Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

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Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán el Mar Ago 01 2017, 21:37

Habían pasado semanas desde la batalla de Sacrestic Ville. Mortagglia y Belladonna eran ya historia, pero algo más también parecía haber muerto de mí. Dados los acontecimientos que tuvieron lugar aquella misma noche, decidí desaparecer y abandonar el gremio.

Frustrada, vacía por dentro y sin un ápice de motivación, había pasado los últimos tiempos deambulando por los bosques del Este. Con pequeños contratos de vampiros que me gastaba en alcohol y posadas. Aunque aún estaba delgada, había perdido parte de mi musculatura y característica agilidad que hasta no hace mucho hacían de mí la mejor cazavampiros del mundo.

Pero los bosques ya no eran un lugar seguro en el que esconderse. Había escuchado que una epidemia de peste diezmaba a la población. Aquello me importaba una mierda. Lo único que quería evitar era contagiarme. No daría un aero por la vida de nadie como nunca nadie lo había movido por la mía.

Tras atravesar los bosques de Sandorái y Verisar, terminé llegando a Lunargenta, donde me hicieron pasar un exhaustivo y pesado control de salud. Una vez dentro de la ciudad, me dediqué a buscar contratos menores, pero la gente parecía estar más preocupada por la epidemia que por los chupasangres. Esos malditos hijos de puta, encima, no enfermaban. Los repudiaba. Los odiaba aún más desde lo sucedido en Sacrestic.

Así, pasé los días ahogada en una mugrienta taberna del puerto hasta que ya no me quedaba ni un triste aero. Al menos no en efectivo, claro. Aquel anochecer volví a entrar a la taberna después de un día buscando contratos infructuosamente, había un tipo a la puerta que rápidamente me pidió ayuda.
-Bella mujer, una moneda por favor. Mis hijos están enfermos por la peste… - suplicaba el tipo arrodillado.
-¡Aléjate de mí, apestoso! – le espeté mirándole con asco, sin ningún tipo de miramiento. Entrando a la taberna y llegando hasta la barra del bar. -¡Ron! – pedí al mesonero, de muy mal humor golpeando la mesa. Estaba de mal humor por no haber conseguido ningún contrato. Necesitaba beber para olvidar lo ocurrido.
-No pienso darte más, Ana María. – así me había hecho llamar desde que salí del gremio, un recorte de “Anastasia María”, para que no pudieran reconocerme ni chupasangres ni familiares bien por mi nombre, o bien por mi pseudónimo, Huracán. – Estás arruinada desde hace días. Y si no me pagas lo que me debes ya, esta noche dormirás en la calle. – amenazó. ¡Como si que todo el mundo estuviese más ocupado de una plaga que de los chupasangres fuese culpa mía!

En aquel momento apreté los puños y desplacé mis manos con fuerza, tirando todos los vasos por el suelo. Atrayendo las miradas de los presentes.

-¿Cómo te atreves a amenazarme, estúpido? – le grité, algo pasada de bebida. - ¿Arruinada? Tengo tanto dinero que podría comprar el almacén que te suministra y hundirte en la miseria. - miré la jarra a la que no le quedaba una sola gota de líquido.
-¡Basta ya! Fuera de mi taberna. – ordenó el tipo, enseñándome la dirección de la puerta.

La gente se había quedado de piedra. Salí con tal de no armar líos. No sin antes enviar una última y fría mirada mortal al hombre. Mi mirada estaba perdida en la suya. Casi tan perdida como la de Belladonna en sus tiempos, pero después de todo cuanto me había sucedido, de toda la gente que había perdido en combate, apenas podía controlar los instintos hereditarios de mi familia.

Era una noche veraniega y hacía bastante calor, por fortuna. Encontrar un nuevo sitio en el que dormir podía suponer un problema. Por la mañana tendría que ir a reclamar mi herencia al banco, o mejor aún, tal vez estuviera abierto a aquellas horas. Iba a encaminar mis pasos hacia allí cuando, de pronto, un tipo con la espalda y una pierna apoyada en la pared de la taberna llamó mi atención. – Psst. – me acerqué hasta él. Quien rápidamente me miró de arriba abajo. – ¡Oh! ¿Cazadores de Beltrexus, verdad? Ese bordado en tu chaqueta es inconfundible.
-Lo era. – respondí seca, como de costumbre.
-Bueno, ese asunto no es de mi incumbencia. – preguntó. – Mi nombre es Lárax y traigo un contrato para ti, cazadora.
-Maestra cazadora.- le corregí con prepotencia, sin gesticular. - Habla. – me crucé de brazos y alcé una ceja dubitativa, le sacaba media cabeza a aquel tipo gordinflón.
-Conozco vuestros códigos. Sé que no matáis humanos. Aunque ha habido más gente, esta chupasangres ha estado involucrada en una serie de reyertas en Baslodia no hace demasiado tiempo, y nos gustaría… - el tipo comenzó a revolver en su bolsillo, sacando un papel que pasó de su mano a la mía. Era un retrato de la criatura en cuestión. - … nos gustaría que un cazador de vampiros la despachase. ¿Setecientos serán suficientes?

Primero miré a los ojos a aquel hombre con desconfianza para ver si era de fiar. Estaba claro. La joven tenía el pelo moreno y corto, pegado a la cabeza. Y tenía unos saltones ojos azules. Parecía risueña. El dibujo estaba, verdaderamente, muy bien hecho. Pero no parecía muy peligrosa. Desde luego, no más que Lady Mortagglia o cualquiera de los otros vampiros que ya hubiera despachado. Aquella no era más que una cría. En otros tiempos quizás me diera algo de pena pero, ¿en aquella época? Era casi más una asesina que una cazadora de vampiros con principios... Aunque yo no me viera así por aquella entonces. Los negocios eran los negocios.

-Ochocientos. – regateé sin sonreír.
-Hecho. – aceptó el tipo rápidamente, tratando de estrecharme su mano. Gesto que, por supuesto, no correspondí. – Bueno, bueno. Son tus costumbres. ¡Jé!. Te daré la mitad por adelantado y el resto cuando me la traigas al galeón que tiene por nombre Cutty Sark. – y me señaló un lejano velero al fondo del muelle. Luego volví mi retrato hacia la joven.
-Parece muy… – dije observando a la vampiresa sonriente. - … Joven. – concluí. - ¿Cuál es su nombre?
-¡Oh! Su nombre… - el tipo rió. – La llaman Lyn.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale el Mar Ago 01 2017, 23:57

- Tiene que ser una broma… - Se pasó la mano por el pelo y suspiró, miró los restos de lo que antaño había sido el imponente astillero en el que había estado anclada La Real Gaviota. - ¿…Dónde …están los barcos?

¿Cómo había acabado el puerto así? Apenas era una sombra de lo que había sido, hacia dos meses que se había marchado de la ciudad y, por lo que recordaba, todo estaba perfectamente cuando dejó la urbe. ¿Había sido la plaga? ¿Dejaba la guardia y todo se iba al traste?

Se quedó en silencio durante unos minutos, mirando el lugar dónde semanas atrás había habido un numero ingente de barcos. Pensó en siguiente movimiento mientras ignoraba a los pocos marineros que, sin trabajo, recorrían el muelle ebrios, acercándose a todo transeúnte que divisaban proponiendo negocios de dudosa legalidad.

- ¿…Entonces? – Preguntó Lyn a su lado. – ¿Qué hacemos, Mortal?

Eltrant se ajustó la capa en torno a su cuello, no podía imaginar que había sucedido para que el puerto hubiese acabado así, apenas quedaban un par de embarcaciones.

- … Se me ocurrirá algo, espero – Aseguró atusándose la barba, la vampiresa esta torció el gesto evidentemente disconforme con la respuesta. – Podemos volver a Baslodia, allí tienen puerto – Dijo, Lyn se cruzó de brazos. - ¿Qué te parece?

- ¿Volver sobre nuestros pasos? – Frunció el ceño –  Aquí barcos todavía, seguro que alguno va a Beltrexus. – Dijo manteniéndole la mirada a Eltrant - …Solo tenemos que colarnos en alguno y tomarlo para nosotros. – Sonrió enigmáticamente al exmercenario y llevó ambas manos hasta la cintura, después le señaló - ¡No te rindas ante los inconvenientes! ¡La delincuencia es, normalmente, la solución a nuestros problemas! – Eltrant sonrió ante la respuesta de la vampiresa. - …Y también la causa – Añadió en voz baja jugueteando con su flequillo - ¡Pero eso! ¡Vamos a robar un barco! ¡Será interesante! ¡Yo seré la capitana! – Exclamó. – … Y tú… como mi buen lacayo, estarás a cargo de… no sé. ¿Las velas?

Algunos marineros se giraron a mirarles al oír aquellas palabras.

- Eres toda una bucanera…  – Dijo rascándose la barba, Lyn no hizo ningún comentario, se limitó a señalar una de las pocas embarcaciones que quedaban para gritar “Esa me gusta” – …Anda – Le dijo una palmada a Lyn en el hombro y la sujetó de la camisa – Vamos a preguntar primero si nos dejan subirnos, legalmente, en alguno. – Dijo llevándosela consigo, internándose de nuevo en los callejones de la ciudad.

¡Aguafiestas! – Aseguró tratando de zafarse del agarre del castaño. - ¡Soy la capitana! ¡Suéltame! ¡Que me sueltes! ¡Fetichista! – Eltrant suspiró, más transeúntes empezaron a girarse, incluido algunos guardias - ¡¡Me secuestran!!

_____________________________________

Una taberna como tantas otras de la ciudad. Una que él conocía personalmente pero que no solía frecuentar.

- Voy a acabar pensando que eres un alcohólico – Dijo Lyn sentándose en la barra, apoyando los codos en la madera sujetándose la cabeza con ambas manos, mirando a continuación, de reojo, a su acompañante.

-  Oh ¿Es que aún no lo piensas? – Respondió Eltrant dando un largo trago a la jarra repleta de líquido amarillento – Además, no te quejes, esta noche dormimos en mi oficina. Se acabaron las posadas por ahora. – Aseguró indicando con el dedo al camarero para que le sirviese a la muchacha lo que pidiese.

- Si te refieres a ese cuchitril lleno de mapaches y herramientas oxidadas prefiero dormir en la calle – Contestó Lyn cruzándose de brazos, Eltrant se carcajeó. – Es más higiénico. – El exmercenario añadió nada, se encogió de hombros y levantó la copa como toda respuesta - ¿Es que coleccionas casas a punto de caerse? – Siguió diciendo - ¿Crees que haces un favor a la sociedad quedándote todos esos sitios para ti? Por qué no lo haces. – Finalmente tomó la copa entre sus manos y olfateó su contenido. – Y encima me pides tintorro barato, me ofendes Mortal. – Señaló.

- Exagerada. – Dijo obviando, como de costumbre, la mayoría del discurso de la vampiresa - Solo hay un mapache, y se llama Sam. – Explicó, Lyn le dio un leve sorbo al vino. - ¿Es raro que haya engordado más en estos dos meses que llevo sin verle que cuando le alimentaba? – Sonrió.

- Y te lo vuelvo a repetir, uno de los mapaches, bueno, el mapache ese que dices me ha hablado – Dio un manotazo en la mesa, Eltrant amplió su sonrisa. - ¡¡No tiene gracia!! ¡Me preguntó que si era la “nueva”!

- No me voy a creer eso, Lyn. – Afirmó - Sam es raro, es decir, le he visto pasarse horas mirando la pared fijamente, sin inmutarse, sin moverse ni un palmo… Pero no sabe hablar …En sí creo que es hasta tonto, más de lo normal para un mapache – La vampiresa se llevó ambas manos a la cara.

- Ese mapache oculta algo. – Se bebió el vino que le quedaba una sentada y dio otra palmada en la mesa para llamar al tabernero, que no tardó en rellenar la copa. - Y lo acabaré descubriendo.

Eltrant hizo un gesto con la mano para terminar la conversación y miró al frente, Lyn hizo lo mismo.

- Tu oficina huele a rancio - Como siempre era Lyn quien decía la última palabra.

Se giró momentáneamente para mirar por encima de su hombro, habían apostado un hombre en la puerta, fuertemente armado, posiblemente era un mercenario. Con una gruesa bufanda en torno a su cuello se impedía la entrada a todo aquel que tuviese aspecto cansado, o las típicas pústulas de los enfermos. Al parecer la plaga ya eran un problema de Lunargenta, uno muy grande por lo que había visto en el puerto.

