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Mensaje  Ircan el Mar Sep 12 2017, 14:28

Off-rol: Aviso a navegantes. Es bastante largo.

_______________________________________________________________________________________________________

Todo comenzó la mañana del ocho de septiembre de 1996. Un día que indicaba el inicio del curso de la secundaria al igual que había hecho el año pasado, cuando Simón había alcanzado 1º de ESO. Un día al que si le quitabas el efecto que tenía en todos el inicio de un nuevo curso y el fin de las vacaciones era como cualquier otro del curso lectivo. Sin embargo, aquel día hubo más novedades, más de las que Simón hubiese deseado.

La primera novedad fue la de sentirse vigilado en su habitual trayecto hacia el instituto. La extraña sensación de ver por el rabillo del ojo una sombra que lo vigilaba detrás de cada esquina, una sombra que se desvanecía en cuanto fijaba el resto de la mirada en aquel punto. Cada vez que le pasaba, Simón se frotaba los ojos y se maldecía por haberse quedado despierto hasta altas horas de la noche. No había mejor forma de empezar el instituto que con una aguda falta de sueño que le provocara molestas ilusiones.

La segunda fue el hecho de que nadie se acercó a saludarle cuando llegó a la entrada del instituto. Vale, él nunca había sido la persona más sociable del mundo y no se podía decir que tuviera un círculo de amistades muy grande. Pero de ahí a que ni siquiera las cuatro personas con las que había pasado todo el curso anterior, y a las cuales consideraba buenos amigos, no se acercaran a saludarte, aquello ya comenzaba a preocuparle. Justo cuando iba a acercarse para preguntarles cómo les había ido el verano, el timbre anunció el comienzo de las clases.

Simón entró apretujado entre las docenas de estudiantes de secundaria, que ya se preocupaban por coger los mejores sitios de la clase. Los cuales se dividían entre los que querían aprender, en la primera fila, y los que tenían en mente otras actividades, las últimas filas de la clase. Entre medias quedaba una especie de territorio neutral e indefinido, con el que Simón se identificaba a la perfección, sobre todo aquel día.  De esta forma llegó a su clase, 2º C, y se tomó un tiempo para visualizar el que iba a ser su sitio durante el resto del curso.

       Teóricamente, lo más sensato es que se hubiera sentado al lado de Dani, uno de los amigos con los que había tenido la suerte de coincidir aquel año. Pero parecía que éste ya había hecho otros planes y se había sentado al lado de otro chico, que Simón conocía simplemente de vista. Simón se mordió la lengua con frustración, se descolgó la mochila del hombro y se sentó en la quinta fila al lado de la pared. Sorprendentemente nadie quiso compartir el sitio vacío a su lado, lo cual sólo hizo que su día cada vez fuera peor.

La tercera novedad podría considerarse sin duda la peor, si no se tuviera en cuenta el resto de novedades que le irían asaltando el resto del día. En este caso fue cuando la profesora de lengua castellana entró en la clase y miró con cierta intriga a Simón. A Simón siempre le había caído bien aquella profesora, pero no entendía el porqué de aquella mirada, aunque no tardaría en averiguarlo.

—¡Oh! — exclamó la profesora de repente — ¡Veo que tenemos caras nuevas este año! — anunció con su singular entusiasmo — ¿Cómo te llamas chico? — le preguntó señalándole.

En aquel momento, si Simón hasta entonces había pasado completamente desapercibido, ahora era todo lo contrario, todas las miradas estaban puestas en él.

—¿Y-y-yo? — tartamudeó con una mezcla de confusión, incredulidad y vergüenza por ser de repente el centro de atención, algo que no le gustaba. Un tartamudeo que provocó un tenue sonido de unas débiles carcajadas.

—¡Sí claro! ¿Quién sino? — preguntó con una sonrisa comprensiva y amable, como si en verdad estuviera hablando con un chico nuevo.

