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[Evento SAMHEIN] La guadaña

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Mensaje  Ircan el Dom Oct 15 2017, 02:46


Off-rol: Bueno aquí les dejo mi historia, pero quisiera hacer una aclaración. La historia está pensaba para ser contada, por eso hay tantas veces lo de que hago pausas, de hecho se narra como si se narrara la historia. Espero que os guste.

_______________________________________________________________________________________________________

El silencio taciturno de la taberna me envolvía tanto a mi como a mis jóvenes oyentes. Las ultimas luces del atardecer entraban por la ventana uniéndose a las que producía la chimenea. Los niños me miraban esperando la prometida historia, aunque seguramente luego se arrepentirían de escucharla.

- ¿Estáis seguros de querer escucharla? - dije con desgana para incitar más el interés de los niños.

- ¡Que sí! ¡Deja de preguntar eso! - gritaron al unísono.

- Está bien. Está bien. -respondí intentando ocultar mi sonrisa.

Tomé un respiro y miré a los jóvenes con seriedad.

- No hace mucho tiempo, ni tan poco muy lejos de aquí había una pequeña aldea. - miré por la ventana y señalé a una montaña. -Justo debajo de aquella montaña, ¿La veís?

Los niños se levantaron por curiosidad para ver la montaña. Los niños me miraron y asintieron.

- Bueno, pues era una aldea preciosa y de gentes muy amables. En verdad llevaban una vida muy pero que muy tranquila. Podríamos decir incluso que la fuerzas del mal esquivaban aquella aldea. - tomé otro respiro observando de uno en uno a los niños mientras se sentaban. -Pero ¡oh!, mis pequeños. El mal, nos encuentra a todos.

Di otra pequeña pausa mientras les miraba uno a uno sin perder el contacto visual con ninguno.

- Y, para su desgracia, estas gentes no iban a ser una excepción. El mal, llegó a la aldea de la forma menos inesperada para un campesino. - hablaba con un tono de voz suave y tranquilo mirando reiteradamente de un lado a otro para que ninguno de mis oyentes perdiera la atención. -Un día como otro cualquiera, uno de los campesinos se encontró una guadaña. Lo consideró como un regalo de los dioses, pues la época de siembra se acercaba y la suya ya estaba muy oxidada. -tomé mi jarra de cerveza para crear otra pausa en la historia con la intención de incrementar las ansias de mi publico. – Resulto que la guadaña era maravillosa, en palabras del propio campesino se puede incluso decir que era divina. Era muy ligera y fácil de manejar, incluso uno podía pensar que la guadaña se movía sola, prácticamente uno lo podía pensar…

Me incliné hacía delante bajando el tono de voz, hipnotizando al público para que se acercará más a mí.

- ¿Vosotros pensáis que se movía sola? – moví mis ojos de un lado al otro mientras esbozaba una siniestra sonrisa entrecruzando mis dedos.

- Si… - respondió una niña con una voz temblorosa e insegura.

Me detuve de nuevo y la miré fijamente a los ojos. El resto de niños no apartaba la mirada de mí.

- Puede que no estés tan equivocada pequeña. - le sonreí y me reincorporé en mi silla. -En fin, el campesino gozo de una muy buena recogida de la cosecha, siendo el primero de sus convecinos en realizarla, gracias a aquella guadaña maravillosa. Pero no todo fue felicidad para aquel hombre. Pronto las pesadillas le asaltaron.

Pegué otro trago de mi cerveza induciendo a los jóvenes en otro silencio.

- Una noche, como otra cualquiera, el campesino soñó que paseaba por su campo mientras sonaba un, tuck-tuck, tuck-tuck, tuck-tuck. Se repetía en una eterna melodía que no salía de ningún lado. – mi voz se convirtió en casi un susurro. - Y tuck-tuck, tuck-tuck. Se despertó molesto por aquel ruido que aún sonaba en su cabeza, tuck-tuck, -miré a un niño. - tuck-tuck, -cambie mi mirada para mirar al otro. - tuck-tuck.

Hice una pausa mientras los miraba fijamente y me relamí los labios.

- El campesino se revolvió en la cama, abrazo a su mujer y se tapó la cabeza con la almohada, pero no pudo evitar seguir escuchando aquel endemoniado sonido. Y así los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses hasta que llegó el tiempo de la siembra. Que como ya sabéis, dicho momento se celebra con la fiesta del Ostara, dónde en estas tierras se honra a Freya, diosa de la fertilidad. Pero…- me detuve para crear otro pequeño silencio. – lo que paso a continuación… - suspiré y volví a tomar mi cerveza para beber otro trago. -Puede que no haya palabras para describirlo.