No pudo evitar preguntarse si la guardia estaría haciendo lo mismo que los Leónicos, si ejecutaban a todo aquel que tuviese una leve tos.

Volvió a beber de la jarra y suspiró, el caso era que ninguna de las personas con las que había hablado iba a partir hacía Beltrexus pronto, estaban tan cerca pero a la vez tan lejos de su destino final que era incluso molesto. Una parte de él estaba a punto de hacer caso a Lyn y de robar un barco; pero su incapacidad para nadar y su inutilidad a bordo de cualquier embarcación le indicaban, de forma no muy sutil, que no lo hiciese.

Si se lanzaba a la mar, lo mínimo que podía hacer era ir con alguien que supiese navegar.

- “Que esté de acuerdo con este tipo de ideas es culpa de Asher” – Suspiró, se dejó caer sobre la barra. – “...Quizás de día tenga más posibilidades de encontrar a alguien que nos lleve” – Dudaba que consiguiese resultados, al final tendrían que retroceder hacía Baslodia.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán el Vie Ago 04 2017, 11:31

La prospección era la parte más aburrida del trabajo del cazador. Cuando estaba en el gremio se encargaban de hacerlo los espías, y yo iba y hacía simplemente lo divertido. Pero estando en soledad me tocaba volver a los viejos tiempos y realizarla allí. – No la he visto en mi vida, señora. – respondía un hombre que sujetaba el retrato que me habían entregado. Después del quinto mi nula paciencia comenzaba a colmarse y ya casi arrancaba el retrato de las manos de todo aquel que aseguraba no saber nada de la susodicha.

Encapuchada para que nadie me reconociera, avanzaba con estilo por las calles. A un ritmo acelerado. Aquello podría llevarme días. ¡O semanas! Vete tú a saber si Lyn siquiera estaba allí o se había marchado esa misma noche. Estaba echando en falta la labor de los Cyrilo, Virgie Harrowmont, Rachel Roche y compañía. Me había acomodado demasiado.

La noche estaba siendo algo fría, así que decidí entrar a tomarme un descanso en otra de las tabernas del puerto, donde no me conocieran. Había un tipo fuerte, con bufanda, en la entrada. Cara de antipático. Un matón vulgar cualquiera.

-¿A dónde vas, mujer? – el hombre sorbió su nariz, interponiéndose entre la puerta y cruzándose de brazos.
-A beber. – expliqué brevemente, mirando hacia arriba, haciendo un gesto análogo.
-Bien, pasa, pero no causes problemas. – advirtió. ¿Problemas? ¿Cuándo he causado yo problemas? ¿Por qué la gente siempre prejuzgaba por mi sofisticado armamento? Está bien. No todo el mundo entra en una taberna con armamento de combate pero, aún así, no creía que causara tan mala impresión.

Me adentré en el local, parecía estar bastante vacío, aunque había un par de mesas llenas con los típicos borrachos que jugaban a las cartas en aquellas intempestivas horas de la madrugada. Siempre me mantuve encapuchada para evitar ser reconocida. Ahora trabajaba por libre y ni por asomo quería que nadie me reconociera. Me acerqué a la barra, donde había un hombre y una mujer sentados. Ella no callaba, mientras que el tipo parecía no saber donde meterse.

Me recordaban en cierto modo a Jules a mí, ¿qué habrá sido del brujo? Lo cierto es que lo echaba bastante de menos. Él había sido una de las pocas personas por las que me habría planteado no desaparecer. Pero ahora al menos sabía que ya no correría peligro, si todo el mundo me creía muerta, no habría intentos de venganza hacia la última Boisson viva. Cassandra y los demás podrían vivir en paz.

-Whiskey. – reclamé alzando la mano y la voz por encima de aquellos dos parlanchines para que el tabernero me pudiera escuchar. A la mujer la miré con asco de reojo, rechistando para mí. En este momento pude fijarme en sus rasgos. ¡Diantres! ¿Acaso era Lyn? Saqué la foto del bolsillo bajo la capa y lo miré. Pelo corto. Cara redonda y facciones. Me giré de todas maneras para poder ver bien si se trataba de la misma criatura, sin fijarme ni en asomo en su acompañante. Por la proximidad podía distinguirlos, como también ellos a mí, probablemente. Aunque tampoco me importaba demasiado.

La mujer seguía a lo suyo, parloteando. Entonces la tomé por el hombro para interrumpir su alegre conversación sobre mapaches parlanchines. ¿Aquellos también hablaban con mapaches? El único imbécil que escuché dialogar con mapaches era Tale.

-¿Lyn? – pregunté, tomándola por el hombro. Cuando se giró y vi su cara, pude certificarlo. - Eres Lyn. – confirmé. ¡Benditas casualidades! O causalidades, tal vez. No hubiera apostado a que la vampiresa se encontraba allí. Había tenido suerte aquella vez. Sólo era una niña, aunque tal vez habría vivido el triple de años que yo, aunque por sus comentarios estaba claro que carecía de madurez. – La chupasangres que estaba buscando. – Alcé una ceja, tranquila. Una jarra golpeó la mesa, a mi lado.
-Su bebida, señorita. – El tabernero me interrumpió para traerme el whiskey. Asentí con la cabeza y lo bebí de un trago. Sintiéndome algo mareada. Debía dejar el alcohol. Aunque era la mejor manera de olvidar mi pésimo estado actual tanto de forma como de vida.
-Demasiada gente. – lamenté, mirando a toda la taberna y los borrachos que allí se acumulaban. Le había prometido al guardia de la puerta que no causaría problemas allí dentro. Volví a clavar mi mirada a muerte en sus repugnantes e infantiles ojos azules, para volver a dirigirme con mi fría voz. - Lyn, ¿te importaría salir conmigo afuera? Tengo algo que darte... un virote en el entrecejo, monstruo. Me faltó decir.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale el Vie Ago 04 2017, 22:15

Palideció, el rostro de Lyn se puso más blanco de lo que ya era de por sí cuando vislumbró la persona que acababa de sacarla de la conversación dándole un suave toque en el hombro. Retrocedió de inmediato, sobresaltada, tumbando el taburete en el que estaba sentada y empujando a Eltrant en el proceso, atrayendo un par de miradas y el disconforme rostro del tabernero que, probablemente, pensase que la chica no aguantaba bien el alcohol.

El castaño, que se encontraba mirando al frente, contando el número de botellas que descansaban en la estantería frente a él mientras ingeniaba un plan para embarcarse hacía Beltrexus, no pudo sino sujetarse en la barra para no caerse de su asiento.

- ¿Se puede saber qué te pasa? – Preguntó enarcando una ceja, girándose hacía la vampiresa, la cual había vuelto a retroceder y ahora estaba aún más, mordiéndose el labio inferior. - ¿Lyn? - Con los ojos muy muy abiertos, sin desviar un milímetro su mirada, la ojiazul murmuraba en voz baja una retahíla de palabras de las cuales solo logró escuchar un “Otra vez no”.

Frunció el ceño cuando descubrió a la mujer que había alterado a su compañera y se levantó de inmediato, colocándose frente a Lyn. No cabía la menor duda: las armas de aquella mujer, el bordado de la chaqueta, la forma hacía la que se había. La encapuchada era una cazadora de vampiros, una que, por sus facciones, creía reconocer, cosa que era imposible.

- No puede ser… - Estudió a la cazadora con más detenimiento, calculando sus movimientos con cautela, previendo que la mujer actuaria inmediatamente tras ver que Lyn no estaba completamente indefensa.

La capucha con la que cubría su cabeza ocultaba parcialmente sus facciones pero estaba seguro de que las reconocía.  

¿Es que los muertos no se estaban así en Aerandir? Primero aparece Asher de la nada, después de meses desaparecido, como si no sucediese gran cosa. "¡Hola Tale! Aquí andamos robando unas cosillas ¿Y tú?" Frunció el ceño, casi podía oír el eco del lobo repetirse una y otra vez en su cabeza, y ahora, como si aquello si no fuese poco, tenía delante a Huracán.

Tu estas muerta - Pero no era posible, no podía ser cierto, Huracán estaba muerta, eso era lo que le habían dicho los cazadores, que desapareció después de matar a su abuela, decían que había perdido la vida en el combate y su cuerpo había quedado destrozado, que había dado su vida por Aerandir.

Sí, le importa salir contigo afuera –  Sentenció tratando de ignorar, en vano, el rostro de la cazadora.

Aun si no era quien pensaba, había llamado a Lyn “Chupasangres” lo cual significaba que la buscaba expresamente como encargo, no había sido una casualidad, la había rastreado hasta allí. Era evidente que tenía intención de matarla, solo tenía que fijarse en la forma en la que miraba a Lyn.

- Si quieres darme algo… puedes… dármelo aquí dentro – Añadió Lyn agachando la cabeza, apartando sus ojos de los de la cazadora, los cuales parecían atravesarla como puñales.

¿Y bien? ¿Algo que decir? – Inquirió Eltrant echando mano de su espada pero sin llegar a desenvainarla, el hombre de la puerta torció el gesto y miró al dueño del local con disimulo, quien asintió levemente. El mercenario, tras ver esto, desapareció tras la entrada principal.

Eltrant tomó aire lentamente, los lugareños borrachos estaban machándose, uno a uno, debido a lo tenso de la situación.

Supongo que vienes a por ella.  - Afirmó, asiendo la espada con más fuerza. ¿Una ilusión? No, era demasiado real, y la única ilusionista capaz de hacer cosas como aquella yacía muerta en la mansión de la Hermandad; si aquella no era Huracán debía ser una persona que se le parecía mucho. - ¿Debería llamarte Huracán? ¿O eres una copia deprimente de ella? – Preguntó.

La misma pregunta que se hizo en su cabaña, tras abatir a los dos brujos, volvió a su cabeza. ¿Qué estaba haciendo Cassandra a cargo de la hermandad? No podía quitarle los ojos de encima a aquella Anastasia ¿Era un truco de Cassandra para amedrentar vampiros? Huracán se había ganado, después de todo, una reputación a pulso con estos. ¿O era como los clones de Rachel, un autómata mecánico sin capaz de razonar más allá de su objetivo?

Apretó los dientes, fuese cual fuese la respuesta daba bastante igual, aquella mujer no estaba allí para hacer amigos, eso era un hecho.

- La… ¿La conoces? – Sintió la mano de Lyn a su espalda. - ¿Es amiga tuya?

- …Eso creo – Contestó Eltrant.

La Anastasia Boisson que recordaba que no era así, bueno, era en así en parte. Pero no olía a alcohol ni tenia aspecto de haber dormido durante varios meses sobre una tabla de madera. Y si lo pensaba de aquel modo, era imposible que aquella persona fuese Huracán.

Se deshizo de la capa, mostrando la armadura integra que ocultaba bajo esta, la había vuelto a reparar, asegurándose esta vez de que el metal que la componía no iba a descomponerse tras varios golpes.  Segundos después, volvió a empuñar su arma.

- Si planeas seguir con esto voy a defenderme, a los dos – Aseguró – No sé si eres Huracán o no – Sentenció – …Si lo eres de verdad… - Respiró hondo, volvió a analizar el rostro de la cazadora – Agradeceria no pelear contigo…y tambien sabrás que vas a necesitar mucho más que un puñado de flechas para matarme.

Si aquella era la Huracán original, su amiga, la Anastasia Boisson con la que se había enfrentado a sus miedos iba a tener muchos problemas.

¿Qué podía hacer? ¿Atacar antes de que le atacasen a él? Retrocedió un par de pasos, en dirección a la puerta principal, empujando con el antebrazo a Lyn, iban a salir de allí sin pelear si era posible. Soltó, muy lentamente, el pomo de la espada.

Lyn, mientras tanto, oteaba a todas las salidas presentes, nerviosa. ¿Cuántos encontronazos había tenido con los cazadores? Tenía que preguntarle más adelante, siempre se le acababa olvidando. En cualquier caso, no dudaba que la chica sería capaz de escapar si se daba la situación, lo que realmente le preocupaba era que la persona que tenía frente a él.

- Podemos hablar las cosas si lo prefieres.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán el Dom Ago 06 2017, 22:45

Aquella Lyn era un amasijo de nervios y miedo. Mejor para ella, cuanto menos guerra diese, más rápido le quitaría la vida y menos le dolería. Los vampiros rebeldes terminaban sucumbiendo. Comenzó a amarrarse al hombre de su lado que parecía ser su escolta. ¿Un amante al que le estaba comiendo la cabeza para terminar sorbiendo la sangre? Era cuanto menos, probable.