Simón la miró completamente confundido. Era imposible que aquella profesora se hubiera olvidado de él, al fin y al cabo era la única que le había puesto un notable el año pasado, algo que le llevó un gran esfuerzo de conseguir, lo normal en él era pasar sin pena ni gloria los años anteriores, sin embargo quiso contentar a aquella profesora que se había portado tan bien con él durante el curso con algo más que un suficiente. Algo que le dio como recompensa, a parte de la nota, la felicitación de la profesora, que había sido muy consciente de su esfuerzo y esperaba que aquello comenzará a ser algo normal en él.

—P-p-pero, — el nivel de las carcajadas aumentaba — si usted y yo ya nos conocemos. Estuve en su clase el año pasado. — se fijó en que muchos ya hacían grandes esfuerzos para contener la risa, incluido su amigo Dani que lo miraba igual que lo miraban los demás, como a un extraño.

—Mmm… te aseguro que no, querido. — afirmó la profesora, esta vez más seria. — No suelo olvidar las caras y nombres de mis alumnos. — y volvió a sonreír — Pero bueno, lo entiendo. Sé que es difícil ser el nuevo y pues intuyo que es una forma tuya de integrarte más rápido, pero aún así me gustaría saber tu nombre para poder dirigirme a ti, como comprenderás.

—S-S-Simón — volvió a escuchar más risas, notó como se sonrojaba por momentos y se maldijo por ponerse nervioso, eso sólo hacía que la vergüenza que estaba pasando fuera aún mayor. — Rodríguez Diaz.

—¡Muy bien! — le agradeció con energía — Vamos a ver dónde estás. — y se puso a buscar su nombre en la lista, repasándola incluso varias veces — Mmm… ¿Seguro que no te has confundido de clase Simón?

—Pues… seguramente no, ¿Por qué? — preguntó sin comprender nada de nada. Aquello era demasiado raro, incluso para él que era el máximo de la rareza.

—Pues… porque no te tengo en mi lista de alumnos. — Esta vez la profesora lo miró preocupada y también sin comprender muy bien qué estaba ocurriendo allí, algo que sinceramente le alivió un poco — Voy a preguntar por ti al resto de profesores, ahora vengo.

La profesora dejó la lista en la mesa y Simón la siguió con la mirada mientras recorría la clase para salir al pasillo. De esa forma pudo ver una cara llena de confusión, que pese al breve alivio de antes ahora hizo que Simón se preocupara mucho más.

—¡Eh, tío! — sonó la voz de Dani a su espalda — Me mola como le estás tomando el pelo y tal, pero para. Para una profesora buena que hay en todo el instituto más vale no hacerle estas cosas.

—Yo no le estoy tomando el pelo a nadie Dani. — respondió intuitivamente — Soy yo Simón, ¿de verdad no te acuerdas de mí?

—Joder tío, ¿Cómo sabes mi nombre? Ahora me estás dando miedo — Simón pudo notar que no había ningún rastro de ironía ni de broma en su voz. Conocía suficientemente bien a Dani para saber cuándo hablaba en serio, y en ese momento lo estaba haciendo. — Yo no te conozco de nada.— y su voz era totalmente sincera.

Simón se quedó anonadado y miró perdidamente al suelo de la clase mientras comenzaba a sonar un ruido de fondo compuesto por risas, carcajadas y bromas de mal gusto. Era completamente imposible que nadie se acordará de él, ¿pero entonces qué era todo aquello? ¿Una obra de teatro minuciosamente ensayada? No, Dani haciendo teatro era algo aún más imposible que todo aquello que le estaba pasando. ¿Una cámara oculta? Podría ser, ahora alguien saldría y gritaría: “¡Sonríe para Antena 3, pues esto es una cámara oculta!” y luego pondrían media hora de anuncios.

Aunque, más allá de sus sueños de fama de salir por la tele, todo aquello precisamente era más posible que fuera eso, un sueño. Seguramente dentro de muy poco escucharía una voz amable y cálida que le diría: “Levanta gandul, que es tu primera día de clase y vas a llegar tarde”. Sin embargo no tenía muchas ganas de seguir en aquel sueño y se concentró para despertarse por sí solo, pero no pasó nada. En seguida probó con el método tradicional, y al momento rezó para que hubiera alguna otra forma de despertarse mientras le dolía el antebrazo y la gente murmuraba cosas como: “¿Y ahora por qué se pellizca?”. En aquel momento se escuchó cómo se abría y cerraba la puerta.

