en un gesto de completa crispación y levantó la cara hacia el cielo como si lanzara una pregunta al aire.

-En serio, ¿qué demonios ha sido todo esto?
Saltador
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Re: La delgada línea[Privado]

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