El amante resultó ser, lamentablemente, alguien de rostro muy conocido. Aunque claramente más defenestrado que la última vez lo había conocido. - ¿Tale? – Pregunté alzando una ceja. Era evidente que era Tale. Ese maldito bastardo volvía a interponerse en mi camino. – Sí, lo sé. Eso dice la gente. – respondí brevemente a su comentario acerca de mi muerte.

Evidentemente, conociéndome como me conocía no iba a dejar a salir a su acompañante vampiresa conmigo afuera. – Esperaba esa negativa. - le respondí con brevedad. Pero su actitud llevándose su mano al pomo de su espada fue lo que más me entristeció. - ¿Me atacarías por una chupasangres? Qué decepción, Tale. Después de todo lo que hemos vivido juntos… - comenté con una media sonrisa que escondía un evidente tono de vacile.

Yo también me llevé mi mano a la funda de las ballestas pistola. Aunque sin desenfundar aún ninguna de las armas. La situación estaba bastante tensa y el tabernero no se atrevía a mover un dedo. Los lugareños se iban disimuladamente poco a poco y sólo los más brutos permanecían para ver el deprimente espectáculo que se avecinaba.

Mi mirada cambió a un deje de tristeza y furia cuando comentó que era una copia deprimente de la Huracán que conocía. Aunque aquel comentario no respondí. Se quitó la ropa, mostrándome su armadura. Comenzó a retroceder hacia la puerta, manteniendo a la vampiresa a su espalda. Yo me giré despacio, manteniéndome en la barra, sin quitarle un ojo de encima a ella ni a la chupasangres. Finalmente, Tale me dijo que no quería combatir contra mí.

¿Hasta qué punto había llegado? Pero no podía olvidar lo que había hecho por Rachel, por Jules, por Cassandra o incluso por mí. Su ayuda de primera mano contra la Hermandad. El combate contra Belladonna. ¡Joder! ¡Tale era un gilipollas! Pero un gilipollas al que, en el fondo, pero muy muy al fondo, apreciaba. Toda mi furia se iba diluyendo cuando le miraba y estos recuerdos reconcomían mi cabeza.

-Me ofrecen ochocientos por su cabeza. – la señalé con la ballesta, aunque no le disparé. Luego la volví a bajar. – Pero eso es insuficiente para luchar contra ti... – Me había quedado demasiado romántico. En realidad, ni por un millón de aeros lucharía contra alguien que me había ayudado tanto en mi campaña contra la Hermandad. En los últimos tiempos había perdido un poco la cordura, pero incluso los más locos saben distinguir a los amigos. Aunque eso jamás se lo reconocería a Tale. – … Necesitaría que me pagaran más. Ya sabes, para comprar mejor material. Flechas que perforen armaduras y ese tipo de cosas. – Era una excusa barata para admitir que no quería combatir contra Eltrant. Una burda mentira. Las bombas podían perforar cualquier tipo de armadura prácticamente. Devolví mis ballestas de mano de nuevo a su cartuchera. En Lyn siempre mantendría una mirada de repugnancia. Me repugnaba dejar vampiros vivos.

Mostré mi rostro de mayor amargura. Había vuelto a caer en que mi vida era una soberana porquería desde que había acabado con la Hermandad. Devorada por el propio monstruo que había creado. – No te preocupes, Tale. No necesito tu compasión. Podrías atravesarme con tu espada y hacerme un favor. – le dije a regañadientes, sin mirarle a los ojos. – Y bien, ¿te haces a un lado? – le pregunté cruzada de brazos, tratando de hacerle a un lado para pasar por delante de la puerta.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale el Mar Ago 08 2017, 18:11

Torció el gesto y se cruzó de brazos , sí, aquella mujer era Huracán, no cabía duda. Lo cual era preocupante; Por tantos motivos que tardaría al menos una hora en enumerarlos todos.

- …Eso te ha quedado… muy romántico – Dijo con sencillez, sonriendo a su vieja amiga, al menos había conseguido, por una vez, no terminar una situación tensa a espadazos. – Sí, sí, flechas para armaduras, lo pillo – Mantuvo la mirada a Anastasia, esta no lo hizo, no le miró directamente a los ojos, enarcó una ceja al escuchar la siguiente frase.

- “¿Un favor? ¿…Ahora tiene instintos suicidas?” – No sabía por lo que había pasado Huracán después de combatir con su abuela, pero podía intuir a simple vista que, como él mismo, había decidido desaparecer, abandonarlo todo y marcharse.

La agarró de un brazo cuando esta se dispuso a abandonar el local y negó con la cabeza, soportó la mirada de la bruja y señaló a la barra, dónde, justo después, se encargó de que acabase la cazadora con un fuerte empujón.

- Siéntate – Ordenó, se agachó a recuperar la capa y suspiró con suavidad al ver como está ahora esta contaba con diferentes manchas de alcohol por encima.

- Yo… me… espero afuera – Fue lo único que dijo Lyn antes de desaparecer tras la entrada principal de la taberna. Eltrant mantuvo sus ojos clavados en el lugar por el que la vampiresa acababa de desvanecerse y, al cabo de unos segundos, se sentó en la barra, justo al lado de dónde había obligado a Huracán a sentarse.

- Ponme… algo fuerte – Dijo Eltrant al tabernero, acabando la frase en un suspiro – Y a ella algo que le ayude a despejarse – Añadió depositando un par de Aeros frente a él – No te confundas – Dijo con simpleza a la bruja – Esto no es compasión – Se quitó ambos guanteletes y los depositó a un lado, junto a él, para poder sujetar mejor la jarra de alcohol que habían colocado frente a él.

Le dijo un largo trago a la bebida y se la terminó de inmediato, para enseguida golpear la madera que constituía el mostrador en un intento por llamar la atención del tabernero y pedir otra más.

Se giró hacía Huracán y, sin disimulo, la analizó de arriba abajo. Los ropajes ajados, la cara de haber dormido poco y la nube de alcohol que la rodeaba indicaba que si la mujer orgullosa que conocía seguía debajo de todo aquello, debía estar muy muy enfadada.

Dejó escapar una leve carcajada, una cansada que terminó en, básicamente, algo parecido a un suspiro. Se llevó ambas manos a la cara y se rascó la barba.

- Dioses... pareces la villana de un cuento infantil – Dijo volviendo a contar las botellas con las que contaba el tabernero en la estantería, sonriendo sarcásticamente – ¿Cuál va a ser tu siguiente movimiento? ¿Robarle la juventud a alguna bella aldeana? – Volvió a reírse, se terminó la segunda copa de alcohol y pidió una tercera. Afortunadamente, su tamaño le ayudaba a tolerar las bebidas espirituosas mejor que la persona media.  

Él mismo no tenía mucho mejor aspecto, puede que no estuviese en un estado de embriaguez permanente y que no mirase con asco a todo aquel que no opinaba como él, pero ya no vestía los colores de la guardia y, hasta hacía apenas dos meses, había estado oculto en mitad de la nada, siendo un simple granjero.

- ¿…Sabe Jules que sigues con vida? – Preguntó al cabo de unos segundos en silencio, a una parte de él, a una muy grande, le habría gustado enseñarle a la cazadora una lección de humildad, principalmente por que no estaba seguro de cómo debía encajar lo que había hecho la muchacha, aunque, después de todo, él había hecho algo similar ¿Podía juzgarla acaso?

Creo que él debería… bueno, da igual – Dijo al final apoyándose en la barra.

En cierto modo la misma vida se estaba encargando de mostrarle a Huracán que el orgullo valía de más bien poco en una situación como la que se encontraba, fuese cual fuese el motivo por el que decidida ahogarse en alcohol, esperaba que su amiga fuese lo suficientemente lista para darse cuenta de eso.

- Me dijeron que tu cuerpo había hecho… – Movió las manos tratando de imitar el efecto visual de una explosión para terminar la frase – …No me dejaron ni entrar a la parte en la que habíais peleado contra la vieja. “No queda nada de ella” dijeron – Dio un sorbo a la bebida – Aunque, por supuesto, fueron hombres de Harrowmont – Se encogió de hombros. – …Últimamente los cazadores están haciendo cosas… - Pensó que palabra decir a continuación - …raras. – Aseguró – Al menos que yo sepa. - Rememoró por encima la noche en la que conoció a Lyn.

Estiró los brazos por encima de su cabeza, se volvió a quedar en silencio durante unos instantes.

- …Y no te atacaría por una chupasangres, Anastasia – Dijo dándole otro trago al líquido ocre que contenía su jarra  – Lo haría por una amiga. – Aseveró. – Y, sinceramente, me gusta pensar que de estar en mi lugar, habrías hecho lo mismo.

____________________________________


Cerró tras de sí y respiró profundamente, se concentró en el olor a salitre que arrastraba el viento y se giró un instante para mirar por encima de su hombro, a la entrada de la taberna de la que acababa de salir.

Hizo una mueca al sentir el escalofrío que recorrió su espalda al evocar la fría mirada de la mujer que le había pedido “amablemente” salir al exterior.

Sacudió la cabeza y se desvaneció entre las sombras, apareciendo instantes después en el balcón del segundo piso de la taberna, para enseguida, hacer lo mismo, y aparecerse en el tejado, dónde se sentó.

El Mortal había mencionado, en más de una ocasión, que tenía amigos en los cazadores de vampiros. Frunció el ceño, el Mortal era un imbécil con buen carácter, tanto que a veces rozaba la estupidez. ¿Ser amigo de unos cazadores de vampiros? ¿Es que esos tipos tenían amigos? ¿Es que eran capaces de sentir, siquiera, algo parecido a sentimientos complejos?

Negó con la cabeza, imposible, era imposible, aquellas personas no tenían sentimientos, eran máquinas de matar bien engrasadas, no paraban hasta acabar a su objetivo y normalmente lo hacían de formas muy variadas y dolorosas; por mucho que a ella le gustase pensarlo, no se denominaban a sí mismo “cazadores” por parecer más molones.

Su maestra lo había dejado bien claro años atrás.

Bueno, si lo pensaba fríamente, probablemente los cazadores se tendrían los unos a los otros pero, por norma general, eran personas desagradables repletas de prejuicios, no mejores que los diabólicos seres de la noche que decían combatir.

Y eso sin mencionar el insoportable esfuerzo que estos tenían por mantener “La sangre pura” dentro de su orden. Así estaban todos, si seguían acostándose entre primos al final se quedaban tontos.

Se abrazó las rodillas y alzó la mirada.

No le gustaba admitirlo, pero a veces añoraba el sol. Aunque era triste, lo hacía más bien por inercia, por una especie de añoranza hacía su "yo" humana. En realidad no era capaz de recordar la calidez que sentía sobre la piel al salir por las mañanas al exterior y difícilmente conseguía rememorar como era un atardecer.

Volvió a tomar aire. Solo un par de semanas más hasta Beltrexus.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán el Miér Ago 09 2017, 10:20

Traté de pasar por delante de Eltrant para abandonar el local pero este me retuvo y me llevó hasta la barra. Acostumbraba a ser una mujer dura y solitaria a la que no le gusta compartir sus penas con nadie. Por lo que rebufé un par de veces con la cabeza antes de sentarme seria en un taburete de la barra. Su amiga nocturna optó por no permanecer cerca de mí y tomar el aire.

Me quité la capucha por primera vez dejando ver mi recogido pelo castaño y recosté mis brazos con fastidio en los muslos mientras el exguardia pedía más bebida. Mirando de reojo al compañero pero sin decir nada. ¡Genial! ¡La noche que siempre quise tener! Ahogando mis penas con Tale en un garito de mala muerte en la zona portuaria.

No hubo intercambio de palabras en los dos minutos que el camarero tardó en servir las bebidas. Tan sólo una mirada continua de Eltrant que me hacía sentirme bastante incómoda. Ni que fuera un bicho raro. Y sus comentarios… ¿Acaso se estaba riendo de mí? – Ahórrate los comentarios absurdos. – le respondí sin ninguna gracia mirándole con fastidio a su primera pregunta sobre la villana de cuentos.