—Bueno… el resto de profesores tampoco te tienen en sus listas. — le anunció preocupada y sin comprender cómo era posible que hubiese ocurrido aquel error — Pero no te preocupes, seguro que es un error burocrático de nada. ¡Muy bien! — exclamó con un renovado entusiasmo — ¡Y sin más dilación, comencemos la clase! ¡Que acabamos de empezar y ya se nos echa el curso encima! — un ánimo que fue respondido con una sonrisa en la primera fila y un largo suspiro en la última.

Y en un gran resumen de un aburrido día de escuela, todo fue de mal en peor. No tenía amigos, no hablaba con nadie y se pasó todo el recreo andando solo sin saber qué hacer, ni qué estaba ocurriendo, ni cómo remediarlo. Tenía ganas de llorar de impotencia, de solicitar llamar a su madre y que lo sacara de allí para aclarar las cosas, pero decidió mantenerse fuerte y hacer que el día pasase lo más rápidamente posible. Aunque obviamente ojalá hubiera pasado más rápido.

Y por fin sonó la sirena que indicaba el fin de la jornada escolar. No se dio mucha prisa, pues nadie le iba a esperar para irse juntos, así que recogió lentamente sus cosas y salió de la clase.

En el camino de vuelta, tuvo la misma sensación que había tenido por la mañana, una sombra negra que lo observada desde las esquinas. Finalmente, cansado de todas las incoherencias de aquel día y de aquella extraña sensación, apresuró el paso. Sumergido en sus pensamientos el camino se le hizo bastante corto, y pronto se encontró en la puerta del ascensor de su casa, como si hubiera puesto el piloto automático a su cuerpo.

—¡Bienvenido, cielo! — sonó la voz de su madre inmediatamente después de que cerrara la puerta de la entrada tras de sí — ¿Qué tal el primer día? — nunca había estado más agradecido de escuchar la voz de su madre.

"Menos mal" pensó mientras daba un largo suspiro "Por lo menos una persona no me ha olvidado".

—¡Hola, mamá! —exclamó lleno de alegría al oír por fin una voz amiga en todo lo que iba de día — Bueno digamos que podría haber ido mucho mejor. — dijo apenado mientras recorría el pasillo.

—¿Y eso? — su madre se asomó por la puerta de la cocina apresuradamente con cara de preocupación— ¿Qué ha pasado?

—Mmm… no sé. —se acercó y le dio un beso a su madre, luego pasó al comedor y se desplomó encima del sofá — Ha sido muy extraño… — se miró las manos como si le costara convencerse de que él estaba allí — Nadie me conocía, ni los profesores ni mis amigos del año pasado…

Suspiró y miró a su madre que lo miraba con una mirada de temor, algo que le extrañó, parecía que ella supiera algo. Pero eso era imposible ¿no?

—No entiendo nada… —sentenció sin comprender muy bien porque la mirada de su madre le indicaba algo imposible.

—A parte de eso ¿Has notado alguna cosa extraña más? —su voz estaba cargada de temor, pero con la necesidad de conseguir la suficiente información como para confirmar alguna teoría. Todo aquello cada vez le gustaba menos.

—Mmm… ¿Te parece poco? —Simón no comprendía a qué venía todo eso.

—¡Simón! —se exaltó su madre como cuando se enfadaba con él por haber hecho algo malo.

—No sé, es una tontería, pero… —se mordió la lengua, ¿por qué iba ser aquello una tontería en un día de locos?— Cada vez que estoy en la calle noto que alguien me observa. Pero cuando me fijo o intento pillar por sorpresa esa sensación no hay nada. —vio un profundo temor en el rostro de su madre— ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué ocurre? —ahora si que estaba realmente preocupado. Ver a su madre con miedo había hecho que saltaran todas sus alarmas.

—Simón, yo… —pero de repente sonó el timbre— Te lo explicaré todo luego, ahora… —inspiró hinchando su pecho como si se armara de valor— aparentemos normalidad. —y se fue para ver quién había llamado.