- ¿Qué paso? ¿Qué paso? - preguntaron algunos niños impacientes.

Les miré y les dediqué una sonrisa lunática.

- Que las semillas de aquel año fueron diferentes.

Me relamí los labios cambiando mi tono de voz, introduciendo en él un tono de locura, pero manteniendo la suavidad del principio.

- El campesino ya estaba totalmente desquiciado. Su mujer e hijos se habían ido a la casa de los padres de ella, pues la madre temía del estado en el que se encontraba su esposo. Su piel se había vuelto pálida, las cuencas de sus ojos mostraban unas profundas y negras ojeras y se pasaba el día afilando y hablando con aquella guadaña. – puse mis manos como si sujetará una guadaña en una mano y como si en la otra tuviera una piedra de afilar. -la afilaba… y escuchaba el tuck-tuck, tuck-tuck, tuck-tuck. La admiraba… y se escuchaba el tuck-tuck, tuck-tuck, tuck-tuck. La necesitaba… y otra vez el tuck-tuck, tuck-tuck, - y cambie el tono de nuevo a un suave y casi inaudible susurro. - tuck…tuck… - deje escapar una lagrima y miré a los infantes.

El silencio impero en la sala, incluso el tabernero había sido atrapado por la historia escuchando atentamente desde la barra. Yo dirigí mi mirada a un punto perdido dentro de la taberna, como si en verdad viera a alguien. Los niños se giraron en seguida siguiendo mi mirada, pero no vieron nada.

- ¿A quién mira? - preguntó uno nervioso.

- ¡Esto no tiene gracia! - gritó una ya asustada.

- La guadaña quería semillas. Necesitaba semillas. Pero eran unas semillas especiales. Unas semillas que sólo podían conseguirse en la fiesta de aquella noche. - seguía con la mirada perdida en aquel punto fijo mientras acariciaba mi guadaña invisible. -Y caminó hacia ella con la guadaña mientras decía: tuck-tuck, tuck-tuck, tuck-tuck.

De nuevo otra pausa sin dejar de acariciar mi guadaña.

- ¡Y consiguió sus semillas! - exclamé mientras tornaba mi mirada de repente para mirarlos fijamente. Los niños dieron un bote y alguno grito presa del pánico, otro incluso comenzó a sollozar. Mi voz cambio a una voz entrañable con un marcado tono de locura y añoranza. -Las mejores fueron las que les dio su familia… Tuck-tuck. Fueron perfectas para la cosecha… Tuck-tuck. La belleza de sus cabezas enterradas en la tierra no tenía paragón… Tuck-tuck. - mi mirada era totalmente ida, volviendo a mirar aquel vacío de la taberna mientras los niños reprimían un grito. -Las de sus vecinos no podían competir con ellas. Eran insignificantes a su alrededor. Un verdadero desperdicio. ¡Un insulto para aquella guadaña!

Miré a los niños balanceando mi cabeza pesadamente y les miré con aquellos ojos desprovistos de cordura.

- Pero no volverá a ocurrir... Tuck-tuck.- baje mi cabeza y miré al suelo sin dejar de sostener la guadaña. - Pecamos de vagancia… Tuck-tuck - me incliné hacía los niños y estos se retiraron lentamente de mí. Mi voz volvió a ser un débil y lunático susurro – Pues de bien es sabido que las mejores semillas se cogen en Samhain... Tuck-tuck. Y mi familia necesita compañía, así que… - hice otra pausa, un silencio sepulcral invadió la sala. -Tuck-tuck… tuck-tuck… tuck- hice una pausa mirándoles fijamente y aumenté un poco el volumen de mi voz. - tuck. -Me levanté de golpe hacía los niños enarbolando mi guadaña imaginaria. - ¡DADME MIS SEMILLAS! - grité como si estuviera poseído fingiendo una voz profunda que no era la mía.

Los niños gritaron y se levantaron corriendo chocando unos con otros antes de huir totalmente despavoridos hacia sus casas con un coro de gritos y llantos.


- Te has pasado… -
me dijo el tabernero que tenía una mano en el corazón.

- Ellos pidieron una historia de miedo… y tú me prometiste una cerveza si era buena. Así que… espero mi pago. -
le dije guiñándole un ojo. -O si no ya sabes... tuck-tuck, tuck-tuck, tuck-tuck. - repetí acariciando mi guadaña invisible.
Ircan
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