Me recosté sobre la jarra, tomándola con mi mano diestra y haciendo girar la bebida, sin mirar a Eltrant. Menos mal que le había pedido algo suave para mí. Esperaba que su contenido en alcohol fuera menor que el tamaño de aquella especie de ánfora. – Jules no sabe nada. Tampoco Cassandra. Nadie lo sabe, de hecho. – comenté en primera instancia y di un trago a la bebida. Mientras él respondía mediante gestos cómo creía que había terminado. – Todo el mundo piensa que me calciné durante el combate contra Mortagglia. – reí por lo bajo. - ¡Normal! Me caí con mi abuela desde lo alto de la catedral a un incendio en la parte baja. – y volví a beber.

El tabernero me había servido algo fuerte, que sumado al alcohol que ya llevaba encima, me comenzaba a sentir algo mareada. Pero Tale continuó con su incómodo interrogatorio. Ahora acerca los Harrowmont. – Imagino que Cassandra será ahora la maestra cazadora. – le describí. Se me estaba soltando la lengua por culpa del alcohol. – ¿Una ambiciosa millonaria clasista, racista y sin escrúpulos como líder de la organización de cazavampiros más poderosa de Aerandir? ¿Qué podría salir mal? – y miré hacia la puerta, por donde se había ido Lyn. – Ya la puedes proteger. – A lo que Eltrant me respondió que se trataba de una amiga, y no de una chupasangres cualquiera. No respondí pues no quería entrar en conflicto por mi diferencia de opinión, por lo que simplemente me volví hacia la bebida para dar otro trago.

-¿Y tú qué, Tale? – le pregunté recostándome en el taburete. Haciendo ruido todos mis artilugios con el movimiento. -  No llevas la insignia de la guardia. ¿Te cansaste de ayudar a comerciantes y campesinos? – Seguramente fuera una cuestión de motivaciones. Le di tiempo a que me contestara continuando la bebida. – A todas estas, antes he escuchado a “colmillitos” – comenté sin titubear sobre Lyn. – decir algo de Beltrexus. ¿No estarás pensando en mudarte ahí, verdad? – le pregunté. – Seguramente no tengas barco, y tampoco tengas dinero para pagar un pasaje. Puede que no tengo un aero en efectivo, pero tengo una herencia millonaria esperando a ser reclamada en el banco. – Sonreí. Llevaba días dándole vueltas al tema de la herencia. A fin de cuentas, todo lo perteneciente a Mortagglia, Isabella y Belladonna era mío. ¿Cuánto sería? Tenía ganas de ir a verlo. – Paga tu otra ronda y acompáñame al banco, aún a estas horas suele estar abierto. ¡Tabernero! ¡Una más, joder! – pedí alzando el dedo, sin saber si Eltrant me lo concedería o no.

Pero lo que necesitaba no era beber, sino despejar la mente. Eltrant tendría que ayudarme a salir a la calle. O al menos debería dejarme salir a mí por mi propio pie despacio. Llevaba toda la tarde bebiendo y no estaba para cazar muchos chupasangres aquella noche. Aquello había que reconocerlo. Me senté en una piedra junto al muelle, con el mar rompiendo a un escaso metro mío. Cerca de donde se encontraba la chupasangres Lyn. Imaginaba que Eltrant no se habría quedado solo a emborracharse sin mí.

-Maldito seas, Tale. – comenté con fastidio por el mareo. – Si querías llevarme a la cama no hacía falta que me emborracharas. En tu caso, bastaba con que me lo hubieses pedido. – le expresé muy enfadada con una mirada ladeada, mirándole de arriba a abajo. ¡Madre, qué vergüenza! ¿Qué cojones hacía diciéndole eso a Tale? Al día siguiente terminaría arrepintiéndome de muchas de las tonterías que estaba diciendo por culpa del alcohol. ¿Qué pensaría de mí su amiga chupasangres? – A todas estas, ¿qué tal lo tuyo con Alanna? ¿Sigue a dos velas la muchacha o por fin le has “dado marcha”? – pregunté mirando fijamente al mar. Tratando de mantener un punto fijo sobre el brillante faro del fondo, sobre el que poder levantarme y caminar decente. La brisa marina me hacía despejar un poco. Si no hubiese parado de beber, habría terminado mucho peor. - ¿En qué dirección está el banco? Tengo una herencia millonaria que reclamar. – y comencé a levantarme. Creía poder andar por mí misma.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale el Vie Ago 11 2017, 18:14

Sonrió escuetamente al escuchar la pregunta que la cazadora le hizo, al parecer no había sido muy difícil para esta el adivinar que ya no pertenecía a la guardia. Lo cierto era que incluso sin una insignia que le identificase había descuidado bastante su apariencia, volvía a parecer un mercenario cualquiera, algo que seguramente Huracán no había pasado por alto.

Has acertado.  – Respondió al final observando como su ebria amiga volvía a beber del vaso que tenía entre las manos – Me he cansado. – Aquella sentencia era una forma un poco simple de decir cómo se sentía, pero Huracán tenía razón, estaba cansado - Ahora soy un civil, un granjero – Dijo encogiéndose de hombros – …Tengo una cabañita en los bosques del este. – Se atusó la barba, sonrió – No es muy grande pero… - Huracán continuó hablando, cortándole a mitad de frase. La cazadora admitió haber oído por encima la conversación que Lyn y él habían tenido momentos atrás, se había enterado de que iban a Beltrexus y no tardó en mostrar que, aun borracha, su instinto de cazadora seguía tan afinado como de costumbre; adivinó que no tenían ni barco ni dinero para un pasaje.

Enarcó una ceja, no se esperaba que Huracán, al menos en el estado que estaba, se interesarse por él de aquella forma. Evidentemente el alcohol estaba borrando todas las barreras que la bruja se autoimponía a la hora de conversar, dudaba mucho que la Anastasia que había derrotado a la hermandad gritase “Tabernero, una más, joder” sin sentir como el papel de tipa dura que la caracterizaba se diluía notoriamente.

- Son las tantas de la madrugada – Dijo Eltrant depositando los Aeros necesarios para la siguiente copa que había pedido Huracán – ... Y no necesito tu dinero para encontrar un pasaje – Protestó, pero la cazadora no pareció escucharle o no quiso hacerlo, se bebió el licor recién servido en un tiempo record y se levantó de su asiento, comenzando a andar, o a tambalearse más bien, hacía el exterior.

Eltrant puso los ojos en blanco y agarró a la mujer por los hombros antes de que esta se tropezase con las distintas mesas que había en su camino, asegurando de que esta mantuviese una trayectoria segura hasta el exterior.

- ¿Cuánto tiempo llevas bebiendo? – Preguntó sujetándola con más fuerza - ¿Sabes qué? No me respondas. – Añadió momentos después. – Me lo imagino - Abrió la puerta principal de la taberna y dejó que su acompañante se tambalease hasta el exterior.

Miró en silencio como la bruja caminaba serpenteando hasta una piedra junto al muelle y se dejaba caer sobre ella. Se rascó la barba y la miró desde la dónde estaba ¿Qué podía hacer? Se negaba a dejarla sola en aquel estado, conocía a la bruja y si la dejaba sola no tardaría en meterse en problemas, sobre todo si decidía ir a cobrar una herencia en aquel estado.

Sin decir nada se acercó a ella y se colocó a su lado. Lyn no tardó en aparecerse junto a Eltrant con cara de circunstancia.

- ¿Ya te has puesto al día con tu… amiga? – Preguntó la vampiresa en un murmullo, sin apartar la mirada de la mujer que había tratado de matarla - ¿Podemos irnos ya? Mírala, parece contenta. – Se llevó ambas manos a la cara e hizo una mueca – Ugh, huele a destilería. - Dijo alejándose un par de pasos de la bruja - ¿Es de fuego? Por debe de tener tanto alcohol dentro como para arder un par de meses sin parar – Afirmó.

Eltrant no contestó a Lyn, no tuvo tiempo, Huracán continuó hablando y, mostrándose exageradamente enfadada, hizo una afirmación que jamás hubiese pensado que saldría de los labios de Anastasia Boisson.

- …Lo... lo… tendré en cuenta – Dijo Eltrant tratando de recuperarse del shock inicial que aquella frase había tenido sobre él, notó como Huracán le analizaba de arriba abajo ¿Le estaba estudiando? ¿Estaba figurándose su aspecto bajo la armadura? Cierto rubor se apoderó de las mejillas del castaño. – Se… se ha quedado buena la noche ¿No? – Dejó escapar una carcajada nerviosa, se rascó la nuca y sacudió la cabeza. Por si aquello fuese poco, también se encargó de mencionar a Alanna, la última persona de la que quería saber algo en aquel momento. Si había aprendido algo aquel día, era que Huracán tenía muy mal beber.

No sabía si echarse a reír de nuevo o lanzarse al agua y dejar que la gravedad hiciese el resto. Se aclaró la garganta y se cruzó de brazos, pensando desesperadamente en otro tema de conversación que no incluyese a personas a las que había dejado atrás con una carta.

¿Ahora te vas a aprovechar de una borracha, Mortal? – La voz de Lyn se alzó sobre el sonido del oleaje, Eltrant se giró para mirarla, agradeciendo que rompiese el silencio y arrepintiéndose de que la vampiresa hubiese tomado la palabra segundos después – Pervertido. Bruja tenía que ser. Era lo último que faltaba en tu lista de fetiches – Afirmó la chica frunciendo el ceño y colocando los brazos en jarra. - ¿La quieres por su dinero? ¿Es eso? ¿Eres un caza herencias? – Añadió enseguida al escuchar a la cazadora hablar de “Herencia Millonaria”.

Eltrant dejó escapar un suspiro mezclado con un gemido de dolor para entonces quedarse unos segundos en silencio. Huracán, por otro lado, parecía ligeramente despejada, lo suficiente al menos como para que intentase levantarse por su cuenta. La bruja seguía con la idea de ir al banco a reclamar una herencia que Eltrant dudaba mucho que le diesen, en primer lugar porque era de madrugada y en segundo por que apenas podía andar correctamente.

- Por aquí… creo – Dijo comenzando a caminar en la dirección opuesta a dónde estaba la taberna en la que habían estado a punto de pelear. Acompañaría a Huracán hasta el banco y se aseguraría de que no hacía ninguna tontería, había dejado patente en tan solo unos minutos de lo que era capaz de hacer en aquel estado. - ¿Puedes andar? – Inquirió sujetándola del hombro, ayudándola a mantener el equilibrio.

Momentos después se encargó de conducir a su amiga a través de las calles de la ciudad. No recordaba exactamente dónde estaba el banco del que hablaba la bruja, pero había patrullado aquellas calles el número de veces suficiente como para saber que había algo parecido cerca.

Por otra parte, Lyn seguía reticente a acompañar a la cazadora, por lo que se aseguró de mantenerse siempre lo más alejada posible de esta, usualmente usando a Eltrant como barrera, manteniendo el contacto visual al mínimo.

- ¿Entonces… Alanna es de verdad? – Dijo Lyn volviendo a romper el silencio, se puso a juguetear con su flequillo, sonrió a Eltrant – Siempre he pensado que era como tu comodín. Tu versión de “Os juro que también tengo amigas”– El exguarda lanzó una mirada a Lyn solo comparable con las de Huracán en sus buenos tiempos.

- Colmillitos. – Dijo Eltrant sin dejar de caminar.

- Co… ¿¡Colmillitos?! – El rostro de Lyn se encogió en una mueca ofendida - ¿¡Cómo te atreves, Mortal?! – Le señaló con el dedo índice - ¿¡Quieres sentir mi ira!? ¿¡Es eso!? ¡Vas a sentir mi ira! – Se acercó a Eltrant le empujó varias veces, sin detenerle ni desviarle de su camino. - ¡Discúlpate ahora mismo! - Ordenó.

- Cuando acabes tu novela. – Dijo este de vuelta, Lyn esbozó una sonrisa y dio por finalizada la discusión, una que se encargó de borrar cuando posó sus ojos sobre Huracán y se volvió a alejar de ella disimuladamente.

Un amplio edificio colocado estratégicamente entre varios comercios se alzó frente a ellos al poco tiempo. La “Casa de la Moneda” que llevaban un rato buscando no era espectacularmente grande, pero estaba construido de recias piedras, similar al propio castillo de Lunargenta, era obvio que era un lugar celosamente custodiado, incluso desde dónde estaban podían verse guardas de Lunargenta patrullando los alrededores.

Eltrant se atusó la barba y arqueó ambas cejas, sin ocultar su sorpresa al ver que, aún a altas horas de la noche, aquel lugar seguía en funcionamiento.