—Eso llevo haciendo todo el día. —murmuró enfurruñado, se recostó en el sofá y se tapó los ojos con el antebrazo intentando comprender todo aquello.

Apenas unos segundos después notó como el aire vibró, algo que no sabía que pudiera ocurrir en la vida real. Se quitó el brazo de los ojos y se reincorporó rápidamente. Ante él vio como una chica, que o bien era de su edad o algún año más pequeña, se presentaba en el centro del comedor vestida con un uniforme escolar. Sin duda era hermosa, probablemente sería el sueño de cualquier preadolescente que de repente apareciera una chica guapa en tu comedor, pero en aquel momento Simón no sabía muy bien qué pensar. El cupo de cosas raras aquel día había sobrepasado el límite hacía tiempo.

—Hi —dijo la chica en ingles— Who are you?

Simón no sabía mucho inglés, pero aquello era lo básico y supuso que en aquel momento quien debía hacer esa pregunta era él. Sin embargo entre la sorpresa de la aparición, la inesperada pregunta y la enigmática mirada de la chica, simplemente titubeó algo incomprensible en cualquier idioma.

—Do you understand me? —insistió la chica ante la falta de respuesta de Simón.

Sin embargo en aquel momento escuchó un golpe que provenía del pasillo y algo que se rompió. Al segundo escuchó los pasos de alguien que corría hacía el comedor.

—¡Simón! —gritó su madre— Tenemos que irnos….

Pero en el momento en que se  asomó por el umbral de la puerta del comedor, una especie de fuerza extraña la impulsó desde atrás haciendo que se estrellara directamente contra el cristal del balcón. Éste  se hizo inmediatamente añicos e hizo que todo se salpicara de sangre. Simón no pensó, sólo actuó y se dirigió rápidamente al balcón completamente ido, como si aquello no fuera real. Llegó rápidamente donde se encontraba su madre atravesada por miles de cristales. Uno en especial sobresalía alarmantemente de un costado.

—M-m-ma-mamá —tartamudeó con dificultad.

Las palabras se le atascaban en la garganta mientras las lágrimas se le acumulaban en los ojos esperando cualquier momento para salir. Tomó entre sus manos la débil mano de su madre que ahora lo miraba con ternura. “T-e q-u-i-e-r-o” dijo con unos labios que no emitieron ningún sonido. “L-o s-i-e-n-t-o” y la mano que Simón sujetaba dejó de tener cualquier tipo de fuerza al mismo tiempo que la luz de los ojos de su madre se apagaba para siempre ante sus ojos. Simón cerró los ojos y lloró.

Pero no pudo permitirse mucho tiempo de luto, aunque lo necesitaba urgentemente. Detrás suyo sonaba una voz extraña en un lenguaje desconocido. Simón se giró con violencia con unos ojos cargados de odio y pena. Vio a un hombre vestido de negro con una especie de túnica larga sin capucha, que sostenía en un brazo un largo palo negro hecho de un material que Simón no pudo identificar.

       Misteriosamente la chica que había aparecido de repente levitaba a su lado con las manos hacía arriba como si estuviera colgada de un gancho y atada. El hombre reía y decía cosas extrañas en aquel idioma desconocido, pero por el tono y la forma en la que lo decía Simón supuso que no era nada bueno. De hecho, sus intenciones quedaron completamente claras cuando el hombre se acercó a oler el cabello de la joven e introdujo la mano por debajo de la camisa de la chica manoseando su cuerpo. La joven gritaba y le respondía en el mismo idioma, intentaba moverse pero parecía que no podía. Simón notó como una oleada de repugnancia hacia ese ser le subía por el estómago para hacerle vomitar. Pero sobre todo notó un intenso odio que invadió todo su cuerpo hacia aquel hombre depravado. Él no lo había visto hacerlo, y aún no sabía cómo había pasado, pero sabía que él había sido el responsable de la muerte de su madre. La había matado por la espalda sin contemplaciones, y ahora se estaba aprovechando de aquella chica haciéndola sufrir y disfrutando de ello.