- ¿Aquí es dónde querías venir?
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán el Dom Ago 13 2017, 17:36

-Puedo sola. – le respondí con mi habitual sequedad a su ofrecimiento de ayuda. Estaba algo mareada, pero podía mantenerme en pie y andar más o menos, a un ritmo lento. A veces veía doble, pero aún podía mantenerme erguida. Comenzamos a caminar entonces.

Lyn era repelente e insoportable. No me faltaba demasiado para meterle un virote en el entrecejo. Si no fuera por el mínimo aprecio que tenía por Tale ya lo habría hecho. Los vampiros habían tomado Lunargenta y seguramente ella tuviera algo que ver. Aún así me mantuve en silencio. Era divertido ver a Tale comprometido por las incómodas preguntas de la chupasangres, que tenía ciertos golpes. Antes casi había escupido el ron por la boca con lo de que se había vuelto granjero, pero lo de que Alanna era un comodín lo había superado. De no ser porque quería guardar lo poco que me quedaba, le habría señalado con el índice y me habría partido de la risa en su cara. Hasta la chupasangres conocía la reputación de Eltrant como “pagawhiskeys”.

Comenzó a hostigar a Tale. Propinándole varios empujones. - ¿Lo has visto? – miré a Eltrant. - Hasta una vulgar chupasangres se ríe ya de tus fracasos amorosos y profesionales. – metí cizaña, a ver si con un poco de suerte rectificaba en su opinión y le daba por apoyarme. – Das pena, Tale. Incluso más que yo. – Ninguno de los dos pasábamos por nuestros mejores momentos, pero al menos yo había hecho algo importante en mi vida.

Mi miseria iba a acabarse rápidamente. En cuanto entrase a aquel edificio llamada “Casa Real de la Moneda”. Esperaba que esos delincuentes chupasangres que habían desvalijado la ciudad no les hubiera dado por hacerlo también con el banco, que permanecía abierto por seguridad casi todo el día. – Ahí es. – confirmé a la pregunta de Eltrant, mirando el impresionante edificio. Aún estaba un poco mareada, pero creo que podía disimular bastante bien mi ligera borrachera.

Entré por la puerta principal, donde había un guardia que, de primeras, no nos dejó acceder.

-¡Alto! ¿Quién va? – preguntó un hombre antipático, desenfundando una espada corta.
-Cazadora de vampiros de Beltrexus. – señalé la identificación de mi chaqueta. Fácilmente reconocible a estas alturas de la vida incluso para alguien tan paleto como aquel guardia. – He venido a cobrar una herencia.
-No son horas de venir, cazadora. – instó. – El banco está cerrado. Vuelve por la mañana.
-Hay una ciudad dominada por los chupasangres. – expliqué. - ¿De verdad está mal a que venga por algo de dinero para poder poner a salvo a los inútiles como tú? – alcé una ceja, sin reír. – Hazte a un lado.

El tipo no parecía estar muy convencido de dejarme pasar. Y menos por mi armamento, pero aún así optó por ello. El interior del enorme banco de mármol estaba bien salvaguardado. Habían reforzado mucho la seguridad después de la aparición de los vampiros en Lunargenta. – Cassandra tiene trabajo para rato. – me dije a mí misma. Después de ver la moral de los guerreros claramente baja. No sólo nosotros estábamos mal, había una clara época de crisis y decadencia desde que se desató la plaga de peste.

En cualquier caso, yo me dirigí al frente, al estrado mayor donde se encontraba un hombre elegantemente entrajetado ante el que me postré.

-Soy Lady Anastasia María de Boisson y di Miraclo, vengo a reclamar la herencia que, por derecho familiar me pertenece. – comencé diciendo mirando al estrado, cruzándome de brazos con clara soberbia. –  Tanto las de mi madre, Lady Isabella Boisson, como las de mi tía, Lady Belladonna Boisson. Ambas fallecidas hace meses en el combate de Sacrestic Ville. – lo había dicho al revés, pero así estaba registrada civilmente.
-Veamos. - El tipo parecía aborrecido y, sobre todo, cansado. Se puso unas gafas de ver y miró un papel largo y enrollado en el que parecía tener apuntadas las pertenencias de varias personas de la ciudad por orden alfabético. Tras examinarlo con cuidado, habló. - Le diré, señorita, que es usted la cuarta Anastasia Boisson que pasa por aquí desde que tuvo lugar la batalla intentando cobrar la herencia de las hermanas Boisson. – explicó. – Permítame decirle lo mismo que a las otras tres: Anastasia Boisson fue declarada muerta en combate por la familia Harrowmont. Todas sus propiedades pertenecientes al gremio de cazadores de vampiros han pasado a manos de esta familia y las que no, se las quedará el estado de las islas illidenses. – confirmó el tipo. Todos creían que había muerto, por lo que no me extrañaba que hubiesen alegado que había muerto. Sin embargo, me acerqué un paso más al frente, aumentando una tonalidad el tono de voz por uno más enfadado. Ahora sí que iba a resultar amenazante. No me gustaba que la gente me negara las cosas.
-No estoy muerta. Estoy aquí. – respondí con tranquilidad, tratando de calmarme. – Yo maté a Lady Mortagglia y terminé con la Hermandad con esta misma ballesta. Deme la herencia que me pertenece y me iré. – saqué mi arma pesada en una muestra medio de exhibición medio de amenaza. Hecho que asustó bastante al hombre.
-Guarde el arma, mujer, y haga el favor de escuchar a los bardos antes de venir a reclamar nada, que ni siquiera conoce la historia. – indicó el hombre del estrado. – Anastasia Boisson falleció en Sacrestic al principio del combate. Murió apuñalada por un vampiro cualquiera. Fue Lady Cassandra  Cecilia de Harrowmont quien, con su impecable pericia con el arco, logró la proeza de asestar una saeta en la frente primero a Belladonna Boisson y después a Lady Mortagglia. – aquello era lo último que esperaba escuchar.
-¿Qué Cassandra Harrowmont qué? – respondí con voz ahogada. Eso era con lo que me había quedado de todo su discurso.

Si Cassandra era quien había proliferado aquella burda mentira para llevarse la fama y la gloria, iba a tener que vérselas conmigo. Primero traté de agachar la cabeza y calmarme. Me llevé la mano al mentón y me mojé los labios. Trataba de contenerme, juro que lo intentaba. Pero a poco que Tale me conociera sabía que se avecinaba un huracán, y nunca mejor dicho. Miré atrás a Tale, hecha ya una furia.

-Además, Huracán se la describe como una mujer atlética y de refinadas costumbres. – aclaró. - ¡Mírese! Apesta a alcohol y le sobresalen las carnes a la altura de la cadera por debajo de la camiseta. Usted no es Anastasia Boisson. – aquel hombre me estaba faltando al respeto.
-¡Maldito mentiroso! – apunté con la ballesta de mano diestra al hombre y disparé, aunque el tipo estaba sobre alto y pudo esconderse. Pero no acabaría ahí la cosa. – Te vas a tragar tu sucia lengua viperina.
-¡Guardias! ¡Guardias! – comenzó a gritar metiéndose tras el estrado. - ¡Detengan a estos chiflados!

Salté por encima del estrado generando una corriente de aire sobre mis pies, con una voltereta. – ¡Ash balla ná! – grité, generando una fuerte corriente de aire, cada vez más poderosa por el entrenamiento, que lo hizo salir disparado contra la columna de la pared. El banquero trató de huir. - ¿A qué esperas, Tale? ¡Haz algo! - Los guardias venían ya a por nosotros y Eltrant, por su proximidad, era el hombre que más papeletas tenía para recibir los primeros golpes. ¿Huir o combatir contra la guardia? ¿Me detendría a mí Eltrant? A ver por donde salía el siempre impredecible guardia. ¿Habíamos vuelto a los viejos tiempos?
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale el Dom Ago 13 2017, 20:05

Obvió los comentarios de Huracán aunque encontró estos más hirientes de lo que solían ser y caminó tras ella, adentrándose en el edificio después de conversar con el guarda de la puerta.

Frunció el ceño al oír las palabras que Anastasia intercambió con el soldado que les examinó. Al parecer no eran simplemente rumores, el rey había huido a Beltrexus y la ciudad se encontraba bajo el control de los vampiros. Aun con el aspecto lúgubre a su alrededor, el cual parecía gritar que, evidentemente, el golpe de estado de los señores de Sacrestic era cierto, le hubiese gustado pensar, durante más tiempo, que todo eran eso, rumores.

Suspiró y se pasó la mano por la barba. Estudió a los guardas de la puerta según pasó junto a estos, los hombres estaban fuertemente armados, vigilaban atentamente cada movimiento que hacían los presentes, sin soltar un instante las empuñaduras de sus armas. Por supuesto, tampoco pasó por alto las profundas ojeras que cruzaban el rostro de la mayoría de los presentes.

¿Desde cuándo no descansaban? ¿Estaría así también Alanna? ¿Ashryn? ¿Los demás guardias?

Lyn dejó escapar un sonoro “Wow” al entrar, finalmente, en la enorme estructura. El interior era, en cierto modo, lo que Eltrant esperaba; Mucha seguridad, sin reparar en ningún tipo de gasto, ya fuese material o personal.

Miró a la vampiresa, que seguía a su lado, y que miraba curiosa todo lo que tenía a su alrededor. Desde los diferentes soldados hasta a los trabajadores de aquel lugar, y estos, probablemente debido a la situación en la que se encontraba la ciudad, tampoco le quitaban el ojo de encima.

- Es bastante… grande – Dijo sonriendo a su amiga, la muchacha asintió pero no dijo nada, se había callado al escuchar a Huracán decir “Vulgar Chupasangres” y no había vuelto a hablar desde entonces. Parecía que también estaba molesta con la actitud de la cazadora hacía él, sonrió ¿Era aquello algo parecido a “El Mortal es mío y por tanto yo solo puedo humillarle”? No le extrañaría, Lyn tenía un sentido de la lealtad cuanto menos, curioso.

El sonido de tres juegos de pasos resonaron en la amplia antesala en la que, al final de la misma, aguardaba un amplio mostrador tras el cual un hombre esperaba paciente a los posibles clientes que, aún con la ciudad sumida en el caos y la confusión, decidían confiar sus ahorros a él.

Se cruzó de brazos y aguardó en silencio a que Huracán reclamase la herencia de la que hablaba, Lyn, mientras tanto, se dedicó a estudiar los distintos cuadros y armaduras ornamentadas que adornaban el lugar.

El color de su piel fue desapareciendo según la conversación entre Anastasia y el banquero se sucedía, como Eltrant había esperado, no iban a entregarle una herencia millonaria así como así, por no hablar de la historia que contaban acerca de la muerte de Huracán.

Tragó saliva, en cualquier otro lugar habría dejado que la mujer se desquitase a gusto con el banquero, no es como si tuviese muchas ganas de meterse en mitad de una trifulca, pero allí, en uno de los lugares mejor custodiados de todo Verisar, aun si decidía no intervenir, iba a acabar en el calabozo.

- Huracán… quizás deberíamos… - No le escuchó, la cazadora ni siquiera pareció sentir la mano del exmercenario sobre su hombro, la gota que colmó el vaso fue, al parecer, la referencia al evidente cambio de aspecto que Anastasia había sufrido desde la batalla contra la Hermandad.

Huracán se puso violenta, como era de esperar, y, ante la atónita mirada de Eltrant, se encargó de hacer volar al desdichado empleado por los aires con sus poderes.

- ¡Dadme un maldito respiro! – Exclamó cuando la cazadora le apremió a que actuase, varios de los guardas que tenía más cerca desenvainaron su espadas, se encaminaron hacía él, Lyn frunció el ceño y se alejó un par de pasos, subiéndose en el estrado junto a la cazadora. Se podía ver en su mirada que no le gustaba nada aquella idea, pero hasta la vampiresa sabía que era preferible a acabar ensartada por varias espadas.

Eltrant tensó los dientes y estudió sus posibilidades. En el mismo instante en el que su acompañante arrojó al banquero contra la pared se habían acabado las negociaciones para la seguridad del edificio, oficialmente, para la guardia de Lunargenta, estaban atrancando un banco.

La primera de las espadas acabó impactando contra la armadura que Eltrant ocultaba bajo su capa y para sorpresa del guarda rebotó como si no fuese gran cosa, el castaño, entonces, agarró a aquel hombre del cuello y lo alejó durante unos segundos, para recibir enseguida otro espadazo similar en la espalda.

Tenía que pensar, y tenía que hacerlo rápido. Puede que Huracán le menospreciase, pero él, a pesar de que su carrera se encontrase en plena caída libre, seguía estando en forma a diferencia de la cazadora.

Ágilmente desató el cordel que mantenía sujeta la espada a su cinto y no la desenvainó, la asió como de costumbre, pero dejó la hoja oculta dentro de la vaina de forma que cada estocada que diese no fuese letal. Lo último que necesitaban era acabar en carteles de se busca por asesinato.

Se zafó del primero de los hombres dándole directamente en la cara con todas sus fuerzas cuando este trató de cortarle el cuello, aquel tipo cayó al suelo casi al instante, conmocionado, lamentando el haber salido de su cama por la mañana.

El segundo de los guardas atacó insistentemente al ver a su compañero caído, Eltrant tenía que admitir que no era un recluta, después de todo estaban custodiando el banco, aquellos hombres estaban bien entrenados. Su oponente logró acertarle en diferentes puntos de la coraza hasta que, finalmente, Eltrant consiguió sujetar la espada de su atacante con su mano izquierda, inmovilizándolo unos instantes; el tiempo suficiente para repetir la acción que había realizado con su aliado y dejarlo fuera de combate con un potente golpe en plena cara.

El guantelete de metal se encargó de que no recibiese ningún corte en la mano, examinó el estado del mismo y asintió conforme al ver que seguía básicamente intacto. Una fuerte campana comenzó a resonar en el lugar, el banquero había desaparecido y más guardias comenzaron a aparecer de distintos puntos del lugar para ayudar a sus dos compañeros que yacían en el suelo, quejándose en voz baja.

Eltrant apretó los dientes al ver como el maldito ejercito de Lunargenta acudía al lugar como respuesta a la campana y se subió dónde estaba Huracán, antes de que esta pudiese decir nada le propinó un puñetazo en la cara.

- ¿¡Se puede saber qué te pasa en la cabeza!? – Gritó, la agarró del cuello de su camisa y la miró directamente a los ojos, Lyn se encargó, por otro lado, de recordarle de que estaban empezando a rodearles y de que no les sobraba el tiempo precisamente. – Jules estaría orgulloso, Boisson. – Masculló dejándola caer a un lado. – Haz algo que no tenga que ver con tu orgullo y encuentra un modo de salir de aquí – Ordenó volviendo a bajar de dónde estaba, dos decenas de soldados bien equipados avanzaron a través de la amplia antesala. - Lyn, ayúdala. No voy a poder contenerles a todos – Añadió contemplando como los guardas tomaban posiciones lentamente.

Estaban siendo prudentes ¿Temían los poderes de Anastasia? ¿O eran los de Lyn los que respetaban? Se acordó de Garret, esperaba no tener que lidiar con brujos de la guardia allí, ya tenían suficientes problemas.

- ¡Pero…! – Antes de que Lyn pudiese terminar de protestar Eltrant se giró hacía ella y le miró con cara de pocos amigos, no estaba de buen humor, con un poco de suerte solo acabarían con una recompensa de unos cientos de Aeros. - …Vale. – Dijo colocándose junto a Huracán, encogiéndose de hombros.

Se deshizo de la capa de igual forma que había hecho en la taberna, cuando había estado a punto de pelear con Huracán, tensó la mandíbula, la estancia era grande, iban a poder rodearle.

Tomó aire, solo tenía que encargarse de no dejar pasar a ninguno, y no iba a poder hacerlo sin herir a nadie. Musitando un par de insultos arrojó la vaina de su espada a un lado y dejó entrever, al fin, la gélida hoja de la espada.

El brillo azul del arma, que fluctuaba con suavidad con cada movimiento que hacía debido a las distintas reparaciones a las que había sometido la hoja, indicaba que la runa se negaba a dejar de funcionar, su espada seguía poseyendo las mismas propiedades heladas de siempre.

- Vamos a ver que habéis aprendido en mi ausencia.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán el Lun Ago 14 2017, 22:55

-Puta friki tarada. – se maldecía el banquero a sí mismo, nervioso. Escondido tras una de las columnas del banco, y muy asustado en cuanto me vio aparecer con mi habitual calma y parsimonia. Mirándole con una mirada fría y sentenciante. - ¡Ah! ¡Socorro! – trató de salir corriendo casi a cuatro patas. Utilicé mi telequinesia para estirar el brazo, apretar mi puño y tirar fuertemente hacia mí, bajándole los pantalones y quedando en unos roídos calzones amarillentos. Me gustaba jugar con la ratita, ¿por qué disparar a aquel triste banquero cuando podía ir hacia él mientras veía como se arrastraba cual sabandija? - ¡Se lo ruego, perdóneme, mujer! ¡No era mi intención ofenderla! – suplicaba el hombre desde el suelo y caminando hacia atrás, mientras yo taconeaba acompasadamente sin pronunciarme, observándole inmisericorde, depositando un virote pequeño en una de las ballestas de mano. ¿Ahora ya no se atrevía a volver a ofenderme?

Mientras tanto, Tale y Lyn parecían entretenidos con el resto de la guardia de Lunargenta. Iba a pegarle un tiro en el pie, no quería matarlo sino que se diera cuenta de con quién se había metido, pero entonces apareció Tale para pegarme un fuerte puñetazo en la cara que por poco me deja inconsciente, a la vez que me agarró y me apartó del hombre.

-¿Me has pegado? – le pregunté llevándome la mano a la nariz, por la que ahora sangraba fuertemente. - ¡¿Me has pegado?! – repetí más fuertemente. – ¡¿Quién te crees que eres para darme un puñetazo?! – le dije apretándome los dientes. Creía que Tale estaba de mi parte. Pero lejos de ello me tomó de los brazos y yo hice lo propio, montando una fuerte discusión a escasos centímetros de la cara en la que ni él me escuchaba ni yo tampoco. Tan sólo nos dedicábamos a darnos gritos y hacer gestos varios de cuellos cortados y disparos en la sien.

Claro que no era el mejor sitio para discutir, pronto los guardias se nos echarían encima, y Tale encargaría a Lyn que me ayudara a escapar mientras él, como de costumbre, se encargaba de pacificar a los guardias. Nunca había necesitado la ayuda de un vampiro, pero lo cierto es que era hora de largarse.

Tale comenzó a pelear mientras yo pensaba. Escuadriñé en un rápido vistazo cuales eran nuestras mejores opciones. Y tras valorarlo detenidamente y teniendo en cuenta que Tale no podría escapar por aquel rosetón del tejado, la puerta principal terminó siendo la mejor de las opciones. - Cerrad los ojos. – les dije seca. Tomando una de las bombas de Soffleheimer, concretamente la amarilla, Lux Scintillia. Un destello cegador cegó completamente a todos aquellos que no hubiesen cerrado, y un fuerte pitido les dejaría sordos durante segundos. Era una herramienta especialmente cruel con los vampiros, cuyos sentidos eran mucho más finos que los de un humano normal.  – Y ahora no respiréis. – y estallé la segunda de las granadas, Fumis, que rápidamente cubrió de humo toda la estancia, haciendo que los soldados empezaran a toser. Había que reconocer que los inventos de Soffleheimer eran todo un lujo para los cazadores.

Con los guardas cegados, sordos y desorientados, era el momento de empezar a correr. Yo ya había encarado la salida nada más tirar la bomba de humo, por lo que sólo tuve que ir en línea recta, agarrando a Tale y a su amiga chupasangres por los ropajes para forzarlos a venir a la salida. Una vez fuera, parecía que más guardias venían por la zona derecha hacia nosotros. Pero la humareda les hacía pensar que algo peor había pasado, por lo que bastó con correr en dirección contraria para que nos dejaran de perseguir.

Terminamos en un pequeño callejón apartado, donde los guardias pasaban corriendo buscándonos, pero los habíamos despistado. Con un poco de suerte, ya que estaba dada de baja en el registro civil y había hecho todo esto encapuchada, al menos no me reconocerían ni pondrían aeros a la cabeza de Anastasia Boisson como tal. Todo un alivia.

Respiré fatigada por la carrera y me encaré hacia Tale una vez pude respirar tranquila, todavía con la sangre colgando por la nariz. - ¡Nunca vuelvas a pegarme! ¡Jamás! ¿Me has entendido? – le dije de mala manera, y aparté la vista ofendida, quitándome la sangre de la nariz el guante  y recordando lo que había dicho el banquero. – Que Cassandra asesinó a Mortagglia… – refunfuñé recostándome en mis rodillas. Dejándome arrastrar y caer finalmente sentada al suelo. – Necesito un cambio, Tale. – me llevé las manos a la frente y me mantuve concentrada. Sin mirar a nadie. - Querías volver a Beltrexus. ¿Por qué? ¿Qué hay allí que te resulte tan interesante? Además de las playas y el clima templado. - hice un gesto con alzando la cabeza hacia Lyn. – Ahí está la sede de los cazadores de vampiros, no durará demasiado. – me llevé el dedo pulgar a la boca y lo mordí, reflexiva. Miré luego hacia arriba. – No tenemos un triste aero ni para comprarte un pasaje ni para pagarme una buena posada en el barrio alto y pronto tendremos una recompensa sobre nuestras cabezas. – negué con la cabeza varias veces, recostando los brazos en mis rodillas, aún sentada. – Al final va a ser una noche aún más mierda de lo que la imaginaba. – concluí resignada.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale el Mar Ago 15 2017, 18:51

Se agachó jadeando agitado.

No sabía que había usado Huracán para escapar del banco pero lo habían logrado, al menos de momento habían despistado a la guardia.

El efecto de los objetos que había usado la cazadora para huir comenzaba a remitir, cosa que agradecía enormemente, básicamente había corrido a ciegas y sin poder oír nada, había tirado con todas sus fuerzas de Lyn mientras avanzaba tras la silueta difuminada de Huracán. Tenía suerte de no haberse desviado.

El intenso pitido que sentía en los oídos se fue desvaneciendo paulatinamente y, al cabo de unos minutos, apenas veía destellos cuando abría los ojos, Lyn, por otro lado, seguía sentada con la cabeza apoyada contra la pared, más pálida que de costumbre. El equipo de Huracán estaba fabricado para acabar rápidamente con los señores de la noche, era normal que fuese a ella a quien más le afectaba.

- Te pegaré todas las veces que haga falta. Es nuestro trato. Ya lo has hecho tú una vez, yo solo te he devuelto el favor. - Dijo molesto, levantándose a la vez que se contenía por no volver a gritar a la mujer lo arrogantemente idiota que estaba siendo. – Y seguirá así hasta que recobres el sentido común – Musitó agachándose de nuevo, esta vez junto a la vampiresa. - ¿Estas bien? – Chasqueó los dedos frente a la cara de la muchacha repetidas veces, hasta que esta le agarró de la mano y le detuvo.

- Es… estoy bien – Lyn sacudió la cabeza. – Estoy bien – Repitió en voz más baja, tratando de recomponerse.

Eltrant asintió y envainó su arma, había estado a punto de dejar la vaina de la espada en el suelo del banco al huir, afortunadamente había podido recuperarla antes de abandonar el edificio. Una espada que brillaba era bastante fácil de distinguir, y la mayoría de la guardia contaba ahora con su descripción detallada.

- Necesitas algo más que un cambio, Anastasia. – Suspiró, se negaba a llamar a la mujer que tenía delante “Huracán”, ¿Atacar a un civil por llevarle la contraria? ¿Qué había pasado cuando peleaba contra la vieja? Huracán era muchas cosas, pero no mataba inocentes, al menos que él supiese.

Se pasó la mano por la barba y se apoyó contra la pared.

Y no busco nada allí – Aseguró – Estoy retirado ¿Recuerdas? – Señaló a Lyn – Es ella la que quiere llegar a las islas. – Lyn agachó la cabeza y se mordió el labio inferior, pero no dijo nada. – Cosa que era infinitamente más aburrida antes que mi cara estuviese repartida por toda la ciudad con una recompensa debajo. Gracias. – Dijo sin tratar de disimular el evidente enfado que sentía en aquel momento, se deslizó por la pared hasta quedar completamente sentado, junto a Huracán, suspiró.