De nuevo no pensó y se giró hacía el cadáver de su madre. Intentó no mirarle a la cara para que no se le partiera el alma, pero lo hizo. Sin embargo eso aumentó su determinación sobre lo que iba hacer. Sacó el trozo de cristal que había atravesado el costado de su madre, un trozo aproximadamente de un metro. Lo cogió con fuerza haciéndose un corte en la palma y los dedos de su mano derecha, pero no le importo. Se levantó con rapidez asiendo el trozo de cristal con fuerza y se lanzó hacía aquel hombre.

Al estar ocupado con la chica no pudo reaccionar a tiempo a la embestida de Simón. Éste le clavó el cristal en el costado con rapidez, seguramente no fue un golpe mortal, pero algo le decía que si quería tener cualquier posibilidad de venganza tenía que huir de aquel lugar. La chica dejó de levitar y cayó al suelo. Simón la cogió de la muñeca y la arrastró hacia el pasillo para huir de aquel hombre, no podía dejarla atrás. Cuando llegó a la entrada vio la puerta hecha astillas. Seguramente su madre había intentado que aquel hombre no entrara, pero había fallado y ahora… Decidió no pensar en ello. Bajó corriendo las escaleras con la chica detrás suya, ya no hacía falta que la cogiera de la mano.

No tardaron mucho en llegar a la planta baja y salir a la calle para  intentar ocultarse en el entramado urbano de la ciudad.
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Mensaje  Matthew Owens el Vie Sep 22 2017, 00:04

Señor Ircan:

Solo tengo dos cosas que señalar:

-Se entusiasma tanto con las descripciones que termina por poner párrafos enteros que podrían haber sido totalmente borrados sin que modificara en nada el relato. A veces menos es mas, si bien describir puede ser lindo y ayudar al lector a que se meta en el cuento, otras veces simplemente puede volverse tedioso ¿Cual es el equilibrio perfecto entre ambos? ¡Ojala lo supiera! XD Supongo que es algo que vas afinando con los años.

-Segundo punto ¿Que paso con el final? Nos tiene en ascuas durante cien párrafos para que al final no tengamos casi ninguna explicación jajaja. Da la sensación que hubiese copiado solo la mitad de lo que escribió. Tal vez fue así, no lo se, pero en todo caso te deja con la sensación de que algo falta.

Por lo demás el cuento me parece interesante y original, se nota bastante contraste y cumple bien con la consigna del concurso ^^

¡Saludos!
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Mensaje  Colm el Lun Sep 25 2017, 19:49

De critica solo encontré la repetición dañina de "ojos" (si es dañina la noto, y en teoría lo que lo hace dañino es que distrae o en algunos casos cansa al lector)

Original:
"al mismo tiempo que la luz de los ojos de su madre se apagaba para siempre ante sus ojos. Simón cerró los ojos y lloró."

Versión sin ojos: (solo borré)
"al mismo tiempo que la luz de su madre se apagaba para siempre. Simón cerró los ojos y lloró."

Original:
"Simón se giró con violencia con unos ojos cargados de odio y pena."

Versión sin ojos: (solo borré)
"Simón se giró con violencia, cargado de odio y pena."

De resto estuvo de perlas. Escribes muchos detalles y aun así mantienes la fluidez en la estructura, escritura y narración; eso a mi parecer es muy difícil de lograr.

Y lo más importante de todo, se mantuvo ese constante sentimiento de intranquilidad/ansiedad y pude sentir la creciente desesperación del muchacho.

Nota: 'Tas como pa' da' unas clases compa'e.
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Mensaje  Sigel el Sáb Sep 30 2017, 12:22

Creo que para este relato voy a cambiar un poco mi estructura en la crítica, en lugar de hablar de lo bueno y lo malo por separado, vamos a hablar de ambas cosas a la vez. Puede que te sea más útil.

Empecemos hablando sobre la temática del relato. Por mp me dijiste que este era el inicio del libro que estabas escribiendo, pero no sé si lo demás lo saben. Supongo que la falta de conclusión es por ese motivo, porque faltan capítulos del libro. Ahora bien, me voy a poner en la piel de Áquila o Siria que tal vez no sepan que esto es un capítulo de tu libro. ¿Cómo crees que se quedarían a leer el final? Mejor dicho, el no final. Yo he sentido rabia. No tengo curiosidad por saber qué ha pasado, porque tampoco has conseguido que Simon me importe (cuando hablemos de la narración te diré por qué), ningún personaje me importa. Me da igual que mueran, que vivan o que les pase lo que les tenga que pasar... No has conseguido que me importen. La rabia que sentí al terminar el relato es porque me sentí estafada, engañada. Como si después de leer no hubiera servido para nada. No sé que sintió el resto de participantes, pero yo me sentí así.