Era una suerte que la ciudad estuviese controlada por los vampiros, al menos el caos general que reinaba les iba a facilitar las cosas a la hora de moverse, la guardia tenía un personal limitado y no podían estar en todas partes al mismo tiempo, lo sabía muy bien. El problema, curiosamente, iba a ser una vez fuera de la ciudad, si Siegfried, el rey, estaba de exilio en Beltrexus la seguridad allí iba a ser horrible. No iban a permitir que un fugitivo buscado entrase en la isla, no con todo el lio de la plaga, las islas eran ahora un santuario libre de enfermedad para los nobles y toda persona adinerada.

Ahora tenía dos desafíos a los que enfrentarse ¿Cómo salía de Lunargenta? ¿Cómo entraba en Beltrexus?

- Oh, por favor... – Añadió cuando la bruja siguió hablando, se llevó ambas manos a la cara y se frotó los ojos - No sois infalibles, por mucho que lo pienses. Te llevarías menos disgustos si fueses capaz de comprender una mínima parte de eso – Aseveró Eltrant cuando la bruja advirtió que Lyn no duraría mucho en Beltrexus. – Solo conozco dos cazadores que podrían plantarme cara – Aseguró cruzándose de piernas, sí, ahora estaba siendo él el arrogante, pero se lo había ganado, al menos aquella noche. – A una ya le pegue una paliza, y la otra… - Miró a Huracán, la volvió a analizar: su estado, su apariencia, la cara de haber sido derrotada días atrás que tenía dibujada de forma permanente. – … Se dice que está muerta. – Cerró los ojos.

- De todas formas, deberías acompañarnos. Te vendrá bien volver a casa – Dijo Eltrant al cabo de unos segundos, cuando Huracán terminó de hablar. El castaño consiguió, por fin, tranquilizarse un poco, respiró profundamente.

No iba a dejar a la cazadora sola, no cuando estaba al borde del colapso mental, aquel día había intentado matar a un banquero, al siguiente le declararía la guerra por su cuenta a todo Verisar probablemente.

… Y está bastante claro que tienes que aclarar ciertas cosas con Harrowmont – Sonrió, de pronto estaba agotado, mucho, solo quería volver a su cabaña, con sus patatas. - Mira Huracán, te cubro las espaldas, como siempre – Indicó  – Solo…  trata de no atacar a cualquiera que te lleve la contraria. – El silencio se volvió a apoderar del oscuro callejón.

Las distantes campanadas de alerta seguían sucediéndose en la noche, no se habían dado por rendido y no tenía aspecto de que lo hicieran antes del amanecer.

_________________________________________

Lyn se levantó de dónde estaba y se acercó a la bruja al oír las palabras del exguarda.

- Me odias – Dijo mirándola fijamente a los ojos, pudo ver como el Mortal enarcó una ceja, ¿No se esperaba que hablase directamente con la cazadora? – Pero no me conoces  – Aseguró Lyn cruzándose de brazos. –  A… a mí tampoco me gustas, sinceramente. Lo primero que veo al mirarte es a una asesina – Dijo con firmeza, aunque la palabra "Asesina" no fue más que un susurro. Tragó saliva, la mirada de aquella mujer era como las saetas que disparaba ¿Es que siempre estaba de mal humor? –  Pero yo tampoco… te conozco. – Respiró hondo cerró los ojos unos instantes, sabía que lo que estaba a punto de decir era un error, estaba segura de ello que acabaría por volverse en su contra.

… Así que puedes venir con nosotros si quieres. – Se sentó junto a Eltrant – No puedo odiar a alguien de quien no sé nada. – Jugueteó con su flequillo y desvió la mirada, ya había recibido bastante muerte ocular de parte de la cazadora para varias vidas. – Y el Mort… Eltrant confía en ti. - Suspiró – …Supongo que me vale. - ¿Había sido un error pedir al Mortal que le acompañase hasta Beltrexus? No habían sido pocas las veces que se lo había preguntado.

Ella no era ningún estereotipo de vampiro, no quería poder ni control sobre nadie, no quería sangre a todas horas y no iba a matar para conseguirla. Aunque tenía que admitir se aprovechaba de sus poderes para alimentarse y hacía a la gente realizar actos estupidos con su control mental, nunca terminaba esclavizando a nadie. La mayoría de las personas de las que se alimentaban ni siquiera se acordaban de lo que había pasado.

Quería vivir tranquila. Quizás la bruja que tenía delante era similar, cosa que, por como esta se comportaba, dudaba encarecidamente. Pero podía darle una oportunidad, eso era lo que ella esperaba de los demás ¿No? Una oportunidad para que viesen lo que era en realidad.

- ¿Y si robamos un barco? ... ya nos buscan en toda la ciudad.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Huracán Ayer a las 10:31

Después de todas las emociones fuertes parecía haber quemado el alcohol. Volvía a estar sobria. Y con ello volvía mi habitual mirada seria e inexpresiva y mi voluntad de hierro. Escuchaba a Eltrant, sentado y visiblemente enfadado. No le miré mientras éste me echaba el rapapolvos. Aunque le estaba escuchando, en estado habitual era una mujer poco conversadora que no aportaba nada a las conversaciones si no tenía mucho que decir.

Ese “civil”, como lo llamaba Eltrant, más allá de llevarme la contraria, me había insultado y faltado al respeto desde su posición que él creía de mayor poder que la mía. Y por mucho que Eltrant quisiera, me costaba reprimir mi vena más Mortagglia-Bella, a fin de cuentas era descendiente directa de ambas, y más me costaba aún bajo los efectos del alcohol. Beber era la mejor manera de convertirme en una asesina en serie. En cualquier caso, lo único que pretendía era asustarlo, si quisiera matarlo, lo habría hecho.

La chupasangres aprovechó para meter el dedo en la llaga. A ella sí que la miré. Y sus palabras eran hirientes, ¿yo una asesina? Si jamás había matado a un inocente o alguien que no lo mereciera. Todos los bandidos o vampiros a los que me había enfrentado eran criminales. Jamás mataba por placer, de hecho, ni siquiera el código de los Cazadores nos permite masacrar vampiros por el mero hecho de hacerlo, y yo siempre lo había seguido y lo sigo estrictamente. Jugándome el tipo altruistamente por mucha gente como para que ahora me tildaran de asesina. Sus palabras me estaban resultando especialmente dolorosas. Y cuando alguien me dice algo que me duele, o le saco las entrañas o resoplo y lo ignoro. Opté por la segunda opción.

-¿Os habéis quedado a gusto? – pregunté seria con retórica una vez ambos concluyeron. Ahora sí, sin un ápice de alcohol en mi sangre. Miré a Eltrant y comencé a levantarme, limpiándome la culera de un par de palmadas. – Claro que no soy infalible, Eltrant. – le respondí a su queja diciendo que los cazadores no éramos infalibles, y no mentía. – Precisamente porque no soy infalible no he hecho amago siquiera de completar el contrato por Lyn. - ¿Habría pillado que uno de mis puntos débiles era, quizás, el de la “amistad” y el sentimiento por aquellos que considero, o consideraba, amigos? ¿O seguiría pensando como la vampiresa que era una asesina sin escrúpulos? A fin de cuentas, se dedicaba a asentir y a no negarlo.

¿Y sobre su ofrecimiento para ir a las islas? “Si quieres…”, después de lo que me habían dicho encima me vendían lo de ir a Beltrexus con ellos como un acto de compasión y de buena fé. Podían guardarse la invitación donde les entrase. – Me partís la nariz, me reprendéis verbalmente y luego me vendéis el hecho de ir con vosotros como si fuera una lastimosa pordiosera. – no estaba enfadada, más bien decepcionada con Eltrant, al que miré. – Tú también has cambiado. Te darás cuenta cuando seas capaz de mirar más allá de tu propio ombligo. – le reprendí sin dar voces.

Y para rematar la obra la vampiresa quería robar un barco con el total consentimiento del “legal” de Eltrant. – Asustar a un banquero está mal, robar un navío seguro que no. – comenté seria y con ironía, quizás se dieran cuenta de que ellos tampoco eran perfectos. Me hurgué en los bolsillos para buscar la bolsita de 400 aeros aeros que me habían dado por adelantado por cazar a Lyn. – Es el adelanto por la cabeza de Lyn. – se la mostré para que vieran lo que hacía una asesina. - Los pasajes cuestan 200 cada uno. Os da para pagaros los billetes. Tomad un barco por la mañana y dejaos de gilipolleces. – y le lancé a Lyn la bolsita con el dinero, seguro que ella la cogía de buenas maneras. – Ya encontraré una manera de devolverlo.

Aún consideraba a Tale alguien relevante en mi vida, y por ello y porque me sentía culpable del numerito del banco le entregué la bolsa de aeros. Ahora ya no tenía una moneda, ya buscaría otra manera u otro contrato para pagar el que había incumplido. O quizás por la mañana consiguiera cobrar mi herencia, más calmada y tranquila.

Eltrant y Lyn podrían ver cómo salía del callejón, y justo cuando puse un pie en la calle principal, recibí un fuerte golpe en la cabeza que me dejó tirada en el suelo. – Joder… - Traté de levantarme pero no hizo demasiada falta pues rápidamente un tipo me levantó por la espalda y me mantuvo retenida por los hombros, inmovilizándome. Desde luego, no eran guardias. Quien me miraba era Lárax, el tipo que me había contratado para dar caza a Lyn, junto a cuatro de sus hombres.

-¿Haciendo migas con tus las víctimas de tus contratos, cazadora? – dijo el contratante  - Nadie traiciona a Lárax Tórix y sale vivo para contarlo.
-¿Traición? Jamás delato a mis clientes. Ni siquiera a uno tan feo como tú. – miré al tipo a la cara pese a sus malos modales. – Simplemente no puedo realizar este contrato, te devolveré el adelanto mañana y quedaremos iguales. Ahora suéltame, estúpido. – le espeté al tipo.

Pero el hombre me asestó un fuerte golpe en el abdomen que me hizo retorcerme de dolor. - ¡Oh! - Quedándome sin aire por el impacto. Encogiéndome todo cuanto pude.

¿Crees que soy un vecino del barrio cualquiera al que esa chupasangres ha sorbido la sangre de su esposa? – preguntó el tipo, tomándome la cara con sus manos y alzándomela. – Cuando Lárax Tórix te ordena que alguien tiene que morir, esa persona muere. – Tanta proximidad me resultaba ofensiva, por lo que le escupí en la cara.
A lo que el tipo tras quitarse la saliva me volvió a propinar un nuevo puñetazo en el abdomen. – Atadla a un bloque pesado y tiradla al mar. – ordenó el hombre a sus cuatro compinches, que comenzaron a arrastrarme.

En cuanto me recuperase un poco, tal vez podría utilizar mi maná para conjurar el viento y lograr alguna manera de librarme de los dos hombres que, por cada lado, me retenían por un brazo.
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Re: Cuarta parada: Lunargenta [Interpretativo] [Libre] [2/3]

Mensaje  Eltrant Tale Ayer a las 17:51

Se mantuvo sereno mientras mantenía la mirada de Huracán, esbozó una sonrisa y se cruzó de brazos, suspirando. No le contestó con cosas, precisamente, agradables.

Aunque no estaba seguro de si la bruja seguía en su línea de insultos hacía él o, verdaderamente, se sentía ofendida. Fuese como fuese, miró como esta se alejaba tras haber arrojado a Lyn una bolsita de Aeros al suelo.

- …Muy bien Tale – Se dijo para sí, mirando la espalda de la cazadora.– Eso es, enemístate con las pocas personas que te hablan – Se pasó la mano por la cara y cerró los ojos.

¿También había cambiado? Puede, lo único que sabía es que ahora tenía, quizás, menos paciencia para todo, pensó en las palabras que Irirgo le dijo en Villa Centollo.

El mundo necesita más heroes… - Murmuró, daba igual lo que significasen realmente aquella frase, estaba seguro que el dragón no se refería a como acababa de actuar.

Observó como como la vampiresa se agachaba y tomaba la bolsita con el dinero, Eltrant negó con la cabeza, a lo que la muchacha asintió y guardó el dinero en su bolsillo. No iba a aceptar la caridad de alguien que, por lo que parecía, malvivía como ellos, aunque ese alguien tuviese un lugar al que llamar hogar de más de tres plantas.

- Discúlpate con ella – Dijo empujando a su acompañante en dirección a la salida.

- ¡Pero…! – Comenzó a protestar enseguida, Eltrant sonrió.

- Ni peros ni manzanas – Cortó. Dioses, se estaba convirtiendo en su madre. ¿Qué sería lo próximo? ¿Recitar refranes para tratar de enseñar moralejas? – También lo voy a hacer yo, así que vamos. – Dijo, tomó aire – Creo… que nos hemos pasado un poco. – Lyn frunció el ceño y se cruzó de brazos, dejándose arrastrar por Eltrant, murmurando cosas en voz baja. El exmercenario pudo distinguir un “Pero si he sido amable” que le hizo ampliar aún más la sonrisa.

Cuando salieron del callejón se encontraron con una escena que, en cierto modo, no se esperaba. Anastasia yacía en el suelo, rodeada de un grupo de cinco hombres, parecían forcejear con ella, tratando de atarla. Frunció el ceño y llevó su mano hasta el pomo de su espada.

- Lyn – Se giró hacía su compañera – Sácala de ahí – Pidió comenzó a andar hacía el grupo de hombres desenvainando de nuevo. Ninguno vestía el uniforme de Lunargenta, aquellos tipos o eran vampiros que se la tenían jurada a Huracán o eran otro grupo que, también, se la tenía jurada a la cazadora.

La muchacha se mordió el labio y estudió la escena, algo pasaba por la cabeza de Lyn, pero no había tiempo para preguntarse el qué; Eltrant la dejó a la espalda y continuó avanzando, atrajo un par de miradas algunos de aquellos tipos, los cuales se separaron de Huracán para encarar al exmercenario.

Lo tendría que hacer solo, entendía que una vampiresa no se decidiese a ayudar a uno de los cazadores, de las personas que tenían como vocación matarles a cambio de dinero, hablaría después con ella de aquello.

Pero Lyn apareció entre los hombres, rodeada de tinieblas.

- ¡Esto… esto no te va a gustar! – Gritó cerrando los ojos – ¡Lo siento! – Añadió depositando ambas manos en la espalda de la mujer. Las exclamaciones de sorpresa se incrementaron cuando Lyn reapareció de nuevo a varios metros de distancia de dónde estaban los tipejos que atacaban a Huracán a una.

- Vamos a solucionar esto por las buenas – Dijo Eltrant bajando la espada, sin detenerse – Habéis hecho daño a una buena amiga mía, cosa que, normalmente me bastaría para pelear. – Frunció el ceño, trató de parecer intimidante, cosa que, últimamente, nunca le salía bien – … Lamentablemente he tenido un encontronazo con la justicia y no me apetece quedarme en mitad de la calle – Se rascó la barba – Así que… vosotros os vais por dónde habéis venido – Señaló al final de la calle – Y nosotros por nuestro lado. – Esbozó una sonrisa – Fácil, sencillo y apto para toda la familia. – Dejó caer su espada sobre su hombro. Amplió la sonrisa - ¿Qué os parece?

Un fuerte golpe en la cara le sirvió como respuesta, se tambaleó tratando de comprender que acababa de suceder y masculló un par de insultos, para entonces tratar de contratacar como buenamente pudo, no obstante, el hombre que le había golpeado ya se había alejado de su alcance, volvía a estar con los demás. ¿Cómo era tan rápido? ¿No eran matones de tres al cuarto?

Los compañeros de este acometieron enseguida, quedándose el quinto de brazos cruzados al final de la calle. Se limpió la sangre que resbalaba por su nariz con el guantelete y evitó ser golpeado de nuevo agachando la cabeza.

- ¡Así que por las mal…! – Le volvieron a cortar la frase, otro golpe en la cara, ridículamente fuerte, pero no usaban armas ¿Cómo? Aquella pregunta se repitió un centenar de veces en su cabeza, su armadura no servía de nada cuando básicamente le estaban cruzando la cara una y otra vez.

El mundo se agitó ¿O era él? Le dolía la cabeza. ¿Estaba sangrando por los oídos? Gritó con fuerza y atacó contra el que tenía más cerca, el hombre volvió a retroceder, el tipo que, aparentemente, los dirigía, se carcajeó desde el otro lado de la calle.

- La cazadora y la chupasangres, no os olvidéis de ellas. – Dijo – …El bloque te espera, amante de los chupasangres, traidora. – Añadió el tipo mirando fijamente a Huracán. – Eres una maldita vergüenza para la orden. Los fundadores se revolverían en sus tumbas - Los ojos de Eltrant, inyectados en sangre, se posaron hacía las personas a las que aquel tipo señalaba.

No, ni por asomo, no se iban a acercar.

- ¡Estáis peleando conmigo!

Agarró a uno de los individuos que trataban de sortearle y lanzó de nuevo frente a él, pudo hacerlo, básicamente, porque el hombre descuidó su espalda un instante, porque aquel sujeto pensó que Eltrant no iba a ser tan imbécil como para dar la espalda a tres enemigos por su cuenta. Escupió a un lado la sangre que acumulaba en su boca.

- ¿Así que una traidora? – Jadeó, respiró agitadamente – ¿Vosotros sois los que la habéis contratado? – Parpadeó varias veces tratando de centrar la visión; conocía la indumentaria de aquellos tipos, parecida a la de los cazadores, prácticamente idéntica, pero sin ser totalmente similar.

No tenían, por ejemplo, el bordado característico que la chaqueta de Huracán tenía, vestían totalmente de negro, no tenían colores de casas distintas de brujos. Aquellos tipos sí que parecían, sin lugar a dudas, villanos salidos de un cuento infantil.

Y eran similares a los que le habían atacado en la cabaña. Brujos.

- … No os vais a acercar. – Gruñó, levantó su espada. – Antes muerto. – Volvió a parpadear, si eran brujos ¿Qué clase de magia usaban? ¿Cómo eran tan rápidos?

- Eso no será muy difícil.

Varias hileras de relámpagos serpentearon grácilmente en el aire e impactaron contra la armadura de Eltrant.

El electrizante dolor no tardó en hacerse presente, no pudo siquiera soltar su espada, todos sus músculos sufrían espasmos, se contraían y se relajaban por si solos de forma repetida, no tenía control sobre su cuerpo. Gritó presa de un dolor que no recordaba haber sufrido nunca, cayó de rodillas sintiendo como su corazón se saltaba latidos a voluntad, luchando frenéticamente por seguir funcionando.

Una pequeña hilera de humo comenzó a ascender desde el interior de su armadura, se estaba asando, literalmente, dentro de su coraza.

Se le saltaron las lágrimas. Intentó levantarse, pero cayó por completo al suelo, convulsionando.

- No, no… no – Se le nublaba la mirada, perdía el sentido.

________________________________

¿Por qué le obligaba a disculparse? Demasiado que no había huido al tener la oportunidad en la taberna, que no se había desvanecido entre tinieblas al ver a una de esos asesinos sin escrúpulos venir buscando su cabeza.

La muy creída encima había tenido el orgullo de ofenderse. No le caía bien, no quería su dinero.

Lyn se detuvo de inmediato al ver como un grupo de cinco personas rodeaban a la cazadora, sonrió al ver cómo le propinaban un fuerte golpe en pleno estómago, le estaba merecido. El Mortal, como de costumbre se adelantó a lidiar con aquellos tipos.

¿Qué la sacase de allí? ¿Para qué? ¿Para qué después le diese con un virote en la cara? No, no estaba dispuesta a hacerlo, ya le había propuesto un trato a aquella asesina y se había encargado de hablarle con malas ganas. O al menos eso era lo que pensaba hasta que centró su atención en los hombres que atacaban a la bruja.

Se mordió el labio inferior, aquellos eran cazadores. Los que le perseguían a ella, a todos los de su raza y los mataban como si fuesen meros monstruos, los asesinos. Reconocía los uniformes, las chaquetas que estos vestían. ¿Por qué estaban atacando a una de los suyos? Tragó saliva y miró como Eltrant seguía avanzando por su cuenta y riesgo.

- Eres un maldito egoísta, Mortal – Susurró repitiendo las palabras de Syl al ver la espalda de Eltrant acercarse a la trifulca.  

Continuó mirando lo que sucedia, aquello no estaba bien, no tenía sentido, debía de haber una explicación coherente detrás.

Rememoró lo que le acababa de decir a la bruja. No la conocía, quizás no fuese una asesina, quizás estuviese enemistada con los suyos, quizás no fuese como todos. Apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza, una nube de oscuridad la engulló.

Apareció entre todos los cazadores, estaba aterrada, durante una fracción de segundo no supo que hacer, le temblaban las piernas. ¿Cómo no iba a estarlo? Estaba rodeada de las personas que más odiaba, estaba a punto de hacer algo que nunca, jamás, se habría imaginado haciendo.[1]

Pero necesitaba una explicación, o al menos, tratar a aquella bruja como ella esperaba que le tratasen.

- ¡Esto… esto no te va a gustar! – Exclamó.  Anastasia, como había oído al Mortal llamar a aquella mujer, no iba a estar muy contenta con lo que estaba haciendo. ¿Usar los poderes de las sombras con un cazador? Rezaba por no acabar muerta justo tras hacerlo – ¡Lo siento! – Añadió cuando posó ambas manos en la espalda de la mujer, concentrándose enseguida para trasladarse lo más lejos que pudo del lugar.

Una vez fuera del alcance de los demás hombres respiró repetidamente, tratando de tranquilizarse, y se giró hacía a Huracán.

- ¡Los… los asesinos! ¡Esos cazadores! – Dijo - Por… ¿¡Por qué los tuyos están en tu contra?! – Señaló a los demás “cazadores” levantándose del suelo.

Un grupúsculo de sombras comenzaron a acumularse a sus pies, Eltrant conversaba con ellos, les invitaba a irse. No, aquello no iba a funcionar, no con ellos, debía de haberlo comprendido cuando destrozaron esa choza a la que el Mortal llamaba hogar cuando se conocieron.

Como esperaba empezaron a pelear, en apenas unos minutos los brujos avasallaron al Mortal, que haciendo gala de su cabezonería usual se centró en que ninguno le pasase por encima. Se mordió el labio inferior, aquellos eran más fuertes que de costumbre, ni siquiera portaban ballestas. No podía a dejarle solo,  las sombras se alzaron a su alrededor, tenía que ayudarle.

Entonces Eltrant comenzó a gritar, justo cuando los brujos lanzaron en su contra una hilera de centellas que impactaron contra su armadura un alarido de dolor que nunca había oído pronunciar al exmercenario se apoderó de la calle.

- ¡¡Eltrant!! – Gritó, se giró hacía Huracán – A… ¡Ayúdale, por favor! – Pidió agarrándola del brazo, sabía que no podía ganar por su cuenta, por algo había perfeccionado su habilidad para escapar de ellos. Esperaba que aquella Huracán tuviese corazón, por minúsculo que fuese, que se estuviese equivocando de verdad y no fuese como los demás cazadores, que ayudase al Mortal - ¡Lo… Lo siento! – La zarandeó un poco, incapaz de decir otra cosa - ¡Por favor! – Rogó - …Por favor – Dijo algo más bajo, agachando la cabeza.

¿Qué podía hacer? ¿Qué otra cosa podía hacer? La voz de su maestra le decía que huyese, que cuando estuviese en aquellas situaciones se marchase para salvar su vida. Volvió a mirar a Eltrant, en el suelo. Tragó saliva y cerró los ojos, comenzó a correr hacia los otros brujos, dejando tras de sí una espesa voluta de humo. Habría otro momento para huir.

- ¡Dejadle en paz! – Gritó. Pisó con fuerza en el suelo, una bola de penumbra brotó de la suela de su bota y se deslizó evitando los rayos que se acumulaban en un Eltrant que luchaba con todas sus fuerzas por volver a levantarse. - ¡Dejadle! – La bola de oscuridad se posó alrededor de la cabeza de uno de los brujos, aquel no vería ni escucharía gran cosa en un rato [2] - ¡¡Dejadle!! – Saltó sobre la espalda de otro brujo, abrió la boca para moderle con todas sus fuerzas, pero este se zafó de ella sin ninguna dificultad y, con una fuerte corriente de aire se encargó de lanzarla contra la pared.

Mientras intentaba recuperar el aire que había escapado de sus pulmones con el impacto consiguió oír un “Enseguida estoy contigo”, abrió los ojos, volvió a mirar a Eltrant, ahora solo había tres a su alrededor, pero no iban a parar hasta matarle.

- …Dejadle – Dijo extendiendo el brazo, desde dónde estaba, tratando de alcanzar al Mortal. – Por favor.


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[2] Habilidad de Lyn Nivel 4: Luces Fuera.

Eltrant Tale
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