Por otra parte, el relato está cargado de inconcluencias. Es el chico empieza su primer día de Instituto. ¿Cómo es que conoce a los profesores si es su primer día? Dices que los conoce del año anterior, pero, siendo escrupulosos, el año anterior el chico estaba en el colegio de primaria y éste año cambia de centro y va al instituto; lo que se traduce como: nuevos compañeros, nuevos profesores y nuevos amigos. Sí, pueden haber chicos de su colegio como Dani, pero la mayoría serían nuevos. Es raro que solo sea el nuevo cuando ha tenido que cambiar de centro... si es cierta la historia de Simon, ni siquiera él es nuevo. ¿No es raro? Tal vez sea esa inconcluencia sea parte de los misterios de tu relato... pero desde fuera, sin saber el final, parece un error que no has tenido en cuenta. Y este es un ejemplo, a poco que estudies el relato con un poco más de detenimiento encontrarás más cosas que no cuadran.

Tema narración: Lo que más destaca son las repeticiones. Demasiadas repeticiones. Una vez terminas de escribir el capítulo de un libro aconsejan los escritores que se debe leer en voz alta hasta tres veces. En realidad aconsejan leer todo el libro cuando se ha terminado, no por capítulos. Pero estos relatos del concurso son como pequeños libros con inicio y final... Con la primera lectura siempre cambias algo de la historia, con la segunda cambias puntuaciones y comas y la tercera es pura revisión. Creo que no has leído el relato las suficientes veces. Se puede ver muy bien en fragmentos como este:

Ircan escribió:....y miró con cierta intriga a Simón. A Simón siempre le había....

Esto también se puede ver en que muchos párrafos empiezan de una manera muy parecida: "Sin embargo, en este momento, justo en ese momento...." Esas repeticiones aburren, sientes que estás leyendo lo mismo todo el rato y, instintivamente, si crees que eso ya lo has leído, lo saltas mentalmente.

La narración es muy básica. Esto es algo que siempre repito y jamás me voy a cansar: en lugar de decir cómo se sienten los personajes, hay que demostrarlo. Las comparaciones son odiosas, pero muy útiles a la hora de aprender. Fíjate en el relato de Alira. Su protagonista se sentía tan observado como Simón. ¿Cúal es diferencia entre un relato y otro? Que Alira creó las sensaciones de desasosiego a partir de las descripciones de los escenarios y de cómo se movían las sombras alrededor de su protagonista mientrs que tú, solamente, nos dice que Simón tiene la sensación que le siguen... Matthew hizo exactamente lo mismo con su protagonista. Creó la locura desde cero, pero nunca dijo que su protagonista estaba loco. Parece una tontería, pero a la hora de meterse dentro de un personaje, la diferencia es brutal. Ahora viene lo que te he dicho antes, no conseguiste que me importase el protagonista por este motivo. La escena de la muerte de la madre es un claro ejemplo de esto. Ella se muere y.... ¿y qué? No parece que le importen a los personajes. Simón se centra más en la niña que habla inglés que en su mamá. Si ni siquiera a tus personajes haces que le importen lo que sucede, menos le va a importar al lector.
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Mensaje  Ircan el Sáb Sep 30 2017, 12:45

Ostras... menudo palo me has dado...

Lo del curso no es una inconcluencia yo digo " Un día que indicaba el inicio del curso de la secundaria al igual que había hecho el año pasado, cuando Simón había alcanzado 1º de ESO." Es decir que fue el año pasado cuando alcanzó 1º de la ESO, y pues en este va a iniciar segundo. Y lo de la madre, bueno, pensé que no era un momento para guardar mucho luto. Gracias por tus comentarios, intentaré mejorar